jun 22

Orishas, demonios y santos

Por: Juan Manuel Saldívar Arellano
Universidad Autónoma de Tamaulipas, México

Un acercamiento al sincretismo de la santería, caso
Catemaco, Veracruz

“Una cucaracha jamás tendrá razón en un gallinero”
                                                          

Introducción

La presente ponencia es resultado de un estudio donde se exploró la construcción social de la santería en Catemaco, Veracruz, dicho pueblo se encuentra localizado en la Sierra de los Tuxtlas, zona sur del estado. Limita al norte con el Golfo de México, al este con Mecayapan, al sureste con Soteapan, al sur con Hueyapan de Ocampo y al oeste con San Andrés Tuxtla. Lugar más conocido por los brujos locales que por los santeros, pero donde dicha religión ha ganado terreno y por si fuera poco, se ha traslapado en las prácticas locales, tales como la brujería, la curandería, el espiritismo, entre otras, dando resultado a un nuevo sincretismo religioso.

Recordando, que la santería es una religión de procedencia africana, misma que floreció en Cuba en tiempos de la Colonia, a su vez, dicha religión se fue construyendo con base en un sincretismo religioso, producto de la mezcla cultural entre esclavos africanos y españoles, conformando lo que en la actualidad se conoce como santería, regla lucumí o regla de Ocha.

En Catemaco, Veracruz, la religión antes mencionada ha atravesado por un proceso social que ha surgido desde el momento en que algunas personas se acercan con un santero y no con un brujo como es la tradición local. Esto nos habla de cómo ciertas religiones se han establecido y de alguna manera se han desarrollado en regiones del país; Catemaco una de ellas. Compartiendo ideologías y elementos religiosos transnacionales y, a la vez, reconstruyendo ciertas costumbres que algunas personas tenían arraigadas, como es el caso de las conocidas “limpias” o “curaciones” acudiendo con brujos tradicionales o “curanderos”, mismos que se han valido de distintos panteones religiosos tales como el prehispánico, el católico, “entidades demoníacas” y, entre éstos el panteón religioso Yoruba, donde se origina la santería.

Por lo tanto, la historia que caracteriza a dicho pueblo se ha construido a partir de experiencias religiosas conformando así un largo proceso de adaptación, mismo que se ve reflejado en las tradiciones locales.

Por otro lado, dichas creencias como la brujería, la curandería, la santería entre otras han estructurado ciertos actos sociales como son los rituales, otorgándole significados. Algunos de los rituales más conocidos en Catemaco son: de iniciación, de maldición, de salación, de sanación, amarres, limpias, entre otros, mientras que por la santería se han incorporado los conocidos: ebbo, omiero, iniciaciones, imposiciones de collares, guerreros, entre otros. Utilizando ciertos elementos como son: algunas plantas, animales, piedras, entre otros, mismos que sirven como parte de los rituales, pues sin estos el ritual es obsoleto.

Dichos procesos sociales han surgido a través de interacciones entre creyentes, brujos, curanderos, espiritistas, santeros, entre otros y, como resultado hombres y mujeres han construido creencias en seres sobrenaturales, pero no específicos sino más bien en realidades sobrenaturales, basadas en las experiencias cotidianas, por lo que es lo mismo asistir a misa y creer en la brujería, pero también recurrir a santeros para corregir alguna situación.

Durante mi estancia de trabajo de campo en Catemaco, Veracruz, pude observar cómo las creencias en la brujería, en el catolicismo y en la santería se mezclan formando “creencias sobrenaturales” a partir de la adoración de distintas entidades tales como: Belcebú, la Virgen del Carmen de Catemaco, Shangó, entre otros, pues aunque son creyentes en la religión católica, también creen en la brujería como parte de la cultura del entorno y, en la santería como una posibilidad novedosa, además han llegado a practicar distintos rituales, por un lado apropiándolos específicamente algunos grupos de comerciantes y, por el otro, los brujos, mezclando ciertos rituales y elementos así como entidades religiosas para el refuerzo de sus prácticas y de protección entre ellos.

Historia de las diásporas africanas en América

La santería, regla lucumí o regla de Ocha es una religión que tiene sus orígenes en la tribu africana Yoruba: un pueblo proveniente de Dahomey lo que hoy conocemos como Benin, así como también de Nigeria a lo largo del rió Níger. Los Yoruba creen en un dios llamado Olorun u Oludumare, para ellos la fuente del ashe (la energía espiritual de la que se compone el universo, todo lo vivo y todas las cosas materiales). La estructura de esta religión se encuentra en un panteón religioso de divinidades como Shangó, Obatalá, Oggún, Yemaya, Oshún, Babalu aye, entre otros.

Entre 1820 y 1840, los principales tratantes de esclavos (portugueses, holandeses y franceses) los vendían a los españoles. Éstos los trajeron a América, en especial a Cuba, Brasil, Trinidad, Haití y Puerto Rico, para explotarlos en el principal negocio de la colonia: el cultivo de la caña de azúcar. Dentro de estos grupos se encontraban diferentes etnias.

Los Yoruba fueron los más capturados, razón por la cual su panteón religioso predominó en Cuba, pero también llegaron algunos del Congo, Angola, Guinea y otras partes de África. Es por eso que existen otras religiones en el Caribe como el vudú o vaudou en lengua francesa, que exclusivamente se practica en Haití. El palo mayombe o palo monte, del Congo, también se practica en Cuba; la regla kimbisha, la biyumba entre otras. En Brasil el equivalente a la santería es el macumba o candomblé de Nigeria.

El panteón religioso de la santería en Cuba, comparte algunos dioses con el candomblé brasileño y puede que pase lo mismo en Trinidad y Puerto Rico. Estos países dan otros significados a sus dioses, algunos coinciden ¿acaso la santería en Catemaco tiene otros significados? Esta fue otra de las preguntas que me hice al inicio de esta investigación.

La diferencia de la santería en Cuba con la santería o candomblé que se puede ver en Brasil, es respecto a su panteón de divinidades, ya que estos se utilizan para diferentes situaciones, donde predomina la magia; la santería es una religión que adopta el culto a la naturaleza y a los espíritus. En Cuba este panteón religioso persistió igual que entre los Yoruba por la mayoría de población de Dahomey, mientras que en otros países del caribe varía la población de descendencia Yoruba.

La santería en México, en especifico en Catemaco, Veracruz, ha tenido un auge importante a partir de 1959, con los inmigrantes cubanos y los actores sociales que ya compartían escenarios en el país, en especial en Veracruz, donde se organizaba el denominado Carnaval de Veracruz: Veracruz también es Caribe. Esta asimetría entre ambas culturas (caribeña y veracruzana) es muy especial y por ello:

“Algunos elementos que forman parte del universo religioso de la santería, permiten observar de manera clara cómo se entrecruza con otra amplia gama de prácticas, objetos y servicios pertenecientes a otras ‘tradiciones’, que la insertan en procesos más amplios de mercantilización de símbolos, creencias, prácticas y objetos culturales, cuyo uso y apropiación muchas veces ‘refuncionalizan’ y modifican su sentido original” (Juárez 2000).

La santería como refuerzo en el mercado espiritual de Catemaco

La tradición del esoterismo en Catemaco ha creado en algunas personas necesidades sobrenaturales, por lo que algunos actores se han acercado a prácticas como la brujería, el espiritismo, la santería, entre otras, ya que de alguna forma son “convencidos” por la promesa de “solucionarles de sus problemas”. Estas personas a su vez han construido una santería “típica” en Catemaco, Por la mezcla de creencias en la brujería y en la santería. Por lo tanto construyen ideas de ciertas deidades santeras y católicas, como creer en la Virgen del Carmen de Catemaco, pero también en Shangó, no como equiparación sino como conjunto de dioses posibles de acudir cuando se encuentran en problemas.

Uno de los factores que ha propiciado la construcción de ciertas ideas en las personas ha sido el “sincretismo menor”, construido con base en creencias y prácticas que han determinado una santería notable por parte de los “multiesoteristas” y de los santeros propiamente.

En ciertas prácticas como la santería, los rituales están plagados de creencias que incluyen dioses “Yoruba” y “católicos”, según lo afirman algunos intelectuales y denominan sincretismo religioso. En el caso de Catemaco, las creencias en dioses prehispánicos y católicos que originaron un sincretismo religioso en México, han tenido un proceso de construcción colectiva, así como individual, ya que las personas construyen procesos individuales con base en ideologías religiosas, como las creencias y prácticas mismas que han determinado la inclinación por ciertas religiones, como la santería que aún cuando es una religión transnacional, algunas personas la han adoptado como parte de su imaginario religioso. En Catemaco las personas no la consideran como una religión, sino más bien como una práctica, una de las opciones que existen en el “mercado espiritual”.

Según constaté en mi trabajo de campo, el proceso de construcción de la santería en Catemaco empieza a partir del año 2000, aunque puede tener antecedentes históricos que mencioné antes. Debido a que los santeros se han establecido en el pueblo y han construido en las personas una imagen de “caritativos”, mote que ha sido factor importante para que la santería gane “clientes”, los multiesoteristas por su parte han ido perdiendo credibilidad con ciertas personas, además de que mantienen precios altos en relación con los trabajos que ofrecen como las limpias, entre otros.

Otro de los factores que ha propiciado que las personas se inclinen por la santería, es porque dicha religión en Catemaco es “novedosa”, y un ejemplo de ello es la indumentaria que utilizan los santeros, que puede ser “vistosa” para algunas personas, ya que ha tenido una clientela muy especifica, y se ha ido recomendando por aquellas que han experimentado ciertos sucesos como problemas familiares, de salud, económicos sentimentales u otros que han sido “resueltos” por los santeros.

Las personas experimentan procesos colectivos, debido a experiencias propias de estos como la salud, que ha influido en algunos santeros para dicho proceso social, tal como comenta la santera Doña Josefina, quien llegó por motivos de salud a dicho lugar, para después asentarse y practicar la santería no como modus vivendi, sino para ayudar a las personas que se acercan a pedirle ayuda para resolver ciertos problemas que les acontecen:

“Hace aproximadamente tres años que me convertí en santera, y pues hace tres años me he dedicado a trabajar con la gente… yo tuve un accidente en el cual me quedé invalida por tres años…y gracias a la santería fue que encontré esta paz, esta tranquilidad esta salud que estaba perdiendo”.

La santera narra su experiencia, motivo de acercamiento a la santería, que no fue solo como creyente sino también como practicante, esto debido al conjunto de viajes de iniciación, asentación, entre otras actividades que ha realizado en Cuba, y que en comparación con su pareja don José, quien se inicio en la santería por curiosidad, a raíz de los constantes viajes que también realizó a Cuba como turista. Dado que en aquél país es donde la santería tiene un auge muy notorio, a esta persona le dio por iniciarse. Por lo que comenta: “Bueno, mis viajes los hice a Cuba, los empecé en los 90, iba tres veces al año pero iba nada más de vacaciones, de paseo y eso”.

En su estudio sobre la transnacionalización de la santería en la Ciudad de México, Nahayeilli Juárez Huet, afirma que: “Otros Mexicanos fuera del ámbito artístico también entraban con el universo de las religiones afrocubanas, particularmente durante sus visitas a Cuba” (2000: 119). Juárez Huet también argumenta con base en sus viajes a Cuba, que “los mexicanos, en comparación de otros visitantes, son unos “fanáticos de la religión”, debido a los viajes de turistas que varias empresas cubanas como la de “Brujo Tour”, Ocha Tours, entre otras organizan en Cuba” (2000: 135). Es por esto que algunas personas como don José tuvieron el primer acercamiento con santeros cubanos, iniciándose y construyendo la idea de la religión afrocubana que más tarde y en compañía de su pareja la trajeron a Catemaco.

Otras personas como don Raúl Mulato Aguirre, espiritista de 59 años, originario de San Andrés Tuxtla, Veracruz, residente de Catemaco desde 1979, nos comenta que razones de salud lo orillaron a acercarse a la santería, ya que conocía a estos santeros y de alguna manera han intercambiado experiencias, de hecho se han curado entre ellos, lo que lo ha convencido:

“La santería trabaja la sanación, las operaciones invisibles, a mí me han hecho ellos, bueno un compañero amigo de allá de Cuba muy bueno, muy allegado a nosotros me hizo una operación en el estómago.”

Como estas personas dedicadas a la práctica de ciertas tendencias esotéricas como el espiritismo, otros creyentes se han acercado por motivos de salud, sin interés de iniciarse, ya que en el entorno cultural de Catemaco algunas personas prefieren un brujo o curandero antes que un médico.

Este tipo de tradiciones y prácticas esotérico-religiosas son las que han dado pie a denominar a Catemaco y a su gente “Tierra de brujos”, mote que distingue a la zona de los Tuxtlas y, específicamente a Catemaco.

 

Rituales y significados: yerbas, animales y algo más

En la santería, como en otras religiones o prácticas religiosas como la brujería, la curandería y el espiritismo que se llevan a cabo en Catemaco, los rituales son parte fundamental, ya que en algunos casos sirven como vehículo que comunica a los hombres con los dioses. En la santería tradicional que se practica en Cuba, se tiene una serie de rituales, entre los más comunes se encuentran los “rituales de iniciación” los cuales tienen el objetivo de iniciar personas (aleyos) en la religión santera.

El primer ritual al que se enfrenta el aleyo consiste en la adquisición de collares protectores de cuentas de culto (elekes). Estos collares son hechos por una “madrina” que se le asigna, también llamada Yubbona, esta persona debe estar iniciada en la santería, tener conocimiento en los sistemas adivinatorios y en los dialectos africanos, como el “yoruba”, entre otros, tener una vida correcta, y no necesariamente debe de ser madrina, sino también padrino. Es semejante a los padrinos que se buscan en la religión católica, ya que estos son o deben ser personas allegadas a la iglesia, con un alto nivel de valores morales y religiosos. Pues tiene la obligación de ayudar al ahijado en todos los procedimientos que este necesita.

Por ejemplo, una de las funciones de esta madrina es visitar al babalawo y pedirle que consulte los caracoles para ver cuál es el ángel guardián del aspirante. De lo contrario, si no se escoge una madrina que tenga la suficiente preparación dentro de la religión santera, y esta se equivoca en la invocación del Orisha guardián, podría ocasionar disgusto al Orisha invocado, ya que al santo no se le puede bajar al estero por cualquier cosa.

Hay inicialmente cinco collares, uno por cada Orisha, y los primeros son: Obatalá, Eleggua, Oshún, Yemaya y Shangó, y se preparan con hilo de algodón y deben ponerse siete días en un omiero especial que se prepara con yerbas predilectas de las deidades mencionadas. Cuando los collares o elekes están listos se lavan en un río y se le hace una ofrenda a Oshún, que consiste en un sacrificio de un pollo y un poco de miel. Después el santero hace nuevamente un omiero, un sacrificio de animales (ebbo) y una ofrenda de frutas y velas. Se vuelven a poner los collares en el omiero y siete días después se entregan al aspirante en un ritual que dura varias horas, en algunas ocasiones se hace un Guemilere a los santos y así finaliza la imposición de collares. Como narra José Hinojosa, santero, de 67 años:

“Bueno, para la entrega de collares primero se lee tu registro. Al leerte tu registro ahí dice a qué santo perteneces, qué santo es tu papá, qué santo es tu mamá. De acuerdo a ese santo que te toca se hace un ritual en el cual te piden, pues pueden ser dos gallos, dos chivos, un borrego, palomas, gallinas guineas, codornices. Es el santo que te va a proteger siempre, sí, pero para esto tienes que tener una iniciación haciéndote ese ritual, tenemos que durar, primero te entregan tus guerreros, pero para ese ritual tienes que estar ya sea siete días o catorce días, según, durmiendo en un petate en el suelo sin almohada, sin salir de esa habitación para nada, ahí te bañan, ahí te asignan una Yubbona, es como si fuera tu madrina.”

En Catemaco este ritual de iniciación no es muy común, ya que la mayoría de las personas que visitan a estos santeros solo es con motivo de las “limpias” y trabajos como amarres sentimentales, pedimentos para la “buena suerte” en lo económico, en el “negocio” o comercio, en la salud, entre otros. Según don José, las veces que han iniciado personas se hace un ritual muy breve, por la falta de elementos como las yerbas de las que se compone un omiero, algunos de los animales para el ebbo, entre otras cosas.

Otro de los rituales de la santería es la entrega de guerreros, o hechura de Elegguá, el cual es un paso más avanzado dentro de la religión, ya que el iniciado antes tuvo que haber recibido los collares para ser considerado Yaguó, o sea iniciado. Esta ceremonia es más complicada ya que consiste en hacer rogación de cabeza, un baño con omiero y el sacrificio de animales a las deidades impuestas que son los guerreros: Elegguá, Oggún, Ochosí y Osun. La ceremonia es similar a la de la entrega de collares, sólo que ahora se entregan los guerreros. También participa una Yubbona o madrina, quien se encarga de las atenciones, el babalawo, quien va a dirigir el ritual, y esta vez se le rapa la cabeza al Yaguó y se le tatúan símbolos de las deidades a recibir. También puede que el santo ordene al novicio, quedarse 14 días y no siete como cuando se tomaron los elekes.

Según Migene Gonzáles Wippler, “el significado simbólico de la adquisición de los collares y de Elegguá es análogo a las tácticas militares de ataque y defensa, mientras los collares proporcionan protección, Elegguá y los otros guerreros hacen posible atacar y vencer a los enemigos con facilidad” (1976: 43).

A manera de conclusión

Después de explorar parte de la historia y cultura regionales de Catemaco, puedo afirmar que la santería, como religión relativamente reciente, ha sido resultado de procesos sociales como son las migraciones africanas y caribeñas a las costas mexicanas, la importación de mercancías o productos de índole esotéricos, así como de la difusión en medios masivos de comunicación que exaltan a los brujos, de rituales colectivos en los que participan hombres y mujeres y, finalmente, de un cúmulo de discursos con múltiples significados en torno a los santos, los santeros y la santería en general.

La santería, así como otras religiones o prácticas, han sido el vehículo que ha dado continuidad a las creencias locales, ya que estas se han construido a través de ideas y símbolos significantes donde podemos apreciar ciertos elementos simbólicos (fetiches) que emergen de ellas.

A la vez, hombres y mujeres de Catemaco han atravesado por procesos religiosos y, simultáneamente han construido prácticas y por consiguiente las han materializado en rituales, mismos que son resultados de las necesidades cotidianas de las personas en busca de lo sobrenatural.

El hecho de apropiar dioses como Shangó que pertenecen al panteón religioso santero e incluirlo como parte del reforzamiento de las creencias en dicho lugar, nos habla de un proceso de sincretismo de deidades y, a la vez, de elementos, católicos y afrocubanos, pues dichas creencias parten de una adoración pagana y al mismo tiempo de adorar imágenes sincréticas como es el caso de la santería en Cuba, al incluir algunos de los elementos religiosos tales como: oraciones, veladoras, rosarios, collares, escapularios, yerbas, entre otros, los cuales han sido parte fundamental para la difusión de la santería en el pueblo, pues además estos se han refuncionalizado y se han utilizado en algunas de las prácticas tradicionales de Catemaco.

La santería en Catemaco, entonces, se construye como resultado de un sincretismo religioso menor, pero este sincretismo se teje a partir de discursos, de rituales, de iniciaciones, entre otros, mismos que han formado ideas sobrenaturales en las personas del lugar, así como también por la implementación de elementos transnacionales de los cuales han adaptado otras prácticas como es el caso de la brujería, pues es a partir de este movimiento religioso, que en Catemaco se han construido nuevas tendencias religiosas como la santería entre otras, mismas que han recontextualizado la realidad del lugar.

Por ultimo, enfatizo cómo la santería se encuentra articulada con las prácticas sobrenaturales locales, pues al adaptar discursos, rituales y elementos transnacionales se construye una mezcla de creencias, por un lado la brujería refuerza su panteón religioso mientras que por el otro, la santería se adapta a nuevos espacios culturales como es el caso de Catemaco. Es así que la construcción de la religión afrocubana en Catemaco se ha dado a partir de procesos sociales entre los santeros, los brujos, los curanderos, los espiritistas y los creyentes en general.


Notas

1. Se le denomina regla para diferenciarla de algunas otras, la palabra Lucumí fue adaptada por los españoles para identificar a los Yoruba de otras tribus, Oluku mi significa “amigo mío” en el idioma de los Yoruba. (Velásquez 2006:20).

2. Multiesoteristas: aquella persona que dice tener conocimientos de la brujería, curandería, yerbería, espiritismo y en algunos casos de la santería.

3. El proceso que se dio en Cuba equiparando los panteones religiosos Yoruba y católico, que originó lo que se conoce actualmente como santería cubana.

4. La indumentaria que usan los santeros es muy peculiar, por lo tanto se diferencian de otros como los “brujos” por ejemplo, que visten normal. Los santeros casi siempre andan vestidos de blanco, esto por “el color de preferencia del santo”, similar a como visten algunos “cubanos” con guayabera y pantaloncillo, alguna boina en caso de don José y con vestido o pantaloncillo blanco en caso de doña Josefina. Para los rituales utilizan una vestimenta especifica, que también va de acuerdo con el santo que van a invocar, utilizan algo así como un “penacho” pequeño, vestidos del color del santo y sus collares, que es lo que los representa.

5. Es cuando se recibe el santo que te rige, puedes tener dos por ejemplo Papá Eleggua y Mamá Oshún. La asentación es similar a un bautizo, tienes una Yubona, o madrina que es la guía en las rutas espirituales de la religión.

6. Se les considera aleyos, a aquellas personas que apenas se van a iniciar en la santería.

7. Collares: simbolizan el primer paso que da una persona para ser santero, pero también pueden iniciarse otras personas por motivos de enfermedad u otros. Estos sirven de protección, siempre y cuando los lleve puestos, pero no se puede tener relaciones sexuales ni bañarse con ellos. Si pretende realizar alguna de estas actividades tiene que quitárselos, realizarlas y después volver a ponérselos.

8. Son los collares de protección. Se les llama así por los vocablos en el idioma de los Yoruba.

9. La Yubona es la madrina de quien se va a iniciar, conocido como Yaguó.

10. Elementos de adivinación que emplea la santería a través de una tabla conocida como ifa, los caracoles se avientan a un petate llamado estero, y según cómo hayan caído los caracoles se sabe lo que el santo necesita o quiere, pues es a través de estos que el santo se comunica.

11. Tapete de palma donde se leen los caracoles, y donde baja el santo.

12. Primeros collares Obatalá, Eleggua, Oshún, Yemayá y Shangó.

13. Líquido empleado por los santeros durante las ceremonias de iniciación. Se hace de 101 plantas y palos en otros lugares. En Catemaco se realiza de 21 plantas, debido a la falta de elementos. Se hace en una especie de cubeta o baño, se hierve y se supone que el concentrado de las plantas es el líquido que se aprovecha para la acción que se va a realizar.

14. Ceremonia profana de la santería, también considerada fiesta donde participan los Orishas, una especie de contacto entre los hombres y los dioses.

15. Estos también son collares, solo que es un paso mas avanzado en la religión santera y sirven igual de protección, pero también de ataque.

16. Es una ceremonia que se la hace al aleyo, debe ser de coco y agua, y sirve como ofrenda al ángel de la guarda, se le coloca coco rayado, la cáscara, cacao, agua, el algodón y otros elementos en la cabeza, hombros, pies y manos. Véase Velásquez, 2006.

17. Los guerreros son los siguientes collares que se entregan y están constituidos de la siguiente forma: Eleggua, Oggún, Ochosí y Osun.


Bibliografía

Berger, Peter L. (y Thomas Luckmann)
 1997 La construcción social de la realidad. Buenos Aires, Amorrortu Editores.

Durkheim, Émile
 2001 Las formas elementales de la vida religiosa. México, Ediciones Coyoacán.

Juárez Huet, Nahayeilli
 2000 Un pedacito de Dios en casa. Transnacionalización, relocalización y práctica de la santería en la ciudad de México. Tesis de doctorado en Antropología Social. Zamora, El Colegio de Michoacán.

Velásquez, Catalina
 2006 Santería cubana. México, Editores Mexicanos Unidos.


Juan Manuel Saldivar Arellano. Investigador de la Unidad Académica de Ciencias de la Educación y Humanidades, Universidad Autónoma de Tamaulipas, México.
judoka_25@hotmail.com


Resumen

Orishas, demonios y santos. Un acercamiento al sincretismo de la santería, caso Catemaco, Veracruz

La presente ponencia es resultado de un estudio socio-antropológico sobre la religión conocida como santería, realizado en Catemaco, Veracruz. Dicha religión ha sido producto de un sincretismo religioso entre cultos africanos y católicos en tiempos de la Colonia en Cuba. Fusión no sólo de deidades, sino también de productos transnacionales mismos que se han re-utilizado para reforzar prácticas como la brujería, la curandería, el espiritismo, entre otras que se practican en la localidad explorada. Tiene como objetivo analizar las maneras en las cuales las personas construyen realidades, las formas de vida, los espacios de interacción, los símbolos significantes y las tradiciones locales. Por lo tanto, se encuentra traslapada en las prácticas locales, donde las personas construyen imaginarios religiosos, escenarios que comparten con otras realidades construyendo una santería mexicana.

 

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jun 16

La Santería en Cuba

Por: María Teresa Linares. Directora del Museo Nacional de la Música. Cuba.

Toda una definición de intereses opuestos entre las metrópolis y las tierras colonizadas de América, entre los aspectos culturales de los grupos humanos que allí concurrieron se puede centrar en la palabra criollo. Criollo fue el hijo de español e india; de español y negra; el esclavo nacido en estas tierras hijo de africanos de «nación». Criollo fue también el español nacido en Cuba, a diferencia del español «peninsular». Muy tempranamente se establecieron aquellas diferencias, pero contradicciones más profundas –el pensamiento económico, político, filosófico– entre los criollos y los españoles abrirían el camino a la naciente nacionalidad cubana. A fines del siglo XVIII y en esta nueva fase de nuestra historia se consolidó la «cultura mulata», a la que se refería el sabio Fernando Ortiz para definir una nación criolla, un nuevo producto, como plantea en la definición de su neologismo transculturación: La concurrencia funcional de elementos sustanciales y su permanencia cultural, como le ha dicho Argeliers León.

Aquella nacionalidad cubana se representaba en algunos sectores por el desarrollo de una burguesía criolla de grandes terratenientes azucareros, apoyados en la fuerza de trabajo esclavo, y una gran población blanca, en buena medida campesina, dependiente de aquella que se relacionaba, en sus formas de producción y en su vida cotidiana, con negros libertos y otros sectores inmigrantes de menores posibilidades económicas. 

Las oleadas de inmigrantes fueron diversas en cantidades, procedencia y distancias geográficas y temporales. Tanto de España y África como de otros lugares de Europa o América, llegaron grupos de distinta procedencia social. Por otra parte, las aportaciones de negros de distintas etnias africanas, traídos durante los casi cuatro siglos que duró la trata esclavista, contribuyeron, a través de todo el período colonial, aportando elementos culturales disímiles, sobre todo mientras los «negros de nación» pudieron defender celosamente sus nexos culturales de su pérdida u olvido. La propia diferenciación se planteaba en las sociedades llamadas cabildos, donde se agrupaban por nación, en los que inicialmente no se aceptaba a los criollos y les impedían su participación. 

La misma constitución de los cabildos fue una forma de defender su cultura ancestral de la rápida desintegración por el choque de culturas, para mantener su continuidad cultural. 

El auge de los numerosos cabildos permitidos por las autoridades coloniales coincide con la consolidación de la nacionalidad cubana, y los datos referenciales recogidos en la bibliografía histórica permiten conocer los múltiples grupos provenientes de tres grandes conglomerados africanos que concurrieron en nuestra nación: los yorubas, los dahomeyanos, los bantús. De esta forma se produce, en un largo período colonial, la confluencia de grupos sectoriales con culturas diversas que, en una inminente necesidad de comunicación, mezclan los ingredientes del «ajiaco» a que se refiere Ortiz, en el que los distintos sabores y texturas integrarían un nuevo producto cultural: lo ya cubano

Pero éste es un largo proceso en el que concurren elementos étnicos culturales primarios, como las lenguas, formas y colores, sonidos y su distribución temporal y tímbrica, concepciones éticas y religiosas, que poco tenían que ver con las gentes con que forzosamente se relacionaban en nuestro suelo, pero con las que obligadamente se tenían que comunicar por las condiciones de dependencia en que se encontraban. 

La cohesión social que existía en los cabildos, en los que se pretendía seguir una organización similar a la tribal de origen, les permitía reconstruir sus atributos, su vestuario, sus órdenes decorativos, sus instrumentos musicales, cantos y bailes, sus rezos y su religión. Aún en aquellos cabildos de nación se conservaban los distintos idiomas en su función social. 

El proceso de evangelización a que se vieron impelidos los dueños de esclavos por las leyes coloniales llevó a aquellos esclavos a aceptar deidades ajenas, con las cuales se relacionaban a diario y de cuya vida y significación eran informados, para, en un proceso sincrético, aceptar como similares, no en sustitución pero sí en aparente adopción, a unos santos que tenían rasgos característicos similares a los orichas africanos. Esta relación sincrética dio lugar a la santería

La diferenciación entre los esclavos «de nación» y los descendientes criollos fue incrementando distintas maneras de ser, de pensar, de proyectarse. Tenían que ser distintos los criterios de seres que habían sido desarraigados de su medio social y geográfico, resembrados en tierras donde había grupos humanos de diferentes culturas y procedencias, unos con dominio sobre ellos y otros también dominados, de los criterios y creencias de sus descendientes, que nacían ya en este medio hostil pero conocido, en condiciones de sometimiento, pero dentro de un contexto en el que se desarrollarían por su destino manifiesto manteniendo las relaciones grupales. Y estas «sacudidas sísmicas» fueron, poco a poco, generación por generación, dando lugar a estadios culturales en los que la concurrencia funcional de elementos sustanciales permitía la continuidad de elementos comunicantes del africano en una nueva sociedad, asentada en nuevas tierras lejanas de las metrópolis, como en un limo nutriente que es la cultura cubana actual. La santería es pues, el resultado cubano de la integración y continuidad cultural de elementos étnicos y religiosos de los participantes africanos y españoles ocurrido en el proceso de definición de nuestra nacionalidad. 

Con los conquistadores vino la religión católica, que era la religión oficial, y unas maneras de catolicismo popular muy apegado a la adoración de las imágenes, en especial, a las advocaciones de la Virgen María, cuyo culto lindaba con la idolatría. Y entre las varias religiones que trajeron los negros, la que más influencia ha ejercido en nuestro pueblo es el culto a los orichas, de origen yoruba, uno de los grandes conglomerados que vinieron esclavizados, como apuntábamos antes. 

Isaac Barreal explica varios factores a tener en cuenta en el sincretismo ocurrido: la gran cantidad de esclavos yorubas traídos por la trata; el mayor desarrollo religioso –en el que se habían incorporado elementos de otros pueblos vecinos– y el que, por tener mayor nivel cultural los yorubas, los esclavistas tendieran a convertirlos en esclavos urbanos, lo cual les facilitaba la organización del culto. Otro factor importante que señala Barreal es la identidad que fue posible establecer entre el oricha y el santo católico, lo cual ha contribuido a la persistencia de esta religión hasta nuestros días y a la nucleación de otros grupos que no tienen origen nigeriano. Los yorubas tienen el concepto de un creador –Olofin–, que puede equipararse en este aspecto con el Dios de los católicos. Olofin otorgó todos los poderes naturales a distintos orichas, con la autorización de intervenir en la vida de los hombres. Si en un principio fueron sólo fuerzas naturales –el río, la mar, el remolino, el rayo– en la génesis del oricha que había de dominarlos y ponerlos al servicio de los hombres; alcanzaron formas humanas, con los vicios y virtudes de los mismos hombres. Fueron los intermediarios entre los humanos y el Creador, a semejanza de los santos católicos, que fueron personas deificadas por sus virtudes en la tierra y que alcanzaron la gracia divina de hacer milagros para favorecer a los hombres, cuidar su salud, ofrecerles la victoria en sus luchas. Así, son similares el rey Changó yoruba, dueño del rayo, representado con el hacha y la espada guerrera y la Santa Bárbara católica, guerrera también, representada con una corona de reina y una espada en la mano, a quién se invoca cuando truena. 

Altares y atributos 

Para el creyente de la santería no hay duda de esta relación, pero aún hoy se cree sólo en los orichas africanos, y se les superpone la estampa o la imagen de culto del santo católico. Aún hoy se realizan una serie de prácticas en donde permanecen elementos culturales yorubas, perfectamente coordinados, aunque en algunos casos se ha perdido, olvidado o sustituido un elemento por otro. También se han mezclado elementos religiosos de grupos afines, que han desaparecido asimilados por nuestra población. Hoy no se reconocen ni se recuerdan cantos, ni palabras, ni toques, ni deidades minas, gangás, ibos, mandingas, etc., que en algún momento convivieron con los lucumís o yorubas. 

La santería no es una religión oficial ni tiene una organización basada en una jerarquía superior –como los obispos y el papa católicos–. Es una religión personal, privada, que se desenvuelve en el ámbito estrecho de una pequeña colectividad de creyentes y personas allegadas, que ofician en una casa particular, a la vez vivienda y casa-templo (ilé-ocha). En ella ejerce su autoridad el dueño, padrino de mayor prestigio por edad y funciones, de un número indeterminado de ahijados, iniciados en la «regla de ocha», que están bajo su tutela. Aquél puede ser santero, o babalawo. Las órdenes que se establecen entre los iniciados son: el santero (babalocha), o la santera (iyalocha), y el babalawo, el de mayor jerarquía. En la casa del santo, o ilé-ocha, se realizan todas las prácticas de iniciación y las ceremonias. A ella acuden los ahijados, los creyentes no iniciados y los amigos. En ocasiones no hay relación grupal o de parentesco entre una casa y otra, pero el número de ahijados o santeros asociados a ella, si es numeroso, le dará mayor prestigio. El iniciado está en dependencia del padrino y le debe pleitesía y respeto. Es el padrino el que le indica lo que debe hacer y siempre se le consulta. En el proceso de iniciación y la práctica de otras ceremonias que resultan muy complejas, se utiliza la lengua, los instrumentos, los cantos, bailes, atributos, vestuarios y comidas de antiguo origen yoruba. Este es un ritual en el que se procura representar los propios elementos o los más similares posibles para asentar el santo como los antiguos africanos, los que trasmitieron sus conocimientos por la tradición oral y por la práctica diaria. Algunos anotaron unas «libretas» en las que aparecen palabras, dibujos, trazos o firmas, rezos y recetas, pero no una descripción total y exacta de todo el proceso religioso. Esta casa de santo, o ilé-ocha, tendrá todo lo necesario para el ritual, dependiendo siempre del nivel económico tanto las comodidades como el lujo que puedan ostentar, pero siempre los participantes pagarán un derecho por los actos de adivinación, por los sacrificios para que «coman» los santos, los collares y los demás atributos; al toque ritual de tambor o de los güiros, llamados obwes o chekeré; para las ceremonias de iniciación, cumpleaños o cualquiera otra ceremonia que se derive de este ritual. 

La distribución de la casa en sentido general es la de una casa modesta cubana. Tendrá varias habitaciones y un patio, que se comparten entre las necesidades familiares de vivienda y las del culto. En los altares figurarán santos católicos –el que rige la casa, la Virgen de las Mercedes, la Caridad, la Virgen de Regla y Santa Bárbara, fundamentalmente–, los cuales estarán adornados con flores y luces: lámparas de aceite, velas, y bombillas donde haya fluido eléctrico. Los orichas estarán en un orden espacial rigurosamente jerárquico, en el «canastillero», especie de escaparate o vitrina, dentro de recipientes a los que se les llama soperas, que pueden ser las de las vajillas de porcelana o de cerámica, de barro o de güira, como eran originalmente en África. Las deidades africanas están contenidas en piedras dentro de estas soperas siempre cubiertas, tapadas, adornadas con mantos y manillas de metal, atributos relativos al santo –hachas dobles, abanicos (abbebes), espadas, herramientas, animales, juguetes de loza, coronas si el santo es rey o reina y ofrendas de comida, bebida, frutas y velas–. 

Hay santos que están contenidos en otros recipientes: Osain vive en un güiro adornado con plumas; Changó en un pilón de madera, barro o porcelana, ricamente adornado y cubierto con sus collares de mazo, hachas, espadas y otros atributos bordados o pintados con sus colores. Oggún se representa en un caldero de hierro de tres patas, con todas las herramientas de hierro filoso y de trabajos agrícolas. Los guerreros, Eleggua, Oggún y Ochosi viven junto a la puerta de la calle, cerrados en un pequeño armario. Puede haber también imágenes representativas de orichas africanos en tallas de madera o piedra: Osain puede aparecer en una talla a la que le falte un ojo, una pierna, un brazo, una oreja; Ochosi aparece como un arco con una flecha; Eleggua puede estar en un caracol (Strombus giga) dentro de una cazuelita de barro, con la cara detallada con caracoles diloggun (cyprea moneta) en los ojos y la boca. También puede haber tallas de Changó vestido con pantalón blanco, chaquetilla roja y un hacha doble en la cabeza (Oché), otra en una mano y una espada en la otra. Todas las piezas estarán decoradas con los colores y números simbólicos de cada santo. Se usan profusamente las cuentas –ñales y matipós– con que se arman los collares. Todos estos atributos y santos, con mayor o menor presentación lujosa, identifican la casa de un santero. Los espacios mayores –la sala, el patio– tendrán una función especial para el ritual. En la sala se sitúan, a un lado, cerca del altar, las sillas en que se sentarán los tamboreros y junto a ellos se sitúa el apwon o solista que «levanta» los cantos. En una ceremonia de varias horas los tamboreros y el apwon alternan y los asistentes responden el coro y bailan. Bailan de frente a los tambores, a los que reverencian con un saludo al llegar y una ofrenda en la jícara para los tamboreros. 

Toque de santo. Batá 

Las ceremonias de mayor participación que se efectúan en los ilé-ocha de santería son los llamados «toque de santos». En ellas puede haber distintas funciones –de iniciación, de presentación al tambor, de cumpleaños, de funeral o del día del santo católico–. Las más sacralizadas son las que se realizan con el tambor batá, que tiene Añá, deidad que vive dentro del mayor de los tres tambores, el iyá. Hay otras fiestas para «divertirse» con los santos que son los toques de güiro (abwe o chekeré). 

Los tambores batá son de dos parches, en forma de reloj de arena, que se percuten con ambas manos por los dos parches. El conjunto además lleva una hoja de azada percutida con una varilla de hierro y un atcheré o sonaja, como atributo del santo al que se le toca. El mayor de los batá es el iyá, al que se le pone un cinturón de cascabeles y campanas por la boca más ancha, y en ésta se le pone una sustancia resinosa (faddela) que neutraliza el sonido. Le sigue en tamaño el itótele, y el tercero, más pequeño, el okónkolo. Estos tambores deben ser ejecutados por hombres (olú-batá) que conocen profundamente los toques para cada santo y sus variaciones, pues se interrelacionan unos con otros en una compleja polirritmia para expresar la comunicación con la deidad. La fabricación del tambor, además de ser muy complicada, pues se talla y vacía a mano, también requiere de una serie de ceremonias mientras se realiza, y debe ser un iniciado en estas artes y no otro el que lo haga. Para consagrar el tambor ya terminado se hará la «presentación» ante el santo y santeros mayores. 

La comunicación con las deidades se producirá por la fuerza emotiva de los santos y toques y provocará el éxtasis hipnótico al que le dicen «bajar el santo» en alguno de los participantes. Este hecho estimula a los cantantes y tocadores a enfatizar con entusiasmo los toques y rezos, y mueve a padrinos y santeros mayores a «ayudar» la posesión con una serie de procedimientos propiciatorios, como quitarle el calzado, los ganchos y peinetas del cabello, ponerle trajes y atributos y darle el tratamiento de la deidad que se supone en posesión. El poseso bailará entonces como si fuera el oricha mismo. 

Los santeros celebran para sus orichas el día del santo católico. Para esa fecha hacen ofrendas, fiestas, celebran misas, le ponen al santo sus mejores vestidos y flores. A veces no puede considerarse que hay una discontinuidad entre la celebración de una misa católica y los rituales que se apartan de la misma. Ningún santero puede iniciarse si no está bautizado en la iglesia católica y, en general, observarán todas las obligaciones de un creyente católico con la Iglesia. Sin embargo, en su vida de santero primará la «regla de ocha». 

Cabildo de Regla 

El caso de sincretismo más característico es el que ocurre con la Virgen de Regla, patrona de la bahía de La Habana, a cuya fiesta y procesión acuden creyentes, los días 8 de septiembre, para participar en una verdadera peregrinación de miles de personas de toda la república. En el llamado «emboque» o muelle de las embarcaciones que trasladan pasajeros desde La Habana al ultramarino pueblo de Regla, se realizan ceremonias por todos los hijos de Yemayá. En este pueblo existieron dos cabildos: el de Pepa, Echubi, y el de Susana Cantero, los que durante muchos años sacaron sus santos de los altares de sus casas, después de rogativas y ceremonias los llevaron a la iglesia de Regla donde «dormían». El día 8 al amanecer, se les decía una misa solemne y salían en procesión con las imágenes católicas precedidas por los tambores batá y los cantos y rezos de los santeros principales. Se dirigían al muelle, donde hacían ofrendas al mar y luego recorrían todo el pueblo, las casas de los santeros, donde realizaban una ceremonia de «tirar los cocos». Terminaba la procesión en el cementerio, donde les esperaba una oficiante de Oyá, dueña del recinto de los muertos, para ofrecer un baile ceremonial con el «santo montado». 

Otras celebraciones no menos importantes son las de Santa Bárbara, el 4 de diciembre, por la cantidad de adeptos que tiene Changó en la casi totalidad de la nación, sobre todo en las zonas centrales de la isla, desde Matanzas, Villa Clara, Cienfuegos, Placetas, hasta Ciego de Avila, zonas a las que Argeliers León llamó «área del tambor bombé». 

De origen dahomeyano, arará son cultos sincréticos muy extendidos en la provincia de Matanzas –hoy en franco período de desintegración–, que se encuentran en la propia ciudad, en Jovellanos, Perico y Agromonte. Estos son grupos que rinden tributo a Babalú-ayé (San Lázaro, 17 de diciembre) y a Changó, donde se mezclan ya elementos yorubas, aunque predomine el uso de tambores de definida procedencia dahomeyana, cantos y toques antiguos que ya se mezclan con algunos de la santería y de procedencia conga. Estos grupos fueron muy numerosos a fines del siglo XVIII y durante el siglo XIX, pero ya hoy se encuentran muy mezclados y nucleados con otros grupos. 

La tumba francesa

En el momento actual en las provincias orientales, principalmente Santiago de Cuba y Guantánamo, se encuentran restos de esclavos dahomeyanos, que vinieron de Haití con los colonizadores franceses a partir de 1783, ya transculturados con la cultura francesa, que por las condiciones de desarraigo y el temor que infundían a las autoridades coloniales los sucesos de Haití, se autodenominaban «franceses». Hablaban con sus amos y entre ellos mismos un francés «acriollado», el patois. Fundaron las sociedades de recreo y ayuda mutua llamadas «tumbas francesas», las cuales se extendieron por toda la isla, hasta La Habana. Sólo quedan hoy en Santiago de Cuba la sociedad «La Caridad», y en Guantánamo «La Pompadour», bajo la advocación de Santa Catalina de Ricci.

Tumba francesa es el apelativo que se da a «unos tambores y por extensión ciertos bailes y cantos… en los que se canta y baila a imitación del más elegante francés petit maître… El baile francés era para ellos [los esclavos] una expresión de rango social. Era baile negro pero no africano, baile cortesano criollo, cruzado, típico de Haití que se envanecía de decirse francés… En las actuales tumbas francesas aún se conserva cierto viejo aire de alcurnia. Los hombres visten correctamente… y hasta con la elegancia que les es posible. Las mujeres generalmente en sus tradicionales sayas blancas (o floreadas), con enaguas de hilo, bordadas y lujosas. Sus cabezas invariablemente van tocadas con pañuelos de vivos colores. Para las tumbas las mujeres se tocaban con el fulá o el madrás, poniéndose el nudo o lazo en la parte posterior… esta era una manera más modesta y así es la común de hoy día».

Los tambores son ejecutados por tamboreros llamados tambuyé en créole francés. Cada tambor lleva un nombre particular: catá, bulá, premier y second. Se tensan sus parches por medio de unas cuerdas que parten de un aro que bordea el cuero, las que son haladas por unos tarugos ganchudos que penetran en el cuerpo del tambor, a base de golpes con una maza de madera.

En el toque de tumba francesa se efectúan distintos tipos de bailes con figuras de danzas europeas: rigodones, cuadrillas, y de pareja desenlazada. Hay figuras que las realiza un hombre solista, muy lucidas, en las que lo premian las tumberas atándole pañuelos en el cuello, ladeados sobre el pecho, en la cintura y rodillas. En una de las danzas de la tumba francesa se baila alrededor de un poste, tejiendo en él con cintas de colores. Ésta es una danza campesina europea que se ha extendido por las antillas anglo-francófonas y se conoce también en otras localidades de Cuba, como Baraguá, Camagüey, y Gerona, Isla de la Juventud.

El orden de la fiesta lo establecen las más altas jerarquías de la sociedad. El mayor y mayora de plaza a veces son los que inician el canto, en créole, se incorpora el catá, tambor idiófono, el bulá, el premier y la tambora. Las órdenes de inicio y los cambios los da la mayora con un silbato. El coro de «tumberas» responde al canto y suena unas sonajas de hojalata adornadas con cintas de colores y con un largo mango, a las que les dicen baton chachá. Aunque mantengan el apelativo de francés, las casas de las dos tumbas francesas que aún realizan fiestas mantienen un culto a los patriotas cubanos y adornan las paredes con sus retratos, banderas y escudos de Cuba, y una imagen de la Virgen patrona.

Sociedad secreta Abakuá

Otra forma de sincretismo religioso es el que aparece en la sociedad secreta Abakuá, que sólamente se desarrolla en las ciudades portuarias de La Habana, Matanzas y Cárdenas, la cual se basa en una serie de ceremonias en las que se reproduce una leyenda originada en los grupos Egbó, situados en tierras Efí y Efó, cerca del río Od’dán en el Calabar. Fue entre los efík donde se desarrolló esta fraternidad, que pasó a Cuba como sociedad de ayuda mutua, primero en los antiguos cabildos de nación, entre los esclavos, luego con la participación de negros criollos y más tarde de mulatos, blancos y hasta chinos.

Para desarrollar sus ceremonias se comunican a través de cantos y parlas (enkames) sus historias; bailes, trajes, instrumentos (tambores, sonajas de metal y mimbre, campanas), formas particulares de ornamentación de los trajes y atributos, y firmas (anaforuana). Las fiestas, llamadas plantes siguen un orden dentro del ritual con significados particulares de cada momento, que se reproduce de la leyenda original. En Cuba estos ritos han sufrido variantes durante todo el proceso de transculturación. Se ha perdido mucho de la lengua efik, del significado original, y se han sustituido por otros de nuestro medio.

La leyenda original es la búsqueda de la voz de Abasí, Dios, que era producida por un pez, Tanze, el cual fue hallado casualmente por una muchacha, Sikán, que iba a buscar agua al río en su tinaja. La pérdida de la voz al morir el pez y la búsqueda de otro elemento que la reprodujera es el motivo fundamental de esta leyenda.

En el cuarto secreto se realizan una serie de ceremonias desconocidas para los no iniciados, pero fuera, en procesión, se desarrollan pasajes de la leyenda que se narran en amplias parlas (enkames) seguidas de cantos. En la procesión participan los personajes principales (plazas). Estos pasajes se representan también en las firmas, trazos simbólicos que se dibujan con yeso amarillo. Al comienzo de la ceremonia se dan cantos a capella de muy hermosa estructura, a solo y coro, para saludar al butame y todos los presentes se santiguan haciendo la señal de la cruz, a la manera cristiana. Abasí (Dios supremo) está en el crucifijo cristiano y en la copa que lleva Isue, el obispo que simboliza al Santísimo Sacramento. Además, en sus altares y procesiones está presente algún santo patrón como la Virgen de Regla (Okandé) o la de Monserrate. El resto de los atributos y tambores son aún muy apegados al antecedente como una continuidad cultural muy celosamente guardada en secreto. Algunas costumbres ancestrales sí han tenido que ser sustituidas por la adopción de los métodos de vida urbanos de nuestra sociedad. Por ejemplo, en la época colonial y aún dentro de los primeros años de este siglo, se realizaban ceremonias mortuorias y al final se conducía el féretro al cementerio cargado en hombros y cantando y bailando un canto funeral. Esta costumbre ha desaparecido y los cantos (nyoró) se realizan en el local de la sociedad y el féretro lo conduce un carro fúnebre desde la casa o de una funeraria al cementerio. Para sus fiestas y ceremonias, los abakuás utilizan dos órdenes de instrumentos: uno, los tambores que usan las plazas, que no se percuten musicalmente, tienen un valor simbólico. Están ricamente adornados con plumeros de plumas de gallo. Reciben los nombres de empegó, ekueñón, enkríkamo, seseribó y el ekue (que siempre está oculto).

Los instrumentos que forman el segundo orden son llamados en conjunto biankomeko. Son los que forman la orquesta para acompañar las procesiones y se acompañan de sonajas, palos y cencerros de hierro. El tambor de voz grave, de mayor tamaño, es el bonkó-enchemiyá, le sigue el biankomé, el obí-apá, el kuchi-yeremá. El bonko es un tambor «que habla», pues sus sonidos irregulares, marcan un ritmo oratorio que lleva un mensaje para algunos que lo entienden. Generalmente da órdenes a los íremes. Completan la sonoridad polirrítmica de los cuatro tambores las sonajas de fibra, cubiertas de tela (erikundi), los itones, palos que golpean el cuerpo del bonkó, y el hierro o campana (ekón) que se golpea con un palo.

El personaje más pintoresco de estas ceremonias es el írime o diablito, personaje que no habla y que es conducido por la plaza denominada Moruá con los cantos y toques del erikundi.

Este írime representa a los espíritus que deben aprobar lo que se hace en las ceremonias. Sus bailes son miméticos, cada movimiento tiene un significado. Sus trajes de colores y figuras simbólicas están adornados con empitados bordeando las mangas, los pantalones y el mascarón que cubre su cabeza. A la cintura llevan un cinturón de campanas (enkaniká) que suenan constantemente en sus bailes. Llevan en sus manos ramas de «escoba amarga», millo y un palo.

En las asociaciones de abakuás, cada jefe tiene una función y atribuciones específicas. El jefe supremo es el Iyamba, le sigue el Mokongo, especie de jefe militar; Isue representa la dignidad religiosa, como el obispo, y porta el cáliz y el crucifijo; Empegó mantiene el orden. Hay otras plazas con cargos menores y como subjefes, entre los que se destacan Enkrícamo y Moruá que guían a los írimes y Nasacó, el médico o brujo.

A pesar de mantener un nexo con sus antecedentes culturales, en el desarrollo de sus ceremonias, estas plazas ejercen una relación social estrecha con sus miembros en la vida civil, que se manifiesta en el respeto a su autoridad aún en las cuestiones más elementales, además de la cohesión grupal en los distintos trabajos –laboreos en brigadas–, en los que generalmente también se supeditan.

A más de un siglo de haberse abolido la esclavitud, en los descendientes criollos de aquellas distintas etnias africanas se mantiene la concurrencia funcional de los elementos sustanciales y su permanencia cultural, sobradamente demostrada en esta exposición que presentamos.


Resumen

La santería en Cuba

La relación sincrética entre diversas culturas que, durante el período colonial, llegaron a configurar «lo cubano», fue dando origen al fenómeno de la santería. La santería aparece como el resultado cubano de la integración y continuidad cultural de elementos étnicos y religiosos de los participantes africanos y españoles, ocurrido en el proceso de definición de la nacionalidad cubana. En la santería sobreviven cultos a los orichas o divinidades de origen africano, principalmente yoruba, bajo el culto a las imágenes de santos católicos.

 

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jun 08

La Santería: Mitos y Realidad

Por: Carmen Karin Aldrey
A través de los tiempos, la Santería ha sido vista en algunos sectores no como una religión, sino como un culto o una secta y en el peor de los casos, como una práctica malévola orientada a la adoración de ídolos satánicos.

En realidad, la Santería es una religión muy similar al catolicismo, con un panteón y una estructura orgánica que en poco difieren de otras mitologías y en donde Olodumare (Olofi), cumple la función de dios supremo y los Orichás (Santos) tienen a su haber la responsabilidad de hacer cumplir sus designios.

Tal como nuestro Dios cristiano o hebreo, el griego (Zeus), el romano (Júpiter), el egipcio (Osiris), o como otros tantos símbolos divinos que existen y han existido en diferentes culturas, Olodumare es energía cósmica y creador del Universo en la mitología yoruba. Y tal como Afrodita (diosa griega de la belleza y el amor, Venus para los romanos), Oshún es la diosa del amor, la sexualidad y las aguas dulces en la religión yoruba, aunque no aparezca en las enciclopedias y el oscurantismo haya creado una nube de desinformación alrededor de este tema, por demás tan rico en leyendas y espiritualidad como en cualquier mitología existente.

Lejos de ese dios castigador y prepotente con que se identifican generalmente a las divinidades supremas, Olodumare es visto por los yorubas como “un dios imparcial que controla el destino de todos los hombres (…) y los juzga de acuerdo con los sentimientos íntimos de éstos, con su personalidad y con su carácter, incluso sus pensamientos (…); es el único que puede juzgar la moralidad de una persona, y de acuerdo con esto que uno al final, recibe lo que se merece en esta vida.”(1)

Por otra parte, la Santería no es más que el producto de una sincretización (2) ocurrida cuatro siglos atrás, cuando los traficantes de esclavos trajeron de Nigeria y de otras regiones africanas al nuevo mundo la mano de obra que sustituiría a la mermada población aborigen, la que hasta ese momento era la encargada de sustentar la economía de la colonia.

En el proceso de cristianización implementado por los conquistadores, los africanos tuvieron la necesidad de disfrazar sus prácticas religiosas que habían sido prohibidas y empezaron a identificar a sus dioses con los santos católicos para poder ejercer sus rituales. Es así como Oshún pasa a ser la Vírgen de la Caridad, Yemayá la Vírgen de Regla, Babalú Ayé San Lázaro, y así con todas las deidades del panteón yoruba.

De la misma forma que a Abraham le fue demandado el sacrificio de su hijo por Dios y de que éste le ofreció a cambio la vida de un carnero, de idéntica manera los yorubas y otros tantos pueblos a través de la Historia, han ofrendado a sus dioses la vida para obtener a cambio beneficios terrenales y divinos, de modo que es injusto el “arquetipo” creado alrededor de esta religión por el simple hecho de provenir de los negros esclavos y de haber sido practicada involuntariamente al margen de la sociedad.

Sólo Dios (Olodumare, Zeus, Osiris, Júpiter, Buda, Krishna, Coatlicue, Viracocha, etc.), es quien goza del alto y complicado privilegio de juzgar. Los demás sólo somos piezas de un retablo que vinimos a cumplir con un destino. Supongo que nuestro deber es aceptar nuestro papel, aprender a estar abiertos al papel de los demás y asumir que todos los caminos del mundo nos llevan a un mismo dios.

Como diría Xokonoschtletl: “Cuando (…) oyen silbar al viento y borboritar a un arroyo, cuando oyen susurrar las hojas y crujir al árbol, para ellos no son más que ruidos y susurros. Para nosotros son señales, mensajes y noticias de Nuestra Madre Tierra. Pero en vuestro mundo hay tanto ruido que las silenciosas conversaciones de nuestros hermanos ríos y nuestros hermanos árboles, nuestras hermanas nubes y nuestro hermano viento, ya no pueden oírse.” Y dice también: “Tres dedos te apuntan a t cuando señalas a tu hermano.”

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jun 02

Que es un Oba Oriate?

Por: MAGIAAFRICANA

La regla de Ocha se caracteriza por la cantidad de ceremonias que se realizan en las diversas consagraciones que tienen objeto cuando una persona necesita del concurso de los orichas para estabilizar sus niveles de vida. En estas ceremonias deben estar presentes los padrinos y un grupo de santeros y santeras que trabajarán y serán testigos de las consagraciones. Puede ser que en estas consagraciones los santeros presentes y los padrinos constituyan un grupo de personas respetables y se hayan esmerado en la organización de los rituales a realizarse, pero si falta la presencia del Oriaté o Italero, lamentablemente las ceremonias estarán incompletas. Con esto queremos decir que el Oriaté es un personaje que debe estar presente en toda consagración de Ocha ya que él es el que dirige todos los ceremoniales gracias a los amplios conocimientos que tiene sobre la Santería o religión Yoruba. En pocas palabras podemos decir que el Oriaté es un santero que tiene extensos conocimientos sobre los cantos, rezos y ceremonias que se efectúan en el cuarto de santo a la hora de realizar las consagraciones. Este personaje tiene el conocimiento suficiente para estimular y llamar las fuerzas o energías de los orichas que van a participar en los rituales de ocha.

La palabra Oriaté significa en lengua yoruba “cabeza sabia”, etimológicamente podríamos descifrar dicha palabra como, Orí: Cabeza; y Até: Tablero de Ifá. Recordemos que simbólicamente el Até o tablero de Ifá representa el conocimiento y la sabiduría del mundo. Se sabe que todo el conocimiento no puede estar en una sola cabeza, como lo dice el signo Ogbe-Di, pero los oriateses deben instruirse cada día más para poder llevar con dignidad tan importante título, por lo cual deben mantener y ampliar sus conocimientos religiosos. La figura del Oriaté es respetada en cualquier casa de santo, sin importar su edad cronológica, ni su edad santoral, esto se debe a que es visto como un sacerdote mayor gracias a su gran conocimiento.

LOS CONOCIMIENTOS QUE DEBE DEBE DE TENER UN OBA

La regla de Ocha se caracteriza por la cantidad de ceremonias que se realizan en las diversas consagraciones que tienen objeto cuando una persona necesita del concurso de los orichas para estabilizar sus niveles de vida. En estas ceremonias deben estar presentes los padrinos y un grupo de santeros y santeras que trabajarán y serán testigos de las consagraciones. Puede ser que en estas consagraciones los santeros presentes y los padrinos constituyan un grupo de personas respetables y se hayan esmerado en la organización de los rituales a realizarse, pero si falta la presencia del Oriaté o Italero, lamentablemente las ceremonias estarán incompletas. Con esto queremos decir que el Oriaté es un personaje que debe estar presente en toda consagración de Ocha ya que él es el que dirige todos los ceremoniales gracias a los amplios conocimientos que tiene sobre la Santería o religión Yoruba. En pocas palabras podemos decir que el Oriaté es un santero que tiene extensos conocimientos sobre los cantos, rezos y ceremonias que se efectúan en el cuarto de santo a la hora de realizar las consagraciones. Este personaje tiene el conocimiento suficiente para estimular y llamar las fuerzas o energías de los orichas que van a participar en los rituales de ocha.

La palabra Oriaté significa en lengua yoruba “cabeza sabia”, etimológicamente podríamos descifrar dicha palabra como, Orí: Cabeza; y Até: Tablero de Ifá. Recordemos que simbólicamente el Até o tablero de Ifá representa el conocimiento y la sabiduría del mundo. Se sabe que todo el conocimiento no puede estar en una sola cabeza, como lo dice el signo Ogbe-Di, pero los oriateses deben instruirse cada día más para poder llevar con dignidad tan importante título, por lo cual deben mantener y ampliar sus conocimientos religiosos. La figura del Oriaté es respetada en cualquier casa de santo, sin importar su edad cronológica, ni su edad santoral, esto se debe a que es visto como un sacerdote mayor gracias a su gran conocimiento.

Como ya se dijo, todas las ceremonias importantes deben ser conducidas por él, desde un Oro a Eggun hasta las ceremonias del Ituto o funeral yoruba, pasando por los cantos a Ozain. Extendiéndonos en este último punto, una expresión popular entre santeros dice, “sin Ozain no hay santo”, lo que significa que siempre se debe hacer un Ozain antes de cualquier consagración, esto consiste en realizar un mínimo de 16 cantos rituales a esta importante deidad para que bendiga el extracto de hiervas que se va a utilizar para purificar los elementos sagrados que se van a fundamentar en ese momento. Los cantos o suyeres son sumamente importantes en el trabajo del Oriaté, los debe realizar totalmente en lengua yoruba y cada uno va a tener una función específica en la consagración, por lo que debe conocer su significado para poder utilizarlos en el momento adecuado. Estos cantos van a variar según sea el caso, existen cantos para Egun (espíritus guías) en donde se le rinde tributo a los antepasados o a santeros, santeras o babalawos difuntos. Ya hablamos de los cantos de Ozain, los cuales deben hacerse un mínimo de 16 para poder consagrar las hiervas. También está el Oro de Igbodú o “cantos ceremoniales del cuarto de santo”, los cuales son suyeres dedicados a los orichas. En el momento de la consagración el Oriaté canta en yoruba por lo menos tres suyeres a cada oricha, estos cantos son específicos y el Obá debe tener conocimiento de lo que está haciendo porque hay cantos para llamar a los santos y hay otros para calmarlos cuando se posesionan del santero y llegan aturdidos luego del largo viaje del cielo a la tierra.

Además de los cantos, el Obá conoce con perfecta claridad todos los conceptos religiosos de los yorubas y el significado ritualístico de cada una de las ceremonias que realiza. Otra de las funciones del Obá-Oriaté (muchos piensan que así es como se debe llamar) es la de interpretar el mensaje de los orichas a través del “oráculo de los caracoles” en la ceremonia del Itá o “lectura del porvenir”. Allí debe tener pleno dominio del oráculo además de los rezos de cada signo, los cantos del Nangareo (desayuno que se tiene con Olorun antes del Itá) y el “ebbó de estera”, en donde el Iyawó o recién consagrado, es limpiado gracias a la influencia de los signos y a los rezos que se hacen en cada uno de ellos. En el Itá el Obá-Oriaté manifestará su conocimiento sobre los patakíes o historias yorubas para extraer de ellos los mensajes que guiarán el camino del nuevo consagrado en una nueva perspectiva de vida. Como maestro de ceremonias en sus funciones también recae la responsabilidad de ayudar a los santeros desencarnados a encontrar el camino que los llevará a Olofi. En la ceremonia del Ituto, llamará a los oricha s y a los espíritus guías del santero difunto para que lo desprendan de la Tierra y lo lleven a planos superiores.

REY DE REYES.
 
Como se puede ver las funciones del Obá-Oriaté son múltiples, para dominarlas este personaje debe tener un alto grado de vocación religiosa y así tener presente los profundos secretos de la religión yoruba. Su capacidad mental debe ser excelente para poder dominar el conocimiento de los ceremoniales de ocha, los cuales debe tener frescos con el estudio constante de cantos, rituales, patakíes y rezos. Además de todo el conocimiento su camino como sacerdote es predestinado en el Itá el día que es consagrado como santero. En ese momento, a través del oráculo del caracol, los orichas determinan si su camino es de Obá. Normalmente el Itá no se orienta a determinar estos designios, pero si se presenta el caso, el Oriaté que está oficiando la ceremonia podrá manifestar que está naciendo un nuevo Obá-Oriaté, tras lo cual debe prepararse para serlo con la ayuda de los mayores. Se observa entonces que los orichas señalan a un nuevo Oriaté, lo cual se puede observar en los signos: Obara Melli, Odi Melli, Eyeunle Melli, Odi-Unle, Unle-Oddi, Odi-Iroso, Unle-Ogundá, Unle-Iroso, Obara-Odi, Obara-Ofún, Unle-Osá, y Ofún-Ogundá. Obviamente los orichas son los que dirigen esta religión, por lo tanto se deben tomar muy en cuenta los signos u olduns de los caracoles para determinar si verdaderamente la persona tiene camino de Obá y así evitar que en el futuro el supuesto Oriaté haga consagraciones incompletas o mal hechas por falta de capacidades.

Estos signos se pueden observar tanto en el Itá de santo como en el de Pinaldo, comúnmente llamado “ceremonia de cuchillo”. Para muchos santeros con experiencia el Obá debe tener “cuchillo” para poder realizar ciertas ceremonias en el cuarto de santo. Además, ¿cómo un Obá-Oriaté puede dirigir una ceremonia de Pinaldo si no lo tiene?

El título de Oriaté es muy anhelado en el mundo de la Santería pero hay que estar consciente de que no todosnacen para serlo.

Como ya explicamos se deben reunir ciertas condiciones tales como ser escogido por lo Orichas en la ceremonia del Itá, tener ciertas capacidades para dominar cantos, rezos y ceremoniales, tener Pinaldo y gozar del visto bueno de los oriateses experimentados.

 

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