oct 09

El Culto a Eggun e Iyami Osoronga; El saber está repartido?

Todas las dudas y “Mitos” que existen dentro de nuestra práctica, se deben a una desafortunada “Cadena de Ignorancia”, donde Babalawos sin ningún conocimiento y armados de un gran EGO que les impide decir que desconocen algo, catalogan lo que desconocen como FALSO, INVENTO, etc. etc. etc. Por lo general, estos Babalawos fueron iniciados en Cuba (y no necesariamente todos eran Cubanos, también nos referimos a extranjeros que se iniciaron allí) y luego abandonaron la Isla hacia otras tierras y en estas nuevas tierras – a pesar de tan solo tener un Dice Ifá debajo del brazo – se hacían pasar por profundos conocedores de la materia. Continuar leyendo

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ago 14

Oduduwa de Osha; Un Obbatalá Fisiculturista?

El Oduduwa de Santero, es un hecho. Así está registrado en la historia. De hecho, tanto Oduduwa como Olokun, son Orishas, así que he allí que sea potestad de un Olorisha el poder entregarlos. Las que dieron Oduduwa originalmente en Cuba fueron una serie de Olorishas, entre las cuales se destacó Cuca Odúa, quien ganó mucho prestigio como “Oduera”. Como se ha mencionado un sinfín de veces, en África, los Orisha son potestad de sus respectivos sacerdotes u Olorishas.

La historia registra que fue Ma Monserrate González (Obatero) la que trajo a Oduduwa a la Isla y ella era de origen Egbado, tierra donde esta deidad era muy adorada. Obatero le entrega Oduduwa a Ferminita Gómez (Oshabí) y de esta forma Oduduwa llega a Cuca, quien se especializa en Oduduwa y Yewá. Fuentes de la época indican que Ñá Rafaela Odun, lleva Oduduwa a La Habana, lo cual es fuertemente cuestionado, ya que aseguran que Efunshé (que era Egbadó) lo entregaba mucho antes que ella. Otras grandes santeras que entregaban esta deidad fueron: Angelita Odúa, Julita Odun y Chea Odúa. Continuar leyendo

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ago 07

Culto a Elegguá ¿Obras de Mampostería?

Primero debemos quitar el mito que algunos Neo tradicionalistas han querido difundir en esta parte del mundo: Echu SÍ tiene sacerdotes consagrados en Nigeria. En África los sacerdotes de esta deidad tienen los secretos básicos de Echu, secretos, que muchas veces, ni siquiera los mismos Awó Orunmila tienen. Esta es una función netamente Orisha y de solo pocos iniciados en Echu. En otras palabras, hay que ser Oloesu para poder saber todo lo concerniente a su confección, así como su alineación con Ori. Además el Oloesu debe recibir un fundamento que no va sellado, al cual se le llama Oponesu o contenedor sagrado de las Okutas (Piedras) de Echu, más otras cargas, aunque esto no es generalizado en toda Nigeria. Continuar leyendo

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oct 27

Egungun y Adimu Orisa

Por: Rafael Molina, Olowo Ifasemu

La creencia en la existencia de los espíritus de antepasados difuntos y otras personas entre los yorubas no es en ninguna parte ilustrada mejor que en el caso del culto a Egungun y el del culto a Adimu-Orisa que será descrito más tarde.

El culto de Oro, Eluku o Agemo es la de un espíritu único. El culto Egungun es la de numerosos espíritus que pueden aparecer en cualquier momento y especialmente en importantes ocasiones.

El sentimiento que impulsa a la adoración a las deidades de los espíritus descritos arriba es principalmente el del miedo, los principales sentimientos en el caso de Egungun son los de afecto y reverencia. El sentimiento dominante es el de afecto para los difuntos, y la aparición de sus espíritus en la forma materializada de Egunguns es una demostración de la indisoluble unión existente entre los miembros vivos y muertos de la comunidad.

Un Egungun está considerado por lo tanto, como una personificación del espíritu de una persona muerta que vuelve del cielo o de algunos rincones de la tierra en otra dimensión para visitar a su gente. De aquí se le llama un ‘Ara-Orun’ (un ciudadano del cielo). Aparece en la forma de un hombre completamente cubierto de la cabeza a los pies con el traje conocido como ‘Ago’, con una apertura hecha en la parte que cubre el rostro que le permite ver el mundo exterior. El traje puede ser hecho con telas o hierbas del país. Distinguidos egunguns llevan una máscara de madera.

Ninguna parte del cuerpo de Egungun tiene que estar visible.

Un Egungun puede aparecer en cualquier momento. Puede hacerlo o bien solo, o acompañado solamente por una o dos personas conocidas como ‘Atokun’ (escolta).

Cuando van por la calle, él lleva un látigo flexible y habla con voz de ventrílocuo, dando por eso la impresión de que es un auténtico ‘Ara-Orun’. Todos evitan escrupulosamente tocar sus ropas. Aquellos que son adoradores de Egungun se inclinan o arrodillan cuando él se aproxima. Otros le ofrecen regalos.

Pueden aparecer pequeñas compañías de egunguns. Desfilan por las calles de la misma forma que el Egungun solo, y reciben homenaje y regalos de la misma manera.

En algunas ciudades, los egunguns se constituyen en asociaciones. En cada asociación hay un jefe Egungun. El número de miembros puede ser grande o pequeño, pero todos ellos deben obediencia a su jefe. Cada jefe Egungun tiene un título. Algunos de los títulos llevados por jefes Egungun son: Egungun Ajolojo, Egungun Ajofoyinbo, Egungun Oye, Egungun Oyá.

De todos los Egungun, Oyá es el más temido. Cuando él aparece, va acompañado por un gran grupo de ‘Atokuns’ o séquito y de hombres mayores llevando látigos. Al frente de los Egungun va un grupo de mujeres que van vestidas hasta la cintura, quedando el resto desnudo. El Oyá lleva un traje más completo y pintoresco que los demás egunguns. Lleva una máscara que le da una apariencia misteriosa.

Se supone que Egungun Oyá ha sido importado del Distrito Níger. Oyá es el nombre de la diosa del Níger, y Egungun Oyá es considerado como la forma encarnada del espíritu de la diosa que toma la forma de un hombre. De aquí que la aparición de Egungun es anunciada por un grupo de mujeres, y por lo que a las mujeres se les permite completamente tomar parte en el desfile.

Ninguna asociación puede celebrar un juego Egungun en una ciudad sin el permiso del jefe Egungun de la misma.
Egungun exige el poder de metamorfosearse en animales y de cambiar el sexo. Una exhibición de este poder se supone que se hace cuando hay una representación Egungun.

Se dice en la historia que un egun, sin el permiso del jefe Egungun de la ciudad, se metamorfoseó él mismo en un cocodrilo. Se dice que por medio de encantamiento, el ofendido Egungun impidió al metamorfoseado egun retornar a su forma humana y lo obligó a echarse dentro de un estanque, y hasta que no diera debido aplacamiento a la ofensa que se le había hecho no se le permitía salir del estanque y recobrar su forma humana original. Puede admitirse que mediante el uso de magia negra, el ofendido Egungun puede encantar a su ofensor. Pero que una verdadera metamorfosis tenga lugar es increíble, en vista del hecho de que durante un período de más de treinta años ni el autor, ni ninguna persona de confianza con la que él ha tratado del tema, ha sido testigo de ningún caso de verdadera metamorfosis o encontrarse con nadie que haya visto nada diferente del disfraz o mascarada descrita arriba.

Muchas tribus todavía conservan una fiesta Egungun anual en Junio de cada año. En Oyo y Awe, donde la adoración Egungun está muy protegida, la fiesta es observada escrupulosamente. Aparecen gran número de Egunguns, y toda la ciudad está en fiesta. Hay desfiles y juegos que duran siete días. La fiesta ha sido descrita correctamente como el festival yoruba “todo almas”, aunque es, en cierto sentido, un festival de luto por el muerto, es una fiesta alegre porque da una firme seguridad de que los espíritus del muerto están vivos y son capaces de manifestarse en forma de Egunguns.

Los Egunguns generalmente representan ceremonias en relación con exequias fúnebres. Estas ceremonias serán descritas más adelante.

ORIGEN HISTÓRICO
El origen histórico del culto a Egungun es fácil de encontrar. Primero de todo, debería señalarse que la traducción de la palabra como ‘hueso’ o ‘esqueleto’ es errónea. El error es debido a un imperfecto conocimiento de la lengua. La palabra yoruba para un ‘hueso’ es ‘egungun’ o ‘egun’; no hay acento en las vocales de la primera, pues todas ellas son vocales de medio tono; el circunflejo de la primera vocal de la segunda palabra (egun), demuestra que la primera sílaba es una forma contraída de la primera.

La palabra para ‘embaucador’ es ‘egúngún’, la primera vocal es una vocal de medio tono, y las dos restantes son vocales de alto tono; de aquí los acentos situados sobre ellas. La palabra por lo tanto difiere completamente de ‘egun-gun’, que significa ‘hueso’.

Para poder explicar el origen de la palabra es necesario separar las partes de que se compone, así ‘e-gu(n)-gu(n)’. ‘E’ es la vocal inicial que requieren todos los nombres yoruba, ‘gu’ es una forma modificada de ‘Khu’, la antigua palabra egipcia para ‘espíritu luminoso’. ‘Gu(n)-gu(n)’ es por lo tanto, una repetición de la palabra que denota pluralidad o perfección. Igualmente, la palabra ‘i-ku-ku’ se aplica a ‘cubrirse de niebla’ porque ella corresponde, en consideración a su pureza e insustancialidad, a la idea yoruba de espíritu. Ello es probable porque la palabra ‘ku-ku’ es usada ya en este sentido y que la palabra para ‘espíritu encarnado’ es modificada a ‘e-gu(n)-gu(n)’ (una palabra que de acuerdo con su derivación dada más arriba significa ‘espíritus’).

El culto Egungun es por lo tanto la supervivencia, en una forma práctica, de la fusión de las creencias del Antiguo Egipto que después de la muerte, las personas honradas se convierten en espíritus luminosos (Khu) y que sus ‘kas’ ‘los cuerpos luminosos de las almas’, son capaces de trasladarse y de asumir formas humanas.

En la diáspora latinoamericana Yoruba veneramos a los antepasados (espíritus de los difuntos) utilizando el adjetivo para ellos de Egun (hueso), en el anterior contexto quisimos explicar las raíces Yorubas de la adoración a los antepasados, que son en gran parte la que nosotros heredamos pero por supuesto llegamos a adaptar a nuestros países de origen, haciendo cambios bruscos positivos en la mecánica de la adoración. Pero siempre con el mismo fin “La veneración y adoración a los espíritus ancestrales de los antepasados”, con el único fin de que estos, que están en un plano más cercano a los seres humanos permitan el buen fluido de nuestra adoración a los Orisas.

ADIMUORISA
El culto de Adimuorisa o Adamu-orisa está relacionado con exequias fúnebres. Un corto tiempo después del entierro de un miembro jefe de una ciudad, un festival Adimuorisa es preparado en su honor. La celebración del festival es caro, y por lo tanto, tiene lugar en las raras ocasiones en que la familia de la persona fallecida puede permitirse el coste de los ritos y ceremonias que trae consigo.

El culto es característico de los Aworis, que viven cerca de la costa. Se parece al de los Egungun en que afecta a la aparición de espíritus en formas encarnadas, pero se diferencia de él en que los miembros de la asociación no pueden aparecer en cualquier momento como las mascaradas, excepto en ocasiones de festivales.

Un festival de Adimuorisa se celebra del modo siguiente: se hace una proclamación de que será celebrado un festival Adimuorisa en honor de una persona fallecida de la que se da el nombre y se anuncia la fecha del festival. Unos pocos días después, se prohibe a la gente el salir durante una cierta noche. Cualquier persona capturada en dicha noche será utilizada para el festival. En tiempos antiguos, algunas de las personas así capturadas eran sacrificadas como aplacamiento de los orisas para asegurarse el éxito en la celebración del festival. Una de ellas es reservada para hacer el papel de Adimuorisa.

Tres días antes del festival, el cuerpo ejecutivo de la asociación se reúnen privadamente en Agodo (la casa de reunión del culto) y llevan a cabo algunos ritos y ceremonias secretas. Una contraseña secreta es acordada, y esta es comunicada a todos los miembros iniciados de la asociación, que es usada en el festival. Se inflige un severo castigo a cualquiera que acuda al festival disfrazado sin conocer la contraseña. En tiempos antiguos se solía aplicar la pena de muerte.

Dos días antes de la fiesta, el tronco de un platanero o el tronco de un pequeño árbol es envuelto como una momia y es vestido con ropas caras y otros adornos, después, es guardado en Agodo o en el Iga (palacio o casa grande) de uno de los jefes. Se supone que esta momia representa al cuerpo de la persona muerta en cuyo honor se celebra el festival. Cuando la momia ha sido guardada adecuadamente, es custodiada por algunos de los principales miembros del culto. El tamborileo sigue alegremente y la multitud se reúne para ver la momia ricamente cargada con joyas decorativas. Se sirven refrescos en los lugares limítrofes a Agodo o Iga. El gasto de la momia y los refrescos deben estar al cargo de la familia de la persona fallecida.

En las primeras horas del día del festival empiezan a aparecer espíritus encarnados en formas diversas. La mayoría de los espíritus aparecen como Eyos. El traje de un ‘eyo’ no es de una pieza. Consta de una gran bata larga (Agbada), cosida a la moda nativa, con unas mangas anchas y muy largas, un velo largo blanco y un sombrero de ala ancha, también una pieza de fuerte tela con la que roza la tierra. Es llevada también, una varita especial (blanca), conocida como ‘opabata’. A veces es usado un velo coloreado, pero el color usado generalmente es el blanco.

El Aropale debe cubrir enteramente los pies de Eyo y arrastrar detrás de él con una longitud no inferior a los dos pies. Algunos ‘aropales’ tienen una longitud de alrededor de los diez pies. La varita es llamada ‘opabata’, y está hecha de la parte ancha de una hoja larga de palmera.

Los ‘eyos’ aparecen solos o en compañía. Cuando desfilan por las calles se dirigen a los caminantes con una voz de ventrílocuo de la siguiente forma: “I-ha-ha! I-ha-ha!! I-ha-ha!!! Eserukeru. O se mi tibalaka tibalaka. O se mi tiboloko tiboloko. I-ha-ha!!!” “Hal-lo! Hal-lo!! Hal-lo!!! No hay motivo para el miedo. Me apetece bailar de esta manera. Me apetece bailar de esta manera. H-a-l-l-o-o-o!”.

Los espectadores generalmente replican diciendo: “A-gogoro Eyo! Mo yo fun e mo yo fun ara mi” “Qué alto o imponente Eyo! Yo te felicito, yo me congratulo”, esto es, el tener la buena suerte de participar o ser testigo del festival.

Algunos de los importantes espíritus aparecen con la forma de Agere (zancudo), Oniko (un enmascarado cuyo traje está hecho con juncos), Ologede (un enmascarado cuyo traje está hecho con hojas de plátano). Cada uno de ellos es escoltado por un número de ‘eyos’ que varía de treinta a cien. Cada conjunto de escolta lleva un sombrero distintivo con una adecuada insignia.

El espíritu más importante es Adimu. Está vestido de la cabeza a los pies con ropas nativas y lleva una máscara de lana con una sobresaliente pero detallada nariz. De aquí que es llamado ‘Adimu Orisa’ ‘el Orisa con detalladas narices’. A veces la nariz está abierta y entonces es llamado ‘Adamu Orisa’ ‘el Orisa con las narices abiertas’ (‘Adamu Orisa’ no significa ‘nosotros confundimos los Orisas’, ésta errónea traducción es debida a un conocimiento imperfecto de la lengua).

No hay ninguna apertura delante de su cara, y por lo tanto no puede trasladarse fácilmente. Tiene que ser conducido por un número de viejos miembros del culto que no están disfrazados. También está escoltado por un gran contingente de Eyos, a veces en número superior a doscientos que corren arriba y abajo por delante y por detrás de él, evitando que cualquiera de los no iniciados se aproxime demasiado a él. Incluso los otros ‘eyos’ y espíritus tienen que alejarse cuando él se acerca. Se le atribuyen poderes sobrenaturales para castigar a aquellos que le insultan o faltan al respeto.

Adimu es que preside el entierro en el festival. Es también conocido como O-gu(n)-ra(n). Antiguamente el Adimu y el Ogunran eran dos espíritus encarnados diferentes y según la tradición, los dos acostumbraban a aparecer en las ocasiones de festivales Adamu-Orisa. Actualmente los dos vocablos son aplicados al mismo disfraz. Hay alguna gente, sin embargo, que creen que deben ser considerados distintos.

Dibujos con los colores rojo y blanco son hechos en la máscara llevada por el Adimu.

Temprano, el día del festival, el Adimu, después de que los sacrificios hayan sido hechos, va primero a Oju Elegba y ejecuta algunas ceremonias. Luego va al Iga, donde la momia es depositada y se lamenta de la muerte del difunto. Después se retira al Agodo. Más tarde, se une al desfile de las calles como los otros espíritus encarnados, al final del día él vuelve al ‘agodo’.

El Adimu es el primer espíritu encarnado en aparecer por las calles. Ningún otro disfraz debe precederle. La pena de muerte era impuesta siempre por el infringimiento de esta regla en tiempos antiguos.

Durante todo el día del festival, el respeto más grande, equivalente a honor divino, es mantenido por todos hacia el Adimu. Incluso el Oba (rey o jefe supremo), que debe ser un ‘eyo’ en ese día, debe mantener gran respeto hacia él.

Después del festival vuelve a su posición de persona corriente, y se ha dicho que como resultado de las ceremonias que él ha tenido que sufrir antes del festival, se convertirá en un idiota o bien morirá dentro de pocos días.

El sacerdocio relacionado con el culto, es sacado del Akarigbere y Idejo jefes de Lagos. Los sacerdotes están siempre ligeramente vestidos y afeitados pulcramente.

Los Eyos y otros disfraces son a veces escoltados por grandes comitivas. Su sus seguidores son jefes, deben ir desnudos de la espalda hacia arriba. Otros seguidores no deben llevar tocado. Antiguamente, todos aquellos que se encuentran con un ‘eyo’ tienen que quitarse los sombreros y a aquellos que no lo hacían eran golpeados sin misericordia. Esta exigencia de obligado homenaje ha sido modificada grandemente, debido a la introducción de la civilización y a la presencia de gran número de no nativos en la población. Sin embargo, se requiere respeto para el Adimu, y la discreción es la norma para los escoltas Eyos con algunas excepciones.

A veces el festival se celebra por la noche, como el festival ‘Eluku’. Los enmascarados son entonces conocidos como ‘Eyo Oru’ ‘Eyos de la noche’. El festival nocturno no es menos elaborado o popular.

ORIGEN HISTÓRICO
Es el mismo que el del culto Egungun. La palabra ‘eyo’ procede de la palabra ‘ye’, que significa ‘vivir’, ‘existir’. ‘Eyo’ significa por tanto ‘los que viven o los espíritus vivos’.

l propósito de la aparición de los Eyos en relación con el culto de Adamu Orisa, sin embargo, parece ser el conceder una ceremonial bienvenida a la vuelta del espíritu del muerto al espíritu de toda la familia.

Los siguientes puntos, referidos especialmente al culto de Adamu-Orisa, deberían también ser señalados:

1. El respeto debido al Adimu, sin tener en cuenta la clase o la posición, e incluso por el Oba (rey o jefe supremo). Esto sugiere fuertemente que el festival Adimu es, en algunos aspectos, una supervivencia del festival del rey Mock del Antiguo Egipto, que es así descrito por Klunzinger: “Un festival popular muy antiguo es el de este rey Mock (falso), que pervivió en el Alto Egipto hasta el siglo pasado. Un ¿¿¿FELLAH??? Era vestido con una falsa barba, llevando un largo cetro. Durante su día, todos le obedecían, incluso el gobernador le cedía el paso, hasta que al fin el traje era destrozado y los restos del poder concluidos”.

2. La misma palabra Adimu, que es una supervivencia de ‘Atumu’ o ‘Adumu’, el nombre de un dios egipcio muy conocido. Debería observarse que la letra ‘t’ es cambiada a menudo; ‘d’, ‘i’ y ‘u’ son , con frecuencia, sustituidas una por otra por los escritores egipcios.

La razón del honor divino que se da a Adimu resulta, por lo tanto, obvio. ‘Atumu’ o ‘Adumu’ era uno de los dioses más venerados del Antiguo Egipto. Siempre era pintado en forma de hombre.

El otro nombre de Adimu, esto es, O-gu-ra(n) es digno de mención. ‘Gu’ es una modificación de ‘Khu’, y ‘Ra’ es el nombre del dios-sol egipcio, O-gu-ra(n), por lo tanto, significa ‘el alma de Ra’. Ahora bien, en el Antiguo Egipto, Atamu era un dios-sol. Según el profesor Maspero , “El sol que existía antes del mundo, ellos (los egipcios) lo llamaban ‘Creador’ (‘Tumu’, ‘Atumu’). En la teología de Helliópolis, ‘Atumu’ y ‘Ra’ eran identificados bajo un único nombre de ‘Atumu-Ra’; que es el dios-sol pre-mundano y eterno. Por lo tanto, no es sorprendente que la palabra ‘Oguran’, ‘el alma de Ra’, sea usada por los yorubas como nombre alternativo de Adimu. El uso de la palabra es una indicación más del origen egipcio del culto.

Puede añadirse aquí que Atumu o Adumu permanece no sólo entre los yorubas, sino también entre otras tribus de África Occidental. Por ejemplo, una importante deidad entre los Ijaws es conocida como ‘Adumu’.

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abr 05

Iyamí Ochooronga, Reina del Culto de la Hechicería

El pájaro de la bruja chilló anoche el niño muere hoy. ¿Quién no sabe que fue la bruja chillona de la noche anterior la que dio muerte al niño? Odu de Ifá Osá Meji Otros Nombres de la Deidad Iyamí Ochooronga cuenta con seguidores que son las brujas o brujos y estos pueden ser blancos, rojos, negros, buenos, malos y regulares.

Estos seguidores, que conforman junto con su reina el culto de la hechicería, son conocidos como un – todo bajo otros nombres: Ajonjún, Dignatarios de la Noche, Ancianos de la Noche, Aje Awon Iyami: que significa “mis madres”, Eniyan o Eleye: cuando aparecen en forma de pájaros, Oghhudian ni yason: como es nombrada en la región de Beni, Iquenromo: también llamada así en la región de Beni. Caracterización Según refieren, en sentido general, las enciclopedias, brujería es el arte u oficio del que sabe, y la palabra bruja se relaciona con saber (conocer). A través del tiempo esto ha degenerado en la creencia de que la brujería es el empleo de medios sobrenaturales para dañar o perjudicar. Según estudios de campo del señor J. O. Awolalú, el concepto general de las personas es que: …una bruja es una persona conocedora que se supone posee poderes sobrenaturales a causa de formar una alianza con espíritus malos y mediante tal alianza y colaboración, la posesión del oficio que le permite realizar actos sobrenaturales que, en la mayoría de los casos, son destructivos.

Por tanto, las brujas son vistas como la personificación del mal, como personas malas que hacen daño a otras… Por otra parte en su libro Modern Witchcraft, Frank Smyth ofrece un interesante y esclarecedor recuento de una resurrección y regreso de la brujería en las llamadas naciones civilizadas del mundo. En estas naciones a la brujería se le llama el “culto de Wicca “. Se dice que “bruja ” se deriva de la palabra “wicca ” del inglés medieval que significa “sabio “. En este libro se sostiene que: …la brujería es la verdadera religión de Europa, usurpada por el cristianismo pero no desalijada del todo por este. Se trata del culto a las fuerzas creadoras del universo, el reconocimiento a las dos mitades que hacen el todo, la unión del macho y la hembra… negro y blanco…

Es igualmente el medio a través del cual la humanidad logra canalizar las fuerzas originales de la creación, los poderes mágicos de siglos atrás, traducirlos a términos físicos, y emplearlos para el bien o el mal… …la brujería, donde quiera que se practique, tiene rasgos característicos. Ahora examinaremos estos rasgos tal y como se presentan en la tierra yorubá. …la brujería es intangible, no se trata de algo que pueda ser manipulado o tocado…es síquica… está rodeada de misterios.

Las brujas son en su mayoría mujeres, pero no es del todo desconocido que haya hombres que también practiquen la brujería. Otra característica importante de la brujería es la organización de reuniones nocturnas. Estas reuniones se llaman Ajo. Se dice que las brujas se reúnen de noche entre la media noche y las dos de la madrugada mientras sus cuerpos físicos permanecen en cama en sus casas. La reunión no se efectúa de forma física. Si una persona común estuviera pasando cuando las brujas están reunidas, esta pudiera no ser capaz de verlas. En la descripción de estas, Idowu dice: …las brujas son seres humanos de gran determinación y con inclinación diabólica…

Ellas son las verdaderas malvadas que derivan una sádica satisfacción en ocasionar desgracia a otras personas… …Por otra parte, se espera que el hombre ame a su prójimo y la sociedad en que vive tiene ciertos principios de moralidad. Si el hombre hace aquello que no es ético se describe como malo; pero si hace lo que es ético y aceptable, es bueno. En África a una persona mala se le dice frecuentemente que es un brujo. Nadel manifiesta’ esto de forma suscinta al decir: …la mujer que se comporta corno los nupes creen que se comportan las brujas, es alguien cuyo carácter contradice los preceptos e ideales comunes de conducta; es alguien de condición malvada, excéntrica, atípica… no es de una anormalidad física… que sencillamente es una cuestión de mala suerte,… sino, de la anormalidad de lo social y moralmente desviadas.

En otras palabras, cualquiera que haga aquello que es contrario al patrón aceptable para la sociedad, particularmente cuando la persona involucrada hace algo que es lasivo para la sociedad, se le tildará de bruja. Se cree que este es el mundo de Oloddumare, que el Creador del mundo es bueno y que El quiere que el hombre tenga lo mejor de la vida, por lo tanto, si existen elementos evidentes de maldad, deben existir igualmente algunos factores responsables de este quebrantamiento del flujo ordenado y uniforme de la vida. Así se introduce la brujería para explicar las desgracias. Cuando en la vida social y doméstica surgen ansiedades y tensiones, cuando las cosas no marchan de acuerdo con lo previsto, cuando hay infecundidad Ti-esterilidad, depresión o miseria, terribles accidentes , o muertes prematuras, fracasos en los negocios, en los estudios y otras actividades, los africanos culpan a la brujería.

De esta forma, cuestiones que de otra manera hubieran resultado difíciles de explicar, encuentran una sencilla justificación. Los yorubás tienen la creencia de que las brujas poseen unos pájaros que producen un chillido peculiar cuando vuelan en medio de la noche en su trayectoria hacia el Ajo (lugar de reunión). Los ancianos que se hallan fuera de sus casas o los que todavía están despiertos dentro de estas, generalmente se dirigen al pájaro diciendo: A kiioso pe ki ode orisa o ma de, bi ko ba ti de wara eni, ¡Onaire o!, “Uno no puede decretar que las cazadoras de orichas (las divinidades) no cazen, siempre que ellas no cazen a nuestro vecino cercano, ¡buen viaje!” Esta es una forma de rogar a las brujas que no le hagan daño alguno al que suplica. Igualmente demuestra que la gente cree que las brujas son seres terribles y que constituyen una fuente de temor para los humanos.

Al igual que los cazadores salen en expediciones, las brujas salen en misión de búsqueda de seres humanos a quienes poder destruir, por eso dicen. Aje ke lanaa Orno ku lonii; Ta nio sai mo pe Aje ana lo pa omo je? El pájaro de la bruja chilló anoche; el niño muere hoy; ¿Quién no sabe que fue la bruja chillona de la noche anterior la que dio muerte al niño?1 El estudio de la deidad Iyamí Ochooronga a través de las historias del cuerpo literario de Ifá nos permitirá conocer con más profundidad qué es en realidad el culto de la hechicería, cómo y por qué opera, y la forma en que los seres humanos podemos librarnos de su influencia.

Según plantea Ifá la única fuerza o divinidad que puede vencer la fortaleza de la brujería es el Suelo/7ierra. El juramento propuesto por Orúnmila y Orichanlá a las brujas, fue tomado contra la destrucción injustificada de las vidas humanas. Esto nos dice el por qué las brujas no tienen poder para destruir a los verdaderos hijos de Oloddumare, así como también a los seguidores devotos de Orúnmila. ‘El odu de lfá Osá Meyi nos cuenta, por qué ellos no matan a nadie a no ser que la persona se halla opuesto al juramento prestado entre Orichanlá, Orúnmila y los hechiceros (brujos). Los hechiceros (brujos) no matan a ningún hombre que realmente actúe de acuerdo a los caracteres distintivos y tabúes proclamados por Oloddumare el Todopoderoso. Orúnmila reveló que originalmente los hechiceros (brujos) eran más considerados que los mortales profanos. Fueron los seres humanos quienes primero los ofendieron matándole a su único hijo. …Resulta que la bruja, lyamí Ochooronga, y la profana, Ogbori, vinieron como hermanas al mundo al mismo tiempo. La profana tuvo diez hijos, mientras que la bruja solo tuvo uno. Un día la profana iba al único mercado disponible en aquel tiempo, llamado Ojo Ajigbomekon Akira. Este se encontraba situado en el límite entre el Cielo y la Tierra.

Los habitantes del Cielo y la Tierra acostumbraban a comerciar en común. Como la profana iba para el mercado, le pidió a la bruja que le cuidara a sus diez hijos durante su ausencia. La bruja cuidó a los hijos de la profana con esmero y nada le sucedió a ninguno de ellos. Entonces llegó el turno a la bruja para ir al mercado y le pidió a su hermana que cuidara a su único hijo en tanto estaba ausente. Cuando Iyamí Ochooronga se marchó, los diez muchachos de la profana se interesaron en matar un pájaro para comer. Ogbori le dijo a sus muchachos que si ellos deseaban la carne del pájaro, ella iría a los matorrales a cazar pájaros para que los comieran, pero que no debían tocar al único hijo de la bruja. Mientras su madre estuvo en los matorrales, los diez muchachos se confabularon, mataron al único hijo de la bruja, y asaron su carne para comer. Según los diez muchachos de Ogbori estaban matando al hijo de la bruja, la fuerza sobrenatural de la última le dio la señal de que las cosas por la casa no iba bien.
Rápidamente desistió de su viaje al mercado y regresó a la casa, solo para descubrir que su hijo había sido asesinado. Comprensiblemente, estaba molesta porque cuando su hermana fue al mercado, ella se esmeró en cuidar a sus diez hijos, sin que tuvieran ni un rasguño, pero cuando llegó el momento de ella ir al mercado, su hermana no pudo cuidar de su único hijo. Lloró amargamente y decidió recoger sus cosas y marcharse de la casa donde vivía con su hermana.

Ellas tenían un hermano con el que llegaron al mundo al mismo tiempo, pero que prefirió vivir en medio del bosque porque no deseaba ser molestado por nadie. Este era Iroko. Cuando Iroko oyó a la bruja llorando, él la convidó le dijera qué estaba sucediendo y ella le explicó cómo los hijos de su hermana Ogbori mataron a su único hijo sin su madre ser capaz de detenerlos. Iroko la consoló y le aseguró que desde aquel momento en lo adelante, ellos debían alimentarse de los muchachos de Ogbori. Fue a partir de aquel día que, con la ayuda de Iroko, la bruja comenzó a atrapar a los muchachos de la profana, uno a uno. Orúnmila intervino para detener a la bruja en la destrucción de todos los muchachos de la profana. Fue él quien imploró a Iroko y a la bruja y les preguntó, qué aceptarían ellos con el fin de detener la matanza de los niños de los mortales profanos. Es así como Orúnmila introdujo el sacrificio de (Etutu) el ofrecimiento a la Noche, el cual lleva un conejo, huevos, buena cantidad de aceite y otros artículos comestibles. Como Echu, no podemos antagonizar a las brujas sin el carácter adecuado. Solo tratamos de saber a través de la adivinación (consulta) qué es lo que podemos ofrecerle para procurar su apoyo en el y el momento en que les son entregados los elementos que piden en sacrificio, en muchas ocasiones se despegan de la espalda de uno.

Aquellos que no entienden este aspecto de la existencia humana, .son los que caen fácilmente víctimas de la brujería.’ Oloddumare mismo proclamó que el suelo (Otá Olé), debía ser la única fuerza que destruiría a cualquier bruja o divinidad que trasgrediere cualquiera de las leyes naturales. Este decreto fue proclamado cuando una poderosa doctora bruja del Cielo llamada Eye to yu Oke to qu Orun fue comprometida en la destrucción de las divinidades terrenales como consecuencia de su comportamiento malvado en la Tierra. También vemos que el poder ejercido por los Ancianos de la Noche, les fue dado por Oloddumare en el momento en que Oloddumare vivía libre y físicamente con las divinidades. A las brujas les fue dado el poder exclusivo para mantener la vigilia cada vez que Oloddumare estaba tomando su baño, exactamente antes del canto del gallo. Estaba prohibido ver a Oloddumare desnudo. A la divinidad bruja fue a la única que se le dió esa autoridad. En ocasiones la divinidad bruja le dió la señal al gallo de que Oloddumare había tomado su baño, después de lo cual el gallo cantaba por primera vez en la mañana… Oloddumare no obstante, no dejó al resto de la creación sin esperanzas a merced de los Ancianos de la Noche. A través del odu Osá Oché Orúnmila revelará cómo Oloddumare esperaba de nosotros que nos protegiéramos contra los poderes de la brujería. Había una hermosa muchacha en el palacio de Oloddumare, que se encontraba preparada para casarse. Oggún, Ozain y Orúnmila, estaban interesados en la muchacha. Oloddumare convino entregar a la muchacha en matrimonio a cualquier admirador que probara ser digno de su mano. La prueba a ser ejecutada a modo de elegibilidad para tomar la mano de la muchacha era, cosechar un ñame de la finca divina sin romperlo, una tarea aparentemente simple. Oggún fue el primero en ofrecerse para ejecutar la tarea.

Él fue hasta la finca y desarraigó al ñame. Según lo sacaba, este se partió, lo cual claramente eliminó su candidatura. Ozain fue el próximo en probar su suerte. Él finalizó también con la misma experiencia.
Le llegó su turno a Orúnmila para ir a la finca. Él no se movió directamente a la finca. Decidió conocer por qué aquellos que lo precedieron fallaron y qué hacer para triunfar. Fue a una adivinación, durante la cual le fue dicho que sin que ninguno de ellos lo supiera, Oloddumare había designado a los Ancianos de la Noche, para vigilar la finca divina. Por esta razón, ellos eran los responsables de la conjura de que los ñames desarraigados se partieran. Le fue dicho que los agasajara con razupo de judías, pan de maíz frío y todos los artículos de naturaleza comestibles, y un conejo grande, y depositara el agasajo en la finca por la noche. En consecuencia él ejecutó el sacrificio en la noche. Aquella noche, todos los custodios de la finca divina celebraron la comida. En la misma noche, Orúnmila tuvo un sueño, en el cual las brujas enviaban a alguien para decirle que no fuera a la finca al siguiente día. Él debía ir al siguiente día, al próximo día, las brujas colocaron un fuerte aguacero con el objetivo de suavizar el suelo.

Después todas las brujas tomaron un juramento solemne de no conjurar el ñame de Orúnmila a que se partiera. Al tercer día Orúnmila se dirigió a la finca y desarraigó el ñame exitosamente y se lo trajo a Oloddumare, quien al instante le entregó la muchacha en matrimonio. A través de la investigación, se ha llegado a descubrir que ellos pertenecen a una esfera cosmogónica, que les ha merecido el nombre de los Ancianos y dueños de la Noche. A partir del odu Osá Meyi, ellos llegaron a asentarse en el mundo y se convirtieron en poderosos. Tanto, que ninguna otra divinidad puede someterlos. Ellos pueden desbaratar los esfuerzos de todas las demás divinidades que dejen de darles su debida consideración. Esta investigación también demuestra que no son tan malos como en muchas ocasiones los pintan. Como todos los grupos de cuerpos celestiales y terrenales, hay hechiceros (brujos) benévolos y malévolos. Probablemente, ellos dirigen el más justo sistema de justicia. Ellos no condenan sin prueba justa y acertada. Si alguien se les acerca con una acusación contra cualquiera, considerarán todas las partes antes de tomar una decisión.’ Los odus Oché Osá y Osá Meyi, nos dicen cómo las brujas llegaron al mundo y cómo dominaron a todas las divinidades. Veremos también a partir del odu Ogbe Irosun cómo los hombres de líe una vez decidieron antagonizar con las brujas, como resultado de lo cual las brujas se retiraron al pueblo de llu Omuo o Ilu Eleye en las afueras de Ife. Desde su nueva residencia, las brujas resolvieron despoblar a Ife matando sus habitantes uno a uno. Después que Ife había perdido a muchos de sus hijos e hijas, los ancianos decidieron librar una guerra en el pueblo de Eleye. Todas las tropas enviadas para combatirlas nunca regresaron con vida. Todas las otras divinidades fueron contactadas para salvar la situación, pero sus esfuerzos fueron neutralizados por la habilidad superior de las brujas de Omuo. Finalmente, Orúnmila fue declarado mediante adivinación pública para ser el único capaz de comprometerse con las mujeres.

Tan pronto como fue contactado para el trabajo, él hizo los sacrificios necesarios y en vez de dirigirse a Ilu Omuo con su tropa, él fue con una procesión danzaría, la cual bailó de lleno en el pueblo. Cuando las mujeres vieron una larga procesión de hombres y mujeres esplendorosamente vestidos bailando en el pueblo con música melodiosa, se dieron cuenta de que era tiempo de retornar a casa en Ife. Después que ellos conocieron lo que estaba sucediendo, todos regresaron a Ife y hubo una reconciliación general y júbilo.’ Otra vez, este incidente ilustra claramente que no es fácil vencer las fuerzas de la brujería a través de la agresión, sin recurrir a una autoridad superior. La forma más fácil de tratar con ellas es a través del apaciguamiento. Orúnmila no resuelve ningún problema valiéndose de la confrontación a no ser que todos los medios de conciliación hayan fallado. No obstante, en ocasiones él acude por auxilio a las divinidades más agresivas para que les hagan trabajos sucios. El es una divinidad muy paciente. El plantea que solo puede reaccionar después de ser ofendido treinta veces y no obstante esto, le toma a él por lo menos tres años para sentirse ofendido después de darle al ofensor amplia oportunidad para el arrepentimiento.

Nuestro interés fundamental no es un estudio comparativo de la brujería sino simplemente exponer algunas observaciones v enfatizar algunos hechos esenciales:
a) que la brujería ha estado presente desde tiempos inmemoriales, no parece haber existido época o lugar en la Tierra donde la brujería ola magia no hayan sido practicadas;
b) que algunas de las llamadas naciones civilizadas del mundo que tienden a ridiculizar el concepto de la brujería en África y que sostienen que el culto es una ilusión, no son sinceras pues existe la evidencia de que se está resucitando el culto en sus propios países y a su propio modo;
c) la brujería es casi universal y subsiste. La razón por la cual el hombre cree en espantos, males y en fuerzas misteriosas es porque los espantos, los males y las fuerzas misteriosas están ahí y son muy reales.

El hombre es sensiblemente consciente de la actividad de estos poderes a su alrededor y rechaza ser persuadido de que estos son imaginarios. Para los yorubás nada sucede por casualidad, las cosas son causadas por alguien directa o indirectamente mediante el empleo de poderes y creen igualmente que hay individuos que tienen acceso a estos poderes místicos los cuales pueden emplearse con fines buenos o malos. Este poder se origina en un ser sobrenatural, pero en la práctica es inherente a, o viene de, o llega mediante algunos objetos físicos, excepto en el caso de la brujería que es síquica. El hombre teme incluso, por ejemplo, a la presencia del Iroko cerca de su vivienda pues este árbol, que es también una deidad, está vinculado directamente con los Ancianos de la Noche y se cree que el espíritu que en él habita produce terribles sonidos a intervalos. Este árbol no puede ser tumbado a menos que se realicen ritos especiales. Es al pie de este o en su copa que tienen lugar importantes reuniones de brujos y esto pudiera explicar por qué este es uno de los lugares donde regularmente se colocan los sacrificios ofrecidos. Además del Iroko, entre los árboles que se consideran morada de ciertos espíritus, están Aragba (ceiba; Eriodendron orientale) el Ayan (doradillo africano) y el Omo (Cordia millenii). Muchos de estos son enormes y sobrepasan a otros árboles. Ellos causan la admiración de los hombres, que parecen enanos en su presencia. Igualmente, los árboles que tienen un crecimiento anormal, por ejemplo, una palma con tres troncos, no pueden dejar de ser vistos como inusuales y en consecuencia se les considera una posible morada de espíritus.

El hombre reverencia tales árboles y ata a su alrededor un pedazo de tela roja o blanca para señalarlo como sagrado. Ante estos árboles “sagrado s – se depositan ofrendas de vez en cuando, aunque esto se hace particularmente durante las fiestas anuales y siempre que los curanderos desean coger de sus raíces o cortezas. En un ese Ifá del odu Idí Ogbe se pone de manifiesto que solo Orúnmila adquiere el poder de contrarrestar la fuerza de la hechicería. Lo triste de todo esto es que casi no existe ningún tipo de protección contra los brujos ya que los sacrificios apenas sirven de ayuda cuando están listos para atacar. La protección del hombre más segura contra los brujos es su Orí, Orúnmila, Oloddumare y la divinidad de la Tierra o suelo (Otá Olé), siempre que estemos dispuestos a pagar nuestra deuda con la humanidad como hijos de la profana que somos. Mitos A través de un ese Ifá del odu Osá Meyi, se nos revela cómo fue que llegó la reina del culto de la hechicería a la Tierra. Cuando Osá Meyi descubrió que la mayoría de las divinidades se habían marchado hacia la Tierra, decidió ir y ver cómo era el lugar. Fue por adivinación a tres sacerdotes de lfá llamados: Aje Eni Je. Ee Mo Odun. Ala Ra Ra Ije Eemaagbe Ogbologbo Ekutele. Eeje Erin Ogini Ninu (Ile. Cualquier cosa que lo muerda a uno no sabe cuando termina el año. El que ingiere alimentos cocinados para comer no se preocupa por conocer al agricultor que los produjo. La rata doméstica grande no le permite al gato que se quede en la casa. A Osá Meyi se le aconsejó que hiciera sacrificio porque iba a practicar el arte de Ifá entre hechiceros. Se le dijo que diera un chivo a Echu, una guinea a su Ifá y una paloma a su cabeza.

El no hizo el sacrificio porque estaba muy apurado por venir al mundo. Cuando él era uno de los dieciséis hijos de Orúnmila que decidieron venir al mundo alrededor de la misma fecha, no halló el camino en el momento adecuado debido al chivo que no ofrendó a Echu, su ángel de la guarda no lo pudo guiar porque a él tampoco le hizo sacrificio, su cabeza tampoco pudo salvarlo porque a ella tampoco le ofreció sacrificio. Por lo tanto, andaba vagando por el camino hasta que llegó al último río del Cielo antes de cruzar hacia el mundo. En la orilla del río se encontró con la madre de los hechiceros, Iyamí Ochooronga, quien llevaba allí mucho tiempo ya que nadie accedía a cruzarla por el río. Ella también venía hacia el mundo pero se encontraba muy débil para cruzar el pequeño y estrecho puente sobre el río. El puente se llamaba Ekoko. Iyamí Ochooronga le rogó que la ayudara a cruzar el río, pero él le explicó que el puente no soportaría a las dos personas a la misma vez. Ella entonces le propuso que abriera la boca para que ella se le pudiera meter dentro. El accedió y ella buscó un lugar dentro de su estómago. Cuando él llegó al otro lado del puente, le dijo que saliera pero ella se negó alegando que su estómago constituía una morada adecuada para ella. Habían comenzado los problemas de Osá Meji con la hechicería. Cuando ella se negó a salir, él pensó que podía engañarle diciéndole que moriría de hambre dentro de su estómago, pero ella respondió que no moriría de hambre mientras él tuviera un hígado, un corazón e intestinos ya que esas eran sus comidas predilectas. Osá Meji comprendió el problema que enfrentaba cuando la mujer le mordió el hígado. Entonces extrajo sus instrumentos de adivinación y llamó a Ifá para salir del aprieto. Ifá le dijo que hiciera sacrificio inmediatamente con un chivo, una botella de aceite y tela blanca, lo que sacó rápidamente de su bolso divino (akpominijekun). Enseguida cocinó el hígado, el corazón y los intestinos del chivo y le dijo a Iyamí que había comida lista para ella. Cuando la mujer olió el invitador aroma de la comida, salió de su estómago. No obstante, ella le dijo que le estaba prohibido comer delante de alguien, entonces él hizo una tienda con la tela blanca y ella se metió dentro para disfrutar de la comida. Mientras ella comía, Osá Meyi se alejó corriendo y rápidamente halló un útero donde introducirse y venir al mundo. Tan pronto como Iyamí Ochooronga terminó de comer, buscó a Osá Meyi por los alrededores pero no lo pudo hallar. Comenzó a gritar el nombre de él Osasa, osasa, osasa, que es el grito de los hechiceros hasta el día de hoy. Todavía ella lo está buscando.’ Este odu nos revela cómo fueron las primeras ofrendas a los Ancianos de la Noche. Osá Meyi corrió hacia el interior del útero de la primera mujer con que se cruzó cuando huía de Iyamí Ochooronga. No sabía que evadía la sartén para caer en el fuego, porque la mujer que iba a ser su madre era miembro del culto de Iyamí Ochooronga.

Él llegó para salvar un hombre cuya esposa había hecho los preparativos para ofrecerlo como un sacrificio a los Ancianos de la Noche. Cuando Osá Meyi nació, siempre lloraba tarde en la noche pero nadie sabía a qué se debían sus llantos nocturnos. El padre era un lego que no tenía conocimiento de lo que estaba sucediendo. Tan pronto como Osá Meyi lloraba en la noche, los padres se despertaban para tranquilizarlo. Solo la madre conocía el secreto de por qué el niño siempre lloraba de noche. El niño solía llorar para interrumpir el proceso ritual de sacrificar al padre para una comida en el culto de los hechiceros. Ese proceso continuó hasta que el niño fue lo suficientemente grande para hablar. Tan pronto como creció y fue capaz de hablar en lugar de llorar durante la noche, gritaba la palabra lyamí Ochooronga lo cual despertaba instantáneamente a la madre y esto la hacía apartarse abruptamente de la ceremonia ritual de la noche para tratar de sacrificar al esposo. Esto sucedía, un día particular, cada semana. Una noche, los hechiceros citaron a la madre para que explicara por qué ella abandonaba la reunión abruptamente cada vez que estaba rezando con el chivo (ella acostumbraba a convertir al esposo en un chivo antes de tratar de matarlo debido a que los hechiceros no mataban seres humanos sin antes convertirlos en animales). Ella explicó que era su hijo quien coincidentemente gritaba el nombre de la hechicera madre (lyamí Ochooronga) en ese punto de los procedimientos. Se le instruyó que viniera con su hijo a la reunión siguiente que sería la asamblea general y el día de banquete. Todos los hechiceros habían aportado dinero para servir sus cabezas en esa noche. Cuando llegó el día, sirvieron una tras otra las cabezas de todos los miembros y al llegar al lugar donde Osá Meyi estaba sentado, también sirvieron su cabeza pero él no comió del chivo utilizado para servir sus cabezas porque no había contribuido a comprarlo ya que no había sido iniciado en el culto. A la mañana siguiente, Osá Meyi se despertó y fue a aconsejar al padre que sirviera su cabeza con un chivo debido a un sueño que él había tenido.

Le dijo que lo hiciera para que se pudiera curar pues había estado enfermo durante mucho tiempo. El padre aceptó el consejo del pequeño niño y compró un chivo para servir su cabeza. Después de hecho el sacrificio, Osá Meyi le pidió a la madre una olla abierta de barro y aceite abundante. El recolectó partes del chivo y todos los restos de la carne que no habían sido comidos, los puso en la olla agregando aceite y sal al igual que arena de suelo (representada en la actualidad por el polvo divino de adivinación), entonces fue a depositar la olla en el incinerador. Esa fue la primera ofrenda echa por un ser humano a los Ancianos de la Noche y también como se hacen las ofrendas a ellos hasta el día de hoy. Después del sacrificio, todos se acostaron a dormir, pero al día siguiente la madre no despertó. A partir de entonces su padre se curó. Las cosas se aclararon para Osá Meyi después de la muerte de su madre, le dijo al padre que su madre había sido la responsable de su indisposición y le narró cómo él solía verla en sueños.’ Eses Ifá representativos Según otro ese Ifá del mismo odu Osá Meyi, podremos conocer cómo finalmente este resuelve sus problemas con los hechiceros mediante un acuerdo. Fue él quien los trajo a la Tierra y quien los salvó de su total extinción de la faz del planeta. Inicialmente el asunto concernía a Orichanlá quien como el propio representante de Oloddumare en la Tierra, encabeza a todas las divinidades, incluida la comunidad de hechiceros. Orichanlá tenía dos lagos al fondo de su casa. Uno de ellos solía quedarse sin agua durante la temporada de seca mientras el otro suministraba agua todo el año. Los dos lagos eran utilizados comúnmente por todos y cada uno de ellos. Pero las esposas de Orichanlá se mofaban de él por permitir a los hechiceros, entre otros, hacer uso de su lago. El reaccionó haciendo que el lago de todas las estaciones fuera para uso exclusivo de su hogar, mientras permitía a los hechiceros utilizar el que se quedaba sin agua en la temporada de seca. Conociendo que su lago no podía suministrarles agua durante la temporada de calor, los hechiceros fueron por adivinación sobre qué hacer para garantizar que este los abasteciera durante el año entero. Se les aconsejó que dieran un macho cabrío a Echu. Luego que Echu comió, se zambulló en el lago exclusivo de Orichanlá, removió la piedra con la cual estaba represado el manantial del lago y la transfirió al lago de los hechiceros. El efecto de la piedra era impedir que el agua filtrara bajo Tierra.

Seguros de que su lago no se secaría más, los hechiceros designaron a dos pájaros para que lo protegieran de los intrusos. Los pájaros se llamaban Ikaare y Otuutu. Cuando llegó la temporada de seca, el lago de Orichanlá se secó rápidamente mientras el de los hechiceros permaneció lleno de agua. Los hechiceros le mostraron a los dos pájaros una señal de aviso para que los alertara si algún intruso venía a coger agua de su lago. Cuando la familia de Orichanlá empezó a quedarse sin agua fue al lago de los hechiceros. Los pájaros le permitieron coger agua pero las esposas también se metieron en el lago para bañarse. Fue entonces que los pájaros comenzaron a dar aviso a su jefe. tu tu. Con esto, los intrusos se dieron cuenta de que había guardias cuidando el lago. Rápidamente huyeron hacia su casa. Cuando los hechiceros llegaron les preguntaron a los guardias por la identidad de los intrusos v ellos respondieron que estos eran miembros de la familia de Orichanlá. Los hechiceros juraron castigar a Orichanlá por contravenir su propio decreto, al permitir que su familia utilizara el lago de ellos. El Canto de Marcha de los Hechiceros era: Eni Asoro, orno eronko aafobo oniyan To Orisa Taayare, Aarije, Aarimu. Hoy se desató la baraúnda Todos los pájaros del bosque hablarán como seres humanos. Hoy destruiremos a Orichanlá y a sus esposas. Cuando Orichanlá escuchó en la distancia el canto de guerra de los hechiceros, huyó de su casa para buscar refugio junto a Oggún, quien se preparó para pelear con los invasores y se sentó en la entrada de su casa en espera del arribo de los hechiceros. Tan pronto llegaron a la puerta de Oggún, este sacó su machete que despidió fuego. Pero ellos se tragaron a Oggún con sus instrumentos de pelea y Orichanlá escapó por la puerta de atrás. Se refugió en la morada de Changó que corrió igual suerte. Orichanlá corrió a las casas de todas las otras divinidades pero todas fueron tragadas por los hechiceros invasores. Finalmente corrió a casa de Orúnmila y este le preparó un escondite en su santuario.

El hizo que Orichanlá se ocultara debajo de su santuario y lo cubrió con una tela blanca con la cabeza sobresaliendo a través de esta. Esto se representa hoy por la elevación que sobresale de una cubierta blanca en el santuario de Orúnmila. Esta recibe el nombre de Orite. Osá Meyi sacó entonces su bandeja de adivinación y preparó el polvo de adivinación y las marcas de su propio Ifá y con la vara de autoridad lo esparció sobre la casa gritando Ero Ero Ero (esto es paz, paz, paz).

Cuando los hechiceros llegaron al cruce de caminos cercano a la casa se desorientaron y quedaron confundidos. Pero enviaron a sus dos buscadores de caminos a que dirigieran su avance a donde quiera que estuviera Orichanlá. Los dos rastreadores encontraron a Orúnmila en la entrada de su casa y le dijeron que habían llegado allí siguiendo las huellas de Orichanlá. El les confirmó que de hecho lo tenía retenido pero les argumentó que ya se encontraba tan deteriorado y falto de vida que si le daban muerte en ese estado no había carne en él. Los convenció para que le dieran siete días para engordarlo antes de que ellos lo mataran. Ofreció entonces compartir la carne de Orichanlá. Él les habló con un encantamiento que está prohibido que se mencione o recite porque llama a la destrucción. La esencia de esto es que él los hechizó para que aceptaran cualquier explicación que les ofreciera para poder retener a Orichanlá. Bajo el influjo del encantamiento ellos accedieron y se retiraron a su lugar de procedencia.
A la mañana siguiente Osá Meyi hizo adivinación y se le dijo que diera una gallina negra a Ifá y un macho cabrío a Echu. El lo hizo enseguida, sabiendo que los hechiceros acortarían la duración de los días y noches siguientes. También se le dijo que preparara un banquete con conejo para los hechiceros y vino de palma envenenado con polvo divino y el encantamiento que no pudo ser mencionado con anterioridad. También preparó un recinto cercado frente a su casa y una especie de goma adhesiva, llamada ate en yorubá, para embadurnar la cerca.

Dispuso de dieciséis asientos de madera, igualmente embadurnados con la goma y los colocó dentro del lugar de recepción. Poco después llegó el día fijado y en ese momento Osá Meyi preparó el banquete y colocó la comida y la bebida en el recinto. Tan pronto como llegaron, los hechiceros se sentaron y comenzaron a comer y a beber. Una vez finalizado el banquete le dijeron a Osá Meyi que trajera ante ellos a Orichanlá y antes de que pudiera darles respuesta uno avistó a Orichanlá en el santuario donde este esperaba a los invasores. El que lo había descubierto gritó que Orichanlá estaba debajo del santuario de Orúnmila. Cuando se dispusieron a atacar sucedió que Echu los había pegado firmemente a sus puestos y estaban imposibilitados. Cuando trataron de hacer rodar sus asientos, la goma del cercado inmovilizó sus alas v fueron completamente dominados. En este momento, Osá Meyi le dio su cuchillo de lfá a Orichanlá, quien se aferró a su vara de autoridad y comenzaron a destruir a los hechiceros uno tras otro. Una vez que aniquilaron a todos, exhalaron un suspiro de alivio. Ellos no sabían que uno había logrado arrastrarse para buscar refugio debajo del santuario de Orúnmila, en el mismo lugar donde Orichanlá se había ocultado antes del ataque. Mientras los mataban, cantaban: Ota mi po Yee Okon kon nu Uku saan paa yeye. Mis atacantes son muchos Yo los mataré uno tras otro. Cuando Orichanlá divisó al que se escondía debajo del santuario de Orúnmila, quiso darle muerte igualmente pero Osá Meyi se lo impidió alegando que no podía destruirse a alguien que se refugiara debajo de su santuario de lfá, exactamente igual que su vida (la de Orichanlá) había sido respetada luego de esconderse bajo el mismo santuario. Entonces ellos sacaron al hechicero que era una mujer y quitaron la goma de su cuerpo. Cuando la examinaron en detalle descubrieron que estaba embarazada. Osá Meyi señaló entonces que estaba prohibido dar muerte a una mujer embarazada. Por esto, en Beni se dice así: Aigbozi gbekem. Orichanlá insistió que si se permitía sobrevivir a la mujer, ella produciría más hechiceros que intentarían destruir al mundo al igual que lo habían tratado de hacer los de la primera generación de hechiceros. Se cree con toda firmeza que si a aquella mujer se le hubiera dado muerte esa noche, ello hubiera significado el fin de los hechiceros sobre la faz de la Tierra. No obstante, Orichanlá sugirió que se le debía obligar a jurar que no destruiría personas inocentes en la Tierra.

Osá Meyi propuso entonces a Orichanlá que el suelo o la Tierra (Otá Olé), era la única divinidad capaz de destruir a los hechiceros si ellos se portaban mal, ya que esta es la única potencia que sobrevive a todas las potencias y fuerzas en la Tierra. El cavó un hueco en el suelo, lo llenó con todos los artículos de comida y lo cubrió con nueces de kolá. Entonces ellos la hicieron jurar que el suelo le daría muerte a ella o a cualquiera de sus descendientes de generación en generación si alguna vez mataban a un hijo de Oloddumare o de Orúnmila sin justa causa. Ella hizo el juramento y comió la kolá que estaba sobre el montón. No obstante, ella les pidió que le dijeran cómo era que se iba a alimentar si no podía dar muerte a ninguno de los hijos de Oloddumare o de Orúnmila. Orichanlá replicó que si él o cualquiera de sus hijos los ofendía a ellos o sus problemas les eran presentados a él, él compensaría la ofensa matando a un animal, ya fuera carnero, chivo, ave, etcétera y regaría la sangre en el exterior de su casa. Esa es una señal de que el trasgresor le ha pagado la ofensa cometida. Entonces ellos lo deberán dejar tranquilo. Ese es el significado de la sará (sacrificios de animales a los Ancianos de la Noche para limpiar una transgreción) que los hijos de Oloddumare hacen hasta hoy. Es una señal de que el ofrecimiento viene de parte del hijo de Oloddumare y los hechiceros lo aceptarán y le concederán sus deseos. Por otra parte, Osá Meyi le dijo que si ella veía cualquier alimento confeccionado en una olla y depositado en un cruce de caminos, junto a la orilla o sobre un horno, debía saber que era de un hijo de Orúnmila y debía aceptar la comida y dejar tranquilo a quien se la ofrecía. Este es el Etutu que Orúnmila frecuentemente aconseja que sus seguidores realicen a la Noche cuando tienen problemas con los hechiceros. Esta es la razón por la cual las marcas del polvo divino de Osá Meyi frecuentemente se hacen en la bandeja de adivinación cuando se realizan ofrendas a la Noche. El encantamiento que no puede ser mencionado aquí y que los sacerdotes de Ifá repiten cuando hacen una ofrenda a la Noche es para recordarles que quienes la hacen pertenecen a Orúnmila y que ellos deben recordar el juramento que hiciera su madre en el día predestinado. El significado de esta revelación es que ninguna divinidad es capaz de hacer frente a los hechiceros cuando estos se deciden a pelear, ellos siempre pueden vencerlos con excepción de Oloddumare y de Orúnmila, por la forma en que estos los manejaron aquella noche predestinada. Cualquiera que crea que los amuletos u otras preparaciones diabólicas pueden vencer a la hechicería está sencillamente engañándose a sí mismo, a no ser que los hechiceros transgredan el acuerdo realizado por su madre aquella noche que los salvó de una total extinción.’ A continuación veremos mediante un ese lfá las funestas consecuencias que trae la negativa al sacrificio, en este caso específicamente a los Ancianos de la Noche. Eti Lawo Moruge, Ita Aare Nige Ata Ono. Fueron estos los sacerdotes de Ifá que hicieron adivinación para Adeguoye, el único hijo del rey.

Adeguoye nació cuando su padre ya estaba muy viejo. Los sacerdotes de Ifá le aconsejaron a Adeguoye, poco después de la muerte de su padre, que hiciera sacrificio a los Ancianos de la Noche, con un chivo y que ofreciera un macho cabrío a Echu, de modo que pudiera vivir durante las ceremonias de coronación. Por ser un hombre joven, no comprendía la significación de las ofrendas en sacrificio. Por lo tanto, no podía entender por qué tenía que hacer sacrificio por algo que simplemente era una ceremonia tradicional. Por otro lado, después del entierro de su padre los coronadores lo invitaron a hacer los preparativos para que lo sustituyera en el trono. La ceremonia debía comenzar con un retiro en un cónclave secreto durante catorce días. Una noche las brujas quienes normalmente no atacaban sin antes avisarle a la víctima, lo visitaron y le frotaron el cuerpo con sus manos. A la mañana siguiente él se enfermó. A pesar de su indisposición, aún no estaba convencido de que debía realizar el sacrificio. Su madre, que era la única que lo podía haber aconsejado, ya estaba muy vieja para poder hacer algo por él. Al séptimo día de hallarse en el cónclave, murió. Su muerte no se anunció formalmente. Bajo el pretexto de un toque de queda (oro), su cuerpo fue llevado a la casa y la ceremonia de coronación se completó póstumamente por su hijo pequeño, quien fue hecho rey. El siguiente ese lfá nos enseña cómo el odu Oyekú Eturukpón resolvió el problema de la brujería. Oyekú Eturukpón fue por adivinación a un sacerdote de lfá llamado Ogbomu Gbomu Ja Ijaja Gbomu quien le aconsejó hacer sacrificio cuando los Ancianos de la Noche estaban detrás de él. Para poder campear la tormenta debía hacer inmediatamente un sacrificio especial, perforar el piso de su sala de estar o dormitorio y descuartizar una chiva dentro del hueco con las hojas apropiadas. En el hueco debía ser enterrada la cabeza de la chiva junto con un huevo y dos caracoles. Después de realizada la ofrenda, los dos pájaros o lechuzas que acostumbraban -a gritar en el techo de su casa dejaron de venir. Uno de los pájaros murió y el otro levantó vuelo para no regresar nunca más. Este fue el odu que disipó el culto de la brujería cuando las brujas planearon destruir la bondad y la salvación en el mundo.10 El odu Ogbe Oché fue quien nos dio a conocer la llegada del dinero al mundo y la influencia negativa de las brujas sobre las demás deidades. …él entonces narró la historia de cómo el dinero llegó al mundo. Durante la era de la Divinosfera, las divinidades habían estado suplicando a Oloddumare que mandara dinero al mundo para que sirviera como medio de intercambio.

El ángel de la guarda de Ogbe Oché le dijo que cualquiera que corriera detrás de las riquezas a la desbandada perecería antes de la noche. Con esta advertencia, el ángel de la guarda le aconsejó que cuando el dinero llegara al mundo, él debería ser el último en ir por él. Finalmente, antes de desaparecer, su ángel de la guarda le aconsejó criar una cotorra sin revelar el significado de hacer esto. El actuó como fue dicho. Tres meses más tarde, la cotorra comenzó a gritar cada mañana y noche: owo towa la toorun, ekaa roo, que significa el dinero que llegó del Cielo, buenos días. Por la noche diría: owo towa lato Orun, ekaaleo que significa el dinero que llegó del Cielo, buenas noches. La cotorra cantó estas palabras por varios días sin Orúnmila entender el mensaje que esta recalcaba. Una vieja que vivía al lado que era la reina de las brujas fue la única que entendió el mensaje de la cotorra. Posteriormente ella convino una reunión con todas las divinidades para notificar el mensaje de la cotorra de Orúnmila. Ella les dijo que el dinero había llegado al mundo y que ellos debían seguirla pista en dirección al Este del pueblo o hacia donde la cotorra miraba en sus saludos por la mañana y por la noche. Una tras otra, todas las divinidades buscaron, encontraron y cavaron la montaña de dinero pero siempre fueron destruidas por la avalancha de este sobre ellas y regresaron al Cielo sin lograr sus propósitos, pues se dejaron vencer por la avaricia. Solo Orúnmila faltaba por ir en busca del dinero. Recuérdese que cuando la reina de las brujas hizo anuncio por primera vez sobre la llegada del dinero Orúnmila sugirió que ellos debían hacer adivinación antes de ir en su busca. Los otros se habían burlado de él, con la decisión de que llegaría el momento en que Orúnmila no comería ninguna comida preparada para él sin antes ir a una adivinación. Cuál es la necesidad, había preguntado Oggún de hacer adivinación antes de ir por el dinero y se desentendieron de la sugerencia de Orúnmila. Poco sabían ellos de que Oloddumare tenía su propio tiempo para enviar el dinero al mundo como unidad de valor. Como las divinidades prefirieron apropiarse de la coordinación propia de Oloddumare, él decidió enviar el dinero al mundo para terminar con la vida de los codiciosos y beneficiar la de aquellos que fueron perseverantes. En la adivinación le fue dicho a Orúnmila que el dinero solo permanecería y perduraría con aquellos que lo dominaran y que el único medio de dominarlo era dándole de comer.

Eso significaba que él debía hacer sacrificio con dos palomas, dos escaleras y dos cerrojos en U, Orúnmila procedió a hacer el sacrificio en un sitio de la montaña de dinero. El retuvo una escalera y uno de los cerrojos después de darle a Echu lo que quedaba. A la mañana siguiente partió para la montaña de dinero, realizó el sacrificio y en concordancia con la prescripción de la adivinación, él regresó a la casa sin tocar la elevación donde se encontraba el dinero. Cuando llegó a la mañana siguiente, Echu había colocado una escalera alargada que se estrechaba en el tramo más alto de la montaña. Según aconsejaba la adivinación él comenzó el largo proceso de ascender la escalera para excavar la montaña desde la cima Cada vez que cavaba, veía los instrumentos usados anteriormente por las otras divinidades. El encontraba un número de cauries posados en sus pechos y mantuvo los números separadamente. Ese número de cauries encontrados sobre los pechos de cada divinidad es el que los vástagos adeptos y sacerdotes de esas divinidades usan para la adivinación hasta nuestros días. Aquellos sobre cuyos pechos él encontró cuatro cauries son consultados por sus sacerdotes en la adivinación con el mismo número, sobre cuyos pechos él encontró ocho o dieciséis cauries son consultados en consecuencia con aquellos números en la adivinación. Estos son los adivinadores que consultan el oráculo con los cauries. Fueron las brujas las que incitaron a que las divinidades perecieran por el dinero. De esta manera Orúnmila se convirtió en la única divinidad que triunfó, al excavar el dinero sin perder la vida. Por eso es que también el altar de Orúnmila es el único que tradicionalmente es decorado con un asiento de cauries, en conmemoración a su triunfo al excavar el dinero de la cima.” En la siguiente historia se revela a los Ajonjún como enemigos del hombre. Un hombre llamado Ondese estaba asediado por la muerte y los demás Ajonjún, pero lo salvaron los sacerdotes de Ifá, quienes lo pintaron con el jugo del ibuje. El jugo convirtió a Ondese, de un hombre de tez clara, en un negro. Cuando los Ajonjún llegaron a su casa, no lo reconocieron porque el color de su piel había cambiado. Te conocen como Olalekun, Y tu otro nombre es Omininkun. No se puede voltear el elefante para tallarlo. Su nombre es Atatabía-kun, El pequeño y terrible hombre de la noche. Un perro macho significa honor, Una aguada macho se conoce como la luna. El hijo es fuente de cuentas de Okun, el hijo es fuente de todas las riquezas. Mientras las nalgas del hijo no están provistas de cuentas. No se adornarán con cuentas la cintura del hijo del otro. Al hijo siempre se le trata como hijo. Se consultó a Ifá el nombre de Ondese.

El hombre de la tez clara de la loma Apa, Cuya casa era perturbada por la muerte y la enfermedad, Cuya casa era perturbada de manera persistente Por todos los Ajonjún. Por ello el sacerdote de lfá le dijo que ofreciera mucho ibuje como sacrificio y se volvió muy negro, Corno resultado de ello. Los Ajonjún no pudieron reconocerlo. Comenzó a bailar. Comenzó a regocijarse. Comenzó a alabar a los sacerdotes de Ifá Mientras los sacerdotes de lfá alababan a Ifá. Se golpearon los gongs en Iporo, Se tocó el tambor atan en lkija. Se usaron baquetas para tocar una música melodiosa en 1rerimoghe. Abrió la boca un poco Y de sus labios salió la canción de lfá. Cuando estiró las piernas, Empezaron a bailar solas. Dijo: Muerte, no mates al hombre ibuje por error. Ahora que puedes confundir al hombre con otra cosa. Ahora que en lo adelante has de confundir el hombre con otro ser. Guerreros celestiales Den media vuelta y váyanse rápido Ahora que en lo adelante has de confundir el hombre con otro ser.12 En este pasaje Echu ayudó a un hombre llamado O/orno a destruir a los Ajonjún que lo agobiaban metiéndoles harina de ñame en las bocas. Se cree que los Ajonjún no pueden probar la harina de ñame, porque les pone la boca amarga y les tranca las mandíbulas. Se consultó a Ifá en nombre de Olomo El alto y corpulento. Todos los Ajonjún daban vueltas alrededor de Olomo, Querían matarlo. Le dijeron que hiciera un sacrificio, Y así lo hizo. Un día, la Muerte, la Enfermedad y el Daño se pararon, Y marcharon a la guerra contra la casa de Olomo. Hallaron a Echu delante de la casa, Cuando trataban de entrar en la casa de Olomo. Echu les metió harina de ñame en las bocas varias veces. Cuando la harina de ñame tocó sus bocas Algunos murieron, Y algunos enfermaron, Pero ninguno pudo entrar en la casa de Olomo. Cuando Olomo se sintió feliz, Comenzó a cantar la canción de los sacerdotes de lfá. Dijo: Atata – tain – tain. Se consultó a lfá en nombre de Olomo, El alto y corpulento. La Muerte que quería matar al sacerdote de Ifá Ya no puede matarlo, La Muerte se ha alejado de la cabeza del sacerdote de lfá, La Muerte no come harina de ñame, Si la Muerte trata de comer harina de ñame, La boca se le pone tiesa, Las mandíbulas se le trancan. La Enfermedad que quería afligir al sacerdote de Ifá, Ya no puede afligirlo. La Muerte se ha alejado de la cabeza del sacerdote de Ifá. La Muerte no come harina de ñame, Si la Muerte trata de comer harina de ñame, La boca se le pone tiesa. Las mandíbulas se le trancan.

Todos los Ajonjún que querían atacar al sacerdote de Ifá, Ya no pueden atacarlo. La Muerte se ha alejado de la cabeza del sacerdote de Ifá, La Muerte no come harina de ñame, Si la Muerte trata de comer harina de ñame, La boca se le pone tiesa, Las mandíbulas se le trancan.13 El próximo pasaje pone al descubierto los malvados fines de las brujas, para destruir al hombre y a su obra. Cuando las brujas y los seres humanos venían del Cielo a la Tierra a cada grupo se le preguntó, con qué fin iban a la Tierra. Las brujas dijeron que su propósito era destruir todas las cosas hechas por los seres humanos. Los seres humanos dijeron que venían a la Tierra, para hacer todas las cosas que consideraban útiles. Se le dijo a ambos grupos que hicieran un sacrificio. Las brujas hicieron su sacrificio, pero los seres humanos no. Por eso, cuando llegaron a la Tierra, las brujas empezaron a matar a los hijos de los seres humanos y a destruir sus propiedades. Los seres humanos no podían hacer nada para destruir a las brujas. Por lo tanto, confeccionaron unos Ègúngún, con los que se enmascararon y usaron los proverbios para insultar a los brujos. Paaka arqueó la espalda como joroba, y recogió cuarenta cauries del suelo. Se consultó a lfá en nombre de la bruja, también se consultó a lfá en nombre del ser humano, ambos venían del Cielo a la Tierra. A ambos se les dijo que hicieran un sacrificio.
La bruja dijo que cuando llegara a la Tierra, echaría a perder la obra del ser humano. El ser humano dijo que cuando llegara a la Tierra, haría lo que quisiera, también a él se le dijo que hiciera un sacrificio, pero no lo hizo. Cuando ambos llegaron a la Tierra, cada vez que el ser humano tenía hijos, la bruja los mataba, todas las pertenencias del ser humano eran dañadas por la bruja.

El ser humano regresó a ver al sacerdote de lfá y realizó el sacrificio que no había hecho la vez anterior. Le dijeron que fuera e hiciera un Ègúngún, vistió las ropas de Ègúngún y empezó a hablar en proverbios contra la bruja. Dijo que eso era exactamente lo que le habían predicho los sacerdotes de lfá. Paaka arqueó la espalda como una joroba y recogió cuarenta cauries del suelo. Se consultó a lfá en nombre de la bruja, también se consultó a Ifá en nombre del ser humano, ambos venían del Cielo a la Tierra.. Todas las brujas aunque son seres humanos. la brujas le impiden a los seres humanos descansar.14 En el siguiente pasaje del odu Ofun Meyi se nar ra la historia de una mujer llamada Erubami quien estaba atormentada por las brujas, porque se negaba a darle tortas de fríjol a la madre de las brujas. Las brujas enviaron sus pájaros Ogbingbin para que fueran y gritaran de manera aterradora en el traspatio de la casa de Erubemi. Erubemi fue a ver a Ofun Meyi para averiguar la causa del grito persistente del pájaro. Le aconsejaron que ofreciera las tortas de fríjol que se había negado a darle a la madre de las brujas. Cuando hizo lo que le dijeron sesó el grito aterrador del Ogbingbin. El milano graznó, no se calló. Ogbingbin graznó, no acalló su terrible graznido. ¿Hay algún enfermo en ese barrio? Se consultó a Ifá en nombre de Erubami quien ofendió a la madre de las brujas. Le dijeron que hiciera un sacrificio. Erubami solía vender tortas de frijoles. La madre de las brujas le pidió tortas de frijoles pero Erubami se las negó. Cuando anochecía, Ogbingbin comenzaba a lanzar gritos aterradores en el traspatio de Erubami, cuando el graznido de Ogbingbin duraba ya hacía mucho y no cesaba, Erubami comenzó a gritar. Ella dijo. Tengo miedo. tengo miedo. Así gritaba hasta que llegó a la casa de Ofún Meyi quien le aconsejó ofrecer tortas de frijoles a la madre de las brujas.

Luego de hacer lo que le ordenaron fue que tuvo paz.15 Seguidamente veremos cómo el odu Ogbe Osá detiene la amenaza de la hechicería en contra de Ife. El éxito con el cual Ogbe Osá .abordó los problemas de Ife, le dió el título de Ojugbona. lo que lo hacía adivino real. Kuyin kuyin oshuro ose olore. Ose olore oshu rose kuyin kuyin Odifa fun gongo hiyo toon sije Olori eye ibini. Eejo orno ile Ife ugbagunle, Eeja gba gba ile Ife rigbale, Ugba Erumole oju gotun Ugba Erumole ojo gosil Gbohbo won kole ikpa ogongo hiyo. El cabecilla del culto de hechicería en Beni, llamado Ogongo Hiyo en yorubá, había estado asolando al pueblo de Ife. Por mucho tiempo las doscientas divinidades ala derecha y a la izquierda habían tratado de vencer a los brujos, pero sin éxito, entonces el pueblo de Ife llamó a Ogbe Osá para que se hiciera cargo. En la adivinación se le dijo a Ogbe Osá que hiciera sacrificio con una tortuga, un chivo, un cuchillo, un gallo, una paloma y veintiún cauries. El hizo el sacrificio, recogió las hojas apropiadas, las preparó y ató el sacrificio a la parte trasera de la tortuga. La tortuga con la carga de sacrificio en su espalda fue llevada a la cocina y tapada en el piso con un mortero. Aquella noche Ogongo Hiyo fue a Ife y voló sobre la casa de Ogbe Osá, parándose sobre la azotea gritó: Mo ni eye loun neye. Amu ko sorororo.

La tortuga que estaba debajo del mortero replicó: Emi aghun Emi aghun Emi aghun Moru kuja. Ogongo Hiyo dijo que venía a llevarse algunas víctimas y la tortuga le contestó que le daría la peor batalla de su vida. Ogongo Hiyo se preguntó quién seria la tortuga que osaba responderle así. Cuando comprendió que estaba en casa de Ogbe Osá hizo pedazos el techo y entró, ya adentro repitió el reto y la tortuga le respondió igual, en la cocina sucedió lo mismo y la tortuga contestó con igual fiereza desde abajo del mortero. Luego él despedazó el mortero y rugió, la tortuga le contestó con igual ferocidad, él miró a la tortuga con desprecio y se la tragó. Cuando la tortuga entró en su estómago, el cuchillo que tenía en su espalda le destrozó los intestinos a Ogongo Hiyo causándole dolores. Al llegar al cruce del camino, la tortuga cayó en su ano y murió, entonces la tortuga comenzó a bailar alrededor suyo. El primer grupo de mujeres que vio el cadáver fue el grupo de senos grandes. el segundo grupo es el de busto mediano y el último fue el de senos pequeños. No obstante, la maldición de Ogongo Hiyo se terminó. A la mañana siguiente Ogbe Osá fue invitado a ver el cadáver y mientras caminaba hacia el cruce cantaba: Wori Awo wee mawo. Awo ati okpa orere. Riru ebo agbeni. Ariru kesu kiighe niyan. Ebo taafi wi oni titu nigbeni. A difa fun Ogbe Osá, Nijo toun shegun Ogongo Hiyo Eerere yeuke. Olori eye Oku. Eerere yeuke. Así fue como él anunció la muerte del rey de los brujos de Beni. Planta del Oricha Nombre vulgar: Caoba. Nombre yorubá: Iroko, Apá, Ayan. Hábitat: En Cuba se da en toda la isla.

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Detalles: Ìyámi Òsòròngá, Reina del Culto de la Hechicería. Ìyámi Òsòròngá (gran madre bruja), eleye (dueña de los pájaros), Ìyámi (madre mía), Aje, son los nombres con que se conoce a esta entidad, que en realidad son varias deidades agrupadas bajo un mismo termino...

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oct 08

La Ceiba

Por:  Hispanidad y Mestizaje

Sus leyendas. Culto. Su importancia en la Magia y en la superstición del pueblo cubano. Los malos ojos. Los mayomberos y la ceiba. Jueves, Viernes Santo y Sábado de Gloria. El árbol sagrado por excelencia.

Lucumí: Iggi Olorun. Congo: madre Nganga. Muslna Nsambia.

“Ceiba, tú eres mi madre, dame sombra.”

La ceiba, como la palma real, es el árbol más característico de la Isla y el árbol sagrado por excelencia. Al extremo que cabría preguntarse si es objeto de un culto independiente, — culto a la ceiba, en el que comulgan por igual, con fervor idéntico, negros y blancos – si no supiéramos ya que todos los muertos, los antepasados, los “santos” africanos de todas las naciones traídas a Cuba y los santos católicos, van a ella y la habitan permanentemente.

Era también para los chinos que se importaron durante la colonia, y hoy para sus descendientes, “el trono de Sanfán Kón, “el mismo Santa Bárbara en China”.

Si se interroga a un campesino blanco, a “un guajiro”, sobre este misticismo que despierta la ceiba en todo el país, dirá invariablemente que “está bendita”, que sus mayores le han enseñado a adorarla, porque “es lo más sagrado y lo más grande de este mundo”. Y todos repetirán exactamente lo mismo: “¡La ceiba es santa!” “Es el árbol de la Virgen María”. “Es el árbol del Santísimo” o “del Poder de Dios”, o que es “árbol de misterio”. Prueba de ello, que los elementos desencadenados la respetan: no la abate, no la desgaja el huracán más fiero: no la fulmina el rayo.

– “El rayo respeta a la ceiba y a más nadie”.
¿Talar una ceiba’? ¡Qué atrocidad! La ceiba ni se corta ni se quema. Nadie sin hacer “ebbó” previamente, sin consultar a los orishas y tomar precauciones se atreverá a derribar uno de estos árboles imponentes que se secan centenarios, adorados y temidos de todos, en nuestros campos. Es comprensible que para la mayoría de nuestros negros y de nuestros campesinos, ambos en estrecha convivencia, respondiendo puramente a un atavismo, a un instinto religioso milenario, y en el fondo, común a todo el género humano, un árbol de tales proporciones y de belleza tan solemne y majestática, aparezca como la materialización de alguna poderosa divinidad: esta divinidad de la ceiba se impone sencillamente.

“La ceiba es un santo: Iroko”. “Es la Purísima Concepción”. “En ella está Arému, la Virgen de las Mercedes de los ararás”, y Yémmu.

A veces las explicaciones a este respecto, de mis viejos informantes, se hacen confusas. La ceiba es “asiento de Iroko, quien está allí presente”; y de la Purísima Cencepción “que viene a la ceiba”, y tiene en ésta su morada. Otros aseguran que “Iroko es la misma ceiba”. También “Babá está en la ceiba”. “La ceiba es de Oggún y de Orichaoko”. O de “Obbá y Changó”. “Aggayú, es ceiba”. Iroko se llamará cuando esté consagrada.

Mi centenaria amiga matancera, Addié, todas las mañanas se encomendaba a la ceiba, “porque para vivir hay que contar con el favor de madre ceiba todopoderosa”. “Quieras que no”, reza un canto de Ocha, “con Iroke hay que contar”. Y porque en la ceiba se saluda a los okús – a los muertos –; “están los muertos”.

Los negros de ascendencia conga la llaman nkunia casa Sambi (árbol casa de Dios); nkunia Lembán, nkunia mabúngu, Ñángue, Gúndu, (Mamá Ungundu) Naribé, Sánda, Fiame, Nfúmba y Fumbe (muerto) Mamá Fumbe. Los que se reclaman de lucumís: Arabbá, Iroko, Elúwere, Asabá. (Iggi-Arabbá) Iggi-Olorun. (árbol de Dios).

Algunos viejos coinciden al explicarme que en Cuba no había iroko, que es una especie de caoba africana, y que los lucumís llamaban arabbá a la goma francesa, (que Sandoval también conoce por gógó). Sin embargo, la ceiba les recordó a iroko y la denominaron y “consagraron” con el nombre que en África se daba a un árbol inmenso, muy semejante e igualmente venerado en toda la costa de Guinea. Ocurrió lo mismo con otros muchos árboles.

“Aunque la Ceiba no es iroko legítimo, se la considera como iroko; y se la conoce unas veces por iroko, y otras por arabbá”. “Aquí la ceiba es como Obbáburo: un árbol de África, donde se hace fiesta”.

“Iroko es del santo Oddúa, que vive arriba en la copa”. “Iroko, es tronco de Olofi; el palo más santo y misterioso”. Mas Iroko, o Iroke, “puro lucumí Oyó”, – “lóko, se llama en Dajomi” – es un orisha, dueño de la ceiba, y a ésta se la designa corrientemente con el nombre de Iroko “que es santo varón y viejo; tiene una mujer, Abomán, que vive también en la ceiba, y una hermana que se llama Ondó”.

Iroko se baila con un lindo bastón todo revestido de collares y una escoba adornada de cuentas rojas y blancas. Este santo que se adora en la ceiba pertenece a la rama de Naná Burukú y de Ayánu, San Lázaro, lucumí y arará. “Y no baja Iroko, como Oro, el que ronca”: se le sacrifica un torete que pasean alrededor del árbol los santeros, con velas encendidas, antes de degollarlo. Entre tanto, le sacrifican gallos, gallinas, patos de la Florida y guanajos blancos. Todos los meses se le ofrecen pollos blancos. Otros pretenden que la ceiba le pertenece, no a Abanlá – la Virgen Purísima -, sino a Aggayú — “el Brazo Fuerte” -, pero se está de acuerdo en que todos los orishas “van” a la ceiba, y a Aggayusolá, a Changó, a Náná, a todos, se les adora en la ceiba; y a Dádda Awuru Maggalá – Gebioso -, el Changó Mayor de los ararás.

“Fortuna-Mundo” y “Niña-Linda” le dicen en el campo los mayomberos “por cariño, para chiquearla”, y se supone que “como es santa y está bendita nunca se utiliza para nada malo”; “la ceiba llora lágrimas cuando le proponen una maldad”, esto es, que cuando rezuma el tronco, quiere decir, le advierte al brujo: “no hagas ese mal, que no le aprovecha a tu alma”. Pero… Dios da permiso para todo. “Dios dice: cosas de los hombres que a mí ni me van ni me vienen. Allá se las hayan, que yo no me meto en nada”. De modo que la ceiba “lo mismo mata que da la vida”. Con su poder se obtiene todo, y todo consiste, como sabemos, en pagarle su derecho.

Existe una ofrenda que parece ser decisiva para ganarnos la buena voluntad y el auxilio de Madre Ceiba. Se salcochan dieciséis huevos, se hace en la tierra, bajo el árbol y en dirección al naciente, una cruz con manteca de cacao. Sobre esta cruz se van colocando los huevos desprovistos de la cáscara y se repite la misma petición cada vez que se le ofrece uno. Por último se le dice: “Deseo que en tantos días me concedas lo que te pido”, (“porque es prudente fijarle un término”…) y todavía será más eficaz el ruego, y el resultado plenamente satisfactorio, si junto a cada huevo se coloca un centavo viejo. “Para que un enemigo se tranquilice y no nos haga más daño, se salcochan cuatro u ocho huevos, se untan de manteca de cacao, aceite de almendra y bálsamo tranquilo, se tapan con algodón, y cuando la tarde declina, se llevan y se colocan entre las raíces de la ceiba y se llama a quien se quiera tranquilizar. Se habla con Obatalá que está allí en su mismo trono, y ella, la apaciguadora, se encarga de amansar y hacer variar a ese enemigo”.

“Una hermana de Oyá, muy delicada, que se tiene en cazuela de barro, representada por dos caracoles torneados de nácar, vive al pie de Iroko, y come (recibe el sacrificio) sobre una mesa.”

“Madre de todas las prendas, le da sombra a todo el mundo, ampara al que le implora. Sin
Sanda-Naribé no hay nganga”.

Además de los muertos que van a posar en su fronda, y de todos los orishas, mpúngus, inkisos o nkitas y nfúmbis, “hay en ella un fodú (vodu) potentísimo que se llama Bóku”, (arará). También lo encontramos en la palma real. “Iroko, Bóku, Lóko… son santos que radican en la ceiba”.

- Buenas tardes, Madre Ceiba, la bendición”, le oía decir en alta voz y persignándose, a una octogenaria que me acompañaba en un ingenio matancero cuando saludaba en mi presencia alguna
ceiba, y me decía, que se dirigía a ésta “como a la Señora Madre de Dios”.

- “Con su permiso voy a pisar su sombra”, se le advierte, pues jamás se debe pasar junto a una ceiba sin antes cumplir esta formalidad. “¡No volverle nunca la espalda, mucho respeto, mucha
urbanidad con Iroko!” La sombra sagrada de Iroko no se cruza, no se pisa sin excusarse de antemano y sin solicitar respetuosamente su consentimiento. A. Z. se tendió desaprensivamente a descansar un rato bajo una joven ceiba. “No pidió permiso, ni andaba creyendo”, decía él, “en tantas historietas de negros viejos”. Perdió el conocimiento. El espíritu le hizo saber qué era “fúmbe”. “Simbao”, – es decir, inconsciente -, estuvo más de dos horas, y desde entonces…

Cuanto más importante un hombre en la tierra, cuanto más elevada su jerarquía, más pronto al expirar irá su espíritu a refugiarse en este árbol. Los espíritus de los más ilustres, “los grandes, las cabezas grandes” – los moana mutámba – se albergan en ella: y aún más, vienen de Guinea los antepasados, los abuelos desconocidos a parar en sus ramas vigorosas. “Iroko es el punto de reunión de las almas”. “Africanos y criollos muertos, todos los difuntos se encuentran en Iroko”. “Iroko es siempre una asamblea de espíritus”… “Munansó de los Fúmbe”.

“Con los espíritus del monte, de nfindo, cunánfindo y de los árboles, están los espíritus de los muertos.”

Los mayomberos como hemos visto, llaman Fúmbe a la ceiba.

Así una joven a quien el alma de su madre atormentó un tiempo impidiéndole dormir y apareciéndosele en sus sueños agitados, le llevaba todos los lunes en una cazuela nueva, (para ofrecerle comida a los muertos se emplea siempre un recipiente nuevo) frijoles negros, un plátano salcochado y un pedazo de tasajo, no al cementerio, pues su madre había sido enterrada en un pueblo distante de La Habana, sino a la ceiba. Es menester cuidar que esta cazuela no se rompa en el camino; se la sostiene todo el tiempo con la mano izquierda y se marcha siempre en línea recta.

Generalmente en el campo las familias dan de comer a sus muertos en las ceibas, “porque arriba del árbol hay una santa sentada que llama a los espíritus, a todas las ánimas. Las ánimas difuntas van al árbol. Se hace un trazo en la tierra, y sobre este trazo se les pone siempre, de preferencia en una jícara o en un plato blanco nuevo, la comida que más le apetecía en vida, sin iyó, (sal), porque los muertos no pueden probar la sal; agua, café, bebida – si era de su agrado -, o tabaco; y se encienden cuatro velas. Allí se llama al difunto y el difunto viene”.

Iroko o nkunia Sambi protege a todos por igual: “no distingue rico ni pobre, es como el sol”. “Cuando el diluvio universal, fue el único árbol que respetaron las aguas”. “Era poyata del cielo”. Pilar. Las aguas se detenían a cierta distancia y los hombres y animales que se refugiaron en ella se libraron de perecer ahogados. Así no se extinguió la especie humana. “Por ella bajaron los hombres a la tierra”. Este papel de salvadora de las especies lo desempeña, en ocasión de una sequía universal que extermina a todos los seres vivientes, el aura tiñosa, la no menos venerada icolé, colé-colé, egú lugú o caná-caná de los lucumís, en un camino o avatar de Oshun, compaña inseparable de esta diosa. Es el nsuso – pájaro, mayimbe de los congos. En cierta ocasión “en que el cielo y la tierra se emperraron, y el cielo, para castigar a la tierra, no llovía”, el aura llevó la rogativa que hombres y animales, víctimas de aquella rencilla, le enviaron con ella a Olóddumare, pidiendo y obteniendo al fin su perdón. Desde entonces este pájaro nauseabundo, pero que todos los negros tienen, con razón, por sagrado y semidivino, mereció que Olofi lo bendijese – por eso no tiene plumas en la cabeza – y le asegurara el sustento por la eternidad. Lo nombró, además, “mensajero de los hombres y de Dios”.

“Caná-caná es el animal que cuando todo el mundo muere de hambre siempre encuentra qué comer”. Y ya se sabe en qué consiste la alimentación de este cuervo, devorador de carroñas y basuras. “Pero todo el mundo tiene que darle de comer, porque es santa, y a la par que come Elegguá, el día de un tambor, se le echan las tripas de los animales en el tejado. Los santeros tienen que alimentarla”.

A las altas ceibas viejas sin verdor, interiormente carcomidas por el tiempo, que elevan al cielo sus brazos gigantescos y torcidos, este nsuso Mayimbe, me cuenta un nieto de congo, va siempre a lamentarse después de la lluvia. “Cuando lángo-lángo mámba Sambiánpungo, Mayimbe guari-guari”… Es decir, cuando Dios llueve, Mayimbe refunfuña y se siente mal. Mayimbe no tiene nso, no tiene casa propia. Vive en cualquier parte. “¡No puedo seguir así, sin un techo; tengo que fabricarme una casa para no mojarme”, rezonga mientras cae la lluvia. Cesa el chaparrón, brilla el sol de nuevo y Mayimbe, posada en un muñón de la ceiba, abre las alas mojadas, “se pone en cruz” como dice d pueblo, para que Tángo (el sol) la seque, y entonces, todo d mundo le lanza alguna indirecta, se burla de ella.

“¡Insambirirá!”, dice entonces Mayimbe, “Ntoto luweña musi-musi”… Pero, a la vez que protesta por lo bajo, ve desde lo alto de la ceiba — “Inguirico cuenda mensu vititi Ngombe que nfüire yo úrria kiá mbisi kiá kiá luweña musi-musi, Insambirirá” -, ve al buey que va a morir. “No tengo casa… pero el sol ya me secó”, dice Mayimbe, “después que me coma al buey (ngombe), ¡me ensucio en todo el mundo!” Y hasta el próximo aguacero abandona d proyecto de hacerse de un techo que la guarezca de la lluvia.

Además de las auras, las lechuzas. Susundamba, por su parentesco con la muerte, se relacionan también con las ceibas, y a la par que los muertos, van a ellas.

“Susundamba, pone huevo en la ceiba con Mayombe,
Huevo en la Ceiba, con Mayombe.”

Fugitiva la Virgen María con el niño Jesús, se escondió en el hueco de una ceiba, “la ceiba se abrió” para albergarla y allí burló a sus perseguidores: el tronco se cubrió de espinas para proteger a la Madre y al Niño Divino. Desde entonces “las ceibas se abren una vez al año, y aparece la Virgen”. Muchos han tenido la suerte de verla. “Naturalmente, su madera es sacrosanta, pues no sólo la Virgen María la bendijo, sino que estuvo en contacto con los divinos cuerpos de la Madre y del Hijo. Otra de las pruebas de la santidad de este palo para el guajiro, es su limpieza: no produce basuras, la tierra que la circunda y recibe sus divinas emanaciones está siempre exenta de hojas secas, y cuando florece y arroja el tenue vellón de sus flores casi impalpables, que se emplean en colchones y almohadas, lo esparce a lo lejos: “para no ensuciarse, de escrupulosa que es”.

Como otros árboles – la palma, el jagüey, padre de palos y la caña brava, la ceiba le habla al brujo que se prepara para conversar con ella. Este, “jura nganga” en la ceiba y golpea impetuosamente el tronco con su cabeza, ¡oh milagro! sin hacerse daño.

Se sabe que de noche las ceibas conversan, andan y se trasladan de un lugar a otro. “Caminan por la sabana”. Sobre este deambular nocturno de las ceibas, por odá, la sabana, Juan O’Farril nos relata la historia de un hombre que tuvo la suerte de sorprender el diálogo de dos ceibas.

Pero antes, entona el mambo que se les canta en los juegos de palo, a la media noche.
Sanda Naribé Ndinga mundo
Sanda Nkunia Naribé Pangalán boco.
Sanda fumandanga Medio tango
Dinga nguei Bobbela Ngúngu
Medio tango…
“Era un hombre muy pobre que tenía una caterva de hijos. Le sorprendió la noche en el campo, lejos de su casa; cansado, pero no queriendo volver sin llevarles algo de comer, se acurrucó a descansar un rato en el estribo de una ceiba. Se quedó dormido. Serían las doce, hora en que las ceibas caminan, cuando lo despertó un ruido. El ruido era un bulto negro grandísimo que venía hacia él, que quedó muy quieto donde estaba y que era otra ceiba que se acercaba.

Las ceibas saludándose: Malembe Nguei, Malembe Mpolo.

– ¿Kindiambo, kilienso guatuka nguei? (¿Qué hay de nuevo?)

- ¿Qué hay? Pues figúrate que yo vivo frente al palacio del alcalde – le dice la ceiba que va de paso a la otra, que empieza a mover las raíces para irse también de recorrido -, y que el
alcalde no hace más que llorar y llorar desde ayer, como si fuese una mujer, porque su hija ¡búta ndumba! (muchacha bonita) se le muere de una enfermedad que nadie sabe curar y que no tiene
más que un remedio.

– ¿Cuál? – pregunta a la otra ceiba.

- Si la envuelven en una sábana nueva y la tienen tres horas sobre una paila de guarapo llena de leche hirviendo con canela y miel, tomando el vapor de esa leche, y rezan sakula musakula múnbansa musu kuenda sanga ntiba karidi fuyánde… esa muchacha se salva.

- Es verdad, – dijo la ceiba -. Ese es el remedio. ¿Y ahora, adónde vas?

– Voy a ver a mi tía.

- Y yo a mi hermana.

- Buen lúmbo…

La ceiba no se había dado cuenta que tenía a aquel hombre escondido en los estribos, porque cuando él llegó, ella estaba durmiendo. El hombre se fué muy calladito, sin meter ruido, pero había oído lo suficiente…

De noche las ceibas se despiertan a eso de las doce y salen a hacerse visitas, tienen sus tertulias y sus diversiones. Esas se quedaron paliqueando hasta tarde y el pobre, kíangana, kíangana, kíangana, llegó al palacio de la Alcaldía y esperó a la puerta hasta que aclaró. Dijo que era un médico que no curaba más que a los enfermos muy graves, y el alcalde lo mandó a entrar.

- Si me curas a mi hija te haré rico. Si mi hija se muere mando que te tronchen la cabeza.

El hombre vio a la enferma, rezó e hizo todo lo que le había oído a la ceiba. ¡La muchacha sudando la gota gorda sobre la paila de leche hirviendo! A las tres horas la llevó a la cama bien envuelta, para que no se enfriase. Cada vez respiraba mejor. Mandó a abrir las ventanas que no se abrían desde hacía muchos días. Entró el rayo del sol: la enferma abrió los ojos. Ya se curó. El alcalde le dice al pobre: Yo quiero que usted sea el médico de la familia.

- Señor alcalde, yo no sé curar más que a los que no tienen cura.

Lo metieron en una volanta, se la llenaron de dinero, y se apareció en su casa. Ahora… ¡a comprar de todo!

Por estas cosas raras, de la noche a la mañana, se hace rico algún pobrete.”

Recinto del Todopoderoso, de Babbaddé, de todos los Obatalá – hembras y varones -, el que se encomienda a la ceiba y algo le ofrece a cambio de un favor, debe ser muy exacto en cumplirle lo prometido. En la leyenda, Madre Iroko-Oko castiga implacablemente al moroso que olvida la gracia concedida y dilata peligrosamente el pago de la deuda. He aquí una de estas historias que acompaña un canto muy conocido y gracioso, pues el narrador imita con los brazos – las ramas – y con los pies – las raíces – los movimientos de la danza del árbol grandioso.

Erubbá, la vendedora de frutas iba al mercado y cruzaba a diario junto a iroko con su canasta en la cabeza. Todos los días le dejaba alguna ofrenda y le pedía la gracia de concebir un hijo que la acompañase, y más tarde, la ayudase en sus trabajos. En pago de aquel favor Erubbá le prometió un carnero. Madre Ceiba atendió su ruego y “Erubbá… Achú kwán” – iya obi omó: dió a luz una niña. Sin embargo olvidó sus ofrecimientos. Dejó de visitar a Iroko. Así es el mundo, y casi nadie, sólo cuando truena, dice Changó que la gente se acuerda de decirle:

“Káwuo Kabie Si
Oggana malla malla junto
Déddé mitoné”

y de echarle agua en las puertas o quemar el guano bendito.

La niña creció, y un día Erubbá pasó con su hija por la sombra de Iroko. Erubbá saludó, más siguió de largo con su canasta de frutas en la cabeza. La niña se detuvo junto al árbol al que debía la vida. Recogió una piedrecilla, una yerba que le llamó la atención y no hizo caso de su madre que continuó andando más de prisa que de costumbre, como quien esquiva la explicación a que se siente obligado un deudor que se tropieza a su acreedor. Cuando a cierta distancia prudencial, Erubbá se volvió para llamar a su hija, vió a Iroko bailando:

“¿Yllón. yon, kuán, omó layón Kuán!”

La inmensa Iroko bailaba; abrían sus raigones un hoyo en la tierra y la niña se hundía en aquel hoyo. Erubbá corrió a rescatar a su hija, pero ésta sepultada ya en la tierra que se cerraba de nuevo en torno suyo, sólo tenía de fuera la cabeza.

– “Perdon, Iroko”, – gimió la mujer -, “te pagaré lo que te debo”. Y comenzó a ofrecerle:

“Curucarukú yeyé curé oguttá
Omolé ambio oumolé
Omolé ambio oumolé
Omolé ambio yán
Yán Yán Iroko”.

La ceiba, inexorable, continuaba bailando y le cantó a su vez:

“Yón-Yón-Yón kuá mi
Omólorayón kuán
Como layón kua mi”.

Y se tragó a la hija de Erubbá.

“Para lograr un hijo hay que hacer rogación al pie de Iroko, pedírselo, y todos los años, si lo concede, llevarle un carnero en pago”.

(No es Iroko, es Bomá quien da hijos a las mujeres.)

“Cosas muy grandes han sucedido siempre en las ceibas. María Kinga, – Yaya-lánde -, voló a su tierra desde una ceiba en un monte de la finca Valladares.”

“María Kinga se llamó en Cuba. En África dicen que María Kinga se llamaba Eyandé Laué y que era hija de un jefe brujo, un Nfumo. Que nació en una cueva de culebras y que se crió jugando con las iniokas (culebras). La robaron los traficantes. Vino a Cuba y la vendieron al Santa Ana del Limonar. El mayoral se enamoró de la negra. Ella no lo quiso. El mayoral mandó que le dieran componte. María Kinga huyó del barracón a un horno de cal. Pero se descubrió donde estaba, cercaron el horno y la negra escapó a vuelo y fué a parar a Alacranes, al pie de una ceiba grandísima. Los rancheadores la descubrieron sentada en un estribo. María Kinga los vió venir con los perros, y subió a lo más alto de la ceiba.

“Empezaron a derribar el árbol. De repente una tromba en forma de águila se abatió sobre la ceiba, y María Kinga desapareció con ella, y volando se fue a su tierra. Su padre era mfumo-Sánga, más que Kintoala. ¿Cómo no iba a protegerla la santísima ceiba, que es madre de los nkitas?”

Un taita nkisi me cuenta que el encuentro de Tubisi Insambi y de Mpúngu Nsambi, el Dios Mayor del Cielo y el de la Tierra, ocurrió, al principio del mundo, a la sombra de estos árboles.

Ambos tenían las piernas rígidas; “no podían doblar las rodillas. Eran enterizas. Tubisi Nsambi era Dios y Mpungu Nsambi era Santo. Nacieron separados, cada uno en un extremo del mundo: no se conocían y se runieron por casualidad junto a la ceiba, el árbol de Tubisi Nsambi y de Mpúngu Sambi: de Dios y de los santos. Bravos, peleones, no mataban, pero pegaban y eran invencibles. Cansados de ganarle a todo el que luchaba con ellos, salieron de sus respectivos territorios buscando algún rival más digno de enfrentárseles. Anduvieron mucho y en el medio del mundo se encontraron.

Oscureciendo, cada uno por un camino diferente, llegaron a una ceiba (que estaba en el centro de la tierra). Tubisián Nsambi llegó primero y se acostó. Un poco más tarde llegó Npúngu Nsambi y se tendió enfrente, al pie de otra ceiba cubierta por un jagüey. Al aclarar se despertaron: Tubisia Nsambi abrió los ojos y vio a Mpúngu bajo la ceiba-jagüey, bostezando y estirándose.

Dijo: – Buenos días, amigo. ¿Qué te trae por aquí?

- No me gustan las preguntas, contestó Mpúngu, y saltó sobre Tubisia Nsambi.

Tubisia, en la lucha, lanzaba al aire a Mpungu, y Mpungu caía derecho sobre sus piernas. Al fin los dos se partieron las piernas y Tubisia Nsambi-Nsambi dijo: Ya nadie nacerá con las piernas rectas.

Otro viejo mfumo-ngánga, al asegurarme que todo el que se acoge a la ceiba pídiéndole auxilio obtiene la protección de la Virgen María, ilustra su afirmación con esta historia: “Ngana Santa María, Ceiba, Fortuna Ngongo, tiene misericordia. Lo que le voy a contar, milagro de ceiba, fué así.

Una mujer parió una hija sarnosa. Le dio tanto asco que dijo: — ¡No quiero hija con tanta ñáñara! y la abandonó en un basurero al pie de una guásima. Ud. sabe, la guásima es árbol que no tiene responsabilidad; allí se cuelga a un hombre y no hay novedad. La justicia no indaga.

Vino un nsuso, un pájaro, la vio y dijo: ¡pero si es una criaturita de Dios, y está viva! Yo me la iba a comer, pero… también soy madre. La envolvió en un algodón y la depositó en la raíz de una ceiba. Al día siguiente la vio un tié tié. La recogió y la subió a la ceiba, y allí arriba le dijo: Con su permiso, ayúdeme, la voy a llevar al cielo. La ceiba le dio fuerzas, y con la niña bien envuelta en algodón, llegó al cielo cantando.

Yén yén yéguere mayém
Kiva mío
¡ Prúu!
Kwá mío Kwámio

Y tocó a la puerta y la misma Virgen le abrió.

-¿Quién es?

- Yo, Tié tié.

Dijo la Virgen:

– ¡Alabado sea! Tan lejos como estamos y hasta aquí nos persiguen ustedes…

-No, señora Mamita. Mira lo que traigo.

– ¿Pero quién parió ese muchacho? ¡Dámelo acá! Pobrecito…

Le dio un baño de yerbas y se le quitó del cuerpo el granerío. Y era una niña muy linda.

– Bueno, bueno, Tomeguín.

La Virgen escribió una carta.

- Dale esta carta al Gavilán, (el rey de los pájaros). Ahí le digo que al Tié tié ningún otro pájaro lo agarre en el monte. Y que él dé un bando ordenando que todos te ayuden y favorezcan.

Sí, el Tomeguín tiene muchas virtudes”. Lo veremos igual que al Zún Zún como un elemento de gran valor en la preparación de muchos filtros, polvos y amuletos. “Por eso cuando él hace su nido, los demás pájaros lo ayudan.

Arriba la niña recogida creciendo con la Virgen María, sana y bonita, y abajo, la mujer que la había echado a la basura por sarnosa, parió otra hija que nació sin bubas.

Un día que la mujer la mandó a su campo a pilar arroz, pues desde muy tierna la obligó a trabajar y la maltrataba, la hermana que estaba en el cielo la vé pilando, descascarando y aventando el arroz, recogiéndolo y guardándolo en una vasija. Y la que estaba en el cielo, con permiso de la Virgen, bajó por una cadena, con un pilón de oro, una mano de oro y un aventador. Y le dijo a su hermana:

- Descansa; acuéstate en el pajón, que yo trabajaré por ti. Y le dijo quien era y donde vivía. Le contó cómo su madre la había echado a morir en el basurero, como una basura más.

– ¡Ay! ¡yo quisiera ser también hija de la Virgen! ¿Es muy bonita?

- ¡Tás jugando! ¿si es bonita? ¡Lo más lindo que hay! Y bien vestida… ¡Echa un lujo! Pero… ¿cuanto arroz te mandó a pilar Mamá?

– Doce mancuernas.

- Descansa.

Y la hermana a dar pilón:

Amo góró baragá
Amo góró baragá
Abóngo fánga
fánga fánga

Cuando terminó, prontísimo, dice la otra asombrada:

– ¿Y como podré ahora cargar tanto arroz?

La hermana se lo llevó hasta la casa, porque el arrozal, el conuco, estaba a distancia de la casa.

La madre cada vez fué cargando más de trabajo a su hija, que rendía por cuatro. Era una mujer de muy malos sentimientos.

Prosperaba, y como no trabajaba, que el arroz se le daba tan abundante, y su hija todo se lo hacía, empezó a dar fiesta; y la chiquita metiendo el hombro para que su madre fiestease. Pero la hermana le decía. Juega, que yo termino pronto. Y en un momento despachaba la labor.

Ahora la madre prepara un banquetazo para todos los amigos y los parientes y había que pilar mucho, pero mucho arroz. Llevó a su hija al conuco, la dejó allí, y apenas volvió la espalda, bajó la hermana. Se besaron… (por eso, desde entonces en el mundo las mujeres se besan) y ese día, trajo chocolate del cielo y bizcochuelo y una botella de vino dulce, que su hermana no había probado nunca en la tierra.

Tanto arroz llegó una hora después a la casa que la mujer tavo sospechas de algo raro.

–¿Tú sola, pero tú sola, pilaste todo eso? ¿Nadie te ayudó?

– Yo sola… ¿Quien me va a ayudar?

Y la mujer le dijo en secreto a su marido:

- Ella sola no puede haber hecho eso. Por mucho que coman los invitados, sobrará arroz. Vé al pueblo a vender la mitad.

Y a la hija le dijo: Mañana apílame otro tanto.

La hija obedeció y fue temprano al conuco. Los padres se habían levantado antes que ella y se escondieron para observarla.

– La muchachita miró al cielo y llamó a su hermana.

– ¡Ngó! vamo a vé…

– Y la hermana enseguida bajó por la cadena.

Los padres vieron a la señorita que bajaba del cielo por una cadena, que abrazaba y besaba a su hija y luego le decía:

- No hay prisa. Siéntate que te voy a peinar. La peinó, la vistió con un vestido azul celeste que le traía, y luego los padres oyeron lo que hablaba. Sí, porque la del cielo hablaba alto con toda idea, para que la oyesen:

– Mi madre me tiró al basurero. Nuestra madre es malvada. Mayimbe me retiró de la basura y me llevó al estribo de Mamá Ungunda. Como es cosa de la Virgen, con favor de Ngunda, el tié tié me llevó al cielo, y en el cielo estoy con mi Madrina la Virgen Santísima. Ella me dió el pilón de oro y la mano de oro.

El padre no sabía lo que aquella mujer había hecho con su primera hija. El hombre no era tan malo. Aquello le dolió… A la madre, oyendo escondida, como era avariciosa, le entraron ganas de robarse el pilón y la mano de oro.

- Hoy no trabajamos. Magdalena y la Caridad del Cobre tienen visitas y voy a apilar en el cielo para los santos. Y se puso a bailar y a hacer como si apilara.

Yen yen Ngó
Mandarin fangara
Ko maranguen
Ke abororin

- ¡Y ahora, que si se me escapa para el cielo se me lleve el pilón y la mano de oro! pensó la mujer. Y con la rabia que le dio esta idea salió arrebatada para coger mano y pilón y a las hijas también; pero la hermana mayor, agarrando a la chiquita, se colgó de la cadena. Y las dos subieron sin olvidarse del pilón y de la mano y se perdieron de vista entre una nube.

El marido mató a la mujer como a un perro, y las muchachas, hasta ahora, en grande con la Virgen María, que en congo se llama Kéngue.

Ni el dinero se queda callado en ningún bolsillo, ni se queda sin castigo el daño que se hizo en esta vida”.

Hace mucho tiempo, – me cuenta también un joven babalao (Patakin de Odi-Melli) – “cuando empezaba el mundo”, los cadáveres no se enterraban, se llevaban al monte y se depositaban al pie de las ceibas. Fué un marido burlado, Mofá, quien puso fin a esta costumbre e hizo cavar la primera fosa para castigar a su mujer, a quien enterró viva… Este Mofá de la leyenda vivía prendado de su mujer, que no lo quería ni a él ni a su hijo, y tenía un ale, un amante que no valía lo que Mofá, y que estaba muy lejos de amarla como Mofá. Sin embargo, le decía a Mofá que no podía vivir sin él, y al amante, que no podía sufrir más la presencia de Mofá. Un día éste le preguntó si estaba dispuesta a deshacerse de su marido. El hombre había ideado que se fingiese muerta, y cuando la dejasen bajo la ceiba, él iría a buscarla de madrugada y la conduciría a su casa. Dicho y hecho: y aquella misma noche la mujer murió. La desesperación de Mofá no tuvo límites, pero llegó el momento en que no quedó más remedio que abandonarle el cadáver a Iroko, y el amante, como habían convenido, a la madrugada se la llevó del monte tan viva como estaba a la hora de su muerte, y después de su muerte repentina.

Pasó algún tiempo y el amante de la mujer de Mofá, que vendía quimbombó en la plaza, pensó que era ella quien debía vender d quimbombó y él quedarse en la casa sin hacer nada. Y la mujer ocupó su lugar en el mercado. Un día vio venir a su hijo que, sin sospechar quien era, tenía costumbre de comprarle el quimbombó al amante de su madre. El hijo la reconoció y le echó los brazos al cuello, pero aquella mujer lo rechazó con la mayor dureza protestaado que no era su madre, ni madre de nadie. Sin embargo, el muchacho no dudó un instante: volvió a su casa, le aseguró a Mofá que su madre vivía y que se hallaba en el mercado vendiendo quimbombó.

- Desgraciadamente tu iyá está muerta, hijo mío. Muerta la dejamos bajo la ceiba.

Tres días después, cediendo a la insistencia desesperada del muchacho, Mofá fue a la plaza y reconociendo al punto a la mujer que había adorado, también la quiso estrechar en sus brazos. Ella gritaba con toda la fuerza de sus pulmones, pero el pobre Mofá gritaba más recio, y un gentío que no tardó en rodearlos presenció aquella extraña escena.

Acudió el hijo de Mofá, que había seguido los pasos de su padre, y se descubrió públicamente la traición de la mala mujer que había hecho a la muerte cómplice de su delito. La muchedumbre pedía un castigo, y Mofá propuso – temiendo una nueva traición – que se abriera en la tierra un hueco muy hondo y quedase allí enterrada como una semilla. “No era costumbre en aquel pueblo”, especifica el babalawo, “que las mujeres tarreasen (sic) a sus maridos”. Y a partir de aquel suceso los cadáveres no se llevaron más a Iroko, como había sido costumbre, sino que se sepultaron a cuatro metros bajo tierra.

Enterrado hasta los hombros cabe una ceiba, estuvo largos años el gran dios Adivino Orula u Orúmila, — San Francisco, el padre Tiempo de los congos – que nació, según una versión, después del juramento que hizo Obatalá de no tener más hijos varones. Se comprende la terrible decepción que llevó a Obatalá a formular semejante juramento: su hijo Oggún había cometido incesto con su madre, Yému. Pero Changó, su hijo predilecto, su confidente desde la niñez, había escuchado de sus propios labios la historia de aquella tragedia familiar y odiaba a su hermano Oggún, maldito desde entonces por el Padre, y condenado a trabajar, eternamente, en forma de hierro.

Changó ya había vengado también de cierto modo a su padre, robándole a Oggún su mujer Oyá, y ahora deseaba salvar a su hermano Orúla. Sirviendo de pretexto cierta angustiosa y difícil situación por la que hubo de atravesar, como rey, Obatalá, y que acaso, debido a sus años, no podía vencer, Changó supo aprovechar una ocasión en que Obatalá se lamentaba en presencia de Yému, su mujer, y de Elegguá, el más pequeño de los orishas, de la adversidad que lo perseguía, aumentando a su edad, trabajos y quebrantos. Changó insinuó que el origen de aquellos males era sin duda el enterramiento de Orula.

- “¿Y que puedo hacer ahora?”, preguntó Obatalá. “Orula está en manos de Olofi. Yo mismo lo enterré vivo debajo de una ceiba. ¡Orula está en manos de Olofi!”

Ignoraba Obatalá que Elegguá lo había seguido aquella vez y había visto en qué lugar, – donde se alzaba inmensa al cielo una ceiba solemne – había sepultado a Orula, dejándole, – detalle que no recordaba el anciano y desmemoriado dios,- la cabeza y los hombros fuera de la tierra; que todos los días su madre Yému le enviaba de comer con Elegguá; que la ceiba lo protegía de todas las inclemencias; que Orula en fin, vivía, pero preso más que nada; por el juramento, la palabra, oro, de su padre.

- “Orula aún vive”, le dijo entonces Elegguá. “Al pasar junto a una ceiba vi un hombre, negro colorado, enterrado hasta los hombros. Y nunca desde que lo encontré he dejado de ir a la ceiba
a alimentarle”.

Recordó Obatalá y exclamó: “Ese hombre, al amparo de la ceiba, es Orula”.

- “Orula, Babami”, – volvió a decir Changó! “tiene la gracia de Olofi en su lengua y en sus ojos y puede poner fin a nuestros males”. Obatalá se aprestó a partir inmediatamente en busca de la ceiba que cobijaba a Orula. La leyenda añade que habiendo perdido la memoria, no recordaba ya el camino, y que Elegguá, para no herir su susceptibilidad, y orientarlo sin que el Viejo se percatase, se le aparecía en todas las esquinas y por el sendero, asumiendo formas distintas, hasta llevarlo a la ceiba. Y cada vez, también, que Obatalá se encontraba con un personaje diferente, le ofrecía un poco de comida que llevaba en una cazuela. Ibéru Babamí, le dijo Orula al verlo. “¡Ibósise, Orúmbila!” respondió Obatalá y lo desenterró. Cortó un pedazo del tronco, hizo un tablero de adivinar con la madera, que es sagrada para todos los babalawos, y se lo entregó a su hijo, a quien hizo dueño de Ifá y del tablero. Orula comenzó a “registrar” inmediatamente, y como bien había dicho Changó, halló los medios de triunfar de cuantas dificultades abrumaban en aquella época a Obalá y a los orishas.

En otra ocasión, Obatalá ordenó a tres de sus esclavos, a Aruma, a Addima-Addima y a Achama, que fuesen a cortar guano (marigwö) para hacerse una casa. Addima-Addima tuvo la precaución de hacer ebbó antes de internarse en el monte, pero Orula, le pidió para hacércelo el machete que llevaba – que no era suyo, sino de Obatalá – y cuando se reunió con Aruma y Achama, y le vieron sin machete, éstos se rieron de él. Le dijeron que cortase el guano con los dientes y lo dejaron solo.

Addima Addima dispuesto, no a cortar las pencas con los dientes, pero sí a arrancarlas con las manos, se entró en el monte buscando las palmeras más bajas. Una ceiba llamó enseguida su atención. Un bulto extraño colgaba atado al tronco. y Addima, ayudándose de un palo, logró desprenderlo y hacerlo caer. Halló dentro una gran cantidad de plumas de loro. El hallazgo era de una importancia incalculable… Obatalá en secreto buscaba con gran afán plumas de loros. Estos escaseaban extrañamente desde hacia tiempo, y nada podía tener tanto precio a los ojos del gran Orisha, modelador y rey del género humano, como aquellas plumas que a la sazón necesitaba urgentemente. Addima Addima sabia tejer. Tejió inmediatamente un cesto de mariguano y en él guardó y dispuso lindamente las plumas codiciadas. No había terminado de amarrar aquel precioso cesto cuando vio cerca de la ceiba un ayanáku, un elefante muerto. Le arrancó los dos colmillos blancos, magníficos, y los ató con las plumas.

Achama y Aruma llegaron mucho antes que Addima-Addima al ilé de Obatalá. Y el Orishánla preguntó por Addima. “No sabemos. No siguió con nosotros. Nos dijo que le había entregado a Orula su machete”. “¿Mi machete? ¿El machete que le di para que me sirviese?”, tronó Obatalá. Y llamó a Oggún y le dijo: “En cuanto llegue Addima-Addima, que ha perdido mi machete, cortale la cabeza y bébete su sangre”. Y Oggún, — unlo oló adá okutá, — afiló su machete y se sentó a esperar a Addima- Addima. Pero cuando éste apareció, lo primero que vio Obatalá fueron las plumas de loro y los espléndidos enjinrin, colmillos, que traía el muchacho muy ufano, y le hizo un gesto a Oggún que iba a ponerse de pie para cumplir sus órdenes.

Addima-Addima colocó ante Obatalá las plumas y los marfiles. Éste envió a buscar un chivo y se lo entregó a Oggún. “Toma este chivo, córtale la cabeza. bébete la sangre, y márchate”. Y en su alegría, Obatalá bendijo a Addima que “había visto lo que él necesitaba”; lo cubrió de riquezas, y por ifóyúe, igó, ciegos y estúpidos, castigó a Aruma y a Achama.

(“Addima-Addima,” dice N. “es Changó, pero ya muchas santeras jóvenes no lo saben”.)

 

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jun 08

La Santería: Mitos y Realidad

Por: Carmen Karin Aldrey
A través de los tiempos, la Santería ha sido vista en algunos sectores no como una religión, sino como un culto o una secta y en el peor de los casos, como una práctica malévola orientada a la adoración de ídolos satánicos.

En realidad, la Santería es una religión muy similar al catolicismo, con un panteón y una estructura orgánica que en poco difieren de otras mitologías y en donde Olodumare (Olofi), cumple la función de dios supremo y los Orichás (Santos) tienen a su haber la responsabilidad de hacer cumplir sus designios.

Tal como nuestro Dios cristiano o hebreo, el griego (Zeus), el romano (Júpiter), el egipcio (Osiris), o como otros tantos símbolos divinos que existen y han existido en diferentes culturas, Olodumare es energía cósmica y creador del Universo en la mitología yoruba. Y tal como Afrodita (diosa griega de la belleza y el amor, Venus para los romanos), Oshún es la diosa del amor, la sexualidad y las aguas dulces en la religión yoruba, aunque no aparezca en las enciclopedias y el oscurantismo haya creado una nube de desinformación alrededor de este tema, por demás tan rico en leyendas y espiritualidad como en cualquier mitología existente.

Lejos de ese dios castigador y prepotente con que se identifican generalmente a las divinidades supremas, Olodumare es visto por los yorubas como “un dios imparcial que controla el destino de todos los hombres (…) y los juzga de acuerdo con los sentimientos íntimos de éstos, con su personalidad y con su carácter, incluso sus pensamientos (…); es el único que puede juzgar la moralidad de una persona, y de acuerdo con esto que uno al final, recibe lo que se merece en esta vida.”(1)

Por otra parte, la Santería no es más que el producto de una sincretización (2) ocurrida cuatro siglos atrás, cuando los traficantes de esclavos trajeron de Nigeria y de otras regiones africanas al nuevo mundo la mano de obra que sustituiría a la mermada población aborigen, la que hasta ese momento era la encargada de sustentar la economía de la colonia.

En el proceso de cristianización implementado por los conquistadores, los africanos tuvieron la necesidad de disfrazar sus prácticas religiosas que habían sido prohibidas y empezaron a identificar a sus dioses con los santos católicos para poder ejercer sus rituales. Es así como Oshún pasa a ser la Vírgen de la Caridad, Yemayá la Vírgen de Regla, Babalú Ayé San Lázaro, y así con todas las deidades del panteón yoruba.

De la misma forma que a Abraham le fue demandado el sacrificio de su hijo por Dios y de que éste le ofreció a cambio la vida de un carnero, de idéntica manera los yorubas y otros tantos pueblos a través de la Historia, han ofrendado a sus dioses la vida para obtener a cambio beneficios terrenales y divinos, de modo que es injusto el “arquetipo” creado alrededor de esta religión por el simple hecho de provenir de los negros esclavos y de haber sido practicada involuntariamente al margen de la sociedad.

Sólo Dios (Olodumare, Zeus, Osiris, Júpiter, Buda, Krishna, Coatlicue, Viracocha, etc.), es quien goza del alto y complicado privilegio de juzgar. Los demás sólo somos piezas de un retablo que vinimos a cumplir con un destino. Supongo que nuestro deber es aceptar nuestro papel, aprender a estar abiertos al papel de los demás y asumir que todos los caminos del mundo nos llevan a un mismo dios.

Como diría Xokonoschtletl: “Cuando (…) oyen silbar al viento y borboritar a un arroyo, cuando oyen susurrar las hojas y crujir al árbol, para ellos no son más que ruidos y susurros. Para nosotros son señales, mensajes y noticias de Nuestra Madre Tierra. Pero en vuestro mundo hay tanto ruido que las silenciosas conversaciones de nuestros hermanos ríos y nuestros hermanos árboles, nuestras hermanas nubes y nuestro hermano viento, ya no pueden oírse.” Y dice también: “Tres dedos te apuntan a t cuando señalas a tu hermano.”

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oct 09

Propagación del culto a los Orishas en Estados Unidos. ¿Venganza de las divinidades africanas?

Por: Jesús Fernández Cano, Antropólogo

El culto a los orisas , o divinidades del panteón yoruba, cuya variante cubana es conocida como religión lucumí, yoruba, ocha, o santería, presenta en la actualidad una paradoja. A pesar de ser una religión de origen africano y que su práctica aparece a los ojos de los occidentales como primitiva e imbuida de magia y superstición, consigue instalarse en medio de la sociedad más desarrollada del mundo occidental. La dureza de la iniciación, el gran esfuerzo que requiere su aprendizaje y el coste económico de esta religión, son enormes, y sin embargo su poder de atracción aumenta a pesar de que no se realizan labores de proselitismo. Cabe preguntarse, por tanto, qué es lo que ofrece esta religión a sus practicantes para que estén dispuestos a pagar tan alto precio. Es de suponer entonces que cubre unas necesidades y que las compensaciones son lo suficientemente atractivas como para que continúe propagándose, ante la perplejidad de una sociedad que no comprende fácilmente que incluso personas de elevado nivel educativo practiquen una religión de características tan particulares a los ojos occidentales. A pesar de la discreción con que se lleva a cabo la práctica de la religión lucumí, es evidente que el número de sus practicantes se ha incrementado notablemente en los últimos años. 

En Estados Unidos y más en concreto en Florida, el grueso de los que integran la religión lucumí son cubanos, muchos de los cuales no habían tenido relación con ella. Aun así, lo normal es que tuvieran algún conocimiento de sus mitos, hubieran asistido a alguna de las fiestas y ceremonias permitidas a los no creyentes, o en último caso, identificaran esta religión como algo propiamente cubano. 

También otros latinoamericanos van integrándose en la religión, especialmente portorriqueños. Se podría distinguir entre los latinoamericanos a dos grupos: los que provienen de áreas con influencia afro, como son los países caribeños, que ya arrastran cierto conocimiento y están más familiarizados con los remanentes de las culturas que dejaron los antiguos esclavos, y los que provienen de áreas con influencia de las culturas indígenas. Ambos grupos han estado en contacto con un tipo de creencias transmitidas oralmente a través de generaciones, que les permite aceptar más fácilmente la interconexión con el mundo espiritual y ciertos fenómenos no explicados por la ciencia moderna, así como tener un concepto amplio de lo que es religión. De ahí que acepten e incorporen sin mayor problema aspectos de otras creencias que sean similares o complementarias de las que ellos tienen.

Otro grupo que se va acercando paulatinamente al culto a los orisas es el de los afroamericanos. Ello no es de extrañar si se piensa que se les obligó a renunciar a cualquier expresión de su herencia cultural, incluida la religión, canalizando su espiritualidad hacia el protestantismo principalmente. De este modo, llegaron a crear un nuevo tipo en Estados Unidos, en el que cantan, bailan, son poseídos (por el Espíritu Santo, naturalmente) y hasta hablan en lenguas, lo cual no es si no una forma de expresión africana con formas aceptables para la sociedad en que se encuentran. Los afroamericanos que pasan a formar parte del culto a los orisas, buscan normalmente una vuelta a sus raíces, yendo directamente a iniciarse o a adquirir conocimientos y atributos con los yoruba de Nigeria. Un grupo de ellos formó en Carolina del Sur el pueblo de Oyotunji, donde se trata de reproducir un ambiente yoruba, practicando la religión de los orisas y vistiendo ropas africanas. No obstante, cada vez es más frecuente encontrar afroamericanos entre las familias religiosas cubanas. 

También hay anglosajones que están pasando a formar parte de esta religión. Algunos dentro de una familia religiosa de cubanos y otros formando su propia familia. En ocasiones, surgen ciertas tensiones cuando algún anglosajón comienza a dar muestras de no estar de acuerdo con los parámetros religiosos de los cubanos en aspectos como el secreto o el respeto a la tradición (como la comprenden los cubanos), lo que no significa que todos los cubanos sean respetuosos con ella.

Vemos entonces que la religión se extiende a pesar de la actitud poco comprensiva que muestra una sociedad como la norteamericana regida por una cosmovisión protestante. Al principio fue en Miami, Nueva York, Nueva Jersey y Los Angeles donde existía una mayor concentración de cubanos, pero paulatinamente fueron apareciendo casas religiosas y botánicas (tiendas donde se puede adquirir todo lo necesario para la práctica de la religión) por muchos otros estados de la Unión. De todos modos, es del todo imposible hacer un cálculo aproximado del número de practicantes, ni siquiera en base al número de botánicas existentes y el volumen de ventas que se realiza en ellas, puesto que muchas personas en dificultades acuden a que les consulten el oráculo y ofrecen sacrificios y ofrendas para la superación de sus problemas, y sin embargo no se les puede considerar religiosos. Se ha tratado de calcular el número de practicantes en Estados Unidos en base a estudios, con resultados dispares que van desde los 22.000 que calcula The City University of New York (ejemplo de una mala investigación), hasta varios millones, lo que muestra la dificultad de la empresa, ya que pocos santeros admiten en público su religión. 

En base al fenómeno, un tanto inverosímil, que se observa en una sociedad como la estadounidense, y poniendo un poco de imaginación, la propagación de esta religión podría comprenderse como una venganza de los orisas africanos contra la sociedad occidental. Efectivamente, tras sufrir la esclavización de millones de personas durante varios siglos y soportar la colonización del continente africano por varias décadas, su religión se incrusta en el corazón de occidente de forma silenciosa, ayudando a miles de personas a contrarrestar las dificultades de la vida en una sociedad dominada por la modernidad, la ciencia y la tecnología. Todo ello sin acudir al proselitismo, en contraposición a la actitud agresiva que muestran otras religiones como el islam, el catolicismo o las denominaciones protestantes de corte fundamentalista.

Vemos así cómo a comienzos del siglo XXI, cuando más irresistible que nunca parece la marcha frenética hacia la modernidad en las sociedades occidentales, cuando el ser humano piensa que puede controlar y dominar su entorno minimizando o eliminando a Dios, es ahora, cuando una religión como el culto a los orisas y ancestros, trabajando en un nivel semioculto, irrumpe en medio de la sociedad más avanzada del mundo y va atrayendo adeptos sin utilizar reclamo alguno. 

Este hecho no deja de llamar la atención por ser una religión traída por los esclavos al continente americano, los cuales, apenas fueron considerados socialmente. Por otra parte, la práctica de una religión en la que la relación con los espíritus es constante, se realizan sacrificios de animales, se consultan oráculos, se bailan ritmos africanos, y en muchos casos, se experimentan posesiones, amén de utilizar un lenguaje africano en las oraciones y en los cantos, no parece que sea muy compatible con la modernidad, racionalidad y pragmatismo que caracterizan nuestra época.

Los países europeos colonizaron el continente africano repartiéndoselo con arreglo a su peso internacional tras haber esclavizado a millones de africanos durante siglos. Y no solo explotaron sus recursos, si no que pusieron gran empeño en reducir las sociedades tradicionales a la nada por medio de la destrucción sistemática de sus culturas y creencias. De esa labor se encargaron encomiablemente los misioneros, tanto católicos como protestantes, que posteriormente han venido a rematar con mucho fervor las iglesias fundamentalistas de Estados Unidos.

Las sociedades tradicionales de la costa occidental africana se basaban en clanes y linajes con un destacado sentido social, que resultaban fundamentales para la supervivencia de las innumerables etnias. El desbaratamiento de sus estructuras sociales y creencias religiosas por los europeos, vino a dejarlos en un estado psicológico caracterizado por una baja autoestima, cuando no de autodesprecio, por haberles imbuido la idea de que eran pueblos muy primitivos a los que no les quedaba más remedio que despojarse de su bagaje cultural e imitar los sistemas europeos mucho más civilizados. Así es como hicieron dejación de sus sistemas sociales, creencias y costumbres, íntimamente ligados entre sí, pasando a un estado de caos social tras adoptar aspectos culturales ajenos, proceso que todavía no han podido superar.

Con sus estructuras sociales tradicionales desbaratadas, sus sistemas económicos reconfigurados para servir las necesidades occidentales, y especialmente con la colonización mental a que fueron sometidos, el problema identitario fue mayúsculo. De este modo, cuando se les empezó a conceder la independencia a mitad del siglo XX, todo un conjunto de etnias se vieron repartidas por sus colonizadores en una serie de países ficticios, reuniendo bajo cada uno de ellos, etnias que en muchos casos no tenían mucho en común. La tragedia que siguió a estos acontecimientos todavía la están pagando en forma de guerras étnicas, dictaduras, matanzas, hambrunas y pobreza, pillaje, explotación neocolonial y otras características propias de países subdesarrollados. 

Las religiones de todos estos pueblos casi han desaparecido como en el caso de los yoruba, quienes se vieron invadidos primero por el islam y más tarde por todo tipo de misioneros occidentales. Fue así como pasaron de rendir culto a sus ancestros y orisas a practicar unas religiones cuya ideología se contraponía a sus culturas tradicionales. Este es el motivo por el cual hay que acudir a América, Brasil y Cuba especialmente, si se quieren reconstruir algunos de los aspectos de las prácticas religiosas originales de los yoruba.

La religión lucumí de Cuba y ahora extendida a otros países, el candomblé y la umbanda en Brasil, el culto a Xangó en Trinidad, o el vudú en Haití, tienen una misma base, que es el culto a los orisas y ancestros. Por supuesto hay variaciones entre ellas, pero vendrían a representar las mismas que existen entre católicos, cristianos ortodoxos, anglicanos y cualquiera de las denominaciones protestantes. Esas variaciones están en función de la influencia ejercida en sus orígenes americanos por las diferentes etnias que comenzaron las prácticas religiosas en América, y también de las adaptaciones que se vieron obligados a implementar con el fin de hacerlas sobrevivir en un ambiente de incomprensión y persecución.

Como todas las religiones de las sociedades ágrafas, los mitos transmitidos oralmente y reproducidos en los rituales del culto a los orisas eran aceptados como verdades inamovibles. Los personajes mitológicos estaban divinizados, creyéndose que algunos de ellos habían vivido en la tierra y fundado los primeros clanes. En el caso de los yoruba, se consideraba que a partir de la cuarta generación hacia atrás de familiares fallecidos ya eran ancestros. Para ellos, la jerarquía entre los espíritus comenzaba en aquellos orisas o espíritus divinizados que formaban el panteón mitológico yoruba, continuaba por los orisas de cada clan o ancestros comunes, para seguir por los ancestros familiares, y terminaba con los fallecidos recientes. A todos ellos se les rendía veneración según su importancia, pero muy por encima de todos ellos estaba Olodumare, el Ser Supremo, demasiado poderoso y elevado para andar molestándolo, de ahí que los orisas fueran utilizados como transmisores de su voluntad. Los orisas principales representaban las diferentes energías perceptibles en el mundo, y a ellos se acudía para solicitar el beneficio de alguna de ellas o para aplacar sus efectos devastadores. 

El culto a los orisas

Centrándonos en la religión lucumí, variante del culto a los orisas practicado por los yoruba, ciertamente se llevan a cabo sacrificios de animales, pero ello no tiene nada de particular. En todas las religiones se han practicado, y su significado no se relaciona con crueldad o barbarismo, ya que el simbolismo de la sangre está referido a la vida como lo más preciado por el ser humano. Es la forma de representar el flujo vital. Con los sacrificios se trata de mantener con vida de forma simbólica a divinidades y ancestros. Se les ofrecen sacrificios y ofrendas y se les consulta por medio de los oráculos, lo cual es una forma de mantenerlos vivos. A cambio, ellas aconsejan y guían a los humanos, sus hijos y protegidos, a través de la respuesta de los oráculos especialmente, los cuales se interpretan con la ayuda de los odu , también llamados letras o signos. Estos son conjuntos separados de versículos escritos a modo de parábolas, que en número de doscientos cincuenta y seis, forman un cuerpo de conocimientos conocido como Ifá, que representa para esta religión lo que el corán o la biblia significan para el islam o el cristianismo. Cada odu está compuesto por muchos versículos o patakís en los que se narran hechos acontecidos a los orisas , los cuales servirán de ejemplo y guía a los creyentes. Cuando se realiza una consulta oracular se saca un odu , que puede ser además positivo o negativo yque refleja la situación actual del consultante. Lo que en realidad está marcando el odu es el acercamiento o distanciamiento de la persona respecto a su destino, acordado antes de reencarnarse en la tierra. Si hay desviación, se llevará a cabo lo que determine el oráculo para corregir la situación, lo cual comprenderá desde limpiezas a ofrendas y sacrificios. Lo curioso es que habiendo ocurrido estas historias en tiempos remotos, los especialistas son capaces de buscar equivalentes a las situaciones actuales. De esta manera, creyentes y consultantes son guiados por los espíritus.

Los sacrificios también son utilizados para pedir los favores de los orisas . Los creyentes de esta religión creen en el destino, el cual han pactado con Olodumare previamente a su reencarnación, y cuando el oráculo señala algo negativo en el camino, existe la posibilidad de reconducirlo, aunque no siempre, evitándolo o disminuyendo sus efectos. En el primer caso se lleva a cabo mediante la rectificación de la conducta propia, algo en lo que se insiste siempre, ya que una conducta desviada provoca la pérdida del ashé o poder emanado de Olodumare , lo cual significa perder los favores divinos. También es posible por medio de la ofrenda de sacrificios a los orisas , intentar conseguir sus favores, algo en lo que suelen caer muchas personas que comprenden esta religión como un instrumento utilizable en beneficio propio para fines materiales. Los religiosos que manejan los oráculos siguen este juego interesado de algunas personas porque consideran que deben ayudar a todo el que lo solicite, pero avisan (los que son honestos) de que toda conducta no correcta se termina pagando y que de nada sirven los sacrificios que tratan de “comprar” a los orisas sin seguir los preceptos de la religión. La posibilidad de solicitar lo que se desea queda abierta, aunque se trate de cosas poco aceptables desde el punto de vista religioso, pero siempre existe la oportunidad de rectificar por medio de los consejos derivados de los odu que surgen de las consultas .

Dejando las formas a un lado, esta religión no se diferencia en gran manera de otras que se consideran más universales, excepto por el hecho de que existe una interrelación constante entre los creyentes y espíritus y divinidades, donde los primeros solicitan ayuda de los segundos en todo momento para ir sorteando los obstáculos de la vida, con lo cual queda teñida de una instrumentalidad que hace opacar otros aspectos que podrían considerarse más religiosos.

La creencia en la reencarnación consiste en que la consciencia propia u orí, que se encuentra en el Orun (ámbito espiritual, en ocasiones mal traducido como cielo), se desdobla y aparece en el plano terrenal encarnandose en un cuerpo con el fin de cumplir el destino pactado con Olodumare. El objetivo durante la vida en el plano material es hacer méritos para refinar el espíritu y poder seguir el camino hacia la divinización. En esa tarea se recibe ayuda de un orisa que se asienta sobre el orí , y también por medio de los oráculos que van marcando el rumbo a seguir. Es así cómo se puede conseguir el ashé o vibraciones divinas que permitan llevar una trayectoria correcta en la vida y alcanzar la meta anteriormente establecida. Con el fin de garantizarse una mayor ayuda y protección, los lucumís reciben un orisa principal y unos cuantos más suplementarios. Con este orisa guía, que influencia el perfil psicológico del creyente, se establece una relación íntima de la que se espera ayuda y protección constantes. No obstante, no sabemos bien si por el énfasis apuntado de la instrumentalidad que parece desvirtuar la religión lucumí, como ya ocurría entre los yoruba, según Idowu Bolaji apuntaba en su estudio sobre la religión yoruba en Nigeria, la escatología no parece ser una preocupación importante entre los lucumís, quienes suelen acercarse a la religión en busca de solución a sus problemas. Sí se les puede escuchar decir que tras su muerte, esperan ser venerados y escuchados por sus ahijados en la religión. En cualquier caso, la finalidad última de los creyentes es llegar al orun con el mayor grado posible de elevación espiritual, pero para ello hay que cumplir en la tierra toda una serie de requisitos. Conseguir en la tierra los méritos suficientes para que el espíritu consiga ese refinamiento, solo se logra por medio del ashé , que todos los creyentes tratan de conseguir, siendo la ceremonia de iniciación la forma principal de hacerse con él, y desarrollando iwá pelé o buen carácter moral. Obtener el ashé implica también merecerlo, y para ello hay que actuar de acuerdo a las normas y preceptos dictados por los orisas , así como cumplir con todas las prohibiciones que ellos señalan. La consecución del ashé , representará un beneficio espiritual que se verá reflejado en la vida material y cotidiana aunque ese no sea el fin último.

La religión lucumí consiste de este modo en una interacción constante con los espíritus, que va más allá de una simple veneración, puesto que para los creyentes estos espíritus están siempre presentes y tienen la capacidad de cambiar el rumbo de los acontecimientos. Son tres las clases de espíritus que reciben veneración por parte de los creyentes: 1) los orisas o divinidades que se encuentran más cerca de Olodumare y que se relacionan con las fuerzas de la naturaleza, 2) Los ochas o espíritus divinizados de personajes mitológicos de la cultura yoruba, y 3) los ancestros familiares, en los que se pueden incluir a los antepasados en la línea de ascendencia religiosa. Orisas y ochas, resultan ser unas entidades que, aunque invisibles, detentan la capacidad de actuar por medio de unos poderes extraordinarios que emanan de Olodumare, Ser Supremo del que depende el universo. Es precisamente esta interacción con los espíritus, dejando a un lado (aparentemente) al Ser Supremo, lo que llevó a algunos estudiosos occidentales a calificar esta religión y otras africanas como politeístas, lo cual no es cierto en el caso que nos ocupa. No obstante, es muy fácil para muchos creyentes caer en una práctica utilitaria, debido a la capacidad disponible de poder solicitar cualquier cosa de los orisas , hecho difícil de corregir si los neófitos no son instruidos adecuadamente, ya que esta religión se basa en la práctica privada aunque se dependa siempre del padrino o madrina que ha iniciado en la religión, lo cual conlleva cierto aislamiento y una efectiva falta de control sobre la forma en que se transmite la religión.

El coste de la religión lucumí

Existen una serie de aspectos dentro de esta religión que suponen para los creyentes todo un esfuerzo para llevarla a la práctica y que aparentemente realizan con gusto. Esto es lo que hace que ser lucumí, a diferencia de otras religiones en las que solo se requiere cumplir ciertas formalidades, represente tener que dedicarle mucho tiempo, trabajo, dinero, e interés por aprender, por ser ésta una práctica religiosa muy exigente con los que en ella ingresan. Con el transcurso del tiempo se va poniendo de relieve quiénes son los verdaderos creyentes, independientemente de que asistan a muchos eventos religiosos o inviertan mucho dinero en implementos y ceremonias.

Los aspectos más destacados, que en nuestra opinión implican un elevado coste son:

1. Aceptación y asimilación de formas y cosmovisión africanas

A pesar de que los cubanos están, en mayor o menor medida, familiarizados con ciertos aspectos culturales heredados de los esclavos africanos, viven de hecho en una sociedad como la estadounidense, que representa el paradigma por excelencia de la modernidad y la cosmovisión del mundo occidental. Ingresar en esta religión supone la aceptación y apropiación de toda una forma de entender el mundo, tanto material como espiritual, donde la práctica de los rituales es solo la forma externa del asunto. De entrada, hay que aceptar que la vida está regida por esa relación intensa que se da con los espíritus. Que en el caso de los orisas , no son los espíritus de los antepasados propios. Dejando de lado los espíritus de los familiares a los que se debe veneración, los orisas son espíritus africanos que se comportan como tales cuando “montan”, es decir poseen a los creyentes. Es necesario entonces desarrollar una empatía hacia ellos, puesto que si no fuera así no sería posible convertirse en un creyente. Hay que aceptar los mitos y los consejos derivados de los oráculos, que, naturalmente, denotan la forma de pensar de los africanos.

Quizá una de las formas que más impresión pueda producir a los que no practican esta religión sea la de los sacrificios, ya que no solamente se matan los animales, sino que debe realizarse de forma ritual y echando la sangre sobre los fundamentos religiosos, que no son más que la representación material de los orisas , que de esta manera reciben el flujo vital que los mantiene con vida y accesibles. Los creyentes denominan este acto como “darles de comer”, lo cual es bien explícito de la intención de los sacrificios. En los rituales, representaciones y parafernalia empleada en la práctica religiosa, es común el uso de elementos de origen africano como cocos, campanas, collares, plumas, calabazas, copias reducidas de utensilios africanos, etc., aunque bien es cierto que con frecuencia se los va fabricando con una apariencia más acorde con la estética occidental. Desde luego, es necesario aprender a bailar con movimientos de bailes africanos, conocer los diferente ritmos que marcan los instrumentos heredados de los yoruba, y aprender a rezar en una lengua que ya no corresponde totalmente a la utilizada en Nigeria.

A través de las formas externas de la religión es perceptible el grado de asimilación que los creyentes tienen de esta religión. Los hay que en sus vestimentas apenas dejan entrever la africanidad, mientras otros por el contrario, parecen sentirse realizados tras la adopción de la estética, bailes y comportamiento más africano. Algo que llama mucho la atención cuando se asiste a un tambor o un güiro, ceremonias que sirven para homenajear a los orisas por medio de canciones y bailes, es que los lucumís de Florida pocas veces se “suben” o son “montados” por un orisa , y cuando ocurre, algunos procuran enseguida salir del trance, muchas veces ayudados por alguno de los presentes. Posiblemente este hecho esté relacionado con un sentimiento de cierta vergüenza por estar viviendo en una sociedad que no es receptiva con esta religión. Hemos detectado algunos practicantes que no se sienten ni muy cómodos, ni muy identificados con las apariencias y algunas prácticas de corte africano. De hecho la mayoría no porta collares o algún otro signo que los identifique con la religión lucumí incluso en las ceremonias religiosas, y aunque vistan de blanco, la imagen que ofrecen no es relacionable con una estética africana.

En cuanto a la cosmovisión africana, la práctica de esta religión implica aceptar ciertas concepciones. El sometimiento a la autoridad y guía de los mayores (que aquí son los padrinos y madrinas dirigentes de la casa religiosa a que se pertenece). El sentirse componente de un grupo compacto religioso (la propia familia) con el que se practica cierta forma de intercambio. Venerar los espíritus de los ancestros y relacionarse con ellos por considerarlos presentes y con capacidad de ayudar. Mostrar esplendidez en los rituales con las ofrendas o la contribución que se hace. Y por supuesto aceptar las concepciones del culto a los orisas , lo cual implica reproducir los conceptos sociales que manejaban los yoruba, ya que su religión estaba bastante antropomorfizada, es decir que reproducían en su religión el funcionamiento y la concepción de su sociedad.

2. Determinación de la vida por la religión

Practicar la religión lucumí es algo muy diferente, por ejemplo, de ser católico y dejarse ver por la iglesia durante media hora un día a la semana. En primer lugar están los rezos diarios. Después de levantarse hay que saludar a los ancestros, al orisa que se ha recibido como ángel de la guarda y a los que se ha recibido como complemento, y por supuesto a Olodumare como deidad suprema. Si se va a tomar alguna decisión importante en el día con posible trascendencia, se consultará normalmente antes de la elección. Por otra parte, se debe acudir a casa del padrino o madrina y tener deferencias con ellos y mostrar respeto por su orisa , ya que ellos han “nacido” de él; en caso de consultarles o realizar algún tipo de “trabajo” o ebó , se deberán pagar los derechos correspondientes, independientemente de que cada vez que alguien de la misma familia religiosa ofrezca algún tipo de celebración se tendrá la obligación, no solo de acudir, sino de cooperar en la puesta a punto. Cada vez que se celebra el cumpleaños de santo, es decir, en cada año el día en que se fue iniciado, se celebra normalmente una fiesta con decenas de invitados que puede llegar a costar fácilmente dos mil dólares si es amenizada con un tambor de fundamento, y dos días de preparaciones entre rituales, comidas, montaje del trono, compras, limpiezas, habilitación del espacio, etc. Las actividades religiosas, son bastante frecuentes, especialmente en las casas religiosas con muchos ahijados(as) y se celebran normalmente los fines de semana. Ciertos rituales requieren la colaboración de varios religiosos(as) un día o dos antes del comienzo, dándose a veces jornadas en las que se comienza con las actividades a las ocho de la mañana y se termina a las diez de la noche, como es el caso de cierto día durante las iniciaciones que normalmente duran una semana. Es decir, que la actividad religiosa, si se cumplen los preceptos y se es un religioso de verdad (en esta religión estar iniciado equivale a ser sacerdote), consume bastante del tiempo y la energía del creyente, amén del esfuerzo económico que supone. Dejando de lado la ardua tarea de aprender rituales, canciones bailes, mitología y preceptos, la determinación que en nuestra opinión puede afectar más, es la que resulta de la creencia en el destino y la intervención de los espíritus en la vida de cualquier creyente.

Desde el momento en que se piensa que los errores cometidos en la conducta, y que apartan del destino asignado, se pueden corregir siguiendo los dictados y consejos de los orisas , los oráculos pasan a representar un papel fundamental en la religión, ya que ayudan a corregir el desbalance producido por una forma desviada de obrar. El balance lo reestablece el ashé que se obtiene por medio de acciones, ritos y ceremonias, y siguiendo los preceptos dictados a través de alguno de los sistemas oraculares. Las recomendaciones desprendidas de su lectura, estarán en correspondencia con la gravedad del asunto y podrán ir desde la limpieza de la persona hasta sacrificios de animales, los cuales se ofrecerán a alguno de los orisas . Aunque los consejos suelen empezar por el cambio de conducta de la persona que se consulta, hay personas que suelen caer en la tentación de querer arreglar los problemas ofreciendo sacrificios en una especie de intercambio comercial con los orisas . Esto, como ya señaló el estudioso yoruba Idowu Bolaji, es una corrupción de la religión que ya ocurría en Nigeria. En cualquier caso, los lucumís cubanos muestran una total dependencia de los sistemas oraculares. Las predicciones guían sus vidas y confían ciegamente en sus resultados, al punto de que muchos de ellos no toman decisiones importantes en su vida diaria si no han sido refrendadas por el oráculo. 

3. Supeditación a un padrino o madrina

No existe otra forma de ingresar en la religión que no sea elegir un padrino o madrina, quien se encargará de guiar, aconsejar, instruir y eventualmente consultar el oráculo para el/la aspirante. La aparición de estas figuras y sus funciones surgieron de la sustitución que tuvieron que realizar en Cuba, y otras partes de América, los primeros africanos. Fue así como crearon familias religiosas que reemplazaron en el aspecto religioso la función de los clanes a los que habían pertenecido, ya que su religión estaba basada en el culto a los ancestros, y éstos lo eran del clan, que en realidad era su verdadera familia. Padrinos y madrinas vinieron a retomar el papel que tenían los mayores en la cultura yoruba. Como mayores que son, deben de ser respetados por todos sus ahijados, porque llevan más tiempo en la religión y se les supone mayor conocimiento, el bien más apreciado entre los creyentes debido a lo difícil y complicado del aprendizaje de ésta. Los problemas aparecen, cuando en un padrino (o madrina) se da falta de honestidad, no enseña lo suficiente, o tiene el ego muy grande y trata con arrogancia a sus ahijados y aspirantes, debido a que un padrino o madrina es para siempre y se tiene la obligación de interactuar con ellos y el resto de la familia religiosa. De vez en cuando se dan desavenencias e incluso rupturas, y una situación no muy agradable aparece cuando un padrino/madrina se traslada a residir en un lugar lejano, algo que entre los cubanos no es extraño. Este tipo de problemas parecen ser los más frecuentes con el aumento de creyentes y la aparición de oportunistas que convierten la religión en una forma de ganarse la vida, haciendo de ello su objetivo primordial. Así, para estas personas, participar en rituales y ceremonias, y consultar a quienes tienen problemas y buscan explicación y solución a sus problemas, pasa a ser una prioridad con el fin de explotar la capacidad de cobrar los derechos correspondientes. Algunas personas ajenas a esta problemática que se acercan de buena fe, suelen ser víctimas de estos desaprensivos que desprestigian la religión.

4. Gran número de obligaciones y prohibiciones

Para comprender este aspecto hay que pensar que cada orisa tiene sus gustos y preferencias, correspondiéndole un tipo de comida al tiempo que rechaza ciertos productos, una determinada forma de bailar, unos colores con que adornar tronos y fundamentos y que deben de ser de elección preferente a la hora de vestirse, y determinados animales y ofrendas. Ser “hijo” de un orisa implica seguir los preceptos y cumplir con las prohibiciones y mandatos, ya que de lo contrario acarrearía automáticamente pérdida del ashé , y por tanto algún tipo de desgracia. La prueba más dura a la que hay que someterse es la de la iniciación, la cual dura una semana aunque el proceso se alarga durante un año, y que salvo que el orisa que se recibe lo exima debido a las condiciones desfavorables, se deberá vestir de blanco y llevar la cabeza tapada después de haber sido rasurada en la iniciación, portar los collares recibidos, no dar la mano a nadie, comer en el suelo, estar en casa antes de la puesta de sol, no salir a divertirse, restringir las relaciones sexuales a un mínimo, no comer nunca más aquello que ha sido señalado en la iniciación, amén de las obligaciones de tipo religioso que comienzan tras la iniciación. Todo ello durante un largo año, tras el que después de tres rituales obligatorios, el iniciado podrá considerarse como verdadero religioso lucumí, es decir olorisa, u omo orisa (hijo de un orisa ). A partir de entonces, no deberá comer ciertos alimentos, tendrá que evitar vestir algún color determinado, y hacer todo aquello que le fue recomendado en su itá , una de las ceremonias de la iniciación en la que se le interpreta el oráculo que le corresponde y se le habla sobre su pasado, presente y futuro. En este ritual de varias horas se le dan las directrices conforme a las que habrá de vivir desde entonces de acuerdo a lo que dicta su orisa personal, que ya lleva consigo en la cabeza o en los hombros. Prohibiciones son también las que se desprenden de los oráculos cuando aparece que no se deben de realizar ciertas acciones. Conscientes de que es peligroso e irresponsable no respetar las prohibiciones, los religiosos toman decisiones, o dejan de tomarlas, en función de lo que se les haya dicho en las consultas. 

5. Aprendizaje largo, difícil y complicado

Esta una de las mayores dificultades con que se encuentran las personas que ingresan a la religión. Sólo aprenderse los mitos del panteón yoruba requiere esfuerzo y paciencia, ya que son muchos y además existen versiones diferentes. Sin embargo, son los complicados rituales lo que más dedicación requiere, al punto de que se dan críticas y discusiones acerca de su conocimiento y puesta en práctica entre religiosos que llevan varias décadas de iniciados. 

Existen tantos rituales y exigen tal grado de aprendizaje, que solo es posible su adquisición si se tiene la suerte de tener en la familia religiosa alguien que tenga mucho conocimiento de ellos y esté dispuesto a transmitirlo. Cuestión aparte son aquellos rituales que son del dominio de ciertos especialistas y que quedan fuera del alcance del resto de los religiosos.

El lugar donde se realizan los rituales, quiénes participan, cuándo y cómo, el comportamiento a seguir, los bailes, la música, los sacrificios, los implementos utilizados, las canciones, las oraciones en lengua yoruba, vestimentas, prohibiciones, el orden en que se lleva a cabo cualquier ritual, los colores, frutas, y un largo etcétera, son de gran trascendencia para que tengan éxito. Solamente intentar comprender la composición de las entidades divinas que rodean a Olodumare, su jerarquía, experiencias, relación con el Ser Supremo y con los seres humanos, las diferentes manifestaciones o avatares, y sus enseñanzas a través de los odun que componen Ifá, exige un gran esfuerzo. Todo ello se debe ir aprendiendo gradualmente, con paciencia y constancia, que según uno de nuestros informantes puede llevar unos siete años hasta que se adquiere un conocimiento aceptable, aunque esto depende del interés que se ponga y de la enseñanza que se haya recibido, ya que hay santeros con tres años que saben mucho, mientras otros que llevan varias décadas saben menos. Todo este arduo aprendizaje sólo se consigue asistiendo a todas las celebraciones religiosas posibles, en las que habrá que observar y preguntar (el papel de los mayores es fundamental aquí). De nuevo, disponer de alguien dispuesto a transmitir el conocimiento es indispensable. El desconocimiento o la falta de respeto hacia la ortodoxia exigida en la realización de los rituales conllevará la falta de crédito o la pérdida de prestigio ante los demás religiosos, independientemente de que no se contentará a los orisas .

El caso de los babalawos representa el máximo de dificultad, puesto que al dominio de muchos rituales, debe añadirse el aprendizaje de la interpretación del oráculo de Ifá, lo cual implica intentar aprender los doscientos cincuenta y seis odun o letras del sistema, cada uno de los cuales comprende una serie de versículos o patakís , con lo que es fácil ver un babalawo que después de varios años de iniciado todavía continúa memorizando versículos. Esta costumbre está basada en las tradiciones africanas de transmisión oral, puesto que los babalawos disponen de todos los odun y versículos por escrito, y aunque la tradición obliga a memorizarlos, hay quien piensa que hoy en día no tiene sentido realizar tan gran esfuerzo.

6. Elevado coste económico

Suelen decir algunos lucumís sarcásticamente que esta religión es para ricos por el altísimo coste que supone su práctica. Si se acude a la tradición, se pone de manifiesto que este capítulo es una desviación de la religión, y que no existe ningún argumento convincente para que un creyente tenga dificultades para iniciarse o llevar sus prácticas a cabo con normalidad. Es muy común encontrarse con creyentes, que tras unos cuantos años de haber alcanzado el primer grado de iniciación, no tienen la posibilidad de “hacerse santo” o “coronarse” por falta de medios económicos. Bien es cierto que en teoría no es estrictamente necesario alcanzar ese nivel, ya que supone convertirse en sacerdote, pero todo el mundo sabe que es la aspiración de cualquier creyente y que se da una frustración si no se alcanza. Se alega que según la tradición es suficiente con pagar con un coco y dos velas, pero lo cierto es que existen unos precios más o menos estipulados, que para las personas con pocos recursos resultan una pesada carga. Hemos oído decir a alguien que necesitaba consultarse, pero que en las circunstancias en que se encontraba no podía permitirse pagar los veinte pesos (dólares) que costaba la consulta, y menos ofrecer un sacrificio, con lo cual se sentía desamparada. No obstante un oriaté o babalawo que sea buen religioso atenderá a una persona con problemas aunque no tenga dinero.

Lógicamente, la religión en Florida y Estados Unidos se ve imbuida por la cultura que la rodea, y en este caso el materialismo y la comercialidad la impregnan hasta convertir el aspecto económico en uno de los más desagradables. La puesta en práctica de la religión se ve influenciada por la mayor disponibilidad económica de este país, y por tanto, vestidos, tronos, las soperas que contiene los fundamentos religiosos, los adornos, y todos aquellos implementos usados en la práctica religiosa, suelen ser vistosos y sobre todo caros, dándole una imagen a la religión que poco tiene que ver con su origen africano, donde en lugar de cerámicas de China se empleaban calabazas y recipientes de barro. Es necesario entrar en el cuarto religioso de un creyente lucumí en Estados Unidos para apreciar el lujo que van aplicando a sus implementos religiosos y por tanto el dinero que invierten en sus prácticas. 

No obstante, el mayor gasto para un lucumí suele ser el de la iniciación, que dependiendo de qué santo u orisa sea el que se va a recibir, puede llegar a costar hasta doce mil dólares si se trata de Eleguá. Ello es debido a que los rituales se prolongan durante una semana (algunos lo acortan por problemas de trabajo) en los que participan varios santeros y babalawos , a los que hay que pagar sus derechos, darles de comer, invitar a otros religiosos y amigos a los que se ofrecen comida y bebida, ofrecer sacrificios, comprar ropas e implementos religiosos, y muchas cosas más. Todo esto supone un elevado coste que no todo el mundo es capaz de desembolsar. 

Dos cosas hay que señalar en defensa del elevado coste que supone la práctica de esta religión: 1) aunque sus practicantes no sean muy conscientes, uno de los valores de la cultura yoruba ha sido siempre la esplendidez. En efecto, cuando se asiste a una ceremonia lo que más llama la atención es la abundancia de todo, hasta dar la sensación de que la sobriedad es una falta grave. 2) Como la relación con la religión es tan profunda, sus practicantes, como nos dijo uno de ellos, quieren mostrar que el bienestar económico que consiguen, son capaces de volcarlo en la parte material, de ahí el lujo que generalmente se observa. entre los lucumís de Estados Unidos.

En cualquier caso, el asunto del coste de la religión en cuanto a la iniciación y los derechos a pagar por las consultas y los servicios, es uno de los que más enturbia la credibilidad de la religión lucumí. Esta faceta, junto al mal uso que se hace del poder, la desacredita al tiempo que pone de manifiesto cómo muchas personas inescrupulosas hacen uso de ella aprovechándose de la buena fe de otras, mostrando así un cuadro en el que se pone de relieve la corrupción moral que a menudo muestran muchos cubanos como consecuencia de la situación deplorable que les ha tocado vivir.

7. Incomprensión de la sociedad

La sociedad cubana siempre se mostró ambivalente con respecto a las religiones de origen africano practicadas en la isla. Por un lado se las calificó en general como primitivas y producto de la ignorancia y la superstición, idea proveniente de la interiorización de una mentalidad europea que se creía muy superior a las culturas africanas. Por otro, se acudía a los “brujos” en busca de cualquier remedio para los problemas físicos, económicos, morales, sentimentales, de justicia, etc. Incluso las élites blancas tenían cierto respeto y curiosidad hacia unos poderes desconocidos y temidos, aunque mostrasen desprecio para creencias y prácticas de una clase social considerada inferior. No en vano muchos de ellos fueron criados por sirvientes negras que los dormían mientras les contaban historias relacionadas con su religión y cultura. Lo que queremos decir es que por mucha incomprensión que hayan podido demostrar los cubanos hacia la religión lucumí, todo el mundo había escuchado historias que hacían referencia a la efectividad de los “trabajos” realizados por personas que practicaban alguna de las religiones originadas en África o el espiritismo. Muchos estaban familiarizados con las figuras más conocidas del panteón yoruba, habían asistido a la celebración de algún tambor, o bien habían acudido a un babalawo o a un santero(a) de reconocido prestigio para que le solucionara algún problema. Si la cosa era muy grave y se pensaba que la “brujería” era la mejor solución, se solicitaban las artes de un palero, cuya religión de origen bantú ofrece la posibilidad de emplear la magia negra por medio de un espíritu con el que se a pactado para utilizarlo en beneficio propio o de otros.

Otra cosa muy distinta es el cuadro con que se encuentran los lucumís en Estados Unidos, en donde una cultura impregnada de protestantismo fundamentalista percibe la acción del demonio en cualquier lugar y ocasión. A pesar de que las primeras líneas de la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos se refieren al derecho a la libertad religiosa, un conocido abogado lucumí de Hialeah, Miami, tuvo que pelear ante los tribunales, en un proceso aireado por la prensa del país, para conseguir el derecho a sacrificar animales al igual que islamitas y judíos. Claro está que para la mentalidad anglosajona, es difícil de digerir que regularmente aparezcan ciertos envoltorios, despojos de animales, frutas, etc., en el campo, los ríos, las playas, líneas de ferrocarril y otros lugares. Al final se consiguió el derecho a sacrificar, y una brigada especial de Miami-Dade tiene que pasar por ciertos lugares periódicamente y recoger lo que depositan los santeros. Esa puede ser la parte molesta para el resto de la sociedad, porque las ceremonias se llevan a cabo en las casas particulares, excepto cuando se alquila algún salón con más capacidad para celebrar algún evento, siendo la música de los tambores el único indicador de que se trata de una ceremonia religiosa. Fuera de esto, lo lucumís no se dan a entender en ningún sentido, no hacen proselitismo y llevan a cabo su práctica en la privacidad, aunque durante el año de la iniciación suelen ir vestidos de blanco, algo que en una sociedad como la norteamericana, donde casi nadie anda por la calle, tampoco suele ser frecuente encontrarse con un iyawó o iniciado.

En nuestra opinión, esta religión es incomprendida no porque se canta y se baila o se entra en trance (algunas denominaciones protestantes también lo hacen), no porque se sacrifican animales, puesto que islamitas y judíos también los llevan a cabo. Creemos que la explicación radica en que es una religión de origen africano, es decir de negros a quienes se ha considerado como inferiores. La presentación insultante y llena de prejuicios y falsedades con que Hollywood ha tratado el tema (como en la película The Believers), explotando una imagen de primitivismo y barbarie, con el fin de alimentar el morbo de una sociedad necesitada de sensaciones fuertes que le hagan salir de su monotonía, o el tratamiento que suele dar la prensa a esta religión, ponen de manifiesto la incomprensión de la sociedad. Esta actitud, fomenta la percepción negativa de la sociedad hacia una religión que para colmo practica el secreto, con lo cual ofrece argumentos a quienes quieren ver en ella una obra demoníaca, visión muy acorde con el espíritu protestante más intransigente.

8. Ambiente enrarecido

Lo primero que se percibe al acercarse a la religión lucumí es que a pesar de la acogida favorable, existe una barrera que no permite conocer lo que sucede en su interior. Sobre este capítulo se podría escribir largo y tendido, por lo que vamos a hacer referencia a algunos de ellos de forma escueta.

El secreto es algo que se manifiesta desde el primer momento, y que si bien es atribuible a la tradición de las sociedades secretas africanas y a la actitud defensiva que se vieron obligados a poner en marcha los lucumís en la sociedad esclavista, hoy en día no tiene tanta razón de ser fuera de los rituales que por tradición han hecho uso de él, a no ser que se esté empleando por otros motivos que nada tienen que ver con la religión. Es así cómo algunos desaprensivos se escudan tras la excusa del secreto para no enseñar la religión a sus ahijados, con el fin de mantenerlos ignorantes y dependientes de ellos, con lo cual se aseguran visitas constantes, y por supuesto el pago de los derechos correspondientes. Ello sin contar con el mecanismo de poder del que disponen sobre sus ahijados y consultantes, que en un medio difícil para los emigrantes puede suponer una forma de compensación a la posible pérdida de autoestima debida a los efectos negativos del ámbito migratorio. 

Los aspectos económicos sobrepasan al posible abuso de algunos padrinos sobre sus ahijados y consultantes ajenos a la religión. Alrededor de la religión lucumí giran toda una serie de actividades de las que surgen intereses económicos importantes. Un religioso que ha sido iniciado se convierte en sacerdote de la religión, y al exigir ésta mucha dedicación y tener un elevado coste, frecuentemente surge la tentación de pretender hacer de ella un modo de vida. Lo que ocurre en esta religión es que al no estar institucionalizada, y por tanto no disponer sus especialistas de un salario que les permita vivir de la religión, y al ser Estados Unidos un país con un elevado coste de vida, resulta difícil sobrevivir si no se tienen ingresos asegurados. Así, las dificultades aparecen si no se es llamado suficientemente para participar en los rituales (en los que se debe ser remunerado), o el número de consultas y trabajos realizados no dan para pagar las cuentas, o “billes”, que genera una sociedad tan consumista como es la norteamericana. En este contexto, la ocasión está servida para que se den todo tipo de triquiñuelas y malas artes con el fin de mantener dependientes a las personas que requieren de los servicios religiosos. Con esto tampoco pretendemos decir que esta actitud esté generalizada, pero sí se escucha que se dan bastantes abusos.

Uno de los aspectos más negativos que muestra la religión, es la aparición en escena de una serie de personajes involucrados en actividades delictivas . Es conocido que tanto en Cuba como en Estados Unidos han ingresado en la religión personas que ya se dedicaban al narcotráfico, o que bien han pasado a practicarlo como forma de obtener ingresos fáciles. Es conocido el hecho de que hay santeros y babalawos en la cárcel debido a sus actividades con el narcotráfico. Este hecho, junto con el secreto, las formas africanas, los abusos en el aspecto económico, los sacrificios, y la mala imagen ofrecida por los medios de comunicación, realimenta la desconfianza de la sociedad hacia la religión lucumí y sus practicantes.

De este modo, cuando una persona se acerca a un padrino o madrina, y por tanto a una casa religiosa, es necesario que sienta un ambiente cordial y honesto que le permitan tomar confianza y fijarse en la parte positiva de la religión. Lo que suele ocurrir con frecuencia, y más en los últimos tiempos en que se acercan a la religión personas de otros ámbitos culturales, es que la aproximación se realiza como consecuencia del padecimiento de dificultades. Por esta razón, estas personas se encuentran psicológicamente debilitadas y por lo tanto son propicias para que se de con ellas una cierta manipulación con vistas a obtener de sus necesidades un beneficio económico.

Otro de los aspectos negativos que se perciben son personalismos y afán de poder , que aparecen en ciertos religiosos que intentan erigirse como representantes y organizadores de la religión, o al menos en desempeñar un papel preponderante entre los religiosos. Aquí la cosa es más difícil, porque como ya se explicó, se funciona por medio de familias o casas religiosas que prácticamente se mueven con plena autonomía, aunque el resto de los religiosos sepan más o menos cual es su forma de actuar. Los diferentes intentos de organizarse y poner cierto orden en la religión han resultado un fracaso, precisamente por ese afán de protagonismo y por cuestiones personales entre religiosos, ello sin contar con una actitud muy cubana de negarse a perder la independencia y autonomía de que gozan en el ámbito de su casa religiosa. Otro de los lamentables problemas que se perciben es el rechazo por parte de muchos santeros(as) hacia los babalawos , algo que viene de lejos y que tiene un origen diverso. Para comenzar, lo babalawos son poseedores del mayor conocimiento y son imprescindibles para muchas ceremonias, consultas o para entregar ciertos atributos. La escasez que se dio en Cuba de estos especialistas (en Brasil desaparecieron), el hecho de mostrarse arrogantes algunos de ellos por su mayor conocimiento, o el rechazo que muchos gays sienten por ellos (los babalawos no pueden ser gays ), y algunos babalawos por los gays , ha conducido a que muchos santeros(as) prescindan de sus servicios y usurpen algunas de sus funciones, con lo cual se genera un ambiente desagradable que emite una imagen de desunión y poca seriedad.

Estos son algunos de los problemas más importantes que arrastra la religión y que enrarecen el ambiente, al punto de que algunos religiosos prefieren practicar la religión en su casa, evitando así exponerse a las consecuencias que de ellos se derivan, y deciden no participar en ceremonias comunes. Alguien que se acerca a la religión puede que no sepa exactamente que está ocurriendo, pero sí percibe algo extraño en el ambiente al observar actitudes y comportamientos, que de momento no puede explicarse, pero que resultan llamativos en un medio supuestamente religioso.

Y a pesar de ello…

Pues sí, a pesar de todo sigue habiendo muchas iniciaciones, lo cual nos conduce a pensar que la religión lucumí debe necesariamente cubrir una serie de necesidades y ofrece algunas satisfacciones. Hay que aceptar las formas africanas, lidiar con la incomprensión de la sociedad, sortear abusos, manipulaciones e intentos de protagonismo, realizar un gran esfuerzo económico, y no dejarse impresionar por el secretismo impuesto y la mala fama que muchos supuestos religiosos han proporcionado a la religión. El que lo consigue y llega a la esencia de esta religión, se encuentra con algo que le llena su vida, con una creencia que le muestra el camino a seguir hasta conseguir que su espíritu se divinice saltándose todos los obstáculos que va encontrando en la vida. En ese proceso se familiariza con espíritus y divinidades y aprende de las experiencias que ellos tuvieron, entablando una relación personal con una de ellas a la cual podrá consultar siempre que lo desee, no sin cumplir siempre sus preceptos y consejos ofrecidos mediante los oráculos. Aprenderá que esta vida es sólo un trámite y que tiene reservada una eternidad mucho más elevada conforme progrese espiritualmente tras las reencarnaciones necesarias.

No es fácil, sin embargo, el trayecto que hay que seguir para convertirse en un buen olorisa . El aprendizaje será costoso y requerirá mucha dedicación, pero a cambio se encontrará sumergido en una creencia en la que es posible el contacto directo con unas divinidades conceptualizadas como energías de la naturaleza que hacen funcionar el mundo. Habrá que aprender a propiciarlas, a compenetrarse con ellas, a buscar sus favores, a canalizar sus efectos, pero sin olvidar que todas esas energías son expresiones o manifestaciones de un Ser Supremo, Olodumare, que todo lo dirige.

El contacto con todas esas fuerzas o energías es lo que proporciona cierto poder a los ya iniciados, que pueden verse tentados de emplearlas para fines que no son correctos. Una creencia tolerante y no proselitista como ésta, advierte que cada persona tiene la libertad de actuar a su antojo, pero que si no se rectifica, el castigo será aplicado puntualmente. Sobre este tema, los lucumís siempre tienen historias ilustrativas que ejemplifican el incumplimiento de las normas. No obstante, como ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad, muchos lucumís incurren en dos faltas comunes: el empleo de la religión para fines no religiosos, y la antropomorfización de ésta. 

Aparentemente, no parece ser Estados Unidos un lugar muy propicio para convertirse en lucumí o santero. Aunque visto de una forma positiva, quizá el hecho de sufrir una sociedad tan materialista, fomenta el que los cubanos, y también otros latinoamericanos, encuentren en la santería, no sólo el fortalecimiento de su religiosidad, sino el gran apoyo psicológico que supone sentirse parte de un grupo con el que identificarse. Muchos de los eventos y ceremonias, además de su parte religiosa, ofrecen una ocasión perfecta para socializar, divertirse y sentirse parte de una cultura que se niega a dejarse engullir por el mundo anglosajón. Si eso es bueno o malo, cada quien debe decidirlo por sí mismo. Uno no se olvida fácilmente de su cultura, sus costumbres, la forma de comprender el mundo y de relacionarse con los demás. Si a todo ello añadimos la parte espiritual y religiosa, que como es sabido es el mejor refugio en tiempos de dificultades, podemos entender mejor cómo una religión como la lucumí resulta funcional para muchas personas. Esta religión ofrece resultados y respuestas instantáneas por medio de los oráculos, permite obtener ayuda de la red religiosa a la que se pertenece, proporciona identidad y un espacio para autoreivindicarse y ser reconocido, y como extra, permite socializar y hasta entretenerse con los aspectos lúdicos de ciertas ceremonias.

Resulta evidente a todas luces que los practicantes lucumís están en la religión por su propia voluntad, ya que nadie ha tratado de convencerlos para que ingresen en ella. Más bien son ellos los que tienen que poner bastante esfuerzo e interés para convertirse en santeros. Pudiera parecer según lo expuesto anteriormente que existen demasiadas cosas negativas que rodean esta práctica. Ciertamente hemos conocido algunas personas que la han abandonado, e incluso han pasado a formar parte de alguna iglesia fundamentalista. Sin embargo, nuestra experiencia es de que las personas que la practican se encuentran muy realizadas, satisfechas y seguras de su religión, además de mostrar un espíritu muy tolerante con respecto a otras creencias.

Ser lucumí o practicante del culto a los orisas , parece significar en primer lugar, tener comunicación y acceso directo con las divinidades, y a través de los oráculos, disponer de la capacidad de solventar los problemas cotidianos de la vida, y eso significa resultados inmediatos, en contraposición a la idea del cristianismo de sufrir aquí para ser compensado en la otra vida.

 

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