ago 17

Regla Ganga

Por: Hispanidad y Mestizaje

Bajo la denominación de Gangá entraron en Cuba subgrupos llamados arrieros, free, fire, longowá, maní y quissí. Dada la multiplicidad de aspectos que entre ellos existía el propio Don Fernando Ortiz lamentaba la imposibilidad de ubicarlos con exactitud cuando escribió: “(…) pero los negros gangá no puedo precisarlos sin dudas (…) [ Los Negros Esclavos, La Habana, 1916, cap.I ].

Para la mayoría de los subgrupos antes mencionados está perfectamente claro un origen senegambiano, pero los llamados maní, quissí y longowá evidentemente no pueden ser ubicados sino en territorio congo. A partir de los estudios de John Grake (Specimes of Dialectes, London, 1849), Delafosse (Vocabularios comparados…, París, 1904), Birger ( Del Nilo al Golfo de Guinea…, París 1894, tomo II), y muy especialmente la monumental obra “Las Razas Humanas” de Federico Katze (Barcelona, 1888); hube de llegar a la conclusión que esos asentamientos gangá en zonas de cultura bantú, respondían a diversas oleadas migratorias acontecidas hacia mediados del siglo XVIII d.c.

La Casa de los Gangá Longowá en Perico, único templo de tal religión afrocubana existente en Cuba y posiblemente el último reducto de cultura senegambiana en el continente americano, reviste por todo ello una especial importancia. La mayoría de los investigadores daba por extinta la presencia de esta cultura submandinga en la Isla de Cuba, hasta que en 1983 el profesor Israel Moliner detectó dicha excepcional casa-templo en el pueblo de Perico, ubicado a unos 80 kilómetros al sureste de la ciudad de Matanzas.

Por las tradiciones orales del grupo hemos podido determinar que integraron el núcleo mayor de la dotación de una pequeña fábrica de azúcar llamada Santa Elena, que existía a unos 3 kms. de Perico. Concluida la esclavitud en la Isla durante 1886, la mayor parte de esos gangá se radicaron en el citado pueblo, ubicando su casa principal en la calle Clemente Gómez esquina a González. En la primera década del siglo XX se mudaron para la calle San Juan esquina a Suárez, donde aún permanece.

Han sobrevivido manteniendo sus creencias en un marco estrictamente familiar, hasta el extremo que en todos sus miembros podemos encontrar alguno de los siguientes cuatro apellidos: Diago, Lescayos, Figueroa o Lauzán.

Entre ellos se hace evidente la huella del tiempo, con las irreparables pérdidas de valores autóctonos no transmitidos de una generación a otra, así como una fuerte influencia de la Regla de Osha o Santería; siendo los más significativos:

-Pérdida del sistema propio de adivinación que ha sido suplantado por el uso de los métodos Obbi (cocos) y Diloggún (caracoles) de la Santería.

-Alteración de nombres en el sistema de deidades.

-Olvido de ceremonias y vehículos rituales típicos.

Estos Gangá Longowá creen en la existencia de un Dios único, supremo y creador al que llaman como los santeros Oloddumaré; pero también han asimilado el dogma cristiano de la Santísima Trinidad, nombrando como en la Santería, Olofi a Jesucristo y Olorum al Espíritu Santo.

En el grupo encontramos como motivaciones principales para la práctica de su religiosidad : problemas de salud, tradición familiar, desenvolvimiento social y material, situaciones afectivas.

En su análisis sistémico hallamos que la finalidad principal es “el tránsito feliz de la vida a la muerte”.

Los factores étnicos que le componen son: los manganjas o wanyassas, provenientes de la región periférica que va del lago Schinwa hasta el río Longowá.

Sus antecedentes están en el culto a las deidades africanas, la adivinación, el culto a los antepasados, la magia y mana.

La comunicación entre creyentes y divinidades la obtienen mediante el empleo del obbi y el diloggún santero, los posesos, las oraciones y los saludos rituales.

Mantienen en su organización un orden jerárquico presidido por el Cabeza Mayor; quien es la persona de mayor edad en el grupo y descendiente directamente de los fundadores de la casa-templo, especialmente de la familia Diago. Preside y dirige los ritos, además de cuidar los asientos o piedras de los santos.

Los Oficiantes son hombres y mujeres que ayudan en las liturgias. El Gallo o Solista es el cantante o guía inspirador de los himnos y cantos rituales. El Tocador Principal dirige la música y cuida de los tambores sagrados. Los Vasallos, son los cantantes del coro.

En el orden ceremonial desarrollan fiestas, cábalas, ofrendas votivas, sacrificio de animales, mundificaciones, actos curativos y ritos fúnebres.

Posiblemente uno de los elementos más notorios que encontramos en los Gangá Longowá de Perico es su música. Emplean cuatro tambores bimenbranófonos y unipercusivos, construidos de tronco del árbol del aguacate, con cuero de buey tensado por un sistema de cuerdas. La orquesta se completa con la percusión de un sonajero de metal, sin badajo, llamado “campana”.

Las deidades de los gangá aparecen sincretizadas con los santos católicos y con los orishas de la Santería, y los principales son:

GEWÁ: Elegguá en la Santería, San Antonio católico.

NOU: Oggún santero, San Pedro católico.

YEBBÉ: San Lázaro católico, Babalú-Ayé santero.

MAMBA: Changó para los santeros, Santa Bárbara católica.

OBBE: Yemayá de la Santería, la Virgen de Regla.

YEYÉ: Oshún, la Virgen de la Caridad del Cobre.

LA VIEJA: Obbatalá de los santeros, la Virgen de las Mercedes.

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ago 10

Los Caracoles

Por: Poblado, MagiaAfricana

Uno de los oráculos adivinatorios más populares es el de los Caracoles. Este oráculo es utilizado por los Santeros y gracias a él se pueden determinar los problemas y situaciones cotidianas de la persona que lo consulte. A través de éste oráculo los Santos u Orishas Yorubas manifiestan al Santero o Santera los problemas, advertencias y mensajes en torno a la vida del paciente consultado y posteriormente, también en dicho oráculo, se sabrá la manera de solucionar o evitar las situaciones adversas. Se dice que los Caracoles son “la boca del Santo”, y en efecto a través de ellos los Orishas se comunican con nosotros los mortales para aconsejarnos. Cada orisha posee un juego de Caracoles a través de los cuales habla, pero en una consulta cotidiana el Santero usa los Caracoles de Elegguá. En éste caso los Orishas transmiten los mensajes a Elegguá y éste posteriormente a través de sus Caracoles se comunica con el Santero quien descifrará los mensajes que ayudarán o guiarán al paciente que se consulta. Como todo lo de la religión Yoruba, estos Caracoles deben ser consagrados bajo ciertas reglas y sólo los Santeros pueden utilizarlos, ya que ellos tienen el ashé o poder divino para manejarlos adecuadamente y comunicarse con los Orishas. Antes de usarlos, los Santeros consagran estos Caracoles en unas ceremonias secretas en donde quedan impregnados con la energía del orisha con que se consagra. Estos peculiares caracoles Yorubas son de origen africano aunque también se pueden conseguir en la India. En la antigüedad eran usados como dinero hasta que los Orishas decidieron adoptarlos como un elemento de conexión entre ellos y nosotros los humanos creando un oráculo para el bien de la Humanidad.

Este oráculo está conformado por 21 caracoles de los cuales se usan 16 y a su vez se leen o interpretan 12. Al decir que se usan 16 caracoles nos sugiere que existen 16 signos principales, los cuales irán apareciendo según vayan cayendo los caracoles en la estera. De esta manera tenemos los signos: Okana, Eyioco, Ogundá, Irozo, Oshé, Obbara, Oddí, Eyeunle, Osá, Ofún, Ojuani, Eyilá, Metanlá, Merinlá, Marunlá y Meridilogún. Cada una de estos signos tiene un significado específico y posee características muy precisas en cuanto a la relación entre los orishas y los seres humanos.

Como dijimos anteriormente, el sacerdote Yoruba o Santero interpretará el oráculo de los Caracoles hasta el signo Eyilá, debido a que está prohibido leer los signos posteriores a él. Esta regla se deriva de una historia en donde aparece Orula como el Orisha que usaba los Caracoles, en esa época él tenía la facultad y la potestad de interpretarlos por completo con sus 16 signos. Un día salió de su casa y volvió antes de tiempo, encontrando a su mujer Yemayá sentada en la estera y dándole uso a su oráculo. En el momento en que se encuentran los dos orishas estaba el signo Eyilá en la estera tras lo cual Orula dijo: “Ahora mi oráculo te pertenece pero sólo lo leerás hasta éste signo, hasta Eyilá”. Y a partir de ese momento Orula no usó más los Caracoles, para consultar usaba la mente hasta que llegó a sus manos la tabla de Ifá. Los Caracoles fueron usados por Yemayá y luego por Oshún para luego ser legados a los Santeros, los cuales por siempre deberían respetar la regla de leerlos hasta el signo Eyilá. De esta manera si en algún momento el oráculo se extiende a los signos Metanlá, Merinlá, Marunlá y Meridilogún es obligación de todo Santero el llevar a la persona que se está consultando a la casa de un Babalawo, debido a que los Caracoles están indicando por medio de sus cuatro últimos signos, que Orula es el que quiere hablar con esa persona.

Se dice que antiguamente el sacerdote que usaba el oráculo se limitaba a interpretar solamente un sólo signo, o sea que si al lanzar los Caracoles a la estera aparecía el signo Oddí, la consulta se limitaba a la

interpretación de ese signo para resolver el caso que lo ocupaba; pero a través del tiempo el oráculo del Diloggún, como también se le conoce, sufrió profundas transformaciones haciéndose más amplio en cuanto a su manera de interpretarlo. Esto se logró cuando se fusionaron o se relacionaron los 16 signos entre sí, apareciendo otros signos con características propias y dándole mayor cobertura al oráculo. De esta forma aparecieron signos como Oddí-Obbara, Eyeunle-Eyioco, Osá-Ogundá, Oshé-Ofún, etc; por supuesto respetando siempre la prohibición de leerlo más allá del signo Eyilá.

Se puede decir entonces que el oráculo del Caracol es una derivación del oráculo de Ifá, siendo el del Caracol más limitado, ya que debido a la prohibición de la que ya hemos hablado, sólo se leen 144 signos de los 256 que tiene el oráculo.

En estos signos aparecen fábulas, cuentos y leyendas en donde están plasmadas las diversas vicisitudes por las que el ser humano a pasado y pasará. Es obligado de que el Santero que maneja éste oráculo memorice estas historias para que en el momento en que aparezca algún signo, pueda interpretar y determinar la situación que envuelve a la persona que se consulta, para de esta forma poder ayudarla a resolver cualquier problema o canalizar situaciones gracias a los consejos dados por los Orishas.

Es obvio entonces que los Santos utilizan las historias o pattakíes del oráculo de los Caracoles para hablar con nosotros los humanos, por consiguiente la precisión de estos mensajes dependerá de la pericia del Santero a la hora de interpretar apropiadamente dichas historias.

Gracias a éste oráculo los Orishas advierten de peligros por los que la persona puede pasar y a su vez la manera de evitarlos. También pueden dar consejos para evitar problemas de salud, situaciones con la justicia, cualquier problema cotidiano, pérdidas en los aspectos económico, social y amoroso o también pueden detectar problemas de índole espiritual, tales como la presencia de espíritus oscuros o brujerías. Otro aspecto que se maneja a través de éste oráculo es la guía de los Santos Yorubas para el mejoramiento de la persona, mejoramiento que puede ser material o espiritual. En él los Orishas indican los consejos y los ebboses para rectificar el camino de los que consultan el oráculo. En ese momento la persona puede enterarse de cierto aspectos de su personalidad que debe corregir, las cosas que debe o no debe hacer para mejorar su vida, qué Orisha lo está defendiendo, que ofrendas puede hacer para satisfacerlo, los trabajos que se deben hacer para limpiarse espiritualmente, además puede saber que le deparará el futuro con la finalidad de que la persona se prepare para enfrentarlo dependiendo si éste es positivo o negativo. Como citamos anteriormente, cada Orisha tiene una “mano de caracoles” con los cuales habla. Elegguá es el encargado de hacerlo en una consulta normal y los demás Orishas lo hacen en una de las ceremonias que se realizan para consagrar a un nuevo Santero. Dicha ceremonia lleva por nombre Itá o “lectura del porvenir” y es en donde la persona consagrada tiene la oportunidad de que cada Orisha hable por separado a través de sus Caracoles expresando los consejos que tendrán influencia sobre el resto de su vida.

La ceremonia del Itá debe ser realizada e interpretada por un Obá-Oriaté, ya que dicho personaje maneja todo el conocimiento que envuelven los Caracoles y es el único preparado para interpretar los mensajes y consejos que los Orishas emiten a través de éste antigüo oráculo.

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ago 03

Regla Arará

Por: Hispanidad y Mestizaje

El nombre Arará fue el dado en Cuba a los esclavos pertenecientes a las étnias ewe, adjá, y fong, capturadas en el territorio del antiguo reino de Dahomey; hoy República de Benin. Aunque existieron ilotas de este grupo por casi todo el país, solamente pudieron rehacer sus cultos en las provincias de La Habana y Matanzas, donde su transculturación recibió el nombre de Regla Arará; hoy vigente sólo en el territorio matancero.

El nombre arará constituye una corrupción del apelativo Arada, denominación del centro o capital de los ewe en el siglo XV d.n.e y que fuera conquistado por el reino de Uida o Porto Novo, como le llamaron los portugueses y que pertenecía a los fong. Los principales templos o asentamientos rituales Arará en Matanzas son:

Araokó (Ciudad de Matanzas): Casa del antiguo cabildo “Espíritu Santo” de los arará, fundado hacia 1861. En el siglo XX estuvo regido por el venerable Mario Reyes hasta su muerte, quedando luego en manos de su viuda e hijos.

Ayá Fukalowó (Jovellanos): Sociedad San Manuel, creada por el afamado Esteban Baró, y que actualmente la rigen sus hijos. Cuenta con un afamado conjunto de música y danzas tradicionales araá llamado “Ojundegara”.

Casa de los Zulueta: Dirigida por el sabio bahamí Marcos Zulueta, pese a estar a escazos metros de la Sociedad San Mnauel, presenta notables diferencias en sus vehículos rituales s se comparan con aquella.

Iré Amoreyó (Perico): Antaño la conocida Sociedad Africana, que según sus fuentes tradicionales fue fundada por Florentina Zulueta, que según se cuenta era una princesa dahomeyana que fue llevada como esclava a esa región de la provincia matancera. Le sucedió su hija adoptiva, la respetada eyalodú Victoria Zulueta, fallecida hace pocos años.

Iré Moyokán (Ciudad de Cárdenas): Casa-templo creada por Wenceslao Campos en el barrio de La Verbena hacia 1920 y hoy sostenida por sus descendientes.

Los asentamientos arará en Agramonte y Torriente constituyen prolongaciones de las casas de Perico y Jovellanos, aunque no se han preservado en un mismo estado de pureza. De ambas, la más importante, es la llamada Casita de San Lázaro, en la localidad matancera de Torriente.

Sistema Religioso

Finalidad: “Tránsito feliz de la vida a la muerte”.

Motivaciones principales: Problemas de salud, prestigio y desenvolvimiento económico-social, tradición familiar y miedo a la muerte.

Antecedentes religiosos africanos: Culto a los antepasados, fetichismo, animismo, magia, mana y zoolatría (ofidios).

Componentes: Cultos a los foldunes o dioses dahomeyanos, adivinación y ritos necrológicos.

Comunicación creyentes-divinidades:
Mediante un sistema cabalístico propio consistente en una caja de diversos compartimentos y cuentas de colores. Sin embargo, en la actualidad ya casi nadie lo practica, usando comúnmente los sistemas obbi (el coco) y Dilóggun (los caracoles) propios de la Regla de Osha o Santería. Otras formas son los posesos, las oraciones y los saludos rituales.

ORGANIZACIÓN

Orden jerárquico:

Babami (Sacerdote principal de la casa-templo).

Eyalodú: Sacerdotiza mayor.

Gallo: Cantante inspirador o guía.

Bokú: Practicante con prestigio religioso para realizar diversas ceremonias.

Ajonú: Tocador principal, director de la música.

Orden ceremonial:

Coronaciones o consagraciones (sólo en la ciudad de Matanzas), fiestas, ritos adivinatorios, ofrendas votivas, awanes o ceremonias de dar comida a los foldunes, mundificaciones y ritos luctuosos conocidos por jobá pa-kututó.

Vehículos del culto:
Rico complejo danzario-musical, lengua ritual, arte culinario, farmacopea, artesanía ritual, literatura y tradición oral, predominantemente parémica y muy influenciada por los patakíes de la Santería.

MITOLOGÍA ARARA

Los Arará creen en la existencia de un ser supremo, creador del Universo y Dios único al que llaman Oloddumare. Como sus vecinos yorubas, es inaccesible y no le interesan para nada los asuntos de los hombres, lo cual ha dejado en manos de los foldunes, que son entidades místicas, que actúan a manera de grupos o cuadrillas. Los principales son:

Afrá Kubije Ga, Elewasó y Zaneto (en Matanzas), Jurajó Takuó (familia Baró, en Jovellanos) Topo Yayino (familia Zulueta, en Jovellanos), Jundajó (en Perico), Baba Fundeku (en Cárdenas) y Afrá (en Agramonte). En todos estos lugares se sincretiza a la religión católica con San Pedro, excepto Perico que lo hace con San Antonio de Padua. Con la Regla de Osha se sincretiza en Elegguá. Sus colores son el rojo y el negro.

Gun (en Matanzas), Ajuaggún (familia Baró), Oggullé (flia. Zulueta), y Cacho Cuacoturio o Aladdekó (en Perico). Sincretiza en la religión católica con San Juan Bautista, menos en Perico que lo hace con San Pedro. En la Sanetría se sincretiza con Oggún. Sus colores principales son el negro, verde, rojo y morado.

Jebioso Aná Má (Matanzas, Jovellanos y Cárdenas), Aluoso (en Perico). Sincretiza con la Santa Bárbara del panteón católico y Changó en la Santería. Por colores tiene el rojo y el blanco.

Afrekete (Matanzas), Ferekete (en Jovellanos con los Baró y en Perico), Ananú (los Zulueta). Sincretiza con la Virgen de Regla católica y la Yemayá de la osha. Sus colores son el azul y el blanco.

Foldum Masé (en Matanzas, Jovellanos y Cárdenas) y Akereté (en Perico). Se representa por la Virgen de la Caridad del Cobre católica, y Ochún de la Santería. Su color es el amarillo oro.

Odañé (Matanzas), Addañó (Jovellanos, Baró) Yawarinume (Jov. Zulueta) y Ayewé (Perico). Para ellos es Santa Teresa de Jesús, la Oyá de la Santería y sus colores son los del arco iris.

Parará, Alua, Asoyín (Matanzas), Aluá, Daluá, Ojundegara (Jov. Baró), Adipreti, Ayaó (Jov. Zulueta), Afrimaye, Aluá (Perico). En todos los lugares es el San Lázaro leproso, Babalú Ayé de la Santería, y usa ropa de saco de yute. Su color es el morado claro.

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