mar 25

Otras Culturas Complementarias a Los Yoruba

Dahomey
Era un reino situado en lo que es hoy Benin y Ghana. El reinado fue fundado en el siglo XVIII y sobrevivió hasta época tardía del siglo XIX, cuando fue conquistado por las tropas francesas desde Senegal e Incorporado dentro de las Colonias de África del Oeste. Los registros históricos y arqueológicos sitúan a Dahomey como descendiente de un grupo de nativos del sur de Benin llamados Aja. Estos emigraron en el siglo XII o XIII desde Tado en el río Mono, un territorio que era parte del reino de Allada y que según muchos entendidos fue donde el culto Voodoo (Vudú) tuvo su origen.

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mar 18

Ifá ¿Muy antiguo en África? ¿Y en Cuba Qué?

Esta es una pregunta que haría falta responder basándonos en el sentido común y el uso de dos ciencias. La Arqueología y la Historia. Lo primero que haremos para sacar nuestras conclusiones es obtener los datos históricos y arqueológicos necesarios, para luego llegar a una demostración concluyente.

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jul 19

África: El Legendario Reino de Benín

Por: Iyanifa IFaseyin Aworeni

Desde tiempos antiguos, África fue territorio de importantes estados poco conocidos, y en el siglo XII, cuando aún estaban por formarse algunas monarquías europeas, en la parte occidental del continente surgió el Reino de Benín.

El príncipe Eweka, cuyo nombre quiere decir gran guerrero, fue su fundador y estaba situado en el suroeste de la actual Nigeria, a orillas del Golfo de Guinea (Océano Atlántico), en una región ocupada por densos bosques, dentro de la Cuenca del Níger.

Eweka terminó el proceso de unificar a pueblos de lengua edo y es considerado el primer rey, el oba, de Benín.

El reino, conocido además como Edo, se expandió durante decenios y en su apogeo en el siglo XVII, la autoridad de sus soberanos se imponía desde el delta del río Níger (este), hasta el territorio yoruba de Ibadán al oeste.

Al norte limitaba con las sabanas sahelianas y al sur se desplegaba en las costas del Océano Atlántico. El Reino de Benin llegó a alcanzar una extensión aproximada de 500 mil kilómetros cuadrados.

La ciudad de Benin, situada a orillas del río del mismo nombre, se convirtió en capital de estado, y dio nombre al reino.

Esta urbe, estructurada rectangularmente, era protegida por una muralla de barro cocido de mucha dureza, de 18 metros de altura y un ancho y profundo foso la antecedía.

La muralla defensiva, concluida alrededor de 1460, fue impulsada por el duodécimo soberano, Ewuare el Grande, y se extendió más tarde alrededor de las fronteras del estado con unos mil 200 kilómetros de longitud.

En su tiempo se consideraba una de las mayores obras de su tipo en el planeta.

En la ciudad se apreciaban amplias calles de 20 metros o más de ancho, dispuestas en ángulos de 90 grados, y en las que había templos y altares con figuras y alto relieves de metal para rendir culto a los antepasados.

Hileras de casas de adobe, de una o varias plantas, y áreas sembradas de árboles flanqueaban estas verdaderas avenidas.

El gran palacio del Oba, una imponente ciudadela rodeada por un recinto amurallado contaba con varios edificios, establos para los caballos y patios con arboledas, galerías sostenidas por columnas de maderas preciosas, incrustadas con piezas de bronce.

En las paredes se veían armas y relieves con escenas de la vida del reino, de cacería y, sobre todo, de las victorias militares de los monarcas.

Las capillas y otras cámaras de palacio estaban decoradas con magníficas estatuas de bronce y marfil.

Un reino próspero y estable

El Gobierno era ejercido por el Oba, auxiliado por una especie de consejo legislativo de los edo llamado Uzama, grupo de jefes que aprobaban la elección del monarca y lo asesoraban.

Ewuare el Grande creó una forma de equipo ejecutivo: los “jefes de palacio” y “jefes del pueblo”, quienes eran nombrados por él y actuaban en su nombre, tanto en la capital como en las diferentes regiones del país.

A partir de este reinado, que duró de 1440 a 1473, los reyes de Benín fueron adorados como dioses y honrados con solemnes enterramientos.

Las ceremonias anuales dedicadas al culto a los obas difuntos, implicaban sacrificios masivos de prisioneros de guerra, práctica que se abandonó por la influencia del contacto con los misioneros cristianos e islámicos.

Las principales actividades económicas de la monarquía eran la artesanía, la caza, la pesca fluvial, la agricultura y la ganadería, además de producir pimienta, café, algodón, mijo, sorgo, legumbres y hortalizas.

Benín fue el reino africano que desarrolló el arte escultórico de forma más completa y perfecta, en materiales tan diversos como bronce, hierro, marfil, cerámica y madera.

Los artistas edos eran célebres por las tallas de madera y marfil, por la joyería ceremonial, cabezas de bronce y mobiliario sacro.

Se destacaron en la creación de laboriosas placas vaciadas en bronce con el sistema de la cera perdida y también de latón, ricamente decoradas con relieves que muestran un panorama notable del pasado del reino, representando a personajes y acontecimientos.

Se crearon estatuas, mascaras, representaciones divinas de antepasados, modestos utensilios domésticos e instrumentos musicales,

Entre los objetos mencionados hay que destacar las magnificas piezas fundidas de esculturas de reyes y reinas, en especial las cabezas de reinas madre, figuras humanas y de animales, mascaras de felinos y planchas con escenas de caza y de la corte.

Los marfiles constituyen obras muy notables: brazaletes, máscaras, ornamentos y colmillos de elefante tallados con motivos tradicionales y leyendas, para conmemorar hechos históricos o gestas militares de los edos.

Los productos para comerciar eran la sal, la pimienta, semillas y aceite de palma, piezas de marfil, telas, alfarería, artículos de bronce, pieles, máscaras rituales y alimentos.

Además, existía un moderado tráfico de esclavos, con los prisioneros de guerra, y luego solo de mujeres hasta ser abolido a principios del siglo XIX.

El aceite de palma se convirtió en un artículo de tanta importancia para el comercio que la región del delta del Níger llegó a ser conocida como “Ríos de Aceite”.

La llegada del colonialismo

En 1485, llegó a Benín la expedición portuguesa de Joao Alfonso d’Aveiro y Ozolua el Conquistador, decimoquinto oba, estableció relaciones comerciales y diplomáticas con Portugal.

El siguiente mandatario, Esigie, que gobernó entre 1504 y 1547, las intensificó, e incluso aprendió a hablar y leer en portugués.

Desde el siglo XVI hasta el XVIII mercaderes europeos de Holanda, España, Francia, y Gran Bretaña acudieron con regularidad a las costas del reino.

La prosperidad de Benín duró hasta el siglo XIX, debido a revueltas internas generadas por conflictos entre nobles hereditarios, que ostentaban títulos dentro de grupos de partidarios palaciegos, representantes rituales de la gente común y miembros de las asociaciones comerciales que controlaban rutas entre la costa y los mercados del interior,

Esto debilitó al poder real, lo que agudizó el asedio de los ataques de los estados musulmanes del norte, como el reino Nupe, que le arrebataron parte de los territorios periféricos septentrionales.

Al oeste, el estado yoruba de Ibadán fue socavando el control sobre algunas zonas fronterizas.

Esta situación de inestabilidad fue aprovechada por los intereses del colonialismo europeo, que se lanzaron a la conquista del rico estado. Sin embargo, el reino manifestó una extraordinaria capacidad de resistencia.

En 1897 los británicos enviaron una expedición integrada por dos mil 500 hombres y comandada por el almirante Harry Rawson.

Los edos hicieron frente a la invasión con un bravo ejército armado de lanzas, escudos y anticuados mosquetes, pero fueron derrotados por la superioridad técnica inglesa y la capital, saqueada y quemada.

Esta guerra significó el fin de la independencia del reino, incorporado al imperio de Londres, en el Protectorado del Sur de Nigeria, con la deposición del oba Ovonramwen, exiliado en Calabar.

Aunque la monarquía beniana se reinstauró en 1914, los obas no ejercieron más un poder efectivo.

El Reino de Benín o Edo, nos dejó en herencia el ejemplo de un estado organizado en plena selva africana, que funcionó de manera eficiente por siete siglos, y mantuvo relaciones pacíficas y beneficiosas con países y culturas diferentes.

 Texto original de: Rafael de la Morena Santana
Especialista de la Delegación de La Habana del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Colaborador de Prensa Latina.

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ene 12

Culturas & Controversias

Por:
Lic. Ruben Cuevas (Ciencia y Tecnología)
Lic. Germán Alejandro, profesor de Historia Antigua Universidad del Turabo, Puerto Rico

Desde las primera evidencias (neolítico hace 30 mil años antes de Cristo) seguido por culturas como las Cultura Chavín el norte de Perú, 1200-400 a.C., Cultura olmeca en golfo de México 1000-900 a.C. Cultura zapoteca en Oaxaca, México 900-200 a.C. Cultura Cupisnique en la costa norte de Perú 400-100 a.C. Cultura de Paracas en la costa sur de Perú 300 a.C.-1450 d.C. Cultura maya en Yucatán 200 a.C.-800 d.C. Cultura de Tiahuanaco en el altiplano boliviano 200 a.C.-800 d.C. Cultura de Lima en la costa central de Perú 100 a.C.-700 d.C. Cultura mochica en la costa norte de Perú 100 a.C.-750 d.C. Cultura de Teotihuacán en México 100 a.C.-800 d.C. Cultura Nazca en la costa sur de Perú, etc. con sus propias culturas, sabiduría, oráculos, costumbres, etc. hasta que llegaron aquellos a imponer las suyas propias. Antes de Colon, vikingos o otros escandinavos ya conocían y habitaban las tierras del norte y luego los demás hicieron lo propio.

Con respecto a África, El fenómeno internacional conocido como la cultura del vaso campaniforme comenzó a afectar a África noroccidental. Llamada así por las vasijas de cerámica de forma característica encontradas en tumbas, la cultura del vaso campaniforme está asociada con el surgimiento de una mentalidad guerrera. El arte rupestre de este periodo en el norte de África representa animales pero también pone un nuevo énfasis en la figura humana, equipada con armas y adornos. La gente procedente de la región de los Grandes Lagos de África se asentó a lo largo de la costa oriental del Mar Mediterráneo para convertirse en los protocanaanitas, quienes dominaron las tierras bajas entre el río Jordán, el Mediterráneo y el Desierto de Sinaí.

Al note de África, grabados en roca del Neolítico, conocidos como petroglifos, y los megalitos en el desierto del Sahara en Libia dan fe de la prematura cultura cazadora-recolectora establecida en las secas praderas de África del Norte durante la Glaciación. La región donde actualmente se encuentra el Sahara fue originalmente un buen sitio para la agricultura (cerca del año 4000 a. C.). No obstante, después de la desertificación del Sahara, el establecimiento en el norte de África se concentró en el valle del Nilo, donde los nomos de Egipto sentaron las bases para la cultura del Antiguo Egipto. Hallazgos arqueológicos muestran que las tribus primitivas vivieron a lo largo del Nilo mucho antes de que la historia dinástica de los faraones comenzara. Para el año 6000 a. C., la agricultura organizada había aparecido.

Las evidencias más antiguas de historia escrita en África provienen del Antiguo Egipto, y el calendario egipcio sigue siendo usado como el patrón para datar a las culturas de la Edad del Bronce y la Edad de Hierro en la región.
Alrededor del año 3100 a. C. Egipto fue unificado bajo el primer faraón conocido, Narmer, quien inauguró la primera de las 31 dinastías en las que se divide la historia del Antiguo Egipto, las cuales se agrupan en tres fases: Imperio Antiguo, Imperio Medio e Imperio Nuevo. Las Pirámides de Giza (cerca de El Cairo), las cuales fueron construidas durante la cuarta dinastía, dan fe del poder de la religión y el gobierno faraónicos. La Gran Pirámide, que es la tumba del faraón Keops (también conocido como Jufu), es la única de las Siete Maravillas del Mundo que aún se mantiene en pie. El Antiguo Egipto alcanzó su máximo poder, riqueza y extensión territorial en el periodo del Nuevo Imperio (1567-1085 / 1567-1085 a. C.).

La importancia del Antiguo Egipto en el desarrollo del resto de África se ha debatido. Los antiguos académicos de occidente generalmente veían a Egipto como una civilización mediterránea con poco impacto sobre el resto de África. Los estudios recientes, no obstante, han comenzado a desacreditar esta noción. Algunos han argumentado que varios egipcios antiguos, como los badarienses, probablemente migraron hacia el norte desde Nubia, mientras que otros hablan de un movimiento de pueblos de gran envergadura a lo largo y ancho del Sahara antes del comienzo de la desertificación. Sea cual sea el origen de cualquier pueblo o civilización, parece razonablemente seguro que las comunidades predinásticas del valle del Nilo eran esencialmente indígenas en su cultura, recibiendo poca influencia por parte de fuentes externas del continente durante varios siglos precediendo directamente al comienzo de los tiempos históricos.

Justo antes de la desertificación del Sahara, las comunidades que se desarrollaron al sur de Egipto, en lo que hoy en día es Sudán, fueron plenos partícipes en la Revolución Neolítica y tuvieron un estilo de vida entre sedentario y seminómada, pudiendo domesticar plantas y animales. Megalitos encontrados en Playa Nabta son ejemplos de lo que probablemente fueron los primeros instrumentos arqueo astronómicos del mundo, unos 1000 años más antiguos que Stonehenge. Esta complejidad, como fue observada en Playa Natba y expresada por diferentes niveles de autoridad dentro la sociedad del lugar, posiblemente sentó las bases para la estructura tanto de la sociedad neolítica en Nabta como del Imperio Antiguo de Egipto. Los pobladores pertenecientes al llamado “Grupo A”, quienes habitaron el actual norte de Sudán y fueron contemporáneos del Naqada predinástico en el Alto Egipto, fueron responsables de lo que puede haber sido uno de los reinos más antiguos conocidos en el valle del Nilo, al que los egipcios llaman Ta-seti (Tierra del arco). Su desaparición con el surgimiento del Egipto dinástico más tarde permitió el surgimiento de reinos como Kush, Kerma y Meroe, los cuales en conjunto comprendían lo que en ocasiones es llamado Nubia. El último de ellos vería su devastador golpe final dado por el líder de un reino creciente en Etiopía, Ezana de Aksum, llevando efectivamente a su fin a las civilizaciones nubianas clásicas.

Separadas por el “mar de arena” —el Sahara—, el África septentrional y el África subsahariana han estado conectadas por las fluctuantes rutas comerciales transaharianas. Las historias fenicia, griega y romana en el norte de África pueden ser seguidas a través de textos acerca del Imperio Romano y de sus provincias en el Magreb, tales como Mauritania, África, Tripolitana, Cirenaica, Egipto, etc.

Las regiones alrededor del Mediterráneo fueron colonizadas y pobladas por los fenicios antes del año 1000 a. C. Cartago, fundada cerca del año 814 a. C., creció rápidamente hasta convertirse en una ciudad sin rivales en el Mediterráneo. Los fenicios sometieron a las tribus bereberes, las cuales constituían la mayor parte de la población local, convirtiéndose en los dominadores de toda la región habitable en África del Norte, y hallando en el comercio una fuente de inmensa prosperidad.

Para el primer milenio a. C, el trabajo del hierro había sido introducido en el norte de África y rápidamente se comenzó a expandir a través del Sahara hacia las regiones septentrionales del África subsahariana, y para el año 500 a. C., la metalurgia empezó a volverse común en África occidental, posiblemente después de ser introducida por los cartagineses. El trabajo del hierro fue establecido plenamente alrededor de 500 a. C. en áreas de África oriental y occidental, a pesar de que en otras regiones no se comenzó a realizar esta actividad hasta los primeros siglos de nuestra era. Algunos objetos de cobre originarios de Egipto, el norte de África, Nubia y Etiopía se han hallado en el oeste de África, datando de alrededor del año 500 a. C., sugiriendo que las redes comerciales ya habían sido establecidas en aquella época.

Los griegos fundaron la ciudad de Cirene en la Antigua Libia alrededor del año 631 a. C. Cirenaica se convirtió en una floreciente colonia, aunque al estar completamente rodeada por desiertos tuvo poca o nula influencia sobre el interior de África. Los griegos, no obstante, ejercían una fuerte influencia sobre Egipto. La ciudad de Alejandría fue fundada por Alejandro Magno en 332 a. C., y bajo el mando de la dinastía helenística de los ptolemaicos se hicieron intentos por penetrar hacia el sur, y de esta forma se obtuvo cierto conocimiento de Etiopía.

Entre los años 500 a. C. y 500 ddC aproximadamente, la civilización de los garamantes (posiblemente los ancestros de los tuareg) existió en lo que hoy en día es el desierto libio.

Las tres potencias —Cirenaica, Egipto y Cartago— terminarían siendo desplazadas por los romanos. Después de siglos de rivalidad con Roma, Cartago finalmente caería en 146 a. C. Dentro de poco más de un siglo Egipto y Cirene se incorporaron al Imperio Romano. Bajo el dominio de Roma, las porciones pobladas de la región fueron muy prósperas. A pesar de que Fezzan fue ocupado por ellos, los romanos hallaron en el resto del Sahara una barrera impenetrable. Nubia y Etiopía fueron alcanzadas, pero una expedición enviada por Nerón para descubrir el nacimiento del Nilo fracasó. La mayor extensión de conocimiento geográfico mediterráneo del continente africano se muestra en los escritos de Ptolomeo (siglo II), quien conocía o intuía la existencia de las grandes reservas acuíferas del Nilo, de puestos comerciales a lo largo de las costas del Océano Índico en lugares tan al sur como Rhapta —en la actual Tanzania—, y había oído hablar del río Níger.

La interacción entre Asia, Europa y África del Norte durante este periodo fue significativa. Algunos efectos importantes incluyen la difusión de la cultura clásica alrededor de las costas del Mediterráneo; la continua lucha entre Roma y las tribus bereberes; la introducción del cristianismo en toda la región, y los efectos culturales de las iglesias en Túnez, Egipto y Etiopía. La era clásica llegó a su fin con la invasión y conquista de las provincias romanas en África por parte de los vándalos en el siglo V. El poder en la región regresaría al siglo siguiente al Imperio Bizantino.

En el Este de África, alrededor del año 3000 a. C. la agricultura surgió independientemente en Etiopía, con cultivos como el café, teff, mijo dedo, sorgo, cebada y ensete. Los burros también fueron domesticados independientemente en la región de Etiopía y Somalia, pero la mayoría de los animales domesticados llegaron ahí desde las regiones del Sahel y el Nilo. Algunos cultivos también fueron adoptados de otras regiones en esta época, entre ellos se pueden mencionar el mijo perla, caupí, cacahuate, algodón, sandía y porongo, mismos que comenzaron a ser cultivados tanto en África occidental como en la región de Sahel mientras que el mijo dedo, guisante, lenteja y lino se asentaron en Etiopía.

Etiopía tenía una cultura antigua diferente con una historia intermitente de contacto con Eurasia después de la diáspora de homínidos hacia el exterior de África. Conservaba un lenguaje, cultura y sistema de cultivo únicos. El sistema de cultivo estaba adaptado a las zonas montañosas del norte y no se aplicaba a ningún cultivo de otras regiones. El miembro más famoso de este sistema de cultivo era el café, pero una de las plantas más útiles era el sorgo, un cereal de tierras áridas; el teff era endémico de la región.

Etiopía tuvo un gobierno centralizado por muchos milenios y el Reino de Aksum, el cual se desarrolló allí, había creado un poderoso imperio comerciante —con rutas comerciales que llegaban a lugares tan lejanos como la India—.

Históricamente, los swahili podían ser encontrados en lugares tan septentrionales como Mogadiscio en Somalia, y tan meridionales como el río Ruvuma en Mozambique. Aunque alguna vez se creyó que eran los descendientes de los colonos persas, los antiguos swahili ahora son reconocidos por la mayor parte de los historiadores, lingüistas históricos y arqueólogos como un pueblo bantú.

Al Oeste de afrca, por el año 3000 a. C. la agricultuara comenzó a surgir independientemente en las regiones tropicales de África occidental, donde los ñames africanos y las palmas aceiteras fueron domesticados. Ninguna especie animal fue domesticada independientemente en estas regiones, aunque la domesticación se propagó allí desde el Sahel y la región del Nilo. También fueron adoptados cultivos de otras regiones en esta época, tales como el mijo perla, caupí, maní, algodón, sandía y porongo, comenzando a ser cultivados tanto en África occidental como en el Sahel.

Al Centro de África, alrededor del año 1000 a. C., los emigrantes bantúes habían llegado a la región de los Grandes Lagos de África oriental. A mediados de ese milenio, los bantúes también se habían asentado en regiones donde actualmente se encuentran países como Angola y la República Democrática del Congo. Uno de los principales eventos ocurridos en África central durante este periodo fue el establecimiento del Imperio Kanem-Bornu en lo que hoy en día es Chad. El Imperio Kanem florecería en los siglos posteriores poniendo las bases para el surgimiento de futuros grandes estados en la región del Sahel.

Al Sur de África, la historia del sur de África sigue siendo en gran parte un misterio, debido a su aislamiento de otras culturas del continente. En el año 500 a. C. aquel aislamiento llegó a su fin con el asentamiento de emigrantes bantúes en la actual Zambia. Al sureste, los khoisan, también conocidos como bosquimanos, iniciaron la domesticación del ganado y cambiaron su estilo de vida cazador-recolector que había sido el dominante en la región desde el inicio de los tiempos. Para el año 300 a. C., los bantúes habían llegado al actual territorio de Sudáfrica, sirviendo de base para la aparición de estados centralizados.

Si bien osha es una pequeña parte de la religión del vasto universo que lo antecede, no podemos ocultar las evidencias por el solo hecho de un sentimiento que despierta el sentir de las personas como patrimonio propio, y que de una forma u otra, atenta contra lo que pensamos y el tal sentido reaccionamos.
Si aceptamos el término cisma tal y como lo define el DRAE: división o separación en el seno de una iglesia o religión, nos daremos cuenta de que es un fenómeno común en todo movimiento religioso; las causas de un cisma son diversas, pero generalmente se deben a cuestiones dogmáticas, pero resulta un bochorno cuando el comercio se instala en una religión y priva sobre su filosofía y su doctrina. Un ejemplo significativo, es el cisma que se generó en la iglesia católica a raíz del pensamiento del reformador alemán del siglo XVI Martín Lutero. La venta de indulgencias promovida por la iglesia católica y avalada por el papa León X, el grosero comercio con las reliquias de los santos por parte de los sacerdotes católicos y el abandono parcial de la doctrina cristiana en la cúpula de la iglesia, fueron aristas claves en el nacimiento del movimiento protestante.

El comercio une a los pueblos, pero resulta letal si se instala en el seno de una religión, pues es un elemento de degradación en la espiritualidad del sacerdote que la practica. La religión de los Orichas, nació en el África meridional en territorio yoruba, inicialmente sus sacerdotes adoptaron una filosofía universal y de vasta comprensión del cosmos, esto quizás fue producto de los aportes de grandes civilizaciones como la mesopotámica y la egipcia (solo por mencionar algunas de ellas). Pero infelizmente con la llegada del Islam a partir del siglo VII, y el cristianismo de manos de cruzados y colonizadores europeos, la religión ancestral yoruba sufrió una degradación en su filosofía, de manera que cuando comienza el tráfico de esclavos hacia el Caribe en el siglo XVII, lo que se conoce comúnmente como diáspora yoruba, pero que en realidad es una mezcla de varias etnias africanas (solo el 35% de los esclavos era de origen yoruba), ya la religión de los Orichas había perdido mucho del paganismo que la definía. La mezcla con otros cultos y religiones africanas en la diáspora, el sincretismo con los santos católicos, fenómeno religioso que los esclavos africanos adoptaron por temor al castigo de los conquistadores monoteístas, le dieron un golpe mortal a lo poco que quedaba de la ancestral religión yoruba; no obstante, cuando la religión africana se extendió a otras razas en la diáspora (los blancos), una semilla de esperanza surgió, pues algunos de los iniciados en el Caribe, aportaron elementos del paganismo original de la religión de los Orichas en forma de símbolos y oscuras historias, que aún esperan ser descubiertas y valoradas por los sacerdotes contemporáneos, única forma de que la semilla pagana germine a través de la costra de tierra católica que trata de inhibirla.

La mayoría de los sacerdotes de Ifá y Osha que conforman actualmente la diáspora africana, solo muestran una sola línea de pensamiento, más en función de la religión católica que en el antiguo paganismo de los yoruba; esto resulta triste y decepcionante, pues nos encontramos en una especie de limbo. La iglesia católica nos rechaza y nos llama brujos, sin embargo en un acto de poca dignidad, nuestros sacerdotes después de iniciar a un adepto en la religión de los Orichas, lo llevamos a un templo católico para presentarlo al santísimo; pero esto no es lo más grave del asunto, sino que al aceptar los ritos católicos, aceptamos su dogma y con ello las taras filosóficas de su iglesia, por tanto estamos propensos a cometer sus mismo errores.

Así mismo como el tráfico de reliquias y la venta de indulgencias, originó en la iglesia católica un cisma; la venta de fetiches y el comercio con los Orichas, terminará por generar uno en la diáspora africana. Solo basta recorrer algunos foros sobre la religión yoruba, para darse cuenta como una serie de sacerdotes están planteando la separación de la Osha de Ifá, cuando ambos son una unidad; pero el ego, ese que debe morir cuando la persona se inicia en la Osha y en Ifá, parece estar intacto en la mayoría de nosotros los sacerdotes, lo cual se traduce en la característica soberbia de querer siempre tener la razón; cuando intentamos convertir en un coto privado, lo que por esencia no lo es, es que no reconocemos que existe un orden universal, es que nuestro ego es un renegado y no acepta su muerte. Esta conducta de muchos de los sacerdotes de la diáspora africana, es una señal inequívoca de la degradación religiosa que sufrimos, no solo en la mente del sacerdote, sino en la mecánica de la religión, pues los iniciados de la religión yoruba, no muestran el cambio necesario para desenvolverse como guía espiritual de la humanidad; quizás es que ya el fetichismo y el grosero comercio en la religión yoruba de la diáspora africana, privan sobre la esencia espiritual de la antigua religión pagana.

 

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jun 16

La Santería en Cuba

Por: María Teresa Linares. Directora del Museo Nacional de la Música. Cuba.

Toda una definición de intereses opuestos entre las metrópolis y las tierras colonizadas de América, entre los aspectos culturales de los grupos humanos que allí concurrieron se puede centrar en la palabra criollo. Criollo fue el hijo de español e india; de español y negra; el esclavo nacido en estas tierras hijo de africanos de «nación». Criollo fue también el español nacido en Cuba, a diferencia del español «peninsular». Muy tempranamente se establecieron aquellas diferencias, pero contradicciones más profundas –el pensamiento económico, político, filosófico– entre los criollos y los españoles abrirían el camino a la naciente nacionalidad cubana. A fines del siglo XVIII y en esta nueva fase de nuestra historia se consolidó la «cultura mulata», a la que se refería el sabio Fernando Ortiz para definir una nación criolla, un nuevo producto, como plantea en la definición de su neologismo transculturación: La concurrencia funcional de elementos sustanciales y su permanencia cultural, como le ha dicho Argeliers León.

Aquella nacionalidad cubana se representaba en algunos sectores por el desarrollo de una burguesía criolla de grandes terratenientes azucareros, apoyados en la fuerza de trabajo esclavo, y una gran población blanca, en buena medida campesina, dependiente de aquella que se relacionaba, en sus formas de producción y en su vida cotidiana, con negros libertos y otros sectores inmigrantes de menores posibilidades económicas. 

Las oleadas de inmigrantes fueron diversas en cantidades, procedencia y distancias geográficas y temporales. Tanto de España y África como de otros lugares de Europa o América, llegaron grupos de distinta procedencia social. Por otra parte, las aportaciones de negros de distintas etnias africanas, traídos durante los casi cuatro siglos que duró la trata esclavista, contribuyeron, a través de todo el período colonial, aportando elementos culturales disímiles, sobre todo mientras los «negros de nación» pudieron defender celosamente sus nexos culturales de su pérdida u olvido. La propia diferenciación se planteaba en las sociedades llamadas cabildos, donde se agrupaban por nación, en los que inicialmente no se aceptaba a los criollos y les impedían su participación. 

La misma constitución de los cabildos fue una forma de defender su cultura ancestral de la rápida desintegración por el choque de culturas, para mantener su continuidad cultural. 

El auge de los numerosos cabildos permitidos por las autoridades coloniales coincide con la consolidación de la nacionalidad cubana, y los datos referenciales recogidos en la bibliografía histórica permiten conocer los múltiples grupos provenientes de tres grandes conglomerados africanos que concurrieron en nuestra nación: los yorubas, los dahomeyanos, los bantús. De esta forma se produce, en un largo período colonial, la confluencia de grupos sectoriales con culturas diversas que, en una inminente necesidad de comunicación, mezclan los ingredientes del «ajiaco» a que se refiere Ortiz, en el que los distintos sabores y texturas integrarían un nuevo producto cultural: lo ya cubano

Pero éste es un largo proceso en el que concurren elementos étnicos culturales primarios, como las lenguas, formas y colores, sonidos y su distribución temporal y tímbrica, concepciones éticas y religiosas, que poco tenían que ver con las gentes con que forzosamente se relacionaban en nuestro suelo, pero con las que obligadamente se tenían que comunicar por las condiciones de dependencia en que se encontraban. 

La cohesión social que existía en los cabildos, en los que se pretendía seguir una organización similar a la tribal de origen, les permitía reconstruir sus atributos, su vestuario, sus órdenes decorativos, sus instrumentos musicales, cantos y bailes, sus rezos y su religión. Aún en aquellos cabildos de nación se conservaban los distintos idiomas en su función social. 

El proceso de evangelización a que se vieron impelidos los dueños de esclavos por las leyes coloniales llevó a aquellos esclavos a aceptar deidades ajenas, con las cuales se relacionaban a diario y de cuya vida y significación eran informados, para, en un proceso sincrético, aceptar como similares, no en sustitución pero sí en aparente adopción, a unos santos que tenían rasgos característicos similares a los orichas africanos. Esta relación sincrética dio lugar a la santería

La diferenciación entre los esclavos «de nación» y los descendientes criollos fue incrementando distintas maneras de ser, de pensar, de proyectarse. Tenían que ser distintos los criterios de seres que habían sido desarraigados de su medio social y geográfico, resembrados en tierras donde había grupos humanos de diferentes culturas y procedencias, unos con dominio sobre ellos y otros también dominados, de los criterios y creencias de sus descendientes, que nacían ya en este medio hostil pero conocido, en condiciones de sometimiento, pero dentro de un contexto en el que se desarrollarían por su destino manifiesto manteniendo las relaciones grupales. Y estas «sacudidas sísmicas» fueron, poco a poco, generación por generación, dando lugar a estadios culturales en los que la concurrencia funcional de elementos sustanciales permitía la continuidad de elementos comunicantes del africano en una nueva sociedad, asentada en nuevas tierras lejanas de las metrópolis, como en un limo nutriente que es la cultura cubana actual. La santería es pues, el resultado cubano de la integración y continuidad cultural de elementos étnicos y religiosos de los participantes africanos y españoles ocurrido en el proceso de definición de nuestra nacionalidad. 

Con los conquistadores vino la religión católica, que era la religión oficial, y unas maneras de catolicismo popular muy apegado a la adoración de las imágenes, en especial, a las advocaciones de la Virgen María, cuyo culto lindaba con la idolatría. Y entre las varias religiones que trajeron los negros, la que más influencia ha ejercido en nuestro pueblo es el culto a los orichas, de origen yoruba, uno de los grandes conglomerados que vinieron esclavizados, como apuntábamos antes. 

Isaac Barreal explica varios factores a tener en cuenta en el sincretismo ocurrido: la gran cantidad de esclavos yorubas traídos por la trata; el mayor desarrollo religioso –en el que se habían incorporado elementos de otros pueblos vecinos– y el que, por tener mayor nivel cultural los yorubas, los esclavistas tendieran a convertirlos en esclavos urbanos, lo cual les facilitaba la organización del culto. Otro factor importante que señala Barreal es la identidad que fue posible establecer entre el oricha y el santo católico, lo cual ha contribuido a la persistencia de esta religión hasta nuestros días y a la nucleación de otros grupos que no tienen origen nigeriano. Los yorubas tienen el concepto de un creador –Olofin–, que puede equipararse en este aspecto con el Dios de los católicos. Olofin otorgó todos los poderes naturales a distintos orichas, con la autorización de intervenir en la vida de los hombres. Si en un principio fueron sólo fuerzas naturales –el río, la mar, el remolino, el rayo– en la génesis del oricha que había de dominarlos y ponerlos al servicio de los hombres; alcanzaron formas humanas, con los vicios y virtudes de los mismos hombres. Fueron los intermediarios entre los humanos y el Creador, a semejanza de los santos católicos, que fueron personas deificadas por sus virtudes en la tierra y que alcanzaron la gracia divina de hacer milagros para favorecer a los hombres, cuidar su salud, ofrecerles la victoria en sus luchas. Así, son similares el rey Changó yoruba, dueño del rayo, representado con el hacha y la espada guerrera y la Santa Bárbara católica, guerrera también, representada con una corona de reina y una espada en la mano, a quién se invoca cuando truena. 

Altares y atributos 

Para el creyente de la santería no hay duda de esta relación, pero aún hoy se cree sólo en los orichas africanos, y se les superpone la estampa o la imagen de culto del santo católico. Aún hoy se realizan una serie de prácticas en donde permanecen elementos culturales yorubas, perfectamente coordinados, aunque en algunos casos se ha perdido, olvidado o sustituido un elemento por otro. También se han mezclado elementos religiosos de grupos afines, que han desaparecido asimilados por nuestra población. Hoy no se reconocen ni se recuerdan cantos, ni palabras, ni toques, ni deidades minas, gangás, ibos, mandingas, etc., que en algún momento convivieron con los lucumís o yorubas. 

La santería no es una religión oficial ni tiene una organización basada en una jerarquía superior –como los obispos y el papa católicos–. Es una religión personal, privada, que se desenvuelve en el ámbito estrecho de una pequeña colectividad de creyentes y personas allegadas, que ofician en una casa particular, a la vez vivienda y casa-templo (ilé-ocha). En ella ejerce su autoridad el dueño, padrino de mayor prestigio por edad y funciones, de un número indeterminado de ahijados, iniciados en la «regla de ocha», que están bajo su tutela. Aquél puede ser santero, o babalawo. Las órdenes que se establecen entre los iniciados son: el santero (babalocha), o la santera (iyalocha), y el babalawo, el de mayor jerarquía. En la casa del santo, o ilé-ocha, se realizan todas las prácticas de iniciación y las ceremonias. A ella acuden los ahijados, los creyentes no iniciados y los amigos. En ocasiones no hay relación grupal o de parentesco entre una casa y otra, pero el número de ahijados o santeros asociados a ella, si es numeroso, le dará mayor prestigio. El iniciado está en dependencia del padrino y le debe pleitesía y respeto. Es el padrino el que le indica lo que debe hacer y siempre se le consulta. En el proceso de iniciación y la práctica de otras ceremonias que resultan muy complejas, se utiliza la lengua, los instrumentos, los cantos, bailes, atributos, vestuarios y comidas de antiguo origen yoruba. Este es un ritual en el que se procura representar los propios elementos o los más similares posibles para asentar el santo como los antiguos africanos, los que trasmitieron sus conocimientos por la tradición oral y por la práctica diaria. Algunos anotaron unas «libretas» en las que aparecen palabras, dibujos, trazos o firmas, rezos y recetas, pero no una descripción total y exacta de todo el proceso religioso. Esta casa de santo, o ilé-ocha, tendrá todo lo necesario para el ritual, dependiendo siempre del nivel económico tanto las comodidades como el lujo que puedan ostentar, pero siempre los participantes pagarán un derecho por los actos de adivinación, por los sacrificios para que «coman» los santos, los collares y los demás atributos; al toque ritual de tambor o de los güiros, llamados obwes o chekeré; para las ceremonias de iniciación, cumpleaños o cualquiera otra ceremonia que se derive de este ritual. 

La distribución de la casa en sentido general es la de una casa modesta cubana. Tendrá varias habitaciones y un patio, que se comparten entre las necesidades familiares de vivienda y las del culto. En los altares figurarán santos católicos –el que rige la casa, la Virgen de las Mercedes, la Caridad, la Virgen de Regla y Santa Bárbara, fundamentalmente–, los cuales estarán adornados con flores y luces: lámparas de aceite, velas, y bombillas donde haya fluido eléctrico. Los orichas estarán en un orden espacial rigurosamente jerárquico, en el «canastillero», especie de escaparate o vitrina, dentro de recipientes a los que se les llama soperas, que pueden ser las de las vajillas de porcelana o de cerámica, de barro o de güira, como eran originalmente en África. Las deidades africanas están contenidas en piedras dentro de estas soperas siempre cubiertas, tapadas, adornadas con mantos y manillas de metal, atributos relativos al santo –hachas dobles, abanicos (abbebes), espadas, herramientas, animales, juguetes de loza, coronas si el santo es rey o reina y ofrendas de comida, bebida, frutas y velas–. 

Hay santos que están contenidos en otros recipientes: Osain vive en un güiro adornado con plumas; Changó en un pilón de madera, barro o porcelana, ricamente adornado y cubierto con sus collares de mazo, hachas, espadas y otros atributos bordados o pintados con sus colores. Oggún se representa en un caldero de hierro de tres patas, con todas las herramientas de hierro filoso y de trabajos agrícolas. Los guerreros, Eleggua, Oggún y Ochosi viven junto a la puerta de la calle, cerrados en un pequeño armario. Puede haber también imágenes representativas de orichas africanos en tallas de madera o piedra: Osain puede aparecer en una talla a la que le falte un ojo, una pierna, un brazo, una oreja; Ochosi aparece como un arco con una flecha; Eleggua puede estar en un caracol (Strombus giga) dentro de una cazuelita de barro, con la cara detallada con caracoles diloggun (cyprea moneta) en los ojos y la boca. También puede haber tallas de Changó vestido con pantalón blanco, chaquetilla roja y un hacha doble en la cabeza (Oché), otra en una mano y una espada en la otra. Todas las piezas estarán decoradas con los colores y números simbólicos de cada santo. Se usan profusamente las cuentas –ñales y matipós– con que se arman los collares. Todos estos atributos y santos, con mayor o menor presentación lujosa, identifican la casa de un santero. Los espacios mayores –la sala, el patio– tendrán una función especial para el ritual. En la sala se sitúan, a un lado, cerca del altar, las sillas en que se sentarán los tamboreros y junto a ellos se sitúa el apwon o solista que «levanta» los cantos. En una ceremonia de varias horas los tamboreros y el apwon alternan y los asistentes responden el coro y bailan. Bailan de frente a los tambores, a los que reverencian con un saludo al llegar y una ofrenda en la jícara para los tamboreros. 

Toque de santo. Batá 

Las ceremonias de mayor participación que se efectúan en los ilé-ocha de santería son los llamados «toque de santos». En ellas puede haber distintas funciones –de iniciación, de presentación al tambor, de cumpleaños, de funeral o del día del santo católico–. Las más sacralizadas son las que se realizan con el tambor batá, que tiene Añá, deidad que vive dentro del mayor de los tres tambores, el iyá. Hay otras fiestas para «divertirse» con los santos que son los toques de güiro (abwe o chekeré). 

Los tambores batá son de dos parches, en forma de reloj de arena, que se percuten con ambas manos por los dos parches. El conjunto además lleva una hoja de azada percutida con una varilla de hierro y un atcheré o sonaja, como atributo del santo al que se le toca. El mayor de los batá es el iyá, al que se le pone un cinturón de cascabeles y campanas por la boca más ancha, y en ésta se le pone una sustancia resinosa (faddela) que neutraliza el sonido. Le sigue en tamaño el itótele, y el tercero, más pequeño, el okónkolo. Estos tambores deben ser ejecutados por hombres (olú-batá) que conocen profundamente los toques para cada santo y sus variaciones, pues se interrelacionan unos con otros en una compleja polirritmia para expresar la comunicación con la deidad. La fabricación del tambor, además de ser muy complicada, pues se talla y vacía a mano, también requiere de una serie de ceremonias mientras se realiza, y debe ser un iniciado en estas artes y no otro el que lo haga. Para consagrar el tambor ya terminado se hará la «presentación» ante el santo y santeros mayores. 

La comunicación con las deidades se producirá por la fuerza emotiva de los santos y toques y provocará el éxtasis hipnótico al que le dicen «bajar el santo» en alguno de los participantes. Este hecho estimula a los cantantes y tocadores a enfatizar con entusiasmo los toques y rezos, y mueve a padrinos y santeros mayores a «ayudar» la posesión con una serie de procedimientos propiciatorios, como quitarle el calzado, los ganchos y peinetas del cabello, ponerle trajes y atributos y darle el tratamiento de la deidad que se supone en posesión. El poseso bailará entonces como si fuera el oricha mismo. 

Los santeros celebran para sus orichas el día del santo católico. Para esa fecha hacen ofrendas, fiestas, celebran misas, le ponen al santo sus mejores vestidos y flores. A veces no puede considerarse que hay una discontinuidad entre la celebración de una misa católica y los rituales que se apartan de la misma. Ningún santero puede iniciarse si no está bautizado en la iglesia católica y, en general, observarán todas las obligaciones de un creyente católico con la Iglesia. Sin embargo, en su vida de santero primará la «regla de ocha». 

Cabildo de Regla 

El caso de sincretismo más característico es el que ocurre con la Virgen de Regla, patrona de la bahía de La Habana, a cuya fiesta y procesión acuden creyentes, los días 8 de septiembre, para participar en una verdadera peregrinación de miles de personas de toda la república. En el llamado «emboque» o muelle de las embarcaciones que trasladan pasajeros desde La Habana al ultramarino pueblo de Regla, se realizan ceremonias por todos los hijos de Yemayá. En este pueblo existieron dos cabildos: el de Pepa, Echubi, y el de Susana Cantero, los que durante muchos años sacaron sus santos de los altares de sus casas, después de rogativas y ceremonias los llevaron a la iglesia de Regla donde «dormían». El día 8 al amanecer, se les decía una misa solemne y salían en procesión con las imágenes católicas precedidas por los tambores batá y los cantos y rezos de los santeros principales. Se dirigían al muelle, donde hacían ofrendas al mar y luego recorrían todo el pueblo, las casas de los santeros, donde realizaban una ceremonia de «tirar los cocos». Terminaba la procesión en el cementerio, donde les esperaba una oficiante de Oyá, dueña del recinto de los muertos, para ofrecer un baile ceremonial con el «santo montado». 

Otras celebraciones no menos importantes son las de Santa Bárbara, el 4 de diciembre, por la cantidad de adeptos que tiene Changó en la casi totalidad de la nación, sobre todo en las zonas centrales de la isla, desde Matanzas, Villa Clara, Cienfuegos, Placetas, hasta Ciego de Avila, zonas a las que Argeliers León llamó «área del tambor bombé». 

De origen dahomeyano, arará son cultos sincréticos muy extendidos en la provincia de Matanzas –hoy en franco período de desintegración–, que se encuentran en la propia ciudad, en Jovellanos, Perico y Agromonte. Estos son grupos que rinden tributo a Babalú-ayé (San Lázaro, 17 de diciembre) y a Changó, donde se mezclan ya elementos yorubas, aunque predomine el uso de tambores de definida procedencia dahomeyana, cantos y toques antiguos que ya se mezclan con algunos de la santería y de procedencia conga. Estos grupos fueron muy numerosos a fines del siglo XVIII y durante el siglo XIX, pero ya hoy se encuentran muy mezclados y nucleados con otros grupos. 

La tumba francesa

En el momento actual en las provincias orientales, principalmente Santiago de Cuba y Guantánamo, se encuentran restos de esclavos dahomeyanos, que vinieron de Haití con los colonizadores franceses a partir de 1783, ya transculturados con la cultura francesa, que por las condiciones de desarraigo y el temor que infundían a las autoridades coloniales los sucesos de Haití, se autodenominaban «franceses». Hablaban con sus amos y entre ellos mismos un francés «acriollado», el patois. Fundaron las sociedades de recreo y ayuda mutua llamadas «tumbas francesas», las cuales se extendieron por toda la isla, hasta La Habana. Sólo quedan hoy en Santiago de Cuba la sociedad «La Caridad», y en Guantánamo «La Pompadour», bajo la advocación de Santa Catalina de Ricci.

Tumba francesa es el apelativo que se da a «unos tambores y por extensión ciertos bailes y cantos… en los que se canta y baila a imitación del más elegante francés petit maître… El baile francés era para ellos [los esclavos] una expresión de rango social. Era baile negro pero no africano, baile cortesano criollo, cruzado, típico de Haití que se envanecía de decirse francés… En las actuales tumbas francesas aún se conserva cierto viejo aire de alcurnia. Los hombres visten correctamente… y hasta con la elegancia que les es posible. Las mujeres generalmente en sus tradicionales sayas blancas (o floreadas), con enaguas de hilo, bordadas y lujosas. Sus cabezas invariablemente van tocadas con pañuelos de vivos colores. Para las tumbas las mujeres se tocaban con el fulá o el madrás, poniéndose el nudo o lazo en la parte posterior… esta era una manera más modesta y así es la común de hoy día».

Los tambores son ejecutados por tamboreros llamados tambuyé en créole francés. Cada tambor lleva un nombre particular: catá, bulá, premier y second. Se tensan sus parches por medio de unas cuerdas que parten de un aro que bordea el cuero, las que son haladas por unos tarugos ganchudos que penetran en el cuerpo del tambor, a base de golpes con una maza de madera.

En el toque de tumba francesa se efectúan distintos tipos de bailes con figuras de danzas europeas: rigodones, cuadrillas, y de pareja desenlazada. Hay figuras que las realiza un hombre solista, muy lucidas, en las que lo premian las tumberas atándole pañuelos en el cuello, ladeados sobre el pecho, en la cintura y rodillas. En una de las danzas de la tumba francesa se baila alrededor de un poste, tejiendo en él con cintas de colores. Ésta es una danza campesina europea que se ha extendido por las antillas anglo-francófonas y se conoce también en otras localidades de Cuba, como Baraguá, Camagüey, y Gerona, Isla de la Juventud.

El orden de la fiesta lo establecen las más altas jerarquías de la sociedad. El mayor y mayora de plaza a veces son los que inician el canto, en créole, se incorpora el catá, tambor idiófono, el bulá, el premier y la tambora. Las órdenes de inicio y los cambios los da la mayora con un silbato. El coro de «tumberas» responde al canto y suena unas sonajas de hojalata adornadas con cintas de colores y con un largo mango, a las que les dicen baton chachá. Aunque mantengan el apelativo de francés, las casas de las dos tumbas francesas que aún realizan fiestas mantienen un culto a los patriotas cubanos y adornan las paredes con sus retratos, banderas y escudos de Cuba, y una imagen de la Virgen patrona.

Sociedad secreta Abakuá

Otra forma de sincretismo religioso es el que aparece en la sociedad secreta Abakuá, que sólamente se desarrolla en las ciudades portuarias de La Habana, Matanzas y Cárdenas, la cual se basa en una serie de ceremonias en las que se reproduce una leyenda originada en los grupos Egbó, situados en tierras Efí y Efó, cerca del río Od’dán en el Calabar. Fue entre los efík donde se desarrolló esta fraternidad, que pasó a Cuba como sociedad de ayuda mutua, primero en los antiguos cabildos de nación, entre los esclavos, luego con la participación de negros criollos y más tarde de mulatos, blancos y hasta chinos.

Para desarrollar sus ceremonias se comunican a través de cantos y parlas (enkames) sus historias; bailes, trajes, instrumentos (tambores, sonajas de metal y mimbre, campanas), formas particulares de ornamentación de los trajes y atributos, y firmas (anaforuana). Las fiestas, llamadas plantes siguen un orden dentro del ritual con significados particulares de cada momento, que se reproduce de la leyenda original. En Cuba estos ritos han sufrido variantes durante todo el proceso de transculturación. Se ha perdido mucho de la lengua efik, del significado original, y se han sustituido por otros de nuestro medio.

La leyenda original es la búsqueda de la voz de Abasí, Dios, que era producida por un pez, Tanze, el cual fue hallado casualmente por una muchacha, Sikán, que iba a buscar agua al río en su tinaja. La pérdida de la voz al morir el pez y la búsqueda de otro elemento que la reprodujera es el motivo fundamental de esta leyenda.

En el cuarto secreto se realizan una serie de ceremonias desconocidas para los no iniciados, pero fuera, en procesión, se desarrollan pasajes de la leyenda que se narran en amplias parlas (enkames) seguidas de cantos. En la procesión participan los personajes principales (plazas). Estos pasajes se representan también en las firmas, trazos simbólicos que se dibujan con yeso amarillo. Al comienzo de la ceremonia se dan cantos a capella de muy hermosa estructura, a solo y coro, para saludar al butame y todos los presentes se santiguan haciendo la señal de la cruz, a la manera cristiana. Abasí (Dios supremo) está en el crucifijo cristiano y en la copa que lleva Isue, el obispo que simboliza al Santísimo Sacramento. Además, en sus altares y procesiones está presente algún santo patrón como la Virgen de Regla (Okandé) o la de Monserrate. El resto de los atributos y tambores son aún muy apegados al antecedente como una continuidad cultural muy celosamente guardada en secreto. Algunas costumbres ancestrales sí han tenido que ser sustituidas por la adopción de los métodos de vida urbanos de nuestra sociedad. Por ejemplo, en la época colonial y aún dentro de los primeros años de este siglo, se realizaban ceremonias mortuorias y al final se conducía el féretro al cementerio cargado en hombros y cantando y bailando un canto funeral. Esta costumbre ha desaparecido y los cantos (nyoró) se realizan en el local de la sociedad y el féretro lo conduce un carro fúnebre desde la casa o de una funeraria al cementerio. Para sus fiestas y ceremonias, los abakuás utilizan dos órdenes de instrumentos: uno, los tambores que usan las plazas, que no se percuten musicalmente, tienen un valor simbólico. Están ricamente adornados con plumeros de plumas de gallo. Reciben los nombres de empegó, ekueñón, enkríkamo, seseribó y el ekue (que siempre está oculto).

Los instrumentos que forman el segundo orden son llamados en conjunto biankomeko. Son los que forman la orquesta para acompañar las procesiones y se acompañan de sonajas, palos y cencerros de hierro. El tambor de voz grave, de mayor tamaño, es el bonkó-enchemiyá, le sigue el biankomé, el obí-apá, el kuchi-yeremá. El bonko es un tambor «que habla», pues sus sonidos irregulares, marcan un ritmo oratorio que lleva un mensaje para algunos que lo entienden. Generalmente da órdenes a los íremes. Completan la sonoridad polirrítmica de los cuatro tambores las sonajas de fibra, cubiertas de tela (erikundi), los itones, palos que golpean el cuerpo del bonkó, y el hierro o campana (ekón) que se golpea con un palo.

El personaje más pintoresco de estas ceremonias es el írime o diablito, personaje que no habla y que es conducido por la plaza denominada Moruá con los cantos y toques del erikundi.

Este írime representa a los espíritus que deben aprobar lo que se hace en las ceremonias. Sus bailes son miméticos, cada movimiento tiene un significado. Sus trajes de colores y figuras simbólicas están adornados con empitados bordeando las mangas, los pantalones y el mascarón que cubre su cabeza. A la cintura llevan un cinturón de campanas (enkaniká) que suenan constantemente en sus bailes. Llevan en sus manos ramas de «escoba amarga», millo y un palo.

En las asociaciones de abakuás, cada jefe tiene una función y atribuciones específicas. El jefe supremo es el Iyamba, le sigue el Mokongo, especie de jefe militar; Isue representa la dignidad religiosa, como el obispo, y porta el cáliz y el crucifijo; Empegó mantiene el orden. Hay otras plazas con cargos menores y como subjefes, entre los que se destacan Enkrícamo y Moruá que guían a los írimes y Nasacó, el médico o brujo.

A pesar de mantener un nexo con sus antecedentes culturales, en el desarrollo de sus ceremonias, estas plazas ejercen una relación social estrecha con sus miembros en la vida civil, que se manifiesta en el respeto a su autoridad aún en las cuestiones más elementales, además de la cohesión grupal en los distintos trabajos –laboreos en brigadas–, en los que generalmente también se supeditan.

A más de un siglo de haberse abolido la esclavitud, en los descendientes criollos de aquellas distintas etnias africanas se mantiene la concurrencia funcional de los elementos sustanciales y su permanencia cultural, sobradamente demostrada en esta exposición que presentamos.


Resumen

La santería en Cuba

La relación sincrética entre diversas culturas que, durante el período colonial, llegaron a configurar «lo cubano», fue dando origen al fenómeno de la santería. La santería aparece como el resultado cubano de la integración y continuidad cultural de elementos étnicos y religiosos de los participantes africanos y españoles, ocurrido en el proceso de definición de la nacionalidad cubana. En la santería sobreviven cultos a los orichas o divinidades de origen africano, principalmente yoruba, bajo el culto a las imágenes de santos católicos.

 

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abr 19

La Santería

Por: SanRey

En esta ocasión voy a tocar un tema mucho muy delicado, por lo tanto, les sugiero que al leerlo lo traten con mucho respeto y mucha madurez ya que para muchos este tema es un tabú, también aprovecho para aclarar que no lleva ningún sentido religioso en favor o en contra de alguna creencia, este tema se desarrolla únicamente con la finalidad de informar y dar a conocer las cosas para que cada uno se forme su propia opinión.

La santería o Regla de Osha-Ifá es un conjunto de sistemas religiosos que funden creencias católicas con la secta tradicional yoruba.

Ubicación
Practicada por los antiguos esclavos negros y sus hoy descendientes en Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Panamá, Venezuela y lugares con gran población hispana en Estados Unidos (Florida, Nueva York, San Francisco, Los Ángeles y San Diego).

Actualmente la secta cuenta con presencia también en España, México, Holanda, Alemania y otros países en los cuales hay un número considerable de inmigrantes cubanos.

Similitudes entre creencias
Debido a la presencia de esclavos yorubas en Brasil, hay mucha similitud entre la santería de los países de habla hispana y el candomblé de Brasil. Las diferencias se deben a los sincretismos entre los dioses africanos y los santos católicos. Así pues, Santa Bárbara es Shangó en la santería de Puerto Rico y Cuba, pero es Iansan en el candomblé brasileño.

Orígenes
El término “santería” fue utilizado por los españoles de forma despectiva para burlarse de la aparente devoción excesiva que mostraban los seguidores a los santos en detrimento del Dios Yahvéh. Los amos cristianos no permitían que sus esclavos practicasen sus diversas creencias animistas de África occidental. Los esclavos encontraron una forma de burlar esta prohibición, y concluyeron que los santos cristianos no eran más que manifestaciones de sus propios dioses. Los amos pensaron que sus esclavos se habían convertido en buenos cristianos y estaban rezando a los santos, cuando en realidad estaban siguiendo sus creencias tradicionales.

En algunos países, el término santería sigue siendo despectivo. Los practicantes prefieren utilizar otros nombres, como lukumi (debido a su saludo oluku mi: ‘amigo mío’) o Regla de Ocha. En algunas ocasiones los practicantes de la santería prefieren ser conocidos por las sociedades secretas a las que pertenencen, por ejemplo: Abakwá en Cuba, Amigos de San Lázaro en Puerto Rico. Este término se ha ido proliferando alrededor del mundo pero baste un solo señalamiento: “Los santeros son aquellas personas que trabajan, moldean y confeccionan las imágenes de los santos católicos.”

La Religión
La santería cree en una fuerza o Dios universal del que proviene todo lo creado, llamado Olodumare. La energía de Olodumare es Ashé. Luego están los orishás, que son deidades que gobiernan diversos aspectos del mundo. Los orishás, además, velan para que cada mortal cumpla el destino que tiene marcado desde su nacimiento.

La identificación de los orishas con los santos más conocidos tiene razones muy simples, que se relacionan con el aspecto o las acciones de los santos:

* Elegüá, el santo niño; se hace referencia al Santo Niño de Atocha.

* Santa Bárbara, que en la mitología cristiana es representada con vestimentas rojas y espada, es Shangó (o Xangó), deidad de la fuerza.

* Ogún, que maneja el hierro, dios de la guerra y las armas, es el mítico San Jorge, vencedor del dragón en la iconografía cristiana.

* Agayú encuentra su correlato en San Cristóbal, que para los creyentes cristianos es el patrón de los viajeros y para los yoruba es el vigilante de los caminos.

* Inle, el médico, es San Rafael, el arcángel que cura y sana.

* La Virgen de Regla es Yemaya, diosa de la maternidad y del mar.

* Oshun, diosa de los ríos es la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba.

La Santería tiene una jerarquía sacerdotal. Aunque se considera a la Osha e Ifá como ramas separadas, los máximos sacerdotes de la Santería o Regla de Osha-Ifá son los babalawos babalaos, sacerdotes de Ifá y su profeta Orunmila. Luego se encontrarían los Babaloshas e Iyaloshas, que son Santeros con ahijados consagrados. Los Iyalorishas y Babalorishas, Santeros que no tienen ahijados. Los Iyawos, Santeros en su primer año de consagrados, y por ultimo los Aleyos, que son creyentes pero que aun no han sido consagrados.

Todos ellos son santeros, iniciados mediante ritos específicos, el primero de los cuales es un ritual de purificación y la entrega de cuatro collares, representando a Shangó, Obbatalá, Yemayá y Oshún o recibiendo a los Orishás guerreros, que son Elegguá, Oggún, Oshosi y Ozun.

Los pilares fundamentales de la Religión se basan en el culto a los ancestros (egguns) y en el conocimiento de que existe un Dios unico (Oloddumare) y se relaciona con los seres humanos a través de extensiones del mismo, que también son divinas, a las cuales los Yorubas denominaron Orishás. Por estas características se considera que es una Religión Monolatrista.

El ebbó o sacrificio para lograr resolver problemas de índole económica, problemas de salud o de estabilidad espiritual está presente en la Religión. Y en la adivinación a través de los tres Oráculos que componen la Religión, el Oráculo de Ifá (utilizado por los Babalawos), el Oráculo del Diloggún (caracoles) utilizado por los Santeros y el Oráculo del Biagué (coco), utilizado indistintamente por ambos. El sacrificio pueden ser plantas, semillas, metales, animales u otros productos provenientes de la naturaleza, ya que la Religión tiene un carácter neo-pagano.

El sacrificio animal ha sido criticado por los medios de masas de las culturas occidentales, en un intento de satanizar la Religión, sin embargo con el propósito de establecer la diferencia existente entre el sentido de sacrificio hallado en el Viejo Testamento y en las prácticas santeras, vemos como en el libro de Levítico, específicamente desde el versículo 1 hasta el 7, se nos relata la historia de cómo un día Yavé llamó a Moisés y le ordenó que le sirviera de mensajero ante los hijos de Israel instruyéndoles detalladamente el método para llevar a cabo los sacrificios propiciatorios en su nombre. De igual forma, Yavé le dijo a Moisés que estos sacrificios, siempre y cuando se hicieran según las disposiciones prescritas, serían bien recibidos por él y, a cambio, los pecados de la persona que ofreciese dicho sacrificio serían perdonados.

Evidentemente, y a diferencia de la tradición yoruba, en este pasaje del Viejo Testamento el sacrificio y el modo en que éste debe llevarse a cabo, ambos, están dados por Dios a los hombres a través de la revelación a Moisés y, en segundo lugar, el propósito principal del sacrificio, según se presenta en dicho pasaje del libro de Levítico, es lograr el perdón de los pecados. Sin embargo, contrario a esto, el sacrificio de animales en la Santería está determinado, en primera instancia, por el rito de la adivinación, lo cual evidencia la existencia de una característica fundamental entre muchas religiones endógenas de África, a saber, la ausencia de una revelación divina y, por el contrario, la persistencia de conocimientos ancestrales que han sido transmitidos a los hombres y mujeres desde los primeros tiempos, aquellos, según los yoruba, en los que la humanidad y los orisha convivían en este planeta. En este sentido, jamás algún animal se sacrifica caprichosamente. Cada sacrificio responde a la solicitud, a través de los métodos de adivinación, de algún orisha o ancestro que requiere de uno o varios animales para poder resolver la situación que la persona consultada quiera solucionar.

Generalmente los orisha y ancestros solicitan que les sea ofrecido uno o varios animales especificando el tipo y el género) en el caso de que la vida o el bienestar de la persona consultada estén en juego. En este sentido, el sacrificio no es un instrumento mediante el cual se pretenda redimir pecado alguno ya que en la Santería no existe tal concepto. En la Santería ni el hombre ni la mujer son concebidos como depositarios a priori de cierta(s) culpa(s). El sacrificio, según la cosmovisión santera, es la vía mediante la cual puede ser restaurado un proceso o un ritmo que haya sido interrumpido. Los santeros aluden a que cada quien nace con un ritmo específico, un ritmo espiritual en la vida,que no debe ser interrumpido ya que si es así, entonces la persona no podrá realizarse plenamente. Sin embargo, cuando este ritmo ha sido trastocado, por las razones que hayan sido, entonces se requiere del sacrificio de un animal para restaurarlo. La sangre del animal, ofrecida a algún orisha y/o ancestro, es capaz de restaurar dicho ritmo porque ella está ligada directamente a un ritmo en el cuerpo del animal.

Los santeros realizan las ceremonias en sus propias casas, porque la Santería carece de templos, sino que se reúnen en casa o ilés, que al mismo tiempo componen ramas de acuerdo a los primeros fundadores. El Santero forma parte de la vida cotidiana del creyente, se convierte en su intermediario con lo sobrenatural, su consejero y su adivino.

 

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feb 19

El origen del mundo; Cosmogonías de las culturas del África Sursahariana

Fuente Bibliográfica:
Mircea Elíade: Historia de las creencias y de las ideas religiosas/ Mircea Eliade.-1978.- Madrid, Ediciones Cristiandad. (4 vol.)

El continente africano es un vasto territorio, en el cual hallamos una gran variedad de pueblos y culturas. Entre ellas, destaca, sin duda, por su especial protagonismo histórico, la egipcia. Por ello, la cultura del Nilo será estudiada aparte en nuestra web, en una sección exclusiva. Teniendo en cuenta esta particularidad, podríamos realizar una primera diferenciación entre la región del norte del Sahara, caracterizada por el predominio de la lengua y la cultura árabes y la religión musulmana, y la zona sursahariana, el «África Negra». En el presente apartado analizaremos la cosmogonía de esta peculiar región; una zona poblada por pueblos con diferentes lenguas y culturas (los batusi, los tutsi, los pigmeos, los zulúes, los mandinga, los masai, etc.), que, sin embargo, coinciden en un rasgo común, es la piel negra.

Dentro de esta diversidad hallamos también otros rasgos comunes que otorgan a este extenso territorio cierta homogeneidad. El matiz más destacable -y al mismo tiempo preocupante- de los pueblos que viven en el África Negra es su integración en el «Tercer Mundo»; salvo contadas excepciones, se trata de pueblos que no han alcanzado los niveles mínimos de desarrollo económico (tienen una base agropecuaria) y de modernización, y la mayor parte de sus componentes viven por debajo del umbral de la pobreza. Este subdesarrollo se manifiesta principalmente en la escasez de alimentos y en carencias sanitarias y educacionales, y ha llevado actualmente a dichos pueblos a depender en gran medida de las ayudas humanitarias exteriores.

Desde el punto de vista histórico, dos han sido los procesos que más han marcado el devenir africano: la colonización, primero, y después la descolonización. A finales del siglo XIX, las grandes potencias europeas se reunieron en la Conferencia de Berlín para realizar el «reparto de África». Dichos países únicamente tuvieron en cuenta sus intereses, de manera que a la hora de dividir el territorio separaron pueblos y etnias, del mismo modo que agruparon a tribus tradicionalmente enfrentadas. Tras la Segunda Guerra Mundial, una serie de acontecimientos dieron inicio a la descolonización y desencadenaron el proceso de independencia de las colonias, que culminó con la aparición de la mayor parte de los estados africanos actuales. La configuración de dichos países ha venido causando tensiones políticas y tribales más o menos frecuentes, que han derivado en inestabilidad política e, incluso, en endémicos conflictos armados.

Así, los dos factores apuntados, los problemas económicos y los políticos, han tenido una gran influencia social, que se ha traducido en la formación de grandes flujos migratorios; corrientes que hoy en día siguen afectando considerablemente tanto a las áreas emisoras de población como a las receptoras.

En el «África Negra», se hace difícil distinguir claramente las distintas tribus y pueblos y sus tradiciones. Así, diferentes nombres se utilizan para definir a un mismo dios o a una entidad con las mismas atribuciones, y los distintos mitos se entremezclan.

El origen del mundo, así como la vida, están siempre en manos de algún dios, igual que sucede entre muchas otras religiones de cualquier continente. Vamos a exponer varios ejemplos de cosmogonías de estos pueblos, destacando la mitología yoruba (Nigeria) y la de los boshongo.

El relato de los yoruba

 

Los yoruba está asentados en el territorio que actualmente conocemos como Nigeria y en la república de Benin desde el siglo XI. La religión yoruba es, como la de muchos pueblos nativos africanos, politeísta; cuenta con 400 dioses o más. Tradicionalmente los yoruba se centran en torno al panteón de deidades llamadas «Orisha». Cuando nace un bebé, un adivino o «babalawo», es consultado para que indique a la familia y al niño qué «orisha» debe seguir el niño. De adultos, los yoruba adoran a varias de estas divinidades. Según cuenta la mitología yoruba, los primeros reyes de su pueblo fueron los descendientes del dios creador Oduduwa. Un objeto principal en la mitología yoruba es la corona del rey yoruba. La corona identifica su status y además da al rey el poder de conectar con el espíritu de la tierra para ayudar a su gente. Un velo de pedrería, una cara grande y un grupo de pájaros son los símbolos que normalmente aparecen en la corona de un rey yoruba.

Hemos encontrado dos versiones distintas del relato yoruba del origen del mundo, que coinciden en cuanto a personajes, pero tienen algunos matices distintos. En la primera interpretación hallada, el gran dios Olorun, pidió a Orishala que bajase del cielo y crease la primera tierra en Ile-Ife. Orishala se retrasó y fue su hermano Oduduwa quien cumplió esta tarea. Afortunadamente, más tarde otros dieciséis orisha descendieron de los cielos para crear al ser humano y vivir con él en la Tierra. Entre ellos, Obatala, uno de los dioses más importantes para los yoruba; Obatala es el creador del cuerpo humano, en el cual su padre Olorun introdujo el alma. La tradición señala además que son los descendientes de cada una de esas divinidades (orisha) los que se encargaron de difundir la cultura y los principales elementos de la religión yoruba por el resto del territorio yoruba.

En la segunda versión, Olorun, el dios del cielo, lanzó una gran cadena desde el cielo hacia las antiguas aguas. Por esa cadena descendió su hijo Oduduwa. Oduduwa en llevó consigo un puñado de tierra, una gallina especial con cinco dedos y una simiente. Entonces Oduduwa arrojó el puñado de tierra sobre el agua original y colocó a la gallina de cinco dedos sobre la tierra; la gallina comenzó a rascar la tierra y la esparció y dispersó hasta que formó el primer espacio de tierra seco. En el centro de este nuevo mundo, Oduduwa fundó el magnífico reino de Ife y plantó la simiente que creció hasta convertirse en un estupendo y gran árbol con 16 ramas, que simbolizan los 16 hijos y nietos de Oduduwa.

Parece que en el caso de la cosmogonía yoruba estamos ante un mito compuesto por varias fases, en una de las cuales fue creado el ser humano. También aparece el agua como la materia primitiva existente antes de nuestro mundo y es la intervención divina la que permite la aparición de Universo tal y como lo conocemos. Oduduwa, hijo del dios primigenio, fue el primer gobernante del reino y el padre de todos los yoruba. A lo largo de los tiempos, él coronó a sus 16 hijos y nietos y los envió a fundar sus propios reinos yoruba. Como descendientes del dios del cielo, estos primeros gobernantes de los yoruba y sus descendientes inmediatos, fueron reyes divinizados. Solamente ellos podían portar coronas veladas que eran símbolos de su poder sagrado.

Respecto a la primacía ritual de la ciudad sagrada de Ife, es necesario indicar que legitima, al mismo tiempo, la jerarquía real y el panteón básico de las divinidades yoruba, que se estima puede llegar hasta los 400 dioses, más o menos. Algunas divinidades son las principales que ya existían cuando Oduduwa creó la primera tierra; otras divinidades son héroes y heroínas que dejaron una huella muy importante en estas gentes. Las divinidades de los yoruba también pueden ser fenómenos naturales, como por ejemplo colinas, ríos… que han influenciado de forma decisiva en la historia y vida de este pueblo. De los cientos de dioses mencionados por los yoruba, los más conocidos son Sango (dios del trueno y del relámpago), Ifa (también conocido como Orunmila, dios de la adivinación), Ogun (dios del hierro y de la guerra) y Eshu (el mensajero de los dioses conocido como Exu en Brasil, Eleggua en Cuba y Esu en el oeste de África).

El relato de los boshongo

 

Los boshongo son una tribu del actual Zaire y en su cosmogonía está también presente la idea de la oscuridad preexistente y el agua original. En este mito es nuevamente la voluntad de un dios, Bumba, la que permite la aparición del mundo. También podemos considerar que este mito se desarrolla en varias fases, ya que son los hijos de este dios los que finalizan la creación.

Según el relato de los boshongo, al principio, sólo había oscuridad y Bumba estaba sólo. Un día Bumba se sentía atormentado por su terrible dolor de estómago. A continuación sintió nauseas y al realizar un esfuerzo vomitó el sol; y así la luz se difundió por todas partes. El calor del sol hizo que parte de las aguas primitivas se secasen, de manera que en algunas zonas empezó a aparecer tierra seca. Después Bumba vomitó la luna y las estrellas, de forma que la noche tuvo también su luz.

Nuevamente Bumba se sintió mal y realizó otro esfuerzo, tras lo cual aparecieron nueve criaturas vivas: el leopardo, el águila, el cocodrilo, un pez, la tortuga, el rayo (llamado Tsetse), la garza blanca, un escarabajo y un cabrito. Por último apareció el ser humano; había muchos hombres, pero sólo uno era blanco como Bumba: Loko Yima. Esas criaturas crearon a su vez nuevas criaturas.

Entonces, los tres hijos de Bumba (Nyonye Ngana, Chongannda y Chedi Bumba) dijeron a su padre que ellos terminarían de hacer el mundo. De todas las criaturas solamente Tsetse, el rayo, creaba problemas. Tanto mal hizo que Bumba lo atrapó y lo encerró en el cielo. La humanidad se quedó entonces sin fuego, hasta que Bumba enseño al hombre cómo sacar fuego de los árboles.

Cuando finalmente la obra de la creación estuvo acabada, Bumba se paseó entre los pueblos y dijo a los hombres: «Mirad todas estas maravillas. Os pertenecen». Del dios Bumba, el creador, el «Primer Antepasado», proceden todas las cosas y todos los seres.

Lista de pueblos africanos

 

En este apartado incluimos una breve lista de pueblos y tribus de los cuales no hemos podido recopilar más datos. Esperamos ampliar la información y ofrecer las cosmogonías completas. Todos estos pueblos cuentan con divinidades creadoras y la creación, en la mayoría de los casos, parece haberse realizado en varias fases. En estos mitos, o en la referencia que de ellos tenemos, el dios creador, lo es también del ser humano.

Entre las tribus alur de Uganda y Zaire está arraigada la creencia de que el mundo está lleno de espíritus, djok, y consideran que sus antecesores se les manifiestan en la forma de serpientes y de grandes rocas. Cuando los alur necesitan lluvia realizan un sacrificio en honor a Jok. El significado literal de su nombre es «creador»; él es conocido además como Jok Odudu, «dios del nacimiento».

Asa es uno de los dioses principales para los akampa de Kenia. A este dios también se le conoce como «Mulungu», que significa «creador». Este dios tiene un doble aspecto; por un lado tiene el nombre de «el señor fuerte», por encima de los espíritus, pero, por otro lado, también es considerado como un dios piadoso.

Faro es el dios del cielo y del agua de los bambara (Mali, en África occidental). Según narra la mitología bambara, Faro se quedó embarazado por la roca del Universo, y dio a luz a varios gemelos, los antecesores del ser humano. Además, Faro está continuamente revisando y reorganizando el cosmos y cada cuatrocientos años vuelve a la Tierra para comprobar que todo funciona con armonía. Faro dio agua a todas las criaturas vivientes y enseñó a la humanidad a usar las palabras, las herramientas, la agricultura y la pesca. Los espíritus omnipresentes le sirven como mensajeros y representantes.

En la mitología de los banyarwanda el dios creador y el apoyo de toda la gente banyarwanda fue Imana, visto como un dios generoso y piadoso. Los banyarwanda vivían en los viejos distritos de Ankole y Kigezi, bordeando Ruanda. Su territorio es muy montañoso y frío. Él gobernó sobre todos los seres vivos y les dio la inmortalidad, dando caza a un ser conocido como «Muerte». Según cuenta la legenda banyarwanda, la Muerte era un animal salvaje y despiadado que representaba el estado de la muerte. Mientras Imana estaba de caza, todo el mundo se resguardaba o escondía, de manera que la Muerte no encontrase a nadie a quien cazar o en quien refugiarse. Pero un día, mientras cazaba, una mujer mayor fue hasta el jardín para recoger algunas verduras. La Muerte se escondió rápidamente bajo su piel y fue conducida al interior de la casa de la mujer, escondida en ella. La mujer murió; tres días después del funeral, su hija política, que la odiaba, vio grietas donde ella fue enterrada, como si hubiese salido y pudiese vivir de nuevo. La chica rellenó las grietas con más tierra, golpeó el suelo con un pesado mortero y gritó: «¡Quédate muerta!». Dos días después, hizo lo mismo al ver más grietas en la tumba de la difunta. Tres días más tarde no había ninguna grieta para que ella la sellase con tierra. Esto significó el final de la posibilidad para el ser humano de volver a la vida. La Muerte se había convertido en algo siempre presente. Otra leyenda dice que Imana castigó a la mujer dejando que la muerte viviera con el hombre.

En África occidental encontramos al pueblo basari de Togo, cuya divinidad creadora es Unumbotte.

Kaang es considerado como el creador de todas las cosas entre los bosquimanos africanos. Pero según la mitología bosquimana, Kaang se marchó del mundo por la oposición que encontró en él; así, recibiendo desobediencia de los primeros seres humanos que creó, Kaang envió fuego y destrucción a la Tierra y se marchó al final del cielo. Kaang es el dios de los fenómenos naturales y está presente en todas las cosas, pero especialmente en la mantis religiosa y en el gusano. Además este dios está relacionado con muchos mitos y figura como un héroe mitológico en muchas ocasiones. Sin embargo, entre los bosquimanos herero de Namibia, Mukuru es el dios primitivo y creador de su pueblo. El dios Mukuru se encontraba solo, sin padres ni compañeros, y mostró su amabilidad dando la lluvia de la vida, sanando a los débiles y sosteniendo a los ancianos. Los herero creen que sus jefes son reencarnaciones de Mukuru y que continúan la obra de Mukuru.

El pueblo dinka es un pueblo nativo de la República de Sudán y actualmente se asienta en el Valle del Nilo, en la zona sur de Sudán. El dios creador de los dinka es Deng y, además, es el dios del cielo, al tiempo que la deidad de la fertilidad y de la lluvia. Deng es hijo del dios Abuk.

Los efik se sitúan en el área sureste de Nigeria; su lengua, el «ef-ik», es utilizado por cuatro millones de personas. En la mitología efik, Abassi es el dios creador y la esposa de Abassi, Atai, le ordenó que permitiera vivir en la tierra a una pareja humana, pero les prohibió procrear o trabajar, por miedo a que pudieran superar a Abassi en sabiduría. Por algún tiempo la pareja respetó esta regla, pero comenzaron a realizar algún trabajo y a tener hijos, por lo cual Atai castigó al hombre y a su esposa, y causó discordia y luchas entre sus hijos.

En la zona oeste de Bantu se encuentra el pueblo fen. En la mitología fen Mbere es el creador. Según cuenta la leyenda él creó al hombre del barro, pero originalmente su creación fue un lagarto, a quien colocó en el gran mar de agua durante cinco días. Al quinto día, Mbere miró y vio al lagarto; volvió a mirar al octavo día y el lagarto había desaparecido. Pero cuando el lagarto emergió del agua, era un ser humano, «Gracias» le dijo el hombre a Mbere.

El pueblo ibo se ubica en el distrito de Calabar, en la zona este de Nigeria; sin embargo el reino ibo no desarrolló una administración tan avanzada y tan centralizada, como la de otros pueblos de Nigeria, por ejemplo, los yoruba. En la mitología de los ibo, Chuku es el dios supremo y su símbolo es el sol. Él es el creador y los ibo creen que todo lo bueno procede de él. Chuku es el creador y el que hace que caiga la lluvia que hace crecer a las plantas. Algunos árboles están dedicados a este dios y debajo de los árboles se hacen sacrificios en su honor. Su esposa es Ala, quien también es en ocasiones tenida por su hija. Es interesante la leyenda que cuenta cómo Chuku envió a la tierra a un perro mensajero para enseñar al hombre cómo, una vez muerto, podía regresar a la vida. El mensaje indicaba que una vez muerto, el cuerpo debía de ser tendido en el suelo y cubierto con cenizas, después de lo cual resucitaría. Pero el perro se retrasó y Chuku envió entonces a una oveja. La oveja también se entretuvo por el camino y al llegar, había olvidado el mensaje. La oveja comunicó al hombre un mensaje equivocado: para volver a la vida, debían enterrar el cuerpo en la tierra. Cuando el perro llegó con el mensaje correcto, ya era demasiado tarde y la muerte se había instalado en la Tierra para siempre.

Al sur de Nigeria hallamos al pueblo isoko. La divinidad suprema del panteón isoko es Cghene. Es considerado como un dios alejado de los acontecimientos humanos y, por lo tanto, es poco adorado y carece de templos y sacerdotes.

Para los kavirondo (los vusugu) asentados en Kenia, Wele es el dios supremo de su panteón. Este dios primero creó los cielos, el sol y la luna, así como los otros cuerpos celestes. Finalmente creó la tierra y a la humanidad. El mito de creación del pueblo kavirondo es claramente un mito desarrollado en varias fases. Nuevamente nos encontramos ante un ejemplo de divinidad con doble aspecto, ya que Wele aparece de dos maneras: como Omuwanga, el dios «blanco» bondadoso, y como Gumali, el dios «negro» que trae el infortunio.

Para los lugbara, que moraron en la zona entre Zaire y Uganda, Adroa es el gran dios creador. Este dios es el creador del cielo y de la tierra y tiene dos aspectos: el bien y el mal. Según la mitología del pueblo lugbara, Adroa se aparecía a las personas que estaban a punto de morir. Adroa era representado como un personaje alto y blanco, con sólo medio cuerpo: un ojo, una pierna, un brazo, etc.

Originalmente Kalunga fue el dios ancestral de los lunda de Angola, Zaire y Zambia. Más tarde, se convirtió en un ser supremo, dios del cielo y de la creación. Él es el que todo lo ve y el que todo lo sabe, y es el juez de los muertos, cuyas decisiones se caracterizan por su compasión y sabiduría. Como dios de los muertos está relacionado con el inframundo y el mar.

El dios creador y primitivo de los mongo del norte de Zaire es Mbomba. Mbomba es también el señor de la vida y de la muerte. Y el sol, la luna y la humanidad son sus niños. También se le conoce con el nombre de «Nzakomba».

Entre los mundang del Congo, Massim-Biambe es el omnipotente dios creador.

Los ovambo se ubican en la zona norte de la sabana del suroeste africano, en concreto en Angola y Namibia. En la mitología de los ovambo Pamba es el creador y el sustento de la vida.

Los pigmeos son uno de los pueblos más conocidos del África Negra, mencionados en textos de autores clásicos como Homero o Herodoto. Su principal rasgo, es su reducida estatura, inferior a los 1’52 centímetros. En la actualidad los pigmeos africanos se sitúan en los bosques tropicales de África central. Su población oscila entre los 150.000 y 300.000 habitantes. En la cosmogonía de los pigmeos, es Arebati el dios creador. Creó al hombre cubriendo al barro con piel, proporcionándole sangre y vida. Es el dios del cielo y de la luna de los pigmeos de Zaire. Sin embargo, entre los pigmeos de África central, Khonvoum es el dios creador; Khonvoum gobierna sobre los cielos y durante la noche, recoge trocitos de estrellas y los arroja al sol para que éste pueda emerger el día siguiente con todo su esplendor. Además, Khonvoum creó al hombre blanco y al hombre negro, a partir del barro blanco y del barro negro, y a los pigmeos los creó del barro rojo. Khonvoum también es el gran cazador y lleva un arco hecho con dos serpientes que se aparece ante los mortales como un arco iris. Para ellos, además, creó la jungla con su abundante vegetación y vida animal.

En Zimbawue encontramos a los shaona, cuya divinidad creadora es Dziva. Esta deidad femenina es generalmente de carácter benévolo, pero, como sucede en otras divinidades (dios Adroa de los lugbara), tiene también un aspecto oscuro en su naturaleza.

Uno de los pueblos africanos más conocidos es el zulú. Actualmente alcanza una población de ocho millones de habitantes y la mayoría reside en la provincia de Kwazulu-Natal, en el sur de África. De este pueblo es conocida la casa tradicional de forma circular y hecha con cañas; sin embargo, la mayoría de la población zulú se ha urbanizado. En su mitología, Umvelinqangi es el dios creador y omnipresente, que se manifiesta en forma de trueno y terremoto. Él es el creador de los primeros juncos de los cuales emergió el dios supremo Unkulunkulu.

Leza fue el dios supremo de África central y es el dios que creó el mundo; la lluvia fue también creada por Leza. El cielo era gobernado por él. Hacía viento cuando él soplaba, y había truenos cuando él golpeaba. Leza dio a la gente del África central sus costumbres.

En todo el este de África, desde los kamba en el norte hasta los zambesi en el sur, Mulumgu es el nombre extendido del dios creador. Muchas personas, como los nyamwezi de Tanzania, le consideran el dios del cielo, cuya voz es el trueno.

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oct 13

Pedir perdón

Se necesita coraje y honestidad para afirmar que los mismos habitantes negros de Africa vendieron millones de personas a los traficantes de esclavos. Hasta el presente se había impuesto la versión sobre la codicia de una sola parte, la blanca. Pero Philip Amoa-Mensá, un guía turístico de la lúgubre fortaleza Emina, sobre la costa ghanesa, dice que mucho antes de que los europeos llegaran allí se practicaba la esclavitud. Añade que se vendían miembros del propio pueblo. “Y por esa iniquidad debemos pedir perdón.”

La siniestra fortaleza de Emina, helada y tenebrosa, construida con enormes piedras, recibe los golpes furiosos del mismo océano que vio un comercio incesante de personas cazadas como animales, encadenadas sin clemencia y puestas a esperar las naves que las llevarían a su destino misterioso que intuían infectado de humillación y crueldad. El año que viene se celebrará medio siglo de la independencia de Ghana, primer país negro liberado del yugo colonial. Ha lanzado la audaz iniciativa de expandir por el mundo una campaña turística en torno del tráfico de esclavos. Ghana pretende activar el interés de las comunidades negras dispersas para reconectarse con el país de sus ancestros. Pero lo sorprendente es que la invitación viene acompañada de una conmovedora disculpa. No una disculpa de los países que se señalan como responsables del comercio vil sino de los mismos africanos residentes en Africa, algunos de cuyos antepasados fueron cazadores de su propia gente.

Emmanuel Hagan, del Ministerio de Turismo y Relaciones Diaspóricas, afirma: “Debemos mirarnos a la cara; algo anduvo mal. Se cometieron errores y estamos arrepentidos por lo que ha pasado”. La Unesco estima que 17 millones de niños, mujeres y hombres fueron tomados por la fuerza y hundidos en barcos que los llevaron a América. La travesía era un anticipo del horror que les esperaba. Muchos perecieron en el curso del viaje y pavimentaron el fondo del océano con largas alfombras de cadáveres. Los libros de historia se han concentrado en forma predominante en los negreros (horrible palabra) de origen portugués, holandés y británico que compraban la angustiada mercadería humana en la costa de Africa y la vendían en los puertos americanos con una brutalidad sin límites. Pero se marginaba casi siempre el dato horrible de que jefes y jefezuelos africanos eran quienes secuestraban y vendían a los extranjeros hombres, mujeres y niños para arrastrarlos a fortalezas sin retorno desde donde se los embarcaba con el granizo de los azotes.

El gobierno de Ghana no se queda en ambigüedades y asume con dignidad la verdad entera. Los folletos que ha imprimido para este inédito y doloroso turismo de reencuentro describen las junglas próximas al mar y también cómo eran cazados hombres y mujeres, arrancándolos de sus aldeas. Describe las columnas de gente golpeada con garrotes y látigos, asesinada ante la menor resistencia y sujetada con cadenas que desollaban la piel. Ghana posee unos cincuenta monumentos que evocan esa época trágica. Funcionarán como hitos del peregrinaje que harán los que vayan en busca de sus raíces. Es el primero y hasta ahora el único país de mayoría negra que formula su pedido de perdón por el tráfico de esclavos de una manera inequívoca. “Sólo queremos decir «perdón», sólo queremos pedir que nos calmemos ante tanto sufrimiento e intentemos repararlo –insiste Emmanuel Hagan–. Creo que si decimos «perdón» no importará la intensidad de los sentimientos contrarios. Las cosas mejorarán.” Quienes ya efectuaron estas visitas han tenido reacciones diferentes, desde una rabiosa devastación hasta una serenidad nirvánica.

El proyecto se llama “Joseph”. Hace referencia a José, el novelesco personaje de la Biblia que fue vendido por sus propios hermanos, que fue luego encarcelado en las prisiones del faraón de las que logró salir para iniciar un camino de prosperidad que, finalmente, lo llevó a reencontrarse con su familia. Lejos de guardar resentimiento, la abrazó con lágrimas de felicidad. Esta iniciativa ya ha desatado numerosas investigaciones. Es sabido que la esclavitud persiste hasta la actualidad. En países como Mauritania y Sudán fueron denunciados muchos casos. Pero la Comisión de Derechos Humanos de la ONU está controlada desde hace décadas por gobiernos dictatoriales, corruptos y reaccionarios que se cubren unos a otros las respectivas fechorías. Por lo general nunca llegan a tratarse los hechos más horribles de los que son responsables.

Además, contrariamente a la idea que impusieron los mitos, la esclavitud no empezó con los africanos trasladados a América. La misma palabra “esclavo” lo revela en forma elocuente. Proviene de “eslavo”, y se refiere a la gran cantidad de pueblos de origen eslavo que fueron sometidos a esa degradante condición, aunque los eslavos no fueron los primeros ni los únicos en sufrirla. Tampoco la esclavitud tiene estricta vinculación con la raza. La Biblia se refiere a los siervos que provenían de pueblos vecinos y que en realidad no eran más libres que los esclavos de otras partes, aunque el monoteísmo ético imponía fuertes límites al abuso. Los hebreos no dejaban de repetir que también ellos habían sido esclavos en Egipto.

Mucho antes aún había empezado esta institución nefasta -en la remota prehistoria- cuando el hombre se dio cuenta de que en vez de matar al enemigo derrotado convenía hacerlo trabajar en su provecho. Para esa época fue un progreso, porque se pasó del asesinato a cierto respeto por la vida. La esclavitud, en consecuencia, fue un fenómeno universal durante la antigüedad, en la que cabían todos los colores de la piel y todas las raíces del origen. Para Aristóteles era una institución aceptable.

La ardorosa polémica en torno a la esclavitud que se desarrolló en los Estados Unidos desde su independencia creó la falsa impresión de que en este país tuvo una presencia más numerosa y catastrófica que en el resto del mundo. La constitución sancionada por los padres fundadores determinaba: “todos los hombres nacen iguales”, y esa frase la puso en escandaloso enfrentamiento con la realidad. Dinesh D’Souza, ensayista de origen hindú, escribió: “En muchas civilizaciones de Occidente y de Oriente, la esclavitud no necesitó defensores, porque no tenía críticos”. En cambio en los Estados Unidos sobraban los críticos y no se dejaba de debatir una cuestión que irritaba el principio constitucional. La consecuencia fue la sangrienta Guerra de Secesión, con el triunfo de los antiesclavistas.

En su libro Controversia sobre reparaciones por la esclavitud, David Horowitz señala que entre los años 650 y 1600, es decir, antes de que Occidente empezara su comercio negrero, cerca de diez millones de africanos habían sido comprados por mercaderes musulmanes que los usaban en las sociedades saharianas y para su comercio con el océano Indico. En contraste, la esclavitud en los Estados Unidos duró 89 años, desde 1776 hasta 1865, y el número total de esclavos que ingresaron redondea las 800.000 personas, menos de las que fueron a América latina.

El debate continúa, porque existen organizaciones y personalidades que exigen el pago de reparaciones por la esclavitud de sus antepasados. Las demandas no han podido prosperar aún ni siquiera en las organizaciones internacionales porque, como ya señalamos, casi todas están controladas por países que prefieren concentrarse en algunas cortinas de humo para no tener que asumir sus propios pecados. La iniciativa de Ghana echará sal a la polémica al introducir una cuña de sinceridad y de inédita coloratura, al margen de las reparaciones. El proyecto Joseph beneficiará al espíritu humano, porque focalizará iniquidades que no deberían persistir en este mundo.

Fuente: http:// magia-das-7-lineas.blogspot.com/

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sep 23

Las culturas del África sur sahariana

El continente africano es un vasto territorio, en el cual hallamos una gran variedad de pueblos y culturas. Entre ellas, destaca, sin duda, por su especial protagonismo histórico, la egipcia. Por ello, la cultura del Nilo será estudiada aparte en nuestra web, en una sección exclusiva. Teniendo en cuenta esta particularidad, podríamos realizar una primera diferenciación entre la región del norte del Sahara, caracterizada por el predominio de la lengua y la cultura árabes y la religión musulmana, y la zona sursahariana, el «África Negra». En el presente apartado analizaremos la cosmogonía de esta peculiar región; una zona poblada por pueblos con diferentes lenguas y culturas (los batusi, los tutsi, los pigmeos, los zulúes, los mandinga, los masai, etc.), que, sin embargo, coinciden en un rasgo común, es la piel negra.

Dentro de esta diversidad hallamos también otros rasgos comunes que otorgan a este extenso territorio cierta homogeneidad. El matiz más destacable -y al mismo tiempo preocupante- de los pueblos que viven en el África Negra es su integración en el «Tercer Mundo»; salvo contadas excepciones, se trata de pueblos que no han alcanzado los niveles mínimos de desarrollo económico (tienen una base agropecuaria) y de modernización, y la mayor parte de sus componentes viven por debajo del umbral de la pobreza. Este subdesarrollo se manifiesta principalmente en la escasez de alimentos y en carencias sanitarias y educacionales, y ha llevado actualmente a dichos pueblos a depender en gran medida de las ayudas humanitarias exteriores.

Desde el punto de vista histórico, dos han sido los procesos que más han marcado el devenir africano: la colonización, primero, y después la descolonización. A finales del siglo XIX, las grandes potencias europeas se reunieron en la Conferencia de Berlín para realizar el «reparto de África». Dichos países únicamente tuvieron en cuenta sus intereses, de manera que a la hora de dividir el territorio separaron pueblos y etnias, del mismo modo que agruparon a tribus tradicionalmente enfrentadas. Tras la Segunda Guerra Mundial, una serie de acontecimientos dieron inicio a la descolonización y desencadenaron el proceso de independencia de las colonias, que culminó con la aparición de la mayor parte de los estados africanos actuales. La configuración de dichos países ha venido causando tensiones políticas y tribales más o menos frecuentes, que han derivado en inestabilidad política e, incluso, en endémicos conflictos armados.

Así, los dos factores apuntados, los problemas económicos y los políticos, han tenido una gran influencia social, que se ha traducido en la formación de grandes flujos migratorios; corrientes que hoy en día siguen afectando considerablemente tanto a las áreas emisoras de población como a las receptoras.

Explicación

En el «África Negra», se hace difícil distinguir claramente las distintas tribus y pueblos y sus tradiciones. Así, diferentes nombres se utilizan para definir a un mismo dios o a una entidad con las mismas atribuciones, y los distintos mitos se entremezclan.

El origen del mundo, así como la vida, están siempre en manos de algún dios, igual que sucede entre muchas otras religiones de cualquier continente. Vamos a exponer varios ejemplos de cosmogonías de estos pueblos, destacando la mitología yoruba (Nigeria) y la de los boshongo.

El relato de los yoruba

Los yoruba está asentados en el territorio que actualmente conocemos como Nigeria y en la república de Benin desde el siglo XI. La religión yoruba es, como la de muchos pueblos nativos africanos, politeísta; cuenta con 400 dioses o más. Tradicionalmente los yoruba se centran en torno al panteón de deidades llamadas «Orisha». Cuando nace un bebé, un adivino o «babalawo», es consultado para que indique a la familia y al niño qué «orisha» debe seguir el niño. De adultos, los yoruba adoran a varias de estas divinidades. Según cuenta la mitología yoruba, los primeros reyes de su pueblo fueron los descendientes del dios creador Oduduwa. Un objeto principal en la mitología yoruba es la corona del rey yoruba. La corona identifica su status y además da al rey el poder de conectar con el espíritu de la tierra para ayudar a su gente. Un velo de pedrería, una cara grande y un grupo de pájaros son los símbolos que normalmente aparecen en la corona de un rey yoruba.

Hemos encontrado dos versiones distintas del relato yoruba del origen del mundo, que coinciden en cuanto a personajes, pero tienen algunos matices distintos. En la primera interpretación hallada, el gran dios Olorun, pidió a Orishala que bajase del cielo y crease la primera tierra en Ile-Ife. Orishala se retrasó y fue su hermano Oduduwa quien cumplió esta tarea. Afortunadamente, más tarde otros dieciséis orisha descendieron de los cielos para crear al ser humano y vivir con él en la Tierra. Entre ellos, Obatala, uno de los dioses más importantes para los yoruba; Obatala es el creador del cuerpo humano, en el cual su padre Olorun introdujo el alma. La tradición señala además que son los descendientes de cada una de esas divinidades (orisha) los que se encargaron de difundir la cultura y los principales elementos de la religión yoruba por el resto del territorio yoruba.

En la segunda versión, Olorun, el dios del cielo, lanzó una gran cadena desde el cielo hacia las antiguas aguas. Por esa cadena descendió su hijo Oduduwa. Oduduwa en llevó consigo un puñado de tierra, una gallina especial con cinco dedos y una simiente. Entonces Oduduwa arrojó el puñado de tierra sobre el agua original y colocó a la gallina de cinco dedos sobre la tierra; la gallina comenzó a rascar la tierra y la esparció y dispersó hasta que formó el primer espacio de tierra seco. En el centro de este nuevo mundo, Oduduwa fundó el magnífico reino de Ife y plantó la simiente que creció hasta convertirse en un estupendo y gran árbol con 16 ramas, que simbolizan los 16 hijos y nietos de Oduduwa.

Parece que en el caso de la cosmogonía yoruba estamos ante un mito compuesto por varias fases, en una de las cuales fue creado el ser humano. También aparece el agua como la materia primitiva existente antes de nuestro mundo y es la intervención divina la que permite la aparición de Universo tal y como lo conocemos. Oduduwa, hijo del dios primigenio, fue el primer gobernante del reino y el padre de todos los yoruba. A lo largo de los tiempos, él coronó a sus 16 hijos y nietos y los envió a fundar sus propios reinos yoruba. Como descendientes del dios del cielo, estos primeros gobernantes de los yoruba y sus descendientes inmediatos, fueron reyes divinizados. Solamente ellos podían portar coronas veladas que eran símbolos de su poder sagrado.

Respecto a la primacía ritual de la ciudad sagrada de Ife, es necesario indicar que legitima, al mismo tiempo, la jerarquía real y el panteón básico de las divinidades yoruba, que se estima puede llegar hasta los 400 dioses, más o menos. Algunas divinidades son las principales que ya existían cuando Oduduwa creó la primera tierra; otras divinidades son héroes y heroínas que dejaron una huella muy importante en estas gentes. Las divinidades de los yoruba también pueden ser fenómenos naturales, como por ejemplo colinas, ríos… que han influenciado de forma decisiva en la historia y vida de este pueblo. De los cientos de dioses mencionados por los yoruba, los más conocidos son Sango (dios del trueno y del relámpago), Ifa (también conocido como Orunmila, dios de la adivinación), Ogun (dios del hierro y de la guerra) y Eshu (el mensajero de los dioses conocido como Exu en Brasil, Eleggua en Cuba y Esu en el oeste de África).

El relato de los boshongo

Los boshongo son una tribu del actual Zaire y en su cosmogonía está también presente la idea de la oscuridad preexistente y el agua original. En este mito es nuevamente la voluntad de un dios, Bumba, la que permite la aparición del mundo. También podemos considerar que este mito se desarrolla en varias fases, ya que son los hijos de este dios los que finalizan la creación.

Según el relato de los boshongo, al principio, sólo había oscuridad y Bumba estaba sólo. Un día Bumba se sentía atormentado por su terrible dolor de estómago. A continuación sintió nauseas y al realizar un esfuerzo vomitó el sol; y así la luz se difundió por todas partes. El calor del sol hizo que parte de las aguas primitivas se secasen, de manera que en algunas zonas empezó a aparecer tierra seca. Después Bumba vomitó la luna y las estrellas, de forma que la noche tuvo también su luz.

Nuevamente Bumba se sintió mal y realizó otro esfuerzo, tras lo cual aparecieron nueve criaturas vivas: el leopardo, el águila, el cocodrilo, un pez, la tortuga, el rayo (llamado Tsetse), la garza blanca, un escarabajo y un cabrito. Por último apareció el ser humano; había muchos hombres, pero sólo uno era blanco como Bumba: Loko Yima. Esas criaturas crearon a su vez nuevas criaturas.

Entonces, los tres hijos de Bumba (Nyonye Ngana, Chongannda y Chedi Bumba) dijeron a su padre que ellos terminarían de hacer el mundo. De todas las criaturas solamente Tsetse, el rayo, creaba problemas. Tanto mal hizo que Bumba lo atrapó y lo encerró en el cielo. La humanidad se quedó entonces sin fuego, hasta que Bumba enseño al hombre cómo sacar fuego de los árboles.

Cuando finalmente la obra de la creación estuvo acabada, Bumba se paseó entre los pueblos y dijo a los hombres: «Mirad todas estas maravillas. Os pertenecen». Del dios Bumba, el creador, el «Primer Antepasado», proceden todas las cosas y todos los seres.

Lista de pueblos africanos

En este apartado incluimos una breve lista de pueblos y tribus de los cuales no hemos podido recopilar más datos. Esperamos ampliar la información y ofrecer las cosmogonías completas. Todos estos pueblos cuentan con divinidades creadoras y la creación, en la mayoría de los casos, parece haberse realizado en varias fases. En estos mitos, o en la referencia que de ellos tenemos, el dios creador, lo es también del ser humano.

Entre las tribus alur de Uganda y Zaire está arraigada la creencia de que el mundo está lleno de espíritus, djok, y consideran que sus antecesores se les manifiestan en la forma de serpientes y de grandes rocas. Cuando los alur necesitan lluvia realizan un sacrificio en honor a Jok. El significado literal de su nombre es «creador»; él es conocido además como Jok Odudu, «dios del nacimiento».

Asa es uno de los dioses principales para los akampa de Kenia. A este dios también se le conoce como «Mulungu», que significa «creador». Este dios tiene un doble aspecto; por un lado tiene el nombre de «el señor fuerte», por encima de los espíritus, pero, por otro lado, también es considerado como un dios piadoso.

Faro es el dios del cielo y del agua de los bambara (Mali, en África occidental). Según narra la mitología bambara, Faro se quedó embarazado por la roca del Universo, y dio a luz a varios gemelos, los antecesores del ser humano. Además, Faro está continuamente revisando y reorganizando el cosmos y cada cuatrocientos años vuelve a la Tierra para comprobar que todo funciona con armonía. Faro dio agua a todas las criaturas vivientes y enseñó a la humanidad a usar las palabras, las herramientas, la agricultura y la pesca. Los espíritus omnipresentes le sirven como mensajeros y representantes.

En la mitología de los banyarwanda el dios creador y el apoyo de toda la gente banyarwanda fue Imana, visto como un dios generoso y piadoso. Los banyarwanda vivían en los viejos distritos de Ankole y Kigezi, bordeando Ruanda. Su territorio es muy montañoso y frío. Él gobernó sobre todos los seres vivos y les dio la inmortalidad, dando caza a un ser conocido como «Muerte». Según cuenta la legenda banyarwanda, la Muerte era un animal salvaje y despiadado que representaba el estado de la muerte. Mientras Imana estaba de caza, todo el mundo se resguardaba o escondía, de manera que la Muerte no encontrase a nadie a quien cazar o en quien refugiarse. Pero un día, mientras cazaba, una mujer mayor fue hasta el jardín para recoger algunas verduras. La Muerte se escondió rápidamente bajo su piel y fue conducida al interior de la casa de la mujer, escondida en ella. La mujer murió; tres días después del funeral, su hija política, que la odiaba, vio grietas donde ella fue enterrada, como si hubiese salido y pudiese vivir de nuevo. La chica rellenó las grietas con más tierra, golpeó el suelo con un pesado mortero y gritó: «¡Quédate muerta!». Dos días después, hizo lo mismo al ver más grietas en la tumba de la difunta. Tres días más tarde no había ninguna grieta para que ella la sellase con tierra. Esto significó el final de la posibilidad para el ser humano de volver a la vida. La Muerte se había convertido en algo siempre presente. Otra leyenda dice que Imana castigó a la mujer dejando que la muerte viviera con el hombre.

En África occidental encontramos al pueblo basari de Togo, cuya divinidad creadora es Unumbotte.

Kaang es considerado como el creador de todas las cosas entre los bosquimanos africanos. Pero según la mitología bosquimana, Kaang se marchó del mundo por la oposición que encontró en él; así, recibiendo desobediencia de los primeros seres humanos que creó, Kaang envió fuego y destrucción a la Tierra y se marchó al final del cielo. Kaang es el dios de los fenómenos naturales y está presente en todas las cosas, pero especialmente en la mantis religiosa y en el gusano. Además este dios está relacionado con muchos mitos y figura como un héroe mitológico en muchas ocasiones. Sin embargo, entre los bosquimanos herero de Namibia, Mukuru es el dios primitivo y creador de su pueblo. El dios Mukuru se encontraba solo, sin padres ni compañeros, y mostró su amabilidad dando la lluvia de la vida, sanando a los débiles y sosteniendo a los ancianos. Los herero creen que sus jefes son reencarnaciones de Mukuru y que continúan la obra de Mukuru.

El pueblo dinka es un pueblo nativo de la República de Sudán y actualmente se asienta en el Valle del Nilo, en la zona sur de Sudán. El dios creador de los dinka es Deng y, además, es el dios del cielo, al tiempo que la deidad de la fertilidad y de la lluvia. Deng es hijo del dios Abuk.

Los efik se sitúan en el área sureste de Nigeria; su lengua, el «ef-ik», es utilizado por cuatro millones de personas. En la mitología efik, Abassi es el dios creador y la esposa de Abassi, Atai, le ordenó que permitiera vivir en la tierra a una pareja humana, pero les prohibió procrear o trabajar, por miedo a que pudieran superar a Abassi en sabiduría. Por algún tiempo la pareja respetó esta regla, pero comenzaron a realizar algún trabajo y a tener hijos, por lo cual Atai castigó al hombre y a su esposa, y causó discordia y luchas entre sus hijos.

En la zona oeste de Bantu se encuentra el pueblo fen. En la mitología fen Mbere es el creador. Según cuenta la leyenda él creó al hombre del barro, pero originalmente su creación fue un lagarto, a quien colocó en el gran mar de agua durante cinco días. Al quinto día, Mbere miró y vio al lagarto; volvió a mirar al octavo día y el lagarto había desaparecido. Pero cuando el lagarto emergió del agua, era un ser humano, «Gracias» le dijo el hombre a Mbere.

El pueblo ibo se ubica en el distrito de Calabar, en la zona este de Nigeria; sin embargo el reino ibo no desarrolló una administración tan avanzada y tan centralizada, como la de otros pueblos de Nigeria, por ejemplo, los yoruba. En la mitología de los ibo, Chuku es el dios supremo y su símbolo es el sol. Él es el creador y los ibo creen que todo lo bueno procede de él. Chuku es el creador y el que hace que caiga la lluvia que hace crecer a las plantas. Algunos árboles están dedicados a este dios y debajo de los árboles se hacen sacrificios en su honor. Su esposa es Ala, quien también es en ocasiones tenida por su hija. Es interesante la leyenda que cuenta cómo Chuku envió a la tierra a un perro mensajero para enseñar al hombre cómo, una vez muerto, podía regresar a la vida. El mensaje indicaba que una vez muerto, el cuerpo debía de ser tendido en el suelo y cubierto con cenizas, después de lo cual resucitaría. Pero el perro se retrasó y Chuku envió entonces a una oveja. La oveja también se entretuvo por el camino y al llegar, había olvidado el mensaje. La oveja comunicó al hombre un mensaje equivocado: para volver a la vida, debían enterrar el cuerpo en la tierra. Cuando el perro llegó con el mensaje correcto, ya era demasiado tarde y la muerte se había instalado en la Tierra para siempre.

Al sur de Nigeria hallamos al pueblo isoko. La divinidad suprema del panteón isoko es Cghene. Es considerado como un dios alejado de los acontecimientos humanos y, por lo tanto, es poco adorado y carece de templos y sacerdotes.

Para los kavirondo (los vusugu) asentados en Kenia, Wele es el dios supremo de su panteón. Este dios primero creó los cielos, el sol y la luna, así como los otros cuerpos celestes. Finalmente creó la tierra y a la humanidad. El mito de creación del pueblo kavirondo es claramente un mito desarrollado en varias fases. Nuevamente nos encontramos ante un ejemplo de divinidad con doble aspecto, ya que Wele aparece de dos maneras: como Omuwanga, el dios «blanco» bondadoso, y como Gumali, el dios «negro» que trae el infortunio.

Para los lugbara, que moraron en la zona entre Zaire y Uganda, Adroa es el gran dios creador. Este dios es el creador del cielo y de la tierra y tiene dos aspectos: el bien y el mal. Según la mitología del pueblo lugbara, Adroa se aparecía a las personas que estaban a punto de morir. Adroa era representado como un personaje alto y blanco, con sólo medio cuerpo: un ojo, una pierna, un brazo, etc.

Originalmente Kalunga fue el dios ancestral de los lunda de Angola, Zaire y Zambia. Más tarde, se convirtió en un ser supremo, dios del cielo y de la creación. Él es el que todo lo ve y el que todo lo sabe, y es el juez de los muertos, cuyas decisiones se caracterizan por su compasión y sabiduría. Como dios de los muertos está relacionado con el inframundo y el mar.

El dios creador y primitivo de los mongo del norte de Zaire es Mbomba. Mbomba es también el señor de la vida y de la muerte. Y el sol, la luna y la humanidad son sus niños. También se le conoce con el nombre de «Nzakomba».

Entre los mundang del Congo, Massim-Biambe es el omnipotente dios creador.

Los ovambo se ubican en la zona norte de la sabana del suroeste africano, en concreto en Angola y Namibia. En la mitología de los ovambo Pamba es el creador y el sustento de la vida.

Los pigmeos son uno de los pueblos más conocidos del África Negra, mencionados en textos de autores clásicos como Homero o Herodoto. Su principal rasgo, es su reducida estatura, inferior a los 1’52 centímetros. En la actualidad los pigmeos africanos se sitúan en los bosques tropicales de África central. Su población oscila entre los 150.000 y 300.000 habitantes. En la cosmogonía de los pigmeos, es Arebati el dios creador. Creó al hombre cubriendo al barro con piel, proporcionándole sangre y vida. Es el dios del cielo y de la luna de los pigmeos de Zaire. Sin embargo, entre los pigmeos de África central, Khonvoum es el dios creador; Khonvoum gobierna sobre los cielos y durante la noche, recoge trocitos de estrellas y los arroja al sol para que éste pueda emerger el día siguiente con todo su esplendor. Además, Khonvoum creó al hombre blanco y al hombre negro, a partir del barro blanco y del barro negro, y a los pigmeos los creó del barro rojo. Khonvoum también es el gran cazador y lleva un arco hecho con dos serpientes que se aparece ante los mortales como un arco iris. Para ellos, además, creó la jungla con su abundante vegetación y vida animal.

En Zimbawue encontramos a los shaona, cuya divinidad creadora es Dziva. Esta deidad femenina es generalmente de carácter benévolo, pero, como sucede en otras divinidades (dios Adroa de los lugbara), tiene también un aspecto oscuro en su naturaleza.

Uno de los pueblos africanos más  conocidos es el zulú. Actualmente alcanza una población de ocho millones de habitantes y la mayoría reside en la provincia de Kwazulu-Natal, en el sur de África. De este pueblo es conocida la casa tradicional de forma circular y hecha con cañas; sin embargo, la mayoría de la población zulú se ha urbanizado. En su mitología, Umvelinqangi es el dios creador y omnipresente, que se manifiesta en forma de trueno y terremoto. Él es el creador de los primeros juncos de los cuales emergió el dios supremo Unkulunkulu.

Leza fue el dios supremo de África central y es el dios que creó el mundo; la lluvia fue también creada por Leza. El cielo era gobernado por él. Hacía viento cuando él soplaba, y había truenos cuando él golpeaba. Leza dio a la gente del África central sus costumbres.

En todo el este de África, desde los kamba en el norte hasta los zambesi en el sur, Mulumgu es el nombre extendido del dios creador. Muchas personas, como los nyamwezi de Tanzania, le consideran el dios del cielo, cuya voz es el trueno.

Recursos y bibliografía
     
Recursos

Encyclopedia Mythica

Página web muy completa y cuidada en la que podemos encontrar gran variedad de información sobre mitología, folklore y leyendas, referida a culturas de todo el mundo y de cualquier época. Desde la mitología del Antiguo Egipto hasta la leyenda del Rey Arturo, pasando por una interesante galería de imágenes y una importante sección de genealogías.

World Mythology
 
Web en inglés dedicada al estudio de las mitología mundial, que ofrece explicaciones de los mitos de las civilizaciones históricas más destacadas, una colección de imágenes, textos en los que ponen de manifiesto los puntos comunes entre los mitos de las diferentes culturas, un glosario de términos relacionados con la mitología, una relación bibliográfica de lecturas recomendadas y una interesante selección de recursos.

Mythology

Mythology es una página en inglés, que nos ofrece información sobre la mitología de un gran número de pueblos y, además, desarrolla una correspondencia entre los dioses de los diversos pueblos. Por otro lado, dispone de tres niveles de información, adecuándose a las necesidades de cada usuario.

Bibliografía
-Mircea Elíade: Historia de las creencias y de las ideas religiosas/ Mircea Eliade.-1978.- Madrid, Ediciones Cristiandad. (4 vol.)

 

Fuente: http://www. cervantesvirtual.com/historia/TH/cosmogonia_africana.shtml

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jun 02

La Ablación, rito cruel

Por: Ana María Blancos

Una de las tradiciones africanas más difíciles de entender para los occidentales es la de la ablación de clítoris que, a pesar de ser un rito ancestral, se sigue practicando hoy en día en la mayoría de países de África. Esta práctica se conoce con varios nombres que no son sino otras formas de nombrar el más terrible acto de mutilación que puede sufrir una mujer: “purificación” o “circuncisión femenina”. Aproximadamente dos millones de niñas africanas son mutiladas anualmente, lo que arroja una cifra de 135 millones de mujeres que viven con este trauma, “afortunadas” por no haber muerto por infecciones causadas por la mala praxis y las horrorosas condiciones higiénicas en las que se realiza la ablación.La edad a la que puede iniciarse el rito varía entre los 2 y los 12 años. La sociedad africana que aún practica la ablación considera “impuras” a las mujeres a las que no se les ha cortado el clítoris, por lo que sufren marginación social. La familia de estas personas se considera deshonrada y no pueden casarles sin el rito iniciático que para ellos supone la ablación: “de niña a mujer”, que significa que serán buenas esposas.En algunos casos (muy pocos) la mutilación genital femenina es realizada por médicos, pero en la mayoría de ellos lo practican mujeres de la misma tribu o comunidad que se han dedicado a ello desde siempre y no tienen las mínimas nociones sobre higiene o anatomía, y mucho menos material quirúrgico. Suelen realizar la ablación en el suelo, ni siquiera tienen anestesia, y mucho menos analgésicos o antibióticos.

El resultado es fácilmente comprensible: intensos dolores, riesgo elevadísimo de infecciones, continuas hemorragias y, a largo plazo problemas urinarios y reproductivos causados por obstrucción en el flujo de orina y de sangre menstrual, cicatrices dolorosas y esterilidad.Muchas mujeres entran en shock debido al dolor, y las hemorragias severas y las infecciones matan a 3.000 chicas cada año. Entre el 1 y el 2 % de las niñas africanas mueren debido a las complicaciones asociadas a la mutilación genital femenina. Aproximadamente el 75% de las niñas egipcias son intervenidas por personal médico (doctores y enfermeros) que recibe unos 8 dólares por cada operación. En Egipto, las chicas que mueren por ablación suelen hacerlo por problemas con la anestesia o las hemorragias postoperatorias. Escalofriante.La ablación no es una obligación religiosa. Mucha gente asocia esta miserable práctica con el islamismo, pero en los países árabes no se practica esta mutilación. África es un continente con una cultura tribal y la carga tradicional es elevadísima en aquella sociedad, por eso la combinación de la práctica del islamismo (o incluso del cristianismo) y las tradiciones locales han devenido en que la ablación sea considerada obligatoria para mantener intacto el honor de una familia.En junio de 2007 el Gran Muftí de Egipto, que es el intérprete oficial de la ley islámica en aquel país, declaró prohibida la ablación por el Islam. Esta práctica es originaria del Egipto faraónico y se extendió por el resto de África con el comercio árabe de esclavos.

En el mundo árabe la mutilación genital femenina se practica poco, pero está muy extendida en Egipto, Eritrea, Etiopía, Somalia y un gran área del centro oeste del continente.Tradicionalmente significa mantener la virginidad, asegurar el matrimonio y mantener bajo control la sexualidad femenina, convirtiendo a las mujeres en máquinas, tanto para asegurar la descendencia a sus maridos como para trabajar duramente, evitando el placer sexual en sociedades en las que son los hombres los que controlan la vida de las mujeres, sobre todo en cuanto a virginidad, moralidad y matrimonio.En los tiempos de las colonias que países europeos mantuvieron en África, en algunas regiones como Kenia, la ablación se utilizó como forma de resistencia contra el poder colonial.Egipto, Etiopía, Kenia, Nigeria, Somalia y Sudán se reparten el 75% de los casos de mutilación genital femenina en el continente africano. En Djibouti y Somalia el 98% de las niñas están mutiladas, en Egipto, más el 95%. Se puede hacer de varias formas, todas terriblemente dolorosas y peligrosas: o se corta la mitad superior del clítoris (“clitoridotomía”) o se corta todo él (“clitoridectomía”). Esto último se realiza sobre todo en África central y occidental. Pero esto no es todo, para terminar de “rematar la faena” se pueden eliminar total o parcialmente los labios mayores y menores y suturar (coser) la abertura vaginal dejando un mínimo espacio para la salida del flujo menstrual. Esto se denomina “infibulación” o “circuncisión faraónica”.

El 15% de las ablaciones practicadas en el norte de Sudán, Eritrea, Somalia y Etiopía oriental pertenecen al grupo de la infibulación.Una vez que las mujeres se casan (o mejor, las casan), los maridos usan un cuchillo para abrir las costuras que cierran la vulva, no es necesario añadir que no utilizan anestesia ni desinfectantes. En cada parto las costuras deben ser descosidas completamente y vueltas a cerrar tras el nacimiento de la criatura.Esta miserable práctica está prohibida en países como el nuestro (España) y la práctica totalidad de los demás países europeos a los que llegan los inmigrantes africanos, y también en muchos países del propio continente africano. Por ejemplo en Senegal se prohibió en 1999, pero esto sólo ha empeorado las condiciones en las que se practica la ablación, que ahora además de antihigiénicamente, se produce de manera clandestina. Está tan extendida que incluso personas con formación universitaria admiten estas mutilaciones y las promueven.En España se persigue de manera especial esta práctica hasta el punto de que si se sospecha que una niña que vive en nuestro país va a ser sometida a la ablación en un viaje a su país de origen o el de sus padres, las autoridades pueden quitar su custodia a los progenitores, pero sólo en los casos en los que exista alguna sospecha.“Si una chica no está purificada irá con hombres. Esto protege el honor de las mujeres. De otra manera pasaría como en América, donde las chicas salen con chicos. Los que dicen que esto no ocurre así mienten al 100%” esto es lo que comenta una chica egipcia de 16 años. Otra dice: “Nadie se puede casar sin ello”. 

 

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