ago 14

Oduduwa de Osha; Un Obbatalá Fisiculturista?

El Oduduwa de Santero, es un hecho. Así está registrado en la historia. De hecho, tanto Oduduwa como Olokun, son Orishas, así que he allí que sea potestad de un Olorisha el poder entregarlos. Las que dieron Oduduwa originalmente en Cuba fueron una serie de Olorishas, entre las cuales se destacó Cuca Odúa, quien ganó mucho prestigio como “Oduera”. Como se ha mencionado un sinfín de veces, en África, los Orisha son potestad de sus respectivos sacerdotes u Olorishas.

La historia registra que fue Ma Monserrate González (Obatero) la que trajo a Oduduwa a la Isla y ella era de origen Egbado, tierra donde esta deidad era muy adorada. Obatero le entrega Oduduwa a Ferminita Gómez (Oshabí) y de esta forma Oduduwa llega a Cuca, quien se especializa en Oduduwa y Yewá. Fuentes de la época indican que Ñá Rafaela Odun, lleva Oduduwa a La Habana, lo cual es fuertemente cuestionado, ya que aseguran que Efunshé (que era Egbadó) lo entregaba mucho antes que ella. Otras grandes santeras que entregaban esta deidad fueron: Angelita Odúa, Julita Odun y Chea Odúa. Continuar leyendo

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ago 04

Hablemos de Olófi

El nombre se deriva de los vocablos OLO (expansión, extensión, espacio), y FI (punto, unidad). En el universo de Oloddumáre, Olófi representa una entidad personificada Dios; delegado responsable de todos los acontecimientos dentro de este universo.

Olófi es una deidad potestad de los Babalawos, es el atributo de poder más grande que puede recibir el Awó en vida. Este puede llegar al Awó heredado de un padrino o bien derivado del fundamento del padrino en vida. Olófi también se le conoce con el nombre de Odu, lo cual comentaré más adelante, y solo puede ser visto por Babalawos consagrados, siendo tabú para cualquier persona no iniciada y cualquier mujer.

Se dice que el motivo de esta restricción es porque precisamente Olófi es una entidad espiritual con alto contenido de energía femenina, cuando se recibe, se le dice al Babalawo que esta “recibiendo su mujer”, “su esposa” o su complemento, de hecho, la mujer representa el complemento de cualquier sociedad para lograr estabilidad y armonía.

El Babalawo que lo posee, es responsable de su cuidado y, debe salvaguardar su secreto de consagración, también mantenerlo fuera de la vista de todos. En tal sentido, Olófi representa la más alta jerarquía en la religión y teología Yoruba.

No se deben confundir pensando que Olófi es Dios, porque no lo es, Dios, para los Yorubas y todos los demás practicantes de su religión, es Oloddumáre.  Como ya lo comenté, Olófi es una representación del Orisha Odu, que es esposa de Òrúnmìlà, por esto es que se le dice al Babalawo que esta “recibiendo su mujer”. Odu es la representación de la formación del mundo; por lo que es el lucimiento de Oloddumáre en su naturaleza femenina, también llamada Yeyé Mowó.

La naturaleza masculina de Oloddumáre en la formación del mundo es Obbatalá en su más alta representación, es decir, Oduduwa. En la teología Yoruba,  Oloddumáre les confió la creación del mundo a ellos, para posteriormente poblarlo con la creación del hombre. No obstante, la representación femenina es muy importante, y se ve reflejada en las deidades como Yemayá, Oyá, Yewá, Oshún, Oba, etc. y las Ìyáàmis como Ìyáàmi Oshoronga…..

Lectura completa y discusión aquí

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jun 03

OLOFIN, OLOSI Y OBATALA. HISTORIA DEL GENESIS YORUBA

Por: Ifálenu

Tradición Yoruba Olofista – ÈGBÈ ODUN OLÓFIN – La Familia del Secreto de OLOFIN

Aquí les comparto esta enseñanza que el Espíritu del Tata G:. nos dio:

OLOFIN, OLOSI Y OBATALA. HISTORIA DEL GENESIS YORUBA

(Tata G:. es un espíritu Fon, es un Tata Nganga, tiene más de 500 años, el está asociado y aliado con Baba Oduduwa, el es de la Antigua Tradición Nganga Kinyumba de los FON. El Tata posee grandes conocimientos también de las tradiciones de Osha e Ifá)

Babalosha Omilefun, AWO IFALENU, OLO IWA ODÙ

En la gran antigüedad, No había Orisha, por que OLOFIN ORUN había creado a un Ser Inmortal, precioso y con todos los poderes, este ser se le llamo OLOSI. Este ser Olosi es el que ahora vive en el INFRAMUNDO. OLOSI quiere decir el Dueño del Lado Izquierdo.

Olófin Òrun crea Olosi y lo envía a la Tierra, y le encarga que gobierne la Tierra. Entonces baja OLOSI a la Tierra, y como él era un ser Inmortal y con poderes, el comienza a crear fenómenos, seres mal formados, crea lo que ahora llamaríamos Demonios. Entonces OLOFIN ORUN lo observa desde su palacio Divino, y se dice a sí mismo, este Olosi está haciendo estupideces. Olófin Òrun le ordena a los Cielos a que le envían muchos Rayos sobre la Tierra en el are donde estaba OLOSI. Esto fue como una tormenta eléctrica. Este momento fue lo que ahora llamaría la ciencia la creación del mundo. Estos rayos caían sobre OLOSI, pero como él era inmortal, solo sentía dolor, pero no moría. Por su mal uso del poder, OLOFIN ORUN destierra a OLOSI al Inframundo de la Tierra. Olófin Òrun le dice que él no se podía salir de allí, porque sino Olófin desataría su furia sobre él. OLOFIN ORUN se dice a sí mismo, “Yo tengo que crear otro ser para que gobierne a la Tierra”. Olófin crea al primer ser que fue OBATALA, pero lo crea mortal, a diferencia de su anterior creación de Olosi que era inmortal. Creándolo mortal tendría control de la destrucción de su vida física, si se sale del rumbo marcado o destinado, yo lo puedo matar y destruir.

El IRUNMOLE OBATALA, que es la Esencia (Arquetípica) de Obàtálá. Obàtálá luego crea otros seres inmortales pero con un solo poder y jerarquía, así podría controlarlos, así crea a Ogun, Òrúnmìlà, etc.

Obàtálá se dice a si mismo, Yo te que crear y hacer esta tierra fértil, pero hay un problema, la tierra para ese entonces estaba totalmente cubierta de agua, y eran dominios del Gran OLOKUN, que era dueño de todo ese gran mar. Obàtálá se va a consultar con Òrúnmìlà. Y el Gran Adivino le dijo a Obàtálá, que si él quería conquistar esa tierra y hacer su creación, el tenía que hacer EBO (Obra Ritual) y después que hagas Ebo, vas a ir a juntar Oro, de todos los Orishas, vas a ir con Ogun para que te haga una cadena de Oro. Para poder bajar a la Tierra, vas a bajar con un Caracol, de la otra mano vas a llevar un GATO, y vas a bajar por la cadena de oro que va a hacer Ogun. Así hizo Obàtálá, pero hizo esto con miedo, porque él era mortal, y podría morir en el intento. Cuando Obàtálá va bajando por la cadena, se da cuenta que la cadena está muy corta, se dijo, “ahora que hago, pues me dijo Òrúnmìlà que hiciera esto”. Entonces Obàtálá avienta el caracol y con esto se crea la primera tierra, esta tierra es lo que se conoce como PANGEA, el primer Gran Continente. Así pudo bajar Obàtálá, cayendo en tierra firme. Cuando esto sucede, sube Olokun de las profundidades del mar y le dice a Obàtálá porque él estaba invadiendo sus dominios. Obàtálá le dice que lo disculpe, que él viene con el mandato de OLOFIN, pero OLOKUN le dice que allí el controlaba todo, cuando esto pasa, Obàtálá avienta el Gato Negro, y Olokun al ver el Gato negro, se va tras el Gato, ya que Olokun es muy vanidoso y querría tener ese animal. Olokun atrapa al Gato y se pone a verlo y acariciarlo, y se entretiene con eso y se retira a las profundidades del mar. Luego de esto, Obàtálá comenzó con su labor de creación, y creo un hombre de un árbol, de madera, pero se dio de cuenta que cuando los hombres se frotaban entre sí, se encendía fuego y se quemaban. Obàtálá se dijo a sí mismo, tengo que buscar algo que se pueda usar para crear, sin que se destrulla o se rompa como las anteriores creaciones de madera. Obàtálá se encontró con un saco de lodo, y pensó que sería buen material para crear, y con este Lodo o Arcilla Roja creo al primer ser humano. Así siguió creando hombres y mujeres, pero le dio tanta sed a Obàtálá, que comenzó a beber vino de palma, y llega hasta embriagarse, y el continua creando pero en estado de ebriedad, y el crea personas mal formadas, mas chiquitas, con un solo brazo, deformes, sin una pierna o sin un ojo. Entonces Obàtálá sube por la cadena hasta el cielo ante OLOFIN. Obàtálá le dice que acababa de crear gente nueva, y que si el poder gobernar a esa gente. OLOFIN le contesta, “SI puedes Gobernar, pero antes quiero que veas lo que hicistes” Y al ver la Tierra, se da cuenta de los seres que creo cuando se embriago, un montón de seres malformados y fenómenos. Obàtálá entonces jura, “Yo jamás voy a volver a tomar bebidas embriagantes, porque cuando bebo hago puras estupideces”

Nota: De aquí la prohibición de los hijos de Obàtálá a la bebida. 

Obàtálá dice, “de ahora en adelante yo voy a ser el protector de esas personas malformadas” Por esto es el que protege a estas personas deformes en la Tierra. Por eso si alguien se burla de alguna persona deforme, Obàtálá lo castiga. 

Obàtálá al crear con el lodo, le sopla en las narices, que es como soplar el Ashe del Orisha (sopla Obì, Atare, Oti).

Al Obàtálá tocar tierra por primera vez, es allí donde se conserva la energía de su pisada en África.

 

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nov 17

Obbatalá

Por: Oluo Pablo Zurita

Mayor de todos los orishas. Creador de la Tierra y escultor del ser humano. Es la deidad pura por excelencia, dueño de todo lo blanco, de la cabeza, los pensamientos y los sueños. Hijo de Olofi y Oloddumare. Es misericordioso y amante de la paz y la armonía. No admite que nadie sedesnude en su presencia o se profieran palabras duras o injuriosas. Sus devotos deben ser muy respetuosos. Tiene 24 caminos o avatares. En el diloggún habla por Unle (8) y le pertenecen todos los múltiplos y submúltiplos de 8. Sus hijos son personas de férrea voluntad, tranquilas y dignas de confianza. Son reservados y no acostumbran lamentarse de los resultados de sus propias decisiones. Son dados a las letras. Dueño de la plata y los metales blancos. Dueño de iroko (la ceiba), su vellón es el algodón y una rama de este árbol debe estar en la estera para el kari osha de su Iyabó. Tiene campana de plata. Sus collares es todo blanco y se insertarán cuentas de color típico de acuerdo al camino. Estos son:

BABA AYAGGUNA
Este Obbatalá es hijo de Osagriñán, es el Rey de Ketú, es Guerrero y joven, entre los Arará se le conoce con el nombre de Afajun.

Este Obbatalá lleva entre sus Atributos una Flecha Tensa en un Arco, una Espada, un Machete, un Bastón, un Divino Rostro, un Caballo, este Obbatalá es zurdo y por eso se le pone los adimuses con esa mano, lleva siete Flechas de Cáscara de Coco, se ensartan en un Collar y se pone encima de él; además un güiro con mucho Epó, pues Ayagguna come Epó además de Orí.

Una Espada con el mango de Ébano o Moruro, cargada en el Mango Ayagguna se le pone una Bandera Blanca y una Roja, una Muñeca de más a la cual representa a su Sra. que se ganó en el concurso de las 101 cabezas, lleva además un Bastoncito de Ébano que se forra de Cuentas de Obbatalá y se Remata con la parte superior de Cráneo de Eyelé, con este Bastón se señalan las virtudes.

Ayagguna es pendenciero, borracho, chismoso, y revolucionario; cuando es Directo se le pone una Bala dentro, dos Canillas del Gallo que comió entizadas con 7 Elenus de Plata, un Ichire, una Cartuchera, un Porrón.

BABA OSHAGRIÑAN
Este Obbatalá es viejo, hijo de Oddua, Rey de Ogbomoche y Eyigbi, su Sopera se divide en tres partes, en una de ellas van las OTAS, otra el DILLOGGUN y la otra las HERRAMIENTAS.

En Arará le dan el nombre de Makeno, se le pone un Flechero con 3 Flechas, va forrado con Cuentas de Obbatalá, lleva 5 Ikoide dentro y 8 fuera, un Bastón forrado de Cuentas, un machetico, una Espada, un Santísimo, una Manilla Torcida, Flechero a Caballo llevando en al pata un Colmillo de Jabalí, Colmillo de León, una Bola de Billar de Marfil, Nácar y Corales.

Su mujer es Oshanlá y siempre anda con Yewa, su Oddun predilecto es ORAGGUN (Ofún Meyi) es el que trajo el orden al Mundo, para eso empleó a su hijo Ojiniyan, lleva este Obbatalá otro Juego de Herramientas de Estaño puro en el departamento del Centro de las tres divisiones de la Sopera.

Lleva: una Bola de Cristal de Adivinar, este Obbatalá vive sobre el TABLERO DE IFA consagrado, lleva además una Mano de Ifá encima de la Sopera, se pone un Puñal con el Mango cargado con el Osain de Obbatalá.

El Caballo lleva las Patas CARGADAS, el AGBORAN de Ochagriñan lleva la Leri cargada.

A él se le pone cuando él lo pida: un Flechero forrado con Cuentas con 16 Flechas, cada una lleva un Ikoide (Pluma de Loro) enganchadas, se le pone dos Muñequitos de Plata, lleva Manillas de Marfil, 16 Reales, 16 Igbin, Opolopó Orí, Efún, cuatro pedacitos de Mármol, una Pelota de Virtud de la Vaca, dos Ojos de Cristal. Este Obbatalá trabaja con los fundidores de Estaño, se le pone un Mortero pues Apila mucho el Ñame, se le pone un guiro adornado de Caracoles que se llena de Agua de pila y él fue el que le dio a Orunmila el Secreto de Apilar el Ñame Seco para el Yefá, fabricó Lanzas, fue el que le QUITO AL BUITRE Y A LA TIÑOSA LAS PLUMAS DE LA CABEZA.

Este Obbatalá usa Garrote, además vive mucho más al pié de los Árboles, Oche que es el BAOBAD, su Mata preferida es el Egsesike es la hierba, es el Padre de Orunmila, Shangó, Ayagguna y Babashe.

Su Osain Iré se monta en un Guirito que se forra de Cuentas de Obbatalá que vive dentro de él o fuera a su lado y lo debe usar arriba él o su Hijo.

Este Obbatalá lleva cuando es de Cabecera: una Corona de Metal Blanco rematada por una Mano con un Rollo de la Ley, esta Corona además se le cuelgan 16 piezas: un Sol, Luna Yansá, Abanico, Pluma, Machete, un Santísimo, Estrella, Camaleón, majá, Espejo, una Cara, Hacha, Silla, Muñeco, Caballo.

Esta Corona se adorna con 16 Ikoide repartidos en cuatro Arcos de la Corona.

BABA OBAMORO
Este Obbatalá es muy viejo y sufrido, se le llama con el nombre de Abifa, es el Rey de Ibao, los Arará le llaman Judate, su Collar es Blanco y lleva: Marfil, Corales y Glorias; entre sus Atributos lleva: dos Machetes, un Santísimo, dos Escaleras, una Flecha, dos Lanzas, tres Clavos, dos Disciplinas, una Corona de Espinas, una Cruz, una Corona, un Akapauye de Crucifijo, lleva afuera una Tinajita, una Piedra de Imán con una Boñiga y otra Mano de Caracoles, también lleva Osun pequeño de Gallo. Las Herramientas llevan: dos Palomas, un Cáliz colgado de la Corona de Espinas y esto se le coloca sobre uno de los OTA.

Tiene además: cinco Mensajeros que son : ALAPINI, AVINOS, ACHIPA, LEPROSO, SOMU ( PREGUATO ) LAGUAS, ENANOS, ABINIKU ( LICIADOS ), se le pone a Obamoró dos Muñequitos de Losa, una Horqueta de Metal, un Bastón, sus hijos NO SE RUEGAN LA CABEZA CON FRUTAS DE AGUA (SINO SECAS ). Cuando el Iworo cumple al año, se le da a Consagrar la Corona de Espinas, NO ANTES.

BABA OBALUFON
Este Obbatalá se le conoce con el nombre de Alaroye Moore, aunque es originario de Ifon, llegó hacerse grande en Oshogbo, a éste hay que pedirle todo AL REVES, se le pone una Corona de 16 Ikoide, un Muñeco de Plata con dos Cabezas, uno normal y el otro en el lugar de sus partes se le pone una Piedra que Brille (Cuarzo) se le pone un Barco. En Tierra Arará se le conoce con el nombre de Ookuno.

Este Obbatalá fue el que inventó los Tejidos y la Costura con Agujas, por tanto se le ponen dos Agujas de Plata, inventó la Carpintería y se la enseñó a Osagriñán, es el hijo predilecto de Oddua y el que lo posee pertenece al mundo de Ifá, tiene un hermano llamado Oloyan Oromuke, este fue el que le dijo y dio uno de los SECRETOS DE CARGAR LOS TARROS DE SHANGO.

Nació Obalufon el día primero de Sept. Este Obbatalá es de la Tierra de Ifon entre los Arará le conocen con el nombre de Foduya, este Obbatalá fue el que inventó y dio a los Hombres LA POTESTAD DE HABLAR, o sea el Ashe, lleva entre los numerosos Atributos que se le ponen en su Ashe:

Una Lengua de Plata, una Campana o Agogó de los tradicionales de Obbatalá pero tiene un Mango en forma de Hoja de Sable, LLEVA UN Bastón con Curvas en el Mango, además se le pone ocho Apouye de Paloma, un Kilo, una Cruz de Plata, además de esto se le pone dentro un Corazón de Madera de Iroko cargado.

A este Obbatalá se le Consagra las Abejas, su Adimú preferido son los Panales de Abejas y se le ponen Espigas de Millo.
Vive este Obbatalá separado dentro del Canastillero con una Cortinita, este Obbatalá se hizo Orisha a los 84 años.

OBBATALA OGAN
Este Obbatalá en la ciudad de Oderemeo en Tierra Arará recibe el nombre de Tonumu, y es Guardián de Obbatalá, cuida su espalda y vive cerca de su Sopera, se lava con Cocos Verdes, su Collar es Blanco con 16 Corojos o Semillas de Mamoncillo Chino, pero sus verdaderas Semillas son Iwuin Vegetal, lleva una sola OTA de Pico y tres Piezas que son: un Corazón, un Akofa y un Tinti.
Cuando se lava su cazuela se tapa con Asho Funfun, come Gallo Blanco y su comida se lleva al Techo, come Ñame desbaratado, Obí y Ekó picadito, Rosita de Maíz, Huevos 8, 16, 24 con Orí, Efún y envueltos en Orí you.

OBBATALA FEMENINOS

ORISHANLA. Originaria de Ifé, es un Obbatalá muy tranquila, se dice que tiene manos largas para retirar a sus hijos de las Trampas, es un Obbatalá que se sienta en una Silla que se Carga su Osain.

En Tierra Arará recibe el nombre de Orizaza, al igual que todos los Obbatalá Femeninos, sus OTASES van aparte, ahora dentro de la Sopera es donde se le pone el Caracol, se pone éste sobre un AYE que es un Círculo de Plomo, lleva además dos Boñigas, Narigón, una Cimitarra, 16 Babosas, fuera lleva : un Cáñamo de Cerdo, un Cetro de Metal Blanco de figura característica, su Collar lleva Hueso y Marfil.

OBBATALA YEMU
Este Obbatalá hembra es originaria de Ibadan, esclavizó a la Muerte y le quitó la Guadaña, la cual es su Herramienta que se le pone dentro. Habla muy bajito, es Comerciante, come Conejo, nació en OTURA SA, se le ponen Pañuelos y mucho Efún, además adentro se le pone un Tubito de Plata, siete Atare que usará el hijo en caso de Guerra, va igual que todos los demás Obbatalá femenino, se le pone dentro 16 Iwuin, dos Boñigas, dos Manos de Caracoles, dos Eyelé de Plata, un Narigón, su Osain va en un Muñeco de madera de Iroko en forma de Carabela pero con cuatro Ojos con una Guadaña en la Mano, se llama Lashe y también Ladekue. Afuera lleva una Escalera de Plata de 16 pasos que lleva cosidas dos Manos de Caracoles.

OBBATALA AGUEMA
Este Obbatalá es de la Tierra Iyebu de la Ciudad de Oderence, entre sus Secretos lleva un Camaleón figurando sosteniendo un Alfanje, esta pieza se llama TANYI TANYI, este Obbatalá vive en la copa de la CEIBA, se le pone un Bastón, dos Boñigas, Espada, un Narigón, dos Manos de Caracoles, baja a comer a las 12 del día y antes de ponerla en el suelo hay que hacer una Cruz de Efún. Viste de Verde y se dice que este Obbatalá vive recostado a las Paredes en el Río, se le ponen siete Addimuses en siete Jícaras, se le pone de Adorno diete Platos, siete Sombreros, siete Muñecos, los Arará le llaman Elejeyo Bajedo.

A este Obbatalá lo acompaña un gran Espíritu que se llama Lumeje, el cuál come Etú Funfun en un Plato que se le pone al lado a Aguema cuando ésta va a comer, su Osain vive en una Tinaja.

Este Obbatalá acompañó a Oddua a la Tierra y lo hacía como un perro con su amo, con la misión de protegerlo con su piel brillante, era el Espejo de Oddua para mirar la Maldad de sus enemigos.

Este Obbatalá son dos y se llaman ALAGUEMA Y ADEMA, se le ponen a ambos siete Flechas dentro, son mensajeras de Olofin, son muy delicadas y se sincretizan con San Filomena, este Obbatalá siempre tiende a sus hijos a PONERLOS CON DEFECTOS O MARCAS EN LAS MANOS.

Este Obbatalá lleva además Cadena de Plata, que le cuelgan 16 Tramos de Cadenas de Plata, come nueve Palomas, tiene un Agborán con cuerpo de hombre y Lerí de Aguema, lleva un Gorro ( Ykele ) que es de metal de Plata que se le cuelgan 16 Tramos de Cadenas.Lleva un Osain que es un gorro y se le pone al hijo de Aguema cuando se monta para bilar o cuando se siente enfermo, este Gorro se lleva y se Consagra con Aguema dándole cuatro Eyelé Funfun, este Gorro come con Aguema todo lo que ésta come.

OBBATALA OLOYU OKUNY
Este Obbatalá es de Ibadan, es el dueño de los OJOS del hombre, en la Tierra Arará se le conoce con el nombre de Metodasu, va cargado con su Osain y una Flecha. Afuera lleva 4 Ikoide en forma de Corona y una Akofá grande.

OBBATALA OSHA OROLU
Este es Rey de los Ewuado. En la Tierra Araá se le nombra Akazago, su Sopera va Cruzada con una Cadena de Plata por fuera de la cual cuelgan tres Akofa de Plata.

OBBATALA OKEYU
Este Obbatalá se llama Ataue Ore, es el Rey de Akiti y Abeokuta, en la Tierra Arará se le conoce por Akuolisa, su Osain va en una Casita en Miniatura que vive en Obbatalá, se le pone llave, un Bastón y una Cimitarra, un Machete y por fuera un Osun de Gallo pequeño. Vive en altos.

OBBATALA YELU
Este Obbatalá se le conoce como Jelu en la ciudad de Ibadan y la Tierra Arará como Akefun. Su Osain va en un Muñeco, se le pone Marfil, Nácar, un Coral, un Triángulo de Plata.
Este Obbatalá es muy extraño, vive siempre en mucha calma y se le encienden ocho Atana.

OBBATALA LAABALASHE
Este es el Oráculo por el cual Obbatalá dice el Pasado, Presente y Futuro, en la Tierra Arará se le conoce como Amukato, lleva 16 Pelotitas de Marfil, una Flecha hecha de palmera, un Ékuele hecho de Semillas de Mango, ocho Erú, siempre come más de ocho Eyelé. Acostumbra a revelar mucho las cosas a sus hijos en los sueños. Los hijos de este Obbatalá son grandes Caracoleros.

OBBATALA AÑASU ARE
Este Obbatalá es muy sufrido, compañero de Obamoró, su Collar es todo cuentas blancas, según la leyenda sincretizada en Cuba viene a ser un Orisha que echó a las Mercedes del Templo en la Tierra Arará se le conoce como Añuoajono. Este Obbatalá lleva en un Osain con figura de de Viejo, lleva además dos Machetes, una Corona, un Santísimo, dos Escaleras, una Flecha, dos Lanzas, dos Látigos, un Libro, un Poayé con un Crucifijo. Los hijos de este Obbatalá sufren mucho en esta vida, aunque sea un Obbatalá soberbio, sus hijos no deben votar a nadie de su casa, ni levantarle la mano a nadie.

OBBATALA OBON
Este Obbatalá es el que se encarga del ALMA de los hijos de Obbatalá cuando fallecen. Es hermano de Ogan, no lleva OTA, sólo en un Cofrecito Minúsculo de Metal, en él se guarda un Secreto, un ESCARABAJO DORADO. Según dice la leyenda, este es un Secreto de Obbatalá que vino de Egipto o de la Antigüedad, dentro de ese Escarabajo se carga el Osain y una Mano de Caracoles bien pequeños, este Cofrecito vive junto al Obbatalá de Cabecera, se recibe cuando salga el signo EFUN en el Itá de la persona, se retira al morir su dueño. Si el Obbatala se queda se pone este Cofre dentro de la Sopera. En Tierra Arará recibe el nombre de Agasawue.

OBBATALA OBANLA
Este Obbatalá es hombre, en los Arará se le llama Seyitaru, se dice: LA LUZ QUE APARECE ES LA IYANLA DE IFA.-
Este Obbatalá lleva Corona, un Bastón de Plata con tres Coronas de mayor a menor rematado por una paloma, lleva: un Sol de 16 Rayos, se le pone dentro una OTA preciosa, lleva Osun que tiene cuatro Columnas y se le remata dos Palomas Superpuestas. Le acompaña un Agborán que lleva en la mano un Bastón y una Cruz o Espada con un Sayón de Listado Azul y Blanco Nácar.

OBBATALA AIKALAMBO
Este Obbatalá es el Rey de Ika cerca de la ciudad de Ibedan, se dice que es un borracho. En Tierra Arará recibe el nombre de Ajanuto. Nunca debe faltarle el saraeko, su Osain va montado en tres Manos de Cedro que van sujetas a una tabla, se le pone dentro un Akofá, un Machete, una Cimitarra, afuera se le pone un Barrilito de Madera con Otí, una Botella donde se hayan mezclado todas clases de Bebidas, además de una Jícara de Plata. Vive en una Tinaja que se forra con muchos Caracoles y dentro de ésta lleva un SECRETO montado por el babalawo.

OBBATALA AIRANIKE
Es de la Tierra Oyó, acompaña mucho a Oshalufon, es guerrero, lleva dentro otro Juego de Herramientas de fundamento de Cedro. Su Osain va cargado en un Caballo, lleva dentro de la Sopera un Gungun Lerí de Eshin.  Afuera lleva: un bastón, una Cadena de Plata en las cuales lleva herramientas de Shangó colgadas ( son de  Plata las herramientas), además una Cimitarra de 14 pulgadas que no se recuesta a la Sopera. Se dice: QUE ESTE OBBATALA ANDA MUCHO CON OSHAMARE Y KIREKOLACDE, que son respectivamente la DIVINIDAD y el ARCOIRIS, en tierra Arará se le conoce por Ajosufato.

OBBATALA OKEILU
Se llama Atawue Oloru Ore, es el Rey de Ekiti y Ekuta en la Tierra de Arará se le nombra Akuolis. Su Osain va en una Casita en miniatura que vive dentro de Obbatalá y se le pone: una Llave, un Bastón, una Cimitarra, un Machete y afuera un Osun de Gallo pequeño. Vive bien alto.

OBBATALA ASHO
Se le conoce con el nombre de Ajelu en la ciudad de Ibaden. En la Tierra Arará se le conoce con el nombre de Akwado, se le pone otro juego de Herramientas de Plata, un Akofá, un Bastón que se forra de Cuentas de Obbatalá y se le echa Yefá de Orunmila. Además lleva: una Bola de Billar, dos Muñecos, cuatro Caracoles, cuatro Plumas de Loro, Osun de Obbatalá guerrero con Banda Roja en la cintura igual que su padre Osagriñán y su hermano Ayagguna.

Este Obbatalá lleva un Muñeco de Cedro que no tiene Lerí y le falta un Pié y va cargado con lo sabido por el babalawo. Esto se forra con Cuero de Chiva de Obbatalá y se forra con Cuentas de Obbatalá, se le ponen Pañuelos de Varios Colores.

OBBATALA OLUFON
Este Obbatalá es de la Tierra Ifon, es el eterno y constante adorador de Olofin. En la Tierra Arará se conoce por Oliseto, se le pone otro juego de Herramientas en Plomo, 16 Babosas, un Akofa, su Osain va en un Tamborcito de Plata forrado con Caracoles. Se le hace una Corona de Cuentas Blancas y 16 Ikoide, su Sopera se pone sobre una esterilla dentro del Canastillero, es un Hombre Viejo y apacible, donde está este Obbatalá no puede haber oscuridad, siempre hay que tener una luz encendida y sus hijos no pueden dormir desnudos.

OBBATALA OGUINIYAN
Es poco conocido, fue el que por encargo de su Padre Osagriñán terminó el Asentamiento del Mundo. En Tierra Arará se le conoce como Awuemayú, este Obbatalá se le da como complemento de su Padre, vive en un Guirito pintado de blanco, lleva un solo OTA y se le pone un Gallo de Plomo, una Cadena de Plata donde se le engancha una Mano de Caracoles, con estos Atributos terminó el Asentamiento del Mundo, el Guirito se forra con Algodón; este Obbatalá no se deja ver la cara y come Gallo.

OBBATALA ELUAJE
Es femenino, es la hija mimada de Olofin, siempre vive sentada en una Silla y su Osain va cargado en la silla. En la Tierra Arará se llama Agume, tiene el mismo Ritual de los OBBATALA HOMBRES con sus OTASES, lleva dos Manos de Caracoles, el Aye, dos Narigones, dos moñingas, dos Manillas Torcidas, una Manilla de Marfil, un Aro con cuatro Estrellas de Plata, lleva 16 Lerí de Eyele forradas ce Cuentas Blancas y un Caracol en cada Ojo, van rellenas con Yefá de Orunmila, Ashe, Obí, Ero, Kola, Osun, lleva un pedazo de Gungun de Lerí de Eggun Obini, que va forrado de Tela Blanca y Caracol, esto va dentro de la Sopera.

OBBATALA OBALABI
Es Sorda, es originaria de Ogo, lleva un Cuerno de Marfil, dos manos de Caracoles, una Boñiga, un Narigón, un Triángulo de Plata con sus Toletitos para llamarla, un Tamborcito forrado de Caracoles que es donde va su Osain, un Paraguas que se forra con Cuentas de Obbatalá, cuatro Manillas de Plata, dos Muñequitos con sus piedras. Lleva el mismo Ritual de los demás Obbatalá femeninos.- En la Tierra Arará recibe el nombre de Kousine.

OBBATALA YEKU YEKU
Es FEMENINO, es de la Tierra de IFE, en la Tierra Arará le llaman por LUMEYE. Es muy vieja y siempre anda con Oddua, usa Corona con 16 Ikoide, se le pone todo igual que el Ifure y el  Dilogún, lleva solo dos Narigones de Plata, dos Boñigas, el Osain va en una Cajita de Cedro o de Plata, no le puede dar el Sol, ni el aire, vive bien envuelto en Algodón.-
Este Obbatala se le ponen 16 OTAS que van separadas en la Sopera, cuando va a comer se le ponen las OTAS con los demás Secretos, luego se vuelven a separar. Come Akuko Funfun, pero siempre baja OKE a  comer con ella, come Abbo cuando se le dá se pasea el Abbo primero a su alrededor y después se le canta. Este Obbatalá murió encadenado y hay que sacarlo y hacerle un AYE SACANDOLE TODAS LAS OTAS, MENOS UNA, EL aye CON 101 Caracoles lleva: Cadena, una Silla, Flecha, con las otra OTA se prepara OSHANLA, de esa forma la persona tendrá Salud, Desenvolvimiento y PODRA HACER IFA, de otra forma su Madrina o Padrino lo ATAN al SANTO o va para una Prisión.

OBBATALA ELEFURO
Recibe el nombre de Imole, es Reina de Ifese, le llaman la Reina del Aceite, se separan las OTAS que van fuera de la Sopera en una Tasa. Dentro de la Sopera se pone Algodón encima el Aye que como sabemos es en Círculo de Plomo, sobre esto el Aye (Caracol), las Herramientas, la Mano de Caracol, un Narigón de Vaca, dos Boñigas, un Peine de Plata, un Sable, un Akofá. Afuera lleva: una Muñeca que es donde se carga el Osain, un Bastón de tres Curvas, se le ponen estos de Hierro con Agujas, un Hueso con Rueca.

Este Obbatalá se mete dentro de Cortinas y no se le encienden velas sino Aceite, los Adimus se le ponen delante en una Canastita que siempre se le pone un Guiro cargado con lo sabido por el babalawo. Esto simboliza a Iwi Yomi, que es una CENTINELA VIRGEN de 16 años que siempre vigila el sueño de lefuro, en la Tierra Arará se nombra Oñoro.

OBBATALA OSHANLA
Es femenino de la Tierra de Owu, delante de este Obbatalá se altera la voz, es muy vieja y encorvada, su cuarto de pinta de blanco y se riega Perfume. En Tierra Arará recibe el nombre de Lisa, al igual que todas las hembras, se le quitan las OTAS y en la Sopera se la pone el Caracol AYE, sobre el AYE se le adiciona una Muñequita, un Bastón, dos Manillas, una Boñiga, 16 Babosas, una Cadena de Plata, dos Esposas de Metal que se le ponen para que no acabe con la Casa. Su Osain va en un Bastoncito y dentro también se le adiciona ocho Ikines y ocho Cahitas de Plata. Afuera lleva una Muñequita de Biskuy, se le pone un Rosario Blanco.

OBBATALA ORISHA YEYE
Es el primero de los Obbatalá femeninos de la Tierra de Iyaye, es el dueño de los Título de Obbatalá, el mayor de las Hembras, es el que originó SACAR LAS OTAS DE LOS OBBATALAS HEMBRAS y poner el Caracol Cobo dentro. Lleva una Corona de 16 Dilogún y se le pone: Arco y Flecha, también recibe el nombre de Edundale, es el dueño de los Monos, es un Obbatalá de la familia de Oduduwa. Anda mucho con Oyá y lleva dentro una Manilla de Cobre, su Osain va dentro de un ATAUD. Es un Obbatalá que como todos los femeninos, se le ponen sus Piezas afuera de la Sopera junto con las piezas, Secretos y Dilogún, vive este Obbatalá sobre Arena, en Tierra Arará se le conoce por Gaga.

OBBATALA OYU OLUEKO
Este Obbatalá es adivino, es el Santo que desea que ningún Santo tuviera en la Tierra hijos, aparte de los Atributos propios de Obbatalá se le agregan de refuerzo lo siguiente: tres Manillas de Plata, un Machete, un Alfanje, una Flecha, lleva dos Caracoles Grandes, dentro de uno de ellos va una carga que conoce el babalawo.

OBBATALA ORISHA IWUIN
Este Obbatalá es de la Tierra Ewu, es protector de la PUERTA del PALACIO de Obbatalá, es Alfarero, dentro lleva 16 Babosas. En Tierra Arará recibe el nombre de Jujeweu, se le pone Cimitarra, Lanza, Akofa, su Osain va montado en un Muñeco de Madera, montándose sobre un Caballo armado de Lanza y rodeado de un Leopardo, un Ayakua, Un ella Oro, un Majá, estos ingredientes no le pueden faltar al Osain.

OBBATALA OYELADE
Este Obbatalá es Cazador, Rey de Ekiti, siempre anda con Ode, se le pone dentro tres Akofá de Plata, un Tarro de Venado, que va forrado en Caracol, el Osain va montado en una Muñeca con figura de Mujer que se hace de madera de Majagua, recibe el nombre de Songokunsi. En Tierra Arará recibe el nombre de Bajelo.

OBBATALA EKUNDYRE
Es de Tierra Iyessá, siempre anda con Oduduwa, en Tierra Arará se le nombra Kiisu, lleva cuatro Paoye, cuatro Serpientes. Su Osain va montado en una Cabeza de Tigre de Bronce que va forrado con Ashó Funfún y Ileke de Obbatalá.

OBBATALA ORISHA OBBALA
Es joven y vive en el PATIO junto a una Mata de PEREGUN dentro de una Casita. Vive en una Tinaja forrada de Caracoles se le ponen 16 Babosas, una Cimitarra, un Akofá. Su Osain va montado en una Babosa de Madera.

OBBATALA BIBINIKE
Monta a Caballo, es un Cíclope descomunal, es Hombre de Enorme Talla y un solo Ojo en la frente, se le pone Espada y Lanza, dos Majaes de Plata, su Escudo es el Carapacho de Ayapa, su Osain va forrado de Piel de Leopardo, come Ayakua. En Tierra Arará se conoce por Obelebo.

OBBATALA OSHEREIBBO
Siempre anda con Shangó, su Osain se carga en una figura compuesta de Dos Muñecos de Cedro Unidos por las Espaldas, uno macho y otro Hembra, además se le pone una Cimitarra, un Hacha Doble de Plata, afuera se adorna con muchos Caracoles y Plumas de Loro, en Tierra Arará se le conoce como amasoby.

OBBATALA EKANIKE
Es el Rey de la Tierra de los Igbos, en Tierra Arará se le llama Amado, su Osain se monta en un Caballito. A este Obbatalá se le pone una Espada, una Trompeta, una Escopetica, un Hacha, un Arco Tenso; a este Obbatalá cuando se quiere que venga en la Cabeza de un hijo se le hacen Disparos de Fulminantes. Viste de Rojo y Blanco, siempre acompaña a Shangó y Ayagguna. Fuera de la Sopera se le pone un Cuerno con pólvora.

OBBATALA EDEGES
Es el Rey de la Tierra de los Efuche, en la Tierra Arará se le conoce por Ayaya; el Osain se monta en un muñeco de Plomo que tiene Espuelas en los pies y se pone dentro de la Sopera. Su Collar lleva Caracoles y se le pone dentro a este Obbatalá, una Cimitarra, un Akofá, una Lanza, come Chivo Macho Blanco, tres guineos, NO COME GALLINA, es Alvino y siempre come de noche.

OBBATALA FURURU
Este Obbatalá es de la Tierra Bariba, es el Consejero de los Jóvenes, su Osain va en una Caña de Plata, se le pone: Marfil, y una Cruz, un Caballo, una Pluma, un Libro. Por fuera se adorna con hojas de Palmera, en la Tierra Arará se le llama Agotigaga.

OBBATALA ABANY
En Tierra Arará se llama Mawuetone, según la Leyenda de los Yoruba, es el Padre de Ogan y Maestro de todo el pueblo de los Iyebu, cuando se quedó ciego lo Sacrificaron a Olokun por los Owow y su Cabeza sembrada en la orilla del Mar, dio origen a una mata de Coco Verde que desde entonces producen agua. Este Obbatalá vive con agua y se le pone una Barca o Botecito de Estaño, un Akofá, su Osain va montado en una Cabeza Humana del mismo metal, come Guanajo Blanco, se lava con Agua de Coco Verde y además se le ponen Coquitos Chiquitos de los que caen de la mata.

OBBATALA ASHO
Es joven y baila en un solo Pié, fue Rey de Ibada, recibe el nombre de Alashoala, su Osain se carga en un Caballo; en la Tierra Arará se llama Akwado, se le pone otro juego de Herramientas de Fundamento de Plata, un Akofá, un Bastón que se forra con Cuentas de Obbatalá y se le echa Yefá de Orunmila, una Bola de Billar, dos Muñecos, cuatro Caracoles, cuatro Plumas de Loro. Es guerrero con Bandera Roja en la Cintura, igual que su Padre Osagriñán y Ayagguna, este Obbatalá lleva dentro: un Muñeco de Cedro que no tiene Lerí y le falta un Pié y va cargado con lo sabido por el babalawo. Este Obbatalá lleva además: un Ishe de Osain que se monta en un Capullo de Algodón, y se forra con Cuero de Chiva de Obbatalá, además este Santo lleva o se le pone Pañuelos de siete colores.

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dic 08

Los Cultos Sincréticos “Dioses sin Dueños”

Por: Natalia Bolívar Univ. de Barcelona

La iglesia católica no tiene el monopolio de Dios en Cuba. Desde que a esta isla llegó el primer negro esclavo, comenzaron a practicarse las religiones de origen africano y con el paso del tiempo devinieron las tres grandes creencias que existen en la actualidad: regla de Ocha o Santería, las reglas de Palo y la Sociedad Secreta Abakuá.

Las tres son cada vez más populares y gozan de muy buena salud, que es lo mismo decir de una aceptación creciente entre los pobladores de la mayor de las Antillas. Sus ritos son disfrutados tanto por practicantes como por cualquier otro cubano, dada la multiplicidad que se encuentra en una de estas ceremonias. Animales de corral son sacrificados en honor a los dioses, pero también hay comidas, frutas y aguardiente que los asistentes al rito, disfrutan como parte del homenaje a las deidades.

Increíblemente, un hecho que incluye arte, creencias, alegría, vida, amor, es valorado por desconocedores de la materia como religiones satánicas o diabólicas. Nada más lejos de la realidad.

El entorno sociocultural y económico en el que llegan a nuestro país las religiones africanas, y la somera revisión de que ha sido objeto su desarrollo como manifestación enraizada en Cuba, permiten afirmar que nos encontramos ante un fenómeno de autodefensa por parte de una religión primitiva y animista enfrentada a otra religión, la católica, que es aceptada universalmente.

La Santería – nombre popular con que ha bautizado nuestro pueblo a lo que verdaderamente se llama Regla de Ocha (Ocha = orisha: santo, deidad) – desde su aparición en Cuba con los primeros esclavos unidos en el temor implantado por la liturgia católica que infundía el pánico a sus mentes ingenuas, fue un culto individual, familiar, de hondas raíces. Vivió el esclavo asombrado ante el cambio de su estadio apacible en su Africa querida, por un régimen explotador que no podía entender; por el cruce de un océano lleno de peligros, encadenado y despojado de los hábitos de su vida diaria. Algunos de ellos, de estirpe real y procedentes de tribus con sensibilidades artísticas y estéticas, trasladaron esos conocimientos a descendientes y contemporáneos, que sirven hoy a nuevas generaciones de cubanos de inspiración inagotable.

En las postrimerías de la primera mitad del siglo XVIII, los esclavos practicaban en sus Cabildos llamados “de nación”, el culto a determinada deidad que imperaba en el seno de su tribu, en Nigeria, de la que procedían, ejemplo de ellas fue:

En la tribu de Oyó adoraban a Changó : Dios del rayo y del Trueno, deidad de la Guerra, dueño de la belleza viril y de los tambores Batá. Rey de Oyó. Sincretizado en Cuba por Santa Bárbara, Patrona de los Artilleros.

Las tribus de Egba, Nupe, Tapa, Abeokuta e Ibadan adoraban a Yemayá : Madre universal, deidad que representa al mar, fuente fundamental de la vida y es por ende dueña de las aguas. Madre de todos los orishas. Sincretizada en Cuba con la virgen de Regla, Patrona de la Bahía de La Habana y del navegante.

Las tribus de Ilesha, Ekiti y Ondo a Oggun : Dueño de los minerales, del hierro, de las montañas, del monte y las herramientas de trabajo. Sincretizado en Cuba por San Pedro. Dueño de las llaves divinas del Cielo.

Los de Ekiti, Osogbo, Iyesa e Ijebu a Ochún : Deidad dueña del amor, de la sexualidad, de la femineidad; símbolo de la gracia y la coquetería, dueña del río y las riquezas. En Cuba se sincretiza con la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, protectora de mujeres gestantes y parturientas.

Así sucesivamente, podríamos repasar, comparando todo el extenso panteón que rige la vida religiosa y todas las historias de santos y orishas que representan las fuerzas de la naturaleza y hacen las delicias de creyentes e iniciados en los cultos afrocubanos.

Cada una de estas deidades tenía elementos propios que la hacían diferente de las demás, y sin embargo, poseían dos denominadores comunes: la piedra y el caracol, que coinciden en las nuevas tierras donde el esclavo ha llegado gracias a los cantos, lamentaciones por su tierra perdida y a los toques de tambores resonando para sus adorados orishas.

El negro africano, con su inteligencia primitiva pero ágil para entender su entorno, escondió, silenció a sus dioses, enmascaró sus creencias bajo la apriencia de haber absorbido las de los amos blancos. Pero en lo profundo de su mente siguieron prevaleciendo las fuerzas de la naturaleza, de lo desconocido; su lengua, tan rica en matices; sus toques, que con variaciones tonales que llaman y cuentan historias de sus venerados orishas. Es en fin, su Africa trasladada, transplantada, imbricada en cada país que recibió aquellos cargamentos humanos esclavizados que al final se asentaron en tierras desconocidas, lo que acabó por atraer la atención, en ese período, de una raza supuestamente superior, que sucumbió con su mestizaje al encanto y la fuerza de lo primitivo.

Ingenuidad graciosa de la inteligencia pura, de la memoria gigantesca propia de su lucha por la subsistencia, por ocupar su lugar -el lugar que tenían en sus tierras ancestrales- su libertad en llanos y bosques, en ríos y montañas, su igualdad social. De todos estos conceptos mamaron desde pequeños los criollos de nuestra América, pero sobre todo de Cuba, conformando su personalidad de raíces interoceánicas. Hábitos, costumbres, sentido de independencia, comidas, ética familiar, llevan la impronta de los yorubas, los ararás, los congos, los haussas, los carabalíes; en suma de las etnias que más contribuyeron con su aporte cultural y que renacieron en tierras del Nuevo Mundo.

De los lucumíes o yorubas recibimos el legado de su larga y rica tradición sociocultural, su altivez, su inteligencia y su susceptibilidad, que los hace difíciles de atropellar; de los ararás, su seriedad, su hermetismo, su valentía; de los congos, dulces y alegres, su adaptabilidad con rasgos de timidez, su desconfianza, su introversión y su dedicación a los ritos religiosos. También heredamos la hombría y el machismo característicos de los carabalíes, fieles amigos, soberbios, violentos, vengativos, indomables, pero con gran sentido de la familia; la alegría de vivir, las bromas, el choteo y las guasas las heredamos de los haussas y de los mandingas adquirimos la habilidad, el tesón, la generosidad, la capacidad como negociantes, la hospitalidad y la franqueza.

De todos ellos nos nutrimos diariamente y en esa síntesis encontramos al verdadero cubano, que preserva con todas esas virtudes y defectos, el hieratismo de las etnias africanas.

 

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feb 01

La Segunda Guerra de Shangó y Oggún

Por: Tomás Pérez Medina

El tiempo pasaba y cada día Shangó traía a su mente a oggún, ya que no podía olvidar que por su felonía, había sido criado prácticamente como un huérfano, hasta que un día se vistió de guerrero y montado en su caballo se fue hacia las posesiones de Oggún. Este estaba casado con Oyá, quien al ver a Shangó se quedó enamorada de él; Shangó correspondió a las palabras amorosas de Oyá y se la llevó mientras Oggún se encontraba trabajando; el interés de Shangó era vengarse de la felonía de Oggún; como éste bebía mucho y era muy revoltoso, no le fue difícil a Shangó hacer que Oyá se fuera con él. Shangó se llevó a Oyá a casa de Dadá; ésta tenía a Shangó como a un hijo y él a ella como a una madre; después de Obatalá, ella era la única persona a quien obedecía. Al saber Oggún que Shangó se había llevado a Oyá, le declaró la guerra de nuevo, Así pasaron los días, Shangó antes de irse por la mañana, al combate, tan pronto se levantaba, iba adonde estaba el güirito y metiendo un dedo se hacía una cruz en la lengua, cosa esta que veía Oyá; un día hizo igual cuando Shangó salió por la mañana; al salir Oyá de aquel sitio fue a llamar a Dadá y le salió candela por la boca; se asustó de ella misma y se echó a correr metiéndose en una Palma hueca que había allí cerca, como lo hacía Shangó, aunque éste no corría. Dadá, al ver que el tiempo pasaba y no veía a Oyá, desde casi una hora antes, la llamó; pero Oyá aunque oía, no se atrevía a contestar.

Andando Dadá notó que el güirito de Shangó estaba en distinta posición a como él siempre lo dejaba; movida por la curiosidad fue a enderezar el güirito, y con la idea de saber qué tenía dentro metió el dedo por el agujero y tocó, aunque nada vio, siguió buscando a Oyá y distraídamente se pasó el dedo por la lengua; como a cada instante llamaba a Oyá, lo hizo, y también a ella le salió candela por la boca. Asustada, Dadá salió corriendo y se metió en el mismo hueco de la Palma donde estaba Oyá, las dos mujeres se abrazaron y de allí no se atrevieron a salir. Cuando Shangó regresó a su casa llamó a Oyá y a Dadá, ninguna apareció; se dirigió adonde estaba su güirito y vio que no estaba como lo había dejado, por lo que fue entonces a la Palma donde él se metía y allí encontró a las dos, regañándolas.

Oyá no le hizo caso y le dijo: (<Yo soy tu mujer y tengo derecho a saber todas tus cosas, lo que tienes que hacer es terminar de ganarle la guerra a Oggún.» Shangó al oír estas palabras se indignó y le respondió: «Crees que una guerra contra Oggún es fácil de ganar?, con tu curiosidad me has roto mi Ozaín, le has quitado el ashé.»

Oggún se preparó mejor en esta ocasión para la guerra y ya Shangó estaba perdiendo, cuando Oyá que estaba viendo la batalla desde lo alto de una loma comenzó a gritarle para prevenirlo y de su boca en vez de palabras, salieron grandes llamaradas de candela, aprovechando la confusión que esto había provocado entre los hombres de Oggún, bajó y se situó al lado de Shangó, obligando con las llamaradas a ponerse en retirada a los hombres de Oggún.

Shangó con los truenos, los rayos y los relámpagos y Oyá con la centella, le ganaron la guerra a Oggún, obligándolo a ir al monte, donde Shangó un día lo encontró vestido de colorado y se asustó, entonces le quitó la ropa y se la puso, vistiendo a Oggún con mariwó (guano). Por eso hasta hoy se puede decir que dondequiera que haya un caballo de Oggún y uno de Shangó, es seguro que en ese cabildo o fiesta habrá tragedia entre esos dos santos.

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ene 09

La Primera Guerra de Shangó y Oggún

Por: Tomás Pérez Medina

Oyá había salido como todas las mañanas a la Plaza a poner su venta de frutas, todas ellas frescas, como se las había dado su padre Olofi, para que las llevara al mercado.

Como de costumbre llegó temprano y comenzó a pregonar sus mercancías. Cantaba con una voz tan dulce y acariciadora que hacía que todos vinieran a comprarle sus productos.

Oyá era una negra muy linda, alta, de grandes ojos, cuerpo bien proporcionado, sus pechos desnudos y erectos, y una piel tersa que le brillaba bajo los rayos del Sol.

Al lado del puesto de Oyá, tenía Oggún su herrería y estaba perdidamente enamorado de la muchacha. Ese día había decidido declararle su amor y para esto decidió hacerle una corona con rayos de hierro, al terminar el día había confeccionado la corona más hermosa que jamás se hubiera visto, adornada con siete rayos de hierro.

Shangó que por aquella época aún era adivino, vio lo que estaba haciendo Oggún, fue a la Plaza y le contó todo a Oyá, mientras le declaraba su amor, diciéndole que su problema era que como estaba tan pobre no se atrevía a decirle nada, pues todo lo que poseía eran siete caracoles de adivinar y seis otanes rojos que tenía desde que era un niño.

Oyá le respondió que ella también lo amaba a él, que no le importaba que fuera un hombre pobre. Le dijo que esa misma noche fuera adonde estaba su padre Olofi a pedir su bendición, para que este les diera su ashé y así poder tener muchos hijos. Shangó se marchó contento, hasta la Palma Real donde vivía con su hermana Dadá y se preparó para esa misma noche ir a visitar a Olofi y pedirle a su hija en matrimonio.

Oggún que estaba en las cercanías lo había escuchado todo y se puso como un loco por los celos, diciéndose que él no iba a permitir que un muerto de hambre como Shangó viniera a quitarle la mujer que él amaba, la cual convertiría en su obiní de todas formas. Cerró su herrería y se fue a casa de un quimbinsero, a quien le pidió consejos para resolver la situación. Este le pidió un adá, dos malú, veintiuna hierbas y ciento un palos, diciéndole que se fuera tranquilo a su casa que esa noche Shangó no iba a poder asistir a la casa de Olofi.

Tan pronto Oggún le entregó al quimbinsero todo lo que le había pedido, éste se dirigió al lugar donde vivía Shangó, llevando un machete embrujado en la mano, tocando cuatro veces en la puerta. Salió Shangó a contestar y al ver al quimbinsero le preguntó: «,iQué quiere en mi casa? Este le respondió: «Vengo a hacerte un favor muy grande.» «,Tú, favores a mí?», lo increpó Shangó. El quimbinsero le respondió: «Sí, yo mismo, he venido a decirte que Oggún fue a yerme para que te hiciera una hechicería y no te puedas casar con Oyá.» Shangó sospechando una traición, le preguntó: «,Y por qué me lo has venido a contar?» Pues porque Oggún sólo me ha dado un pollo flaco, pero si tú me haces un favor que necesito y me das más que Oggún, Oyá será tuya.»

Shangó seguía desconfiado, pero más pudo el amor que latía en su corazón, que su cabeza y sin volver a reflexionar le preguntó al quimbisero qué tenía que hacer.

El viejo le dijo: «Necesito que vayas al monte y me traigas estas hierbas y palos que necesito para hacer mis trabajos, pero debes cortarlos con este machete.»

Sin volverlo a pensar, Shangó cogió el machete y se dirigió hacia el monte, tan pronto se internó un poco, levantó el machete para cortar unos palos y éste se convirtió en madera, mientras todo el bosque se ennegreció completamente. Shangó que era un hombre que no le temía a nada, se paró y gritó:

Nadie le contestó, pero los árboles y bejucos avanzaban hacia él con malas intenciones. Sin amilanarse, Shangó cogió el machete convertido en palo y arremetió con todas sus fuerzas contra las ramas y arbustos que querían cercarlo. Sudaba copiosamente, a veces le fallaban las fuerzas, pero mientras más le cerraban el camino, con más fuerza golpeaba. Así transcurrieron muchas horas de constante batalla, hasta que logró llegar a un lugar por donde pasaba un arroyuelo.

Al llegar aquí las ramas quedaron un poco detrás y Shangó sin pensarlo dos veces se lanzó a las aguas, bebiendo abundantemente y lavándose las heridas. Nadó un largo trecho, hasta llegar a un lugar en que había tranquilidad. Al salir del agua para descansar, sintió una voz de mujer que le hablaba desde el centro del arroyo y le decía: «Yo soy la dueña de las aguas que te han salvado la vida, mi nombre es Oshún. A cambio de lo que he hecho, tu tendrás que salvar otra vida. Camina siempre hacia el sur y hallarás tu destino.»

Shangó se incorporó y vio un pequeño camino que se dirigía hacia el sur y sin vacilar tomó por él. No había caminado mucho, cuando le pareció sentir una voz que se quejaba lastimosamente. Se detuvo para poder escuchar mejor y orientarse, y ya no le cupo dudas de que alguien delante de él estaba solicitando ayuda. Apresuró el paso y a los pocos minutos se encontró frente a un hombre aparentemente malherido. Se le acercó y al voltearlo vio cómo le faltaban la pierna y el brazo izquierdos, desde hacía tiempo, sobre la ceja izquierda le sangraba una herida profunda que no le permitía ver el ojo. Lo recostó contra una ceiba y tomando una güira que había cerca, preparó una cataplasma a base de hierbas frescas y savia de bejucos, poniéndosela sobre las heridas con la ayuda de una hoja de plátano. Shangó se sentó al lado del hombre cambiando a–cada rato la cura, hasta que el hombre se recuperó y al verlo le preguntó: «Quién eres tú?» «Yo soy Shangó», le respondió éste. El hombre sorprendido le volvió a preguntar; «Qué haces aquí?» Shangó le contestó: «Yo soy Shangó y te he encontrado en el medio de este camino en con- diciones bastante malas. Cuéntame, ¿qué fue lo que te pasó?» El hombre le respondió: «Yo vivo en estas selvas, en todo este monte, desde que tengo uso de razón siempre he vivido aquí. Como vivo encaramado en los árboles, a veces me caigo cuando me quedo dormido y parece que esta vez me sucedió lo mismo.»

Shangó no le quitaba la vista de las otras partes del cuerpo que le faltaban al hombre y éste que se dio cuenta le dijo: «No te extrañes tanto, yo tengo un sueño bastante profundo. En cuanto a la pierna y al brazo que me faltan, te haré la historia en otra oportunidad, pero dime: ¿qué me pusistes sobre el ojo que me ha cerrado la herida?» Shangó le contestó: «Recogí unas hierbas, las puse dentro de este güiro, las mezclé bien y las envolví con hojas de plátano para colocártelas en las parte enferma.» El hombre agradecido le dijo: «Aunque muchos hombre vienen a mis dominios a coger todo lo que necesitan, tú eres el primero que me ayudas, por lo que te estoy muy agradecido. ¿Dime qué puedo hacer por ti?»

Shangó le hizo el relato de todo lo que le había ocurrido y al terminar el hombre le dijo así: «Mi nombre es Ozaín, yo soy el dueño del monte, de todo lo que aquí crece y vive, y de todo lo que en él veas. Vine al mundo por mandato de Olodumare y tengo su ashé. Quien necesita de mí, aquí me tiene, pero a partir de este momento, tú serás el primero a quien yo sirva, para venir a mí, tendrán que contar contigo. Como todo lo que es de madera, o de palos, es mío, el machete embrujado que te dieron, con el que peleaste, seguirá siendo de madera para ti, todos los instrumentos que necesites para trabajar hazlos siempre de madera, porque el hierro que es de Oggún, es tu enemigo y no puedes tocarlo. Coge el güiro con que me curaste y para que más nunca te engañen y sepas lo que traman tus enemigos, todas las mañanas te haces una cruz con las aguas y hierbas que tiene adentro, sobre la lengua, manos y ojos. No permitas que nadie lo toque o lo destape, pues él y los secretos que contiene son sólo tuyos.» Alzó su mano y tomó un loro que estaba posado sobre una rama y continuó: «Toma este loro, ponlo encima del güiro y él te indicará el camino de regreso a tu pueblo. Recuerda que sólo tú puedes destapar el güiro, cualquiera que lo haga sin tu permiso ha de sufrir el castigo de la candela. Vete en paz, con mi bendición y mi ashé. De ahora en adelante yo seré tu Padrino y mi casa es tu casa.»

Shangó cogió el camino de regreso guiado por el loro y al llegar a su ilé le preguntó a su hermana Dadá por los aconteci mientos de los días que había estado perdido por el monte.

Entre otras cosas ésta le dio la noticia de que Olofi le había entregado a Oggún su hija Oyá, como esposa y que éste pasaba el tiempo vanagloriándose de haberlo engañado y ganado la pelea por el amor de Oyá. Shangó al oír esto se enfureció y dijo: «Oyá ha de ser mía y Oggún más nunca me ganará una guerra.» A lo que Dadá le respondió: Kabio sile Shangó, kabio sile.

Es por eso que cuando truena decimos: «Clueco osí Ozaín», porque la llama es el relámpago y el trueno es la voz de Shangó, que cuando grita todo tiembla, eso es «Guotiloni soró allá». Según grita, así es de grande.

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dic 09

Un Cake para Obbatalá

Por: Lázara Menéndez Váz

En el Primer Taller Internacional sobre los problemas de la cultura yoruba en Cuba[1] organizado por la Asociación Cultural Yoruba de Cuba y la Academia de Ciencias, en 1992, se constató la existencia de una tendencia que coloquialmente se denominó “yorubización de la Santería”. Indagué sobre la cuestión y me explicaron que se pretendía la recuperación de lo que se denominó “ortodoxia ritual”; ello significaba una vuelta a África, en especial a la liturgia reconocible en el culto de los orichas practicada en Nigeria e implicaba conceptualmente la reapropiación del corpus de Ifá. Algunos iyalochas, babalochas y babalaos[2] me comentaron que allá estaban nuestras raíces y nuestras verdades; que el culto a los orichas era anterior al cristianismo y por ello se hacía muy significativo reapropiarse de la historia y también de la lengua yoruba -de la que aún quedan personas que pueden hablarla en Cuba.

Al decir de otros religiosos, la Regla de Ocha-Ifá debía regirse por los dictados del Ooni de Ife. Una de las ganancias que se esperaba obtener con la recuperación de la ortodoxia ritual era la eliminación del sincretismo; la vuelta al origen suprimiría la mezcla o lo que se consideraba como tal. Desaparecería, al decir de los religiosos, la errónea equiparación entre Changó y Santa Bárbara o entre Ochún y la Virgen de la Caridad del Cobre. Se aspiraba también a la creación y consolidación de una jerarquía eclesiástica que normara institucionalmente el ejercicio santero y de este modo evitar las transgresiones perversas y las modificaciones profanadoras de la tradición…

En el Primer Taller Internacional sobre los problemas de la cultura yoruba en Cuba[1] organizado por la Asociación Cultural Yoruba de Cuba y la Academia de Ciencias, en 1992, se constató la existencia de una tendencia que coloquialmente se denominó “yorubización de la Santería”. Indagué sobre la cuestión y me explicaron que se pretendía la recuperación de lo que se denominó “ortodoxia ritual”; ello significaba una vuelta a África, en especial a la liturgia reconocible en el culto de los orichas practicada en Nigeria e implicaba conceptualmente la reapropiación del corpus de Ifá. Algunos iyalochas, babalochas y babalaos[2] me comentaron que allá estaban nuestras raíces y nuestras verdades; que el culto a los orichas era anterior al cristianismo y por ello se hacía muy significativo reapropiarse de la historia y también de la lengua yoruba -de la que aún quedan personas que pueden hablarla en Cuba.

Al decir de otros religiosos, la Regla de Ocha-Ifá debía regirse por los dictados del Ooni de Ife. Una de las ganancias que se esperaba obtener con la recuperación de la ortodoxia ritual era la eliminación del sincretismo; la vuelta al origen suprimiría la mezcla o lo que se consideraba como tal. Desaparecería, al decir de los religiosos, la errónea equiparación entre Changó y Santa Bárbara o entre Ochún y la Virgen de la Caridad del Cobre. Se aspiraba también a la creación y consolidación de una jerarquía eclesiástica que normara institucionalmente el ejercicio santero y de este modo evitar las transgresiones perversas y las modificaciones profanadoras de la tradición.

El asunto me interesó, porque tanto en los actos de creación -y la Santería es uno de ellos- como en las “ciencias de realización”, aquellas en las que los hechos no pueden repetirse a voluntad en un laboratorio porque este es la vida misma, no hay ocasión para desandar los caminos que construyeron las historias y llegar al punto de partida; primero, porque el principio no es más que la mitad de todas las cosas; segundo, porque como se afirma en un viejo bolero “ayer no es hoy”, y tercero, porque no es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Las otras razones que despertaron mi interés guardan relación con el hecho de que Africa, en el imaginario popular cubano, no se manifiesta como tierra de promisión e identidad; tampoco ha existido históricamente una conciencia de retorno y, por último, la Santería mantiene como norma la reinterpretación de sus preceptos en aras de la reactualización del legado que se asume como tradicional.

No es usual que el cubano promedio -o incluso el que no lo es- pueda mencionar y ubicar más de tres ríos africanos, conozca de imperios tan importantes como el de Ghana (700-1200), Mali (1200-1500), Kanen-Bornu (800-1200), Monomotapa (1450-1800), de las hazañas de Mansa Musa o de una ciudad tan extraordinaria como Tumbuctú. Entre 1886, año de la total abolición de la esclavitud en Cuba, y el inicio de la colaboración entre Cuba y Angola transcurrieron años de desconexión popular con el continente africano, aunque no carecimos de una pertinaz y distorsionada llovizna informativa que incentivó, también por años, una imagen de Africa ligada a Tarzán, Juana y la mona Chita, transmitida principalmente a través de la radio, el cine y las tiras cómicas.

En la Regla de Ocha-Ifá la imagen de Africa que se transparenta es también débil; prácticamente se reduce a mencionarla como el lugar del origen remoto. Muy pocos religiosos conocen los hábitos, costumbres, normas éticas, educativas, filosóficas y el protocolo ritual pertenecientes a la cultura yoruba-nigeriana. En fin de cuentas, existe un conocimiento muy reducido, y en no pocas ocasiones tergiversado, de la cultura de la cual aceptan descender. Históricamente no hemos contado con una abundante y asequible información sobre la población yoruba y su cultura. Es oportuno recordar que hace años para ir a las bibliotecas había que saber leer, y hace menos, para tener acceso a esa literatura, hay que poder leer en inglés. Es obvio que el reciclaje informativo ha dependido, en los últimos tiempos, de estudios especializados que sobre la Santería se escribieron y de los que se desarrollan actualmente en el país.

En la interioridad de la práctica santera no he detectado, entre los indicadores empleados por los religiosos para prestigiar la labor de un igboro (iniciado en la religión), el conocimiento que sobre Africa, la cultura y la religión yoruba tenga una iyalocha, un babalocha o un babalao. Importa su eficacia en la solución de problemas diversos, porque se privilegia el carácter instrumental del ejercicio religioso; se prioriza el saber activo ligado al conocimiento y dominio de “tratados” -fórmulas mágicas o no- empleados para conseguir la solución buscada. Es significativo el valor de la “decencia”, entendida como la ausencia de intención lucrativa en el ejercicio religioso, la observancia de ciertas normas de convivencia y el cumplimiento de preceptos éticos emanados de la práctica ritual, en virtud de la función normativa y de regulación de la proyección individual del sujeto.

¿A qué causa podía deberse este empeño en yorubizar o africanizar la Santería? ¿Puede considerarse como el inicio de una corriente de revitalización de las culturas africanas por una necesidad de legitimación sociocultural? ¿Son esos criterios la evidencia de una influencia del ejercicio santero procedente de Puerto Rico y de los Estados Unidos, lugares en los que algunos omo-ocha (hijos de santo) han vuelto sus ojos hacia Africa con la intención de obtener información, legitimación y algunas cosillas más para las prácticas que realizan? ¿Puede ser este, acaso, el tentáculo de un “pulpito” que adopta un perfil religioso, pero que en el fondo obedece a una manifestación de naturaleza discriminatoria? ¿Era una expresión de preocupación por los cambios que se avecinaban en virtud de la “despenalización” de la conciencia religiosa?

Algunos de estos problemas se reconocen en los criterios que aún hoy se expresan acerca de este asunto; pero favorecer uno de ellos no sería prudente por la falta de consenso en las posiciones y juicios emitidos por los religiosos. A mi modo de ver, el eje de este conflicto está movido por la voluntad de cambio que articula la práctica santera, que en ocasiones se manifiesta como una acción premeditada y en otras no; así el alcance de esta varía de acuerdo con los objetivos que se persiguen.

Aunque la Santería carece de un sistema de relaciones socioculturales verticalista a nivel nacional, es posible reconocer la existencia de un discurso que, a manera de telón de fondo, unifica horizontalmente el quehacer santero en sus aspectos vertebrales. Esto permite establecer distinciones entre lo que el santero cree que debiera hacerse, lo que cree que en realidad se hace y lo que sucede realmente. El discurso de la yorubización de la Santería se inscribe en lo que un segmento reducido de esta población opina que debiera hacerse, porque lo que ellos creen que en realidad se hace es favorecer la distorsión y con ella el descrédito del ejercicio santero.

Las consideraciones de algunos santeros con los que sostuve diálogos más prolongados y la dinámica que demanda el asunto, me revelaron que lo complicado no estribaba en que se expresara una voluntad de cambio, sino en su dirección y las acciones que ello implicaba. Por estas razones, me decidí a elaborar una reflexión que, desde una perspectiva teórico-metodológica plural, favoreciera una relectura de la historia de la tradición cultural yoruba sin privilegiar modelos de equilibrio para el análisis de la Santería y que a la vez permitiera el reconocimiento y la presencia del conflicto contenido en ella.

La única intención que persigo con este estudio es llamar la atención acerca del hecho de que la voluntad de cambio, que tanto preocupa a algunos religiosos, es consustancial a la práctica santera, puesto que la transgresión de los límites constituye también un modo particular de relacionarse con lo sagrado. La innovación y la transgresión no constituyen una excepción de la norma, sino la articulación necesaria para la redefinición de los límites. La ortodoxia funciona en tanto promueve y garantiza la posibilidad de la heterodoxia ritual que anula la existencia de discursos autoritarios. “Cada maestro tiene su librito” o “en mi casa mando yo” son enunciados de un discurso que se sostiene sobre un ejercicio individualizado, flexible, activo, conversacional, de la práctica ritual, que interactúa sistemáticamente con la cotidianidad y que no siempre resulta tan autoritario como parece.

Haciendo abstracción de la compleja tipología que respalda los estudios de cambio sociocultural, me adscribo a lo que Raymond Firth llama “cambio en la organización”.3 De acuerdo con sus consideraciones, estos son cambios en la manera de hacer las cosas, las cuales continúan realizándose, y “cambios en la extensión”: aquellas variaciones en los alcances de determinados complejos de relaciones socioculturales que permanecen formalmente inalterables.

El estudio lo he dividido en tres partes: la primera, llama la atención sobre la necesidad de observar el proceso de transculturación en la evolución de los elementos de las culturas matrices y las características de aquellas culturas en sus contextos originarios; la segunda reflexión se aproxima a la reconstrucción del componente yoruba en Cuba y la creación de una nueva organización que hoy conocemos como Santería o Regla de Ocha-Ifá; la tercera se centra en el análisis de una “moyuba” o invocación destinada a los orichas y antepasados como un ejemplo de la dinámica de cambio, en la que continuidad y discontinuidad forman parte de la reinterpretación del legado y, a la vez, son exponentes de la confluencia de herencias.

Una pretensión ingenua

El discurso racionalista moderno nos trasladó su vocación por un absurdo y antihistórico concepto de pureza y nos llevó a mirar nuestras mezcladas y heterogéneas culturas como un signo de inferioridad, exclusivo de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Con ello tendió a acentuar la exaltación de la noción de raza (“voz de mala cuna y mala vida”) y los prejuicios raciales, de los cuales dijo Fernando Ortiz que no eran “ciencias de blancos sino supersticiones de barbarie que hacen sacrificios humanos a ídolos de colores diversos”.4 No escapa a estas consideraciones la producción simbólica generada en las culturas africanas y trasplantadas a Cuba.

Hacer descansar la caracterización y valor de la Santería solo en la conservación de sus antecedentes africanos sin una valoración histórica, sistemática y sistémica de estos, es una pretensión ingenua. La tácita o explícita negación del fenómeno transculturativo puede convertirse en un problema ontológico.

Si nada se hubiera modificado desde la introducción de los primeros africanos en Cuba; si el medio sociocultural, criollo primero, cubano después, no hubiera logrado influir y atrapar en su órbita a aquellos y sus descendientes, -sobre todo a estos últimos-; si los descendientes en primera y segunda generación no hubieran sentido como suyos los valores que se fueron creando en el nuevo contexto y no se hubieran definido como cubanos por conciencia y voluntad, como afirma Ortiz, habría que aceptar la inmovilidad de la historia, negar la existencia de nuestra cultura, la concepción orticiana de transculturación y quemar en una pira a los que suscriben que la cultura es un fenómeno dinámico.

La sustantivación indiscriminada y acrítica del componente yoruba y su pretendida demostración por encima de los mecanismos de discontinuidad que operaron en las transformaciones culturales, tiende a bloquear la acción cognoscitiva y a negar la estratégica acción desacralizante y revitalizadora que proponen los mismos patrones cristalizados dentro del universo santero.

El énfasis en el eje africano, por encima de los rasgos que cualifican el fenómeno como cubano, tiende a agudizar el distanciamiento, desde la perspectiva sociocultural, con el universo santero, a entorpecer la asunción intelectual de dicho fenómeno más allá de las relaciones modales y volitivas que individualmente se establezcan con él, y a dificultar su reconocimiento como expresión cultural autónoma, bien diferenciada de sus antecedentes y de otras prácticas contemporáneas a ella.

La cosmovisión santera no depende en la actualidad -como no dependió en la época en que Fernando Ortiz y Lydia Cabrera publicaron obras cumbres como Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar y El monte, respectivamente- solo del núcleo africano, sino que esta peculiar cosmovisión participa -por legítimo derecho- en la órbita de lo cubano. No se trata de negar o menoscabar el antecedente yoruba, pero sí de insistir en el hecho de que “un negro cubano típico se parece más a un blanco cubano típico que a un negro de Africa”.5

Un aparte necesario

La reconstrucción del sistema de pensamiento yoruba y el análisis de sus prácticas culturales entre los siglos XII y XIX, según los datos aportados por los propios especialistas nigerianos, pone de manifiesto la interpenetración de las funciones religiosas, sociales, comunicativo-memoriales, educativas, ideológicas, cognoscitivas, y estéticas entre las diversas ramas del saber, que no se manifiestan como diferenciadas en sus concreciones específicas.

Las estructuras socioeconómicas y culturales a las que se vio sometido el africano en el nuevo contexto colonial cubano, la dislocación de valores y mecanismos culturales autóctonos, su reducción a la condición de esclavo, implicaron y determinaron cambios en las acciones y significados.

Sufrieron modificaciones las relaciones económicas, las instituciones rituales, las formas de agrupación, las relaciones de parentesco, el intercambio de bienes y servicios, las formas de vida doméstica, la institución matrimonio, el valor tradicional de la hospitalidad, sustentada frecuentemente en el matrimonio polígamo y las descendencias unilineales.

La identificación tradicional de la riqueza basada en la consideración de que el más rico es también el de mayor poder simbólico representativo, se vio modificada por la inserción del africano en una estructura económica definida por el valor del dinero, el desarrollo del comercio, la significación del mercado alejado de la consideración tradicional; el énfasis en la autonomía individual fue uno de los factores que entorpecieron no solo la recreación de las estructuras autocráticas y patriarcales tradicionales, sino también modificó la relación individuo-colectivo e individuo-sociedad.

Si el que llegaba a América como chapetón, ya por sólo cruzar el Atlántico dejaba de ser el campesino mísero, el villano pobrete, el criminal fugitivo, el pícaro aventurero, el clérigo vagante o el hidalgo sin algo, para convertirse ipso facto en un “blanco”, con privilegios leucocráticos sobre grandes masas de gentes de “color”; el negro traído a la fuerza como esclavo, por sólo entrar en el barco negrero y luego en el barracón, ya no era un típico negro mandinga, guineo o congo tal como sus connacionales, sino un “negro” mutilado por el profundo trauma psíquico del violento arranque y un oprimido por la servidumbre que lo deformaba si no lo destruía [...] Y unos y otros, blancos y negros, sumergidos en un ambiente extraño para todos y disociador, con leyes que se acataban pero no se cumplían, con ordenanzas para el provecho exclusivo de quienes las acordaban, con morales escurridizas propias de sociedades improvisadas con elementos heterogéneos y todos exóticos, con posiciones interinas, convivencias provisionales, tensiones constantes, codicias sin frenos, frustraciones desesperadas; todos “de paso”, en fricción, en odio, en miedo y en relajo.6

Es obvio que la estructuración cualificadora de un nuevo producto no presupone la desaparición de los componentes originarios, pero sí la diferenciación de aquel con respecto a los que le son coetáneos y la consecuente negación dialéctica de sus antecesores; aunque no entraña una paralización del proceso una vez aparecido el nuevo modelo.

Entre los yorubas el pensamiento religioso no se cualifica como un discurso autónomo hasta bien entrado el siglo XX. Hablar en el siglo XIX, y en los que le preceden, de la existencia de una manifestación de tal naturaleza es no comprender el trascendental carácter sincrético de esta cultura y el profundo trauma que debió representar, para el hombre yoruba en particular y para el africano en general, su inserción en un contexto de valores económicos, sociales, políticos y religiosos diferentes.

En Reinos africanos, de Basil Davidson, y en Africa negra de Suret-Canale, los autores coinciden en destacar la lógica de los sistemas de creencias tradicionales apoyados en una imagen de totalidad cambiante, mutable y viva. No reconocen una dicotomía entre lo sagrado y lo profano, entre normas y prescripciones morales, sociales, filosóficas, y el carácter sobrenatural de ciertos fenómenos. Estos se mezclan en un todo sincrético.7 Un ejemplo de ello se observa en la interacción entre iwápèlé, orí/eledá y Eshu/Ajogún, contenidos todos en el corpus de Ifá, núcleo de los principios éticos, filosóficos, morales y literarios que refrendan la tradición oficial en Ife, ciudad santa y sede de los dioses creadores y de las familias fundadoras.

Davidson considera que las religiones en las sociedades tradicionales daban una visión total del mundo, incluidos el sensorial y el suprasensorial, dirigida tanto a la explicación como a la prescripción. Obatalá fue enviado a crear el hombre, se emborrachó y creó a jorobados y albinos; se deriva de esta acción la prohibición de beber vino de palma para todos aquellos que se consagran a la adoración de este oricha.8

Asegura Berta Sharevskaya no haber encontrado en las lenguas africanas una sola palabra que corresponda a las expresiones de Ser Supremo, Dios Todopoderoso, Demiurgo, Primera Causa, etc. Nyame, Nzambi en el Congo, Leza en Rhodesia, Olorun entre los yorubas son, en sentido general, divinizaciones de antepasados y fuerzas de la naturaleza. La adoración de un ser supremo no adopta las características y atributos de la adoración monoteísta. La autora considera que “el objeto de veneración en las religiones africanas era toda una jerarquía de altos seres y espíritus sobrenaturales, más que un sólo ser supremo”, pues la “adoración no se satisface con un sólo dios”.9

Una tesis interesante y que nos parece conveniente insertar en este contexto es la de Pierre Verger en Flux et reflux de la traite des nègres entre le Golfe de Benin et Bahia de Todos os Santos du XVIIe au XIXe, donde señala que:

[...] a pesar de la multiplicidad de dioses, se tiene la impresión de que no se trata de politeísmos, sino de monoteísmos múltiples yuxtapuestos, donde cada creyente no está consagrado más que a un sólo dios y no reverencia más que a este, guardando vis a vis para las divinidades vecinas sentimientos que no van más allá del simple respeto”.10

La definición de oricha es una noción importante en la conceptualización y operatividad de la práctica religiosa yoruba. El oricha, además de un ancestro divinizado, es, como afirma Pierre Verger en Orixas, “una forma pura, ase inmaterial que sólo se hace perceptible a los seres humanos incorporándose a uno de ellos”.11

En el etnos yoruba existe una tradición oficial y autónoma; así, ciertos orichas alcanzan una posición dominante en algunas ciudades: Changó en Oyó, Ochún en Ijexa y Oxogbo, Yemayá en Egba, Olodumare y Oduduwa en Ife. El lugar ocupado en la organización oficial por el oricha puede ser muy diferente si se trata de una ciudad donde existe un palacio ocupado por un rey, o si se trata de las aldeas independientes donde el poder político permanece débil “en ausencia del estado (autoritario) y son los jefes fetichistas los que garantizan la cohesión social”.12

Los dioses de la creación y la creación de los dioses son dos instancias definidas en la adoración yoruba y relativamente privilegiadas. En la primera, se reconoce la adoración que el pueblo de la ciudad de Ife tiene por Olodumare como creador del cielo y la tierra y la convicción de que Orúmila fue testigo de este acto y por ello sabe la historia del origen.13

La creación de los dioses, al decir de Verger, es el resultado de una contrariedad, de un momento de pasión. Oyá acompaña a Changó en una fuga y cuando él desaparece, ella se mete debajo de la tierra. Changó se convierte en oricha cuando se sintió abandonado y salió de Oyó para Tapa. Ochún y Oba se transforman en ríos cuando huyen atemorizadas por la ira del marido común.

La conservación de los recursos expresivos de origen africano en Cuba se debió, entre otros factores, a la acción estabilizadora de la tradición con respecto a las fuerzas que actuaban sobre el individuo, a la existencia de una colectividad que favoreció la circulación de la información por el manejo de códigos similares y a la relación dinámica de intraducibilidad y traducibilidad de estos, en situación de contacto cultural.

En Cuba nos hemos deleitado repetidas veces con esos bailes de los viejos negros rememorativos de sus ancestrales goces y tradiciones. Sobre todo contemplando las danzas de las viejitas. [...] En ellas el baile no es un trámite de erotismo, sino gozosa expresión de la euforia vital con que la personalidad se enlaza, no a otro sexo sino a toda su agrupación social, en la plenitud de su solidaria conciencia; que es sexo, pero también es maternidad, familia, tribu, religión, trabajo, guerra, felicidad y desgracia. [...] Sólo una negra en la senectud, de rostro muy surcado por los años vividos, de senos flácidos por tanto lactar, de pelvis abierta por los muchos engendros y de vientre anchuroso por la reiterada preñez, puede danzar dignamente la danza alegórica de la perpetuación de la especie, con el ritmo y el meneo de la expresión inequívoca en un rito diolátrico evocativo de la amorosa fecundidad de la Madre Grande, la Naturaleza.14

Es cierto que las culturas no se destruyen, salvo que una acción genocida elimine a los hombres y a sus obras; también es cierto que no se aprenden, pues “el portador de una cultura no puede introducirse en otra haciendo tábula rasa de la suya propia. Percibe la otra cultura a partir de la que lleva consigo mismo. Hay más, percibe a la otra porque justamente posee una que es diferente”.15

Es una verdad históricamente demostrada que nuestras culturas son conjuntos distintos de “las culturas matrices precolombinas, africanas, asiáticas e incluso europeas ya que resultan prácticas desconocidas fuera de la América precolombina”.16

La utilización de los estereotipos y universos de valores individual-colectivos traídos del lugar de origen, fueron aplicados a la nueva vida cotidiana y también se fueron modificando en la medida que esa vida cotidiana iba moldeando la posibilidad del individuo en una sociedad donde la tenencia de la tierra era privada y no colectiva; donde el individuo se definía esencialmente por su posición socioeconómica y no por el status alcanzado en virtud de los principios jerárquicos tradicionales.

El relleno: “no con quien naces sino con quien paces…”

La Santería o Regla de Ocha-Ifá se manifiesta en el contexto cultural cubano como una práctica religiosa autónoma, diferenciada de otras modalidades religiosas. En su funcionamiento interno, en el espacio real-simbólico de la casa templo, se proyecta como una expresión sincrética en la que se reconoce la imbricación de formas musicales, coreográficas, cantos, recitativos y la creación de artefactos que cualifican el universo visual.

En su autonomía se expresa la injerencia de los agentes dinamizadores (aculturizadores o no) que aceleran procesos de cambio. En su naturaleza sincrética se manifiesta la huella de la sociedad tradicional africana.17

En tanto construcción cubana de matriz yoruba y naturaleza sociorreligiosa-cultural, es subdivisible en dos niveles: el de la norma ideal, contenida parcialmente en los sistemas adivinatorios y en el discurso individual de los santeros, y el de la competencia real como el espacio concreto en el que se inscribe el sujeto, sus ideas y sus prácticas.

Originalmente, lo que hoy conocemos por Santería estuvo integrado por individuos que se vieron forzados a relacionarse entre sí de manera horizontal y organizarse en cofradías, hermandades, familias rituales, relativamente independientes y escoradas internamente hacia una coparticipación no jerarquizada de rangos, funciones, esferas de acción, ante la violenta ruptura de las estructuras de linaje.

La información circuló básicamente de modo horizontal y de esa forma se heredaron y conservaron, en estereotipos individuales y colectivos, amplios sistemas de conocimientos pertenecientes fundamentalmente -pero no exclusivamente- a las culturas africanas.

Este saber, en manos de sucesivas generaciones, fue enriquecido con la experiencia práctica e incrementado sobre todo por las conexiones interpersonales socioeconómicas, que favorecieron las interrelaciones entre los elementos culturales de que eran portadores y los que se derivaban de los aparatos ideológicos heredados o creados por la cultura hegemónica a lo largo de la historia.

La acción homeostática no exime de tensiones ni de conflictos; estos pueden hacerse críticos ante bruscos y radicales cambios sociales, pues “la imposición de exigencias sociales sobre los mismos individuos puede, y en algunas ocasiones debe, conducir a quebrantamientos de algunas normas aceptadas, antiguas o nuevas”.18

La filosofía popular nunca fue tan dada a los conceptos absolutos como la teología. En el campo meramente folklórico y refiriéndome a lo intelectual, lo decía el viejo macarrónico refrán de Castilla: quod Natura non dat Salmántica non prestat. También para la conducta, otro refrán castellano rezaba: “genio y figura, hasta la sepultura”, para indicar que en lo esencial el carácter como la forma del cuerpo no se cambian radicalmente en la existencia. Pero el mismo folklore supo decir: “dime con quién andas y te diré quién eres” y “no con quién naces sino con quién paces”, proverbios para denotar que en la vida humana el trato hace más que el linaje, la educación más que la progenie. Decires contradictorios del pueblo que reflejan la dual visión del problema, mirando así para la herencia como para la educación”.19

En Cuba, en la actualidad, la Regla de Ocha-Ifá no constituye un grupo organizado territorial, económica, social o étnicamente. No cuenta con una estructura jerárquica de tipo piramidal y suprafamiliar, no constituye un proyecto político-social sistematizado. Pero funciona con fuerza institucional, en virtud de la existencia de ejes estables que garantizan la relativa unidad de la práctica ritual. El más fuerte contenido, como una variable de la definición de lo sagrado, es sin dudas la adoración al oricha, el respeto a los mayores y a la familia ritual. No tan visibles, pero no menos significativos, resultan el reconocimiento de la condición de santero, la conciencia de pertenencia, y la naturaleza contingente, ecuménica y humanista de la práctica.

Esta estructuración del ejercicio santero ha posibilitado la pervivencia del sentido omniabarcante de la adoración yoruba. Sin embargo, el carácter localista o regionalista típico de la adoración politeísta en general y de la yoruba en particular, desaparece en Cuba.

Aquí se crea, de modo relativamente espontáneo, una estructura litúrgica suprarregional y se convencionalizan ciertos subsistemas en el interior de la práctica, que la cualifica de manera diferente a la cultura matriz.

Debe pensarse en los famosos y no menos controvertidos “guerreros”, tetralogía compuesta por Eleguá, Ogún, Ochosi y Osun; y los “santos de fundamento” que la persona recibe en la ceremonia de iniciación independientemente de su “santo de cabecera” o de “corona”. Estos dos conjuntos son un resultado del proceso de transculturación. Ellos son asumidos por los religiosos como totalidades y no como partes, lo que tiende a desdibujar posibles relaciones jerárquicas individuales.

La caracterización que hace Pierre Verger de la noción de oricha es válida para Cuba, aunque acá ha perdido dos de los rasgos señalados por el investigador: no es exactamente un bien de familia ni se transmite por linaje paterno.

La creación, como acto trascendente, está muy atemperada en Cuba, y los religiosos no le conceden mucha importancia, al menos externamente. La creación del mundo y de los orichas es un problema que pertenece al pasado, y en las historias de la creación que aparecen en los documentos escritos por los religiosos se observa la influencia de otras normas.

El cambio de posición -de hegemónico a subalterno- de los elementos culturales precedentes del etnos cultural yoruba, implicó pérdidas en algunos casos y en otros reajustes. Orommiyon, cofundador con Olokun del etnos Yoruba -según una versión recogida por Frank Willet, y reconocida como el mundo presente convertido en pasado-, no se conoce en nuestro medio; la temida Olokun es en Ife una deidad independiente y no un camino de Yemayá o la madre de Yemayá, como la identifican muchos de nuestros religiosos.

Conviene recordar que Oyá dejó de ser la dueña del río Níger para convertirse en la portera de nuestros cementerios; Ochún, en Cuba, simboliza el reino de las aguas dulces y la femineidad de la cubana, mas no la sobria fertilidad de la diosa adorada en Yorubalandia. En su oriki se dice:

Ella es la sabiduría de la selva, es la sabiduría del río. Donde el médico fracasó, ella cura con agua fresca. Donde la medicina es impotente, ella cura con agua fría; ella cura al niño y no cobra al padre. Alimenta a la mujer estéril con miel y su seco cuerpo se hincha como un jugoso fruto de la palma. ¡Oh! Cuán dulce es el roce de la mano de un niño.20

En el proceso de construcción de la identidad santera se ven comprometidas infinitas acciones comunicativas. Cuando se agrupan las motivaciones que, según los testimonios, condicionan el ingreso en la religión, resultan privilegiadas las siguientes: la adopción de los postulados santeros, que puede significar continuar una tradición de familia; la solución de conflictos contingenciales ligados a la vida personal, social, profesional, etc.; una manera de obtener el sustento que puede o no implicar formas de lucro muy diversificadas; la búsqueda de una identidad cultural.

Los factores mencionados no son restrictivos ni excluyentes; por tanto, varios de ellos pueden confluir y calificar, conformar y modelar la red de relaciones socioculturales en las que se inserta el individuo comprometido con el ejercicio ritual.

Entre los elementos que explican y sirven de acicate al reconocimiento de la condición de santero, no se detectan, como signos de ellos: la necesidad de violar las normas sociales establecidas y refrendadas por la tradición sociofamiliar; un deseo premeditado de singularización o la explícita proclamación del derecho a la diferencia; reacciones de autodefensa a la agresión de las normas tradicionales; manifestaciones de nacionalismo chauvinista, odio, racismo, o resentimiento ante ciertas hostilidades sociofamiliares.

Son otros los móviles que reconocen los religiosos y que detectan los estudios. La Santería le brinda al sujeto la posibilidad de una constante, flexible y dialogada interacción con lo sagrado; a nivel individual o en el reducido entorno de la familia ritual, la Regla de Ocha-Ifá le permite al individuo estar en estrecha relación con la recreación y reconstrucción del legado que se asume como tradicional, estar en contacto con herencias culturales disímiles que coexisten y confluyen en la práctica y favorecen la voluntad de asumir premeditadamente un cambio.

Por ignorancia o tendenciosidad, las formas culturales que entronizan las hegemonías, han despreciado el valor de la tradición oral como medio de expresión de una cultura. También, durante años, se le negó a la Santería la condición de cultura y las funciones que ella es capaz de desempeñar, tales como las de memorización, entendimiento, normación ética y expresión estética. La poca instrucción académica atribuida a sus practicantes y la carencia de un texto escrito semejante a la Biblia, se ha utilizado como indicadores de una supuesta falta de inteligencia y saber.

Este enfoque tiende a omitir que bajo el signo de la oralidad han pervivido informaciones que “dan fe de los comportamientos pasados de los individuos, nociones filosóficas, concepciones cosmológico-alegóricas, normas étnicas, sociales y estructuras discursivas abiertas y flexibles a la novedad aun cuando conservaran núcleos mínimos irreductibles”.21

La oralidad implica una actitud ante la realidad y no todos los datos verbales constituyen una tradición, solo aquellos que durante cierto tiempo son refrendados por el grupo. Son mensajes transmitidos de una generación a otra, influidos y condicionados por formas-cánones procedentes de diferentes estratos.

La cultura, la educación y la instrucción en los marcos de la práctica santera no están homogeneizadas y no todos disponen de los mismos conocimientos, hábitos, costumbres y hasta normas rituales; heterogénea es también la integración del grupo desde el punto de vista socioprofesional. De esta manera se favorece, y más que favorecerse se hace un requisito indispensable, el intercambio de información y la dinámica continuidad-cambio en la interpretación de los datos. Las siguientes informaciones dan luz sobre esto.

Hay casas de santo en las que no se utilizan “herramientas” acompañando a los “otanes” (piedras que simbólicamente representan a las divinidades), pues esos religiosos consideran que eso es superfluo, ya que los africanos no pudieron traer ninguno de esos objetos y consideran que muchos de ellos fueron incorporaciones que se hicieron en nuestro contexto.

Los ejemplos más utilizados para argumentar el criterio anterior son el salvavidas que integra el conjunto de herramientas de Yemayá, las sirenas de Olokun, los clavos de línea de ferrocarril que se dedican a Ogún.

Otras modificaciones que se pueden observar son las que competen a la relación existente entre los iyalochas, babalochas e igboros, y los babalaos. Hay casas donde en las ceremonias de iniciación no prescinden de la presencia del servidor de Orula, el dios de la adivinación, al que están consagrados los babalaos. En otras casas todo el ceremonial se desarrolla sin la presencia de aquel. Existen casas dedicadas al culto de Ifá en las que el ingreso a la condición de babalao está precedida de su coronación como omo-ocha o hijo de santo; pero en otras, el sujeto puede prescindir de la iniciación en ocha y consagrarse directamente como babalao.

En el seno de la comunidad santera deviene tradición todo aquello que se juzga importante para el buen funcionamiento y comprensión de los hábitos que marcan la evolución del fenómeno. Así encontramos que en la práctica santera se suscribe la necesidad del empleo de la lengua yoruba. En algunos lugares y circunstancias, el repetir ciertas fórmulas de los remanentes de esa y otras lenguas que quedan en Cuba, funciona como un signo de prestigio ritual; y a la vez, como una forma de incomunicación porque es el castellano y no el yoruba el soporte y vehículo del pensamiento y el saber santero.

La masa: el saber depositado

En 1970 tuve la extraordinaria posibilidad de obtener, de boca de un babalao (Eusebio Hernández, de 86 años de edad, 76 de iniciado omo-Changó y 50 de babalao en aquel entonces) una moyuba que él había empleado en ciertas circunstancias rituales. Según me contó, la había aprendido de su padrino Saturnino de Cárdenas. Este antiguo rezo se había conservado en Cuba -a través del tiempo- en los tradicionales ambientes santeros, en las profundas intimidades de las casas-templos consagradas a la adoración de los orichas. A través de ella se hace posible, gracias a la lengua, la presencia de aquellas civilizaciones africanas que aún se reconocen como el antecedente inmediato de la Regla de Ocha-Ifá.

Kinkamaché to gbogbo oricha Aché awó, aché babá ikú, aché Aché to gbogbo made lo ilé Yansa

Moyuba erí mi Moyuba babalao, olué Moyuba iyalocha, babalocha Moyuba igboro, aleyos, to gbogbo made lo ilé

Tote jun ko mo fi edde no Arayé jun ló Ikú jun ló Ofé jun ló

Kosi ikú Kose kofé anú Kosi ofo jun ló

Folé owó Folé ayé Folé aché.22

En 1990 pedí a varios santeros, amigos míos, que me dieran ejemplos de “moyuba”. Antes de contestarme, casi todos me preguntaron a qué yo denominaba “moyuba” y para qué quería esa información. Una vez aprobado este examen aparecieron otros reparos. Si bien comprendían mis propósitos, la solicitud no dejaba de resultarles extraña, básicamente porque con anterioridad ninguna otra persona les había reclamado tal información.

A mis amigos no les era fácil darme los textos porque las moyubas, denominadas también parlas, rezos, invocaciones, forman parte de la intimidad de la práctica y del religioso; resultaban muy personales y según todos ellos “no son como el Padre Nuestro, el Ave María, o el Credo, que todo el mundo se aprende igual”;23 no constituyen secretos, pero al estar destinados a un solo interlocutor -los orichas-, se tornan privadas; por último, se conservan en la memoria.

Cuando tuve la información en la mano descubrí -con alegría y sorpresa- que uno de los nuevos ejemplos coincidía, en parte, con la que Eusebio Hernández me había dado hacía 20 años. Había más de un elemento común. Las dos moyubas, en sus núcleos básicos, habían sido enseñadas por los respectivos padrinos después de la ceremonia de iniciación, se empleaban para introducir otros textos en las ceremonias privadas y como una unidad cerrada en las ceremonias públicas.

Kinkamaché … (nombre del oricha a saludar). Moyuba to egun que están en el araonú … (nombres de los familiares difuntos del que hace la invocación) Moyuba oluo, iyalocha, y babalocha que están en el araonú… (nombres de difuntos religiosos integrados a la familia ritual). Aquí está su hijo … (nombre del que hace la invocación) que le pide su bendición. Kinkamaché … (nombre del padrino ritual). Kinkamaché … (nombre del segundo padrino ritual).

Moyuba el erí mi. Moyuba oluos, iyalochas y babalochas que coguan en el ilé, moyuba igboro y aleyos que coguan en el ilé. La bendición de mi madre me alcance, la bendición de mis hijos me alcance, la bendición de mis hermanos me alcance. Aquí está su hijo … que le pide me libre de iña, arayé, tiya-tiya, achelú, acobú, fitibo, ikú, /anú. Que me libre de todo lo malo.

Toto jun ko me fi edeno Arayé jun ló Ikú jun ló Anú jun ló Ofó jun ló

Kosi ikú kosi kofé anú kosi ofé jun ló

Folé owó Folé ayé Folé aché Aquí está su hijo … que le pide su bendición, salud, fuerzas y energía.

La vieja moyuba se fue transformando, sufrió un proceso de cambio en el que se manifestó el factor individual que resultaba más afín a la médula estructural del corpus santero. Otra diferencia estriba en que mi amigo había reconstruido la moyuba, enseñada por su padrino, agregándole un texto encontrado en un libro de Fernando Ortiz. Estaba en presencia del diálogo que, al menos en nuestra sociedad, se produce entre la oralidad, el documento escrito y la práctica cotidiana. No fortuitamente el profesor Argeliers León se refería a la tradición oral-escrita como un binomio inseparable.

No quiero pasar por alto que la primera parte de esta moyuba está dedicada a la invocación de los antepasados. La selección de los nombres que integran la lista queda a la libre elección del sujeto que los invoca. Los antepasados citados están en relación directa o indirecta con el sujeto, a través de su propia experiencia de la vida, la de sus padrinos o la que se asume como de la familia ritual. De este modo pueden aparecer en la relación nombres de personas no conocidas por el iniciado que hace el rezo; en este sentido hay ejemplos paradigmáticos: Obadimelli, Fermina Gómez, Pepa y Susana Cantero.

En estas dos variantes, de las múltiples que podemos encontrar, se encierran claves que permiten un acercamiento al sistema de pensamiento santero y a algunos de los mecanismos internos que caracterizan y cualifican la práctica ritual. Ellos marcan diferencias con el antecedente y con la propia Santería como referente. Se cumple acá la consideración de Greimas cuando afirma que “el mundo humano parécenos definirse esencialmente como el mundo de la significación. El mundo solamente puede ser llamado ‘humano’ en la medida en que significa algo”.24

En el sentir omniabarcante que los religiosos le imprimen a la moyuba se expresa su relación con la naturaleza, de la cual se infiere su totalizadora concepción del universo, deducible del “kinkamaché to gbogbo oricha”.

El kinkamaché constituye el saludo jubiloso, de ventura y dicha, al conjunto de orichas, y lleva implícita la solicitud de salud y bienestar psicofísico del individuo. Ese bienestar abre las puertas de la armonía como tendencia universal y manifestación del equilibrio cósmico e individual.

La invocación genérica de todos los orichas incluye -pero de modo atemperado- sus particularidades individuales, y evoca un fundamento tradicional que desanda la historia y se inscribe en la intemporalidad desconocedora de fronteras cronológicas; allá tuvo lugar la formación y el origen de la vida. Refieren los viejos santeros, y se recoge en los manuales de Santería, que:

En Africa, como en todas partes, tienen sus creencias fundadas en algo original o histórico, se dice que antiguamente, antes de que Cristo andara en este mundo, no había ni árboles ni ríos ni mares, sino llamas, candela y fogajes. Esto sucedió por muchos siglos y como consecuencia de este vapor, producido por las llamas, se acumularon muchos gases formando nubes que no se mantenían en el espacio y todo por voluntad de Olofi. Entonces esas nubes errantes cargadas de agua se descargaron sobre las llamas en la parte que más intenso era el fogaje, y como era tanto el peso de esas aguas, se abrió la tierra, esta se fue hundiendo formando grandes charcos, que son conocidos hoy por océanos y es donde nacen las yemayaes desde Olokun hasta Okuti. Después esas llamas se fueron acumulando alrededor hasta que se convirtieron en lo que hoy llamamos sol, nace Aggayú. Después las cenizas de aquellas rocas y cuerpos sólidos se fueron acumulando y mezclándose con el vapor y la humedad, se convirtieron en fango y pestilencia, según dicen, nace San Lázaro. Más tarde, la tierra se fue tornando más fértil y húmeda dando origen a las plantas y flores, nace Osain. A consecuencia de las masas de vapor y humedad que se derramaban sobre la tierra, se fueron abriendo brechas y canales para alejar ese líquido dando origen a los ríos, nacen los Ochunes, desde Ikolé hasta Ibuindo. Todas las rocas no fueron quemadas y mediante procesos se tornaron montañas y lomas, nace Oke. Se dice que el volcán dio origen a Aggayú y por eso se dice que es Oroiña que quiere decir “hijo de la entraña de la tierra”. Obatalá fue creado por obra y gracia del señor Olofi”.25

Al inicio del trabajo comentaba que no se reconocen referencias muy consolidadas ligadas al antecedente africano. Africa se perfila como algo alejado donde está situado el origen. El hombre, los principios de autoridad, la familia, el entorno social y lo sobrenatural concretados en acciones específicas se ubican en un espacio indeterminado; lo mismo puede ser la ciudad que el campo, el cielo o la tierra, el río o el mar, el llano o la montaña, como se manifiesta en otros “pataquines”. De hecho quedan involucrados todos los espacios a los que el sujeto tiene o cree tener acceso física o espiritualmente, y adquiere categoría de sagrado en virtud de la omnipresencia de las divinidades.

Los orichas, que según esta versión se van conformando conjuntamente con la naturaleza, no constituyen -según ponen de manifiesto otros relatos- arquetipos morales, no son infalibles ante las debilidades humanas, no son dogmáticos, y su gusto por el juego, la antisolemnidad y cierta provisionalidad de sus emociones y acciones, flexibilizan el sentido trascendente emanado de las historias que explican cómo el santo nació del muerto o -dicho en términos ortodoxos- “ikú lovi ocha”.

La invocación al difunto, al antepasado, al que está “ibaé” precede cualquier ceremonia; en ella está implícita la solicitud de bendición; así, el “aché awó, aché baba ikú, aché / aché to gbogbo made lo ilé Yansa” es interpretado por los religiosos como “bendíceme mayor, Padre difunto. Bendíganme todos los que habitan la casa de Yansa”.

El misterio de lo débil, conjuntamente con la fuerza de lo suave, se entremezclan con la ingenuidad y la temeridad, con la necesidad de perpetuar y perpetuarse en palabras y objetos que simbólicamente representan fuerzas universales. Esta sugerente espiritualidad es la que sirve de soporte conceptual a los “otanes”, piedras representativas del poder de los orichas, como he mencionado antes. Son ellas la continuidad del ser, son el principio único que radica en la naturaleza y que perdura a través de todos los tiempos, más allá de las edades; con las luces que conducen las acciones humanas y también las sombras.

El muerto/antepasado y el santo/oricha están asociados a la historia del nacimiento de Eleguá; el otá, o piedra que sirve para representar al niño-príncipe después que muere, se hace extensivo a todos los orichas. Todo parece indicar que Eleguá, deidad polar, representativa de la vida y la muerte, de la alegría y la tristeza, de los caminos y las encrucijadas, es el punto de partida de una armonía lograda por contrastes, de un equilibrio arrellanado sobre tensiones. Cuenta la historia del nacimiento de Eleguá:

Había en una tribu africana un oba que se llamaba Ocubero y su mujer Oñagui y estos tuvieron un primer hijo al que llamaron Eleguá. Creció Eleguá y como príncipe que era le nombraron su séquito palaciego o sea su guardia. Un día, ya hecho muchachón, Eleguá salió con su guardia a pasear y al llegar a un lugar en que había cuatro caminos, su séquito, sin saber la causa se paró también, varios segundos después Eleguá dio unos cuantos pasos y se detuvo otra vez. Esta operación, Eleguá la repitió tres veces y siguió hasta llegar al lugar de aquello que él vio y lo hizo detenerse. Era una luz, como dos ojos relumbrantes, que estaba en el suelo. Aquello fue un asombro para su séquito, pues cuando llegaron al lugar, vieron que Eleguá se agachó y cogió un coco seco. > Aquel muchacho era tan atrevido que en todo se metía, ya fuera malo o bueno, no le temía a nadie ni a nada, tan pronto era tu amigo como tu enemigo, se envalentonaba por ser príncipe y le había temido a aquel insignificante coquito. Eleguá llevó el coco para su casa y le contó a sus padres lo que había visto, pero nadie lo creyó. Eleguá tiró el coco detrás de la puerta y allí lo dejó. Pero un día estaba reunida toda la casa real y su séquito en una fiesta y todos vieron con gran asombro las luces del coco y todos se horrorizaron de aquello. Aconteció que tres días después de la fiesta Eleguá murió y durante todo el tiempo del velorio, aquel coco estuvo alumbrando. Fue respetado y temido por todos. Pasó mucho tiempo después de la muerte del príncipe y el pueblo pasaba por una situación desesperada. Los mayores, los awos, se reunieron y sacaron en consecuencia que era el estado de abandono de aquel coco dejado por el príncipe. Fueron a brindarle holocausto, pero al acercarse allí vieron que el coco estaba vacío, comido por los bichos. Entonces deliberaron acerca de aquel objeto que tenía que perdurar a través de los siglos y vieron y pensaron que el coco no servía para venerarlo, entonces pensaron en la piedra, ota, y fue aceptado y la lavaron. Pusieron a ota en un rincón que es lo que hacemos en nuestros días.26

Coco y piedra son representativos de lo efímero y lo perdurable, de lo transitorio y lo eterno, lo mutable y lo inmutable, de la encrucijada, de la perfección. Asociado a estos significados aparece la ética latente tras todas las acciones. El relato del coco en su condición de Obi nos acerca a esta problemática.

Olofi tenía mucha estima a Obi. Obi era justo y puro de corazón, modesto y sencillo como los justos. El corazón Olofi se lo hizo blanco, le hizo blancas las entrañas y la piel y lo elevó a gran altura. Pero Obi se envaneció en las alturas. A su servicio estaba Eleguá, criado también de Obi. Un día Obi hizo una fiesta y mandó a invitar a sus amigos con Eleguá, que conocía a todos los amigos de Obi. Todo el mundo se consideraba amigo de Obi y entre éstos, junto a los grandes de la tierra los Okokus, Olorogu, Tobi Tobi, Oriseso. Ogboni, Ayuyebalogué, se encontraban los pobres, los aere, achini, oburegua, aimó, alaquisa elegbo, gente fea, miserable, sucia, llagada, pordiosera. Los feos, los deformes y los hermosos, los limpios y sucios, todos querían a Obi. > Eleguá había observado cambios en Obi, había sorprendido detalles de arrogancia y de orgullo que manchaban invisiblemente su inmaculada blancura, y en vez de invitar a los ricos exclusivamente, como era la intención de Obi, sólo invitó a limosneros, harapientos y malolientes, hombres y mujeres defectuosos de fealdad repugnante. > Cuando Obi el día de la fiesta, contempló aquella turba fea y miserable de andrajosos y tullidos, les preguntó fuera de sí que quién los había invitado; respondieron que había sido Eleguá en nombre suyo. Obi los despidió, no sin haberlos reprendido duramente por haberse presentado ante él en aquel estado de suciedad y abandono. Y así los miserables de la tierra se marcharon abochornados de casa de Obi y Eleguá con ellos.

Algún tiempo después de esto, Olofi envió a Eleguá a la tierra con un recado para Obi. Eleguá se negó a llevarlo y le contó la conducta inclemente de Obi. Olofi se disfrazó de mendigo y fue a buscarlo. Obi al ver a aquel okure astroso que amenazaba contaminarlo con sus guiñapos hediondos, le pidió que se alejase y le increpó por no haberse bañado y vestido un achó limpio antes de presentársele. Le volvió la espalda. Entonces Olofi, sin fingir la voz, pronunció su nombre con indignación y Obi se volvió extrañado. Reconoció a Olofi y se arrojó a sus plantas. “Perdón”. Y Olofi dijo “Obi tú eras justo por eso te hice blanco el corazón y te di un cuerpo que era digno de tu corazón. Para castigar tu orgullo aunque conservarás blancas las entrañas, bajarás de tus alturas para rodar y ensuciarte en la tierra”. Y el castigo consistió en caer de la rama y rodar por el suelo. Desde entonces el coco sirve para “romper enfermedades”. El que ofendió a los tullidos y llagados, negándose a admitirlos en su fiesta, rueda en las casas más pobres donde hay enfermos y los limpia por Obatalá.27

Este mismo Obi es el que se emplea para la adivinación y todos los orichas “hablan” a través de él. En otra historia, se narra que Obatalá reunió bajo un cocotero a todos los orichas para repartir jerarquías y mandos y puso a los pies de cada santo un coco partido; así, todos los orichas tienen derecho a él; desde entonces, ningún rito puede realizarse sin la ofrenda del coco a ikú, eguns y orichas. Todos los caminos conducen a la presencia del muerto, el antepasado difunto, y con esto la manifestación de expresiones mediumnímicas y los nexos con el espiritismo en sus versiones locales.

El oddun o letra del sistema predictivo interpretativo conocido como caracol o dilogun, denominado “oché”, caracterizado por el signo donde se habla de familia y tragedia, en uno de sus “ebbo”28 se usa lo que algunos italeros29 llaman “chequeché”. Cuentan que así se denominaba la acción que le dio fundamento al santo en Cuba; se afirma que algunos yorubas esclavizados trajeron al cuello un hilo blanco con una pluma de loro y un hilo negro con el aché del santo-obi, erú y kola. Estos traían la autorización para autocoronarse, pues esos objetos eran la evidencia de que el proceso de iniciación no había concluido en su lugar de origen.

Si la existencia del “chequeché” se corresponde o no con la realidad histórica, no estamos en condiciones de asegurarlo; pero sí es indiscutible que muchos religiosos apegados teóricamente a posiciones ortodoxas, preservan un lugar especial para el origen o asentamiento cubano de esta práctica y el papel desempeñado por los antepasados. Estos sirven para marcar diferencias con el antecedente africano. Después de solicitar la bendición, se pide permiso:

Moyuba erí mi Moyuba babalao, oluo Moyuba iyalocha, babalocha Moyuba igboro aleyos to gbogbo made le ilé

Con este segmento penetramos en el mundo presente, en lo cotidiano, en el acontecer que sobre el pasado sedimento actúa con fuerza para proyectarse sabiamente hacia el futuro. Con el permiso de la cabeza, que todos saben salva o pierde si no oye consejos; con el permiso del babalao, oluos, iyalochas, babalochas, igboros y hasta los que aún tienen un incipiente o ningún compromiso con la práctica, es que podemos entonces, intentar alcanzar la armonía.

Es necesario el permiso de todos ellos, porque según acredita otra vieja expresión -de origen yoruba- convertida en sentencia: “Obedi ka ka obedi le le”, (Olofi repartió el conocimiento entre todas las cabezas). Todas ellas son portadoras de sabiduría y por tanto dignas de respeto y consideración. A esta concepción se articula otra no menos significativa, la del rechazo al desprecio, al envanecimiento, a la falsa concepción de superioridad y la excesiva arrogancia. Vale la pena recordar la historia de Obi y la de Erí y Oriolo.

La cabeza es la que lleva el cuerpo. Como Erí decía que él era Obá, el orificio dijo que con todo el rey del cuerpo era él y lo probaría. ¿Qué hizo Oriolo? Se cerró. Pasó un día, dos, la cabeza no sintió nada. Al cuarto la cabeza bien, si acaso un poco pesada, pero el estómago y el intestino estaban un poco inquietos. Al sexto día, ilú, el vientre estaba gravísimo, wowo, el hígado, odosú, duro como un palo y Ori empezó a sentirse mal. Muy mal. Eluyó, la fiebre hizo su aparición. El purgante lerroá no se conocía entonces y la situación empeoró a partir del décimo día, porque ya todo funcionaba mal y la cabeza, los brazos, las piernas no podían moverse. Lo que entraba el purgante de guasasí no salía. La cabeza no se puede levantar de la estera para llevar al cuerpo. Ella y todos los órganos tuvieron que rogarle al Orificio que se abriera. El demostró lo importante que es aunque nadie lo considera ahí donde está en la oscuridad y despreciado por todos.

 

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mar 23

Obbatalá

Obbatalá es el padre de todos los hijos en la tierra, es el creador de los seres humanos y todo lo que habita en el planeta. Como creador es regidor de todas las partes del cuerpo humano, principalmente de la cabeza, de los pensamientos y de la vida humana, dueño de la blancura o donde participa esencialmente lo blanco como símbolo de paz y pureza. Obbatalá es el dueño de los metales blancos, sobre todo la plata. Representa la creación que no es necesariamente inmaculada; lo magnánimo y superior, también la soberbia, la ira, el despotismo y las personas con defectos o dificultades físicas y mentales.

Obbatalá fue un Irunmole, convertido en Orisha por sus errores. Durante su vida en el plano terrenal fue rey de los Igbo. Su nombre significa en Yoruba Rey de la pureza. Este Orisha gusta de todo lo limpio, blanco y puro. No admite que se desnuden en su presencia y tampoco la falta de respeto.

Es quien intercede ante cualquier Osha u Orisha por cualquier individuo ante una dificultad que tenga, porque se considera el padre del género humano y dueño de todas las cabezas. Cuando no se puede definir y no se sabe cuál es el Ángel de la Guarda de un individuo, Obbatalá es el Osha que se le consagra. Su número es el 8 y sus múltiplos y su color es el blanco.  Es descendiente directo de Oloddumáre y en el Dilóggun habla por Elleunle (8).

Obbatalá vive en una sopera que puede ser de plata, de algún metal plateado o de losa blanca, este es su receptáculo. Lleva 4 otás y en el caso que sea de cabecera lleva 8 otás. Sus atributos son una manilla de plata, caracoles, babosas, dos huevos de marfil, también pueden ser de nácar o de ónix blanco, lleva además rabo de caballo blanco llamado Iruke, majá, sol, cadena, luna llena, media luna, una mano empuñando un cetro, un cayado (Poayé), palomas de metal y un agogó o campana plateada. Sus elekes son totalmente blancos, en otros casos intercalados con colores según sea el camino. Todos sus objetos se envuelven en algodón. Dependiendo del camino se cubre también con una tela roja, como en el caso de Allaguna.

Obbatalá siempre se viste de blanco. En sus caminos de guerrero lleva una banda roja sobre su hecho. Soles y lunas se le cosen en su traje. Lleva 8 pañuelos alrededor de su cintura.

Cuando Obbatalá baja baila de acuerdo a su camino. Para honrarlo los bailadores imitan los movimientos suaves y doblados de una persona muy anciana. En sus caminos de guerrero baila como si estuviera blandiendo su espada. Habla muy bajito y hace predicciones, limpiando a los presentes con el Iruke.

A Obbatalá se le sacrifican palomas blancas, gallinas blancas, chiva blanca, gallina de guinea blanca. Su tabú son las bebidas alcohólicas, los cangrejos y las judías. Se le ofrenda arroz con leche, merengue, grageas plateadas, guanábana, granada, alpiste, ñame, manteca de cacao, cascarilla, maíz, flores blancas, especialmente la del algodón. Sus ewes son la acacia, achicoria, campana, algodón, bledo blanco, artemisa, atiponlá, bejuco de la virgen, azafrán, azucena, canutillo blanco, coco, coquito africano, galán de día, galán de noche, incienso, malva, salvia, trébol, etc.

Caminos de Obbatalá entre otros:

Obbatalá Abany.

Obbatalá Adema.

Obbatalá Agguidai.

Obbatalá Aikalambó.

Obbatalá Airaniké.

Obbatalá Alabalaché.

Obbatalá Alaguema.

Obbatalá Alarmorere.

Obbatalá Aná Suaré.

Obbatalá Ashó.

Obbatalá Ayágguna.

Obbatalá Ayalúa.

Obbatalá Ayenolú.

Obbatalá Fururú.

Obbatalá Bibí Niké.

Obbatalá Edegú.

Obbatalá Efún Yobí.

Obbatalá Ekaniké.

Obbatalá Ekúndiré.

Obbatalá Elefuro.

Obbatalá Eyuaró.

Obbatalá Ibaíbo.

Obbatalá Akiyá.

Obbatalá Malú.

Obbatalá Obá Moró.

Obbatalá Obalabí.

Obbatalá Obálufón.

Obbatalá Obanlá.

Obbatalá Obón.

Obbatalá Oggán.

Obbatalá Oguiniyán.

Obbatalá Okeylú.

Obbatalá Oloyú Okuní.

Obbatalá Olufón.

Obbatalá Ondó.

Obbatalá Ayé.

Obbatalá Iwín.

Obbatalá Obralá.

Obbatalá Yeyé.

Obbatalá Orishanlá.

Obbatalá Orolú.

Obbatalá Oshagriñan.

Obbatalá Oshalufón.

Obbatalá Oshanlá.

Obbatalá Oshereilbo.

Obbatalá Oyé Ladé.

Obbatalá Oyú Alueko.

Obbatalá Segbo Lisa.

Obbatalá Talabí.

Obbatalá Yekú Yekú.

Obbatalá Yemú.

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