mar 01

Osaín Alágbo, el espíritu de las hojas es el dueño del caldero de la medicina

Había un Babalawo que vivía en la misma aldea que un onísègùn (medico yerbatero) llamado Osaín, quien es el Espíritu de la Medicina. Era Osaín quien poseía Awo Ewe (Misterio de la vegetación) y era el Babalawo quien poseía Awo Odù (Misterio de la sagrada escritura).

La gente de la aldea estaba plagada por àrùn (enfermedad). Se volvieron a Osaín para curar sus enfermedades. Su Ògún (medicina) era efectiva, pero nadie se paró a preguntarse qué estaba haciendo que la enfermedad se extendiera.

Fue en el día en el que la gente de la aldea dejo de ir al Babalawo para dáfá (adivinación) que el Babalawo viajo a la casa de Osaín. El Babalawo pidió a Osaín compartir el trabajo de curar a quienes estaban enfermos. Fue el Babalawo quien sugirió que juntos podían curar la enfermedad y descubrir su causa.

Osaín no tenía ningún  deseo de compartir su trabajo con el Babalawo porque su Ògún medicina lo estaba haciendo un hombre rico.

El Babalawo hizo una ofrenda a Eshu (Mensajero Divino), y le pidió que interviniera. Fue Eshu quien camino enfrente de la casa de Osaín en el día en el que esta se derrumbo.

Osaín emergió de los escombros con un ojo, un brazo y una pierna. Desde entonces el Babalawo y Osaín trabajaron juntos para eliminar las enfermedades de las aldeas.

COMENTARIO:
La disciplina Ifá tal como es practicada en África trabaja en asociación cercana con la disciplina de Osaín, o medicina tradicional herborística. No todos los sacerdotes Ifá son hábiles en la disciplina de Osaín, pero la mayoría de las familias de Ifá tienen algún tipo de asociación con los sacerdotes que se especializan en la preparación de medicina.

La historia de Osaín sugiere que la mayoría de las enfermedades tienen una causa espiritual. Esta es una extensión de la creencia Ifá de que el vivir en alineamiento con el destino trae las bendiciones de larga vida, abundancia e hijos. La enfermedad se ve generalmente como un síntoma de una falta de alineamiento con el destino personal. Curar el síntoma sin curar la causa es algo sin sentido.

Este relato también apunta a las consecuencias negativas que vienen cuando el trabajo espiritual es llevado a cabo tan solo con el propósito de ganancia personal. Es la arrogancia de Osaín la que lo conduce a su accidente y a la desfiguración como resultado. La sugerencia aquí es que cualquiera que funcione solamente a partir de un motivo de ganancia material no es una persona completa.

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feb 12

Yemayá Awo Sánmónmo: La madre del pez se vuelve la nube que produce lluvia

Era Yemayá (La Madre del Pez) quien vivía sola en Ojú Òrun (El Cielo) en el día en que Olódùmarè decidió que Yemayá necesitaba una familia. Ojú Òrun (cielo) se volvió Omi Òrun (Aguas Celestiales) lo que dio a Yemayá todo el ire (buena fortuna) que necesitaba para vivir y àlá (soñar). Omi Órun (Las Aguas Celestiales) fue en donde ella vivió y comió, vivió y comió, vivió y comió hasta que su estomago reventó creando ìràwò (Las Estrellas) Oòrun (Sol) y ìràwò tí nyí òrùn ká (Planetas).

En ese día Yemayá vino a vivir en omi aiyé (Aguas Terrestres) en donde ella vivió y comió, vivió y comió, vivió y comió hasta que su estomago reventó creando a los Òrìsà. Fue en ese día en que Shangó, Oyá, Ògún, Òsányìn, Babalúaiyé e Ìbejì vinieron al Mundo. 

Hasta este día quienes reverencian a Yemayá dicen “Omó atoran gbe gba ajé ka’ri w’waiyé, ma ja kiki won ajé”, lo que significa “son los hijos quienes llevan la calabaza de la riqueza en su cabeza desde el Reino de los Antepasados hasta el Mundo”. 

COMENTARIO: 

En África, Yemayá usualmente está relacionada con el río Ògún. El culto Òrìsà en Occidente tiende a asociar a Yemayá con el océano, sin embargo la deidad asociada con el océano en África es Olókun. Esto ha causado alguna confusión sobre el papel de Yemayá en el proceso de la Creación. En esta historia, Yemayá encarna el poder de la fertilidad dentro de todas las aguas del Cielo y la Tierra. Como un principio de fertilidad, el concepto africano de Yemayá está asociado con agua dulce, agua salada y agua celestial.

La idea de agua celestial puede parecer altamente simbólica, pero tiene un elemento de verdad real. A lo largo del universo la sustancia encontrada más comúnmente es el hidrogeno. Forma grandes nubes de gas en la mayoría del espacio entre las estrellas. El hidrogeno es a la vez el elemento más abundante en el universo y el más simple en términos de estructura atómica. El agua es simplemente la adición del oxigeno al hidrogeno o H20. En términos literales, la abundancia de hidrogeno en las “Aguas Celestiales” se combino para formar las estrellas y los planetas.

El desarrollo de la vida en este planeta fue una consecuencia de la presencia del agua en la tierra. Tanto Ifá como la ciencia están de acuerdo en que todas las formas de vida en la tierra evolucionaron del océano. Yemayá, como a la vez Diosa del Agua Dulce y Diosa del Agua Salada, representa la Madre originaria que dio nacimiento a todas las cocas vivientes. 

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ago 08

Patakí Aje Chaluga

Por: Máximo Echevarría
Babalawo Okana Sodde-IFA

Estimados abures

Les traigo este patakí sobre este santo, AJE CHALUGA, que representa la riqueza y la prosperidad económica en la tierra, sin egoísmos, de la misma manera que en Ogbe di se repartió el saber y en su contra-abure Edigbe es el hijo del dinero, la suerte y la riqueza.

En IFA y en la Santería, es importante compartir ciertos conocimientos y ayudar a su entendimiento, si los hermanos tienen la disposición y el interés, porque es una de las fuentes de riquezas de toda clase.

Por ejemplo, en cualquier familia la recuperación de la salud, por parte de uno de nuestros seres queridos es considerado un bien, la adquisición de una bendición y por tanto una riqueza, aunque en la actualidad este rubro a quedado en manos de los médicos, es muy cierto que en muchos procesos la intervención de las divinidades produce una recuperación sin precedentes.

Ahora hablemos del dinero, como todos saben es el medio imprescindible a través del cual recreamos nuestra vida económica, y por consiguiente cada uno de nosotros realiza un trabajo especifico dentro de la sociedad que vivimos en la actualidad que no es la misma sociedad de hace 100 anos atrás.

Cada uno de nosotros en esta encarnación está destinado a realizar ciertas labores; en algunos casos una persona X, puede desempeñar en el transcurso de su vida diferentes funciones o trabajos y cada uno de ellos le aporta algo de conocimientos y/o habilidad diferente, pero al final no le resuelve su problema económico.

Dejo esta pregunta a debate con la intención de dilucidar entre todos una respuesta adecuada a este tema.

Como encontramos el desenvolvimiento económico que cada uno desea para sí mismo busquen si es posible toda la información que tienen sobre este santo, como trabaja, rezos, suyeres, como se llama, adimuses, donde nació, etc. Esta es la información general que mayoritariamente se divulga sobre este Santo.

Saludos y Ase para todos

Patakí Ajé Chaluga

Deambulando por la tierra africana, Ajé Chaluga, hombre que todos escuchaban pues por su boca hablaba la sabiduría de la antigua civilización Egipcia, son sus misterios, sus grandes conocimientos de los movimientos astrales y sus conocimientos de la naturaleza, se encontró con un pueblo que vivía en la abundancia y que no repartía sus bienes con los pueblos aledaño que morían de hambre.

Todos lo saludaron: “Ajé Oh! Ajé Oh!”, sabiendo que, con su vista, traería más desenvolvimiento a todos ellos. Pero Ajé, quien no podía entender como ellos no ayudaban a los demás, consumiéndose en una avaricia despiadada, no respondió al saludo, pero aprecio la hospitalidad.

Por supuesto, como todos sabían que hacía años que él representaba la riqueza, lo colmaban de atenciones; pero el sabio entre los sabios reflexionaba para que los demás tomaran conciencia de que lo más importante era ayudarse los unos a los otros.

Decidió hablarles y se hizo una tribuna de madera de palma de hojas secas. Congregó a todo el pueblo y le habló de las virtudes que había que tener con el prójimo. Pero sucedió que nadie lo escuchaba.

Olófi, sirviéndose de sus Orishas Changó y Oyá, mandó una tormenta de rayos y truenos. Del cielo encapotado cayeron piedras y esto duró horas, días, semanas y meses. El pueblo, desesperado, pidió y pidió y sus hermanos de pueblos vecinos los que arrastraban la desgracia, dividieron su pobreza. Ajé Chaluga rugió con su voz: “La carrera no la gana el más rápido.”

Así medió con Olófi para que la tempestad se calmara y reinara la unidad entre los seres humanos y los pueblos. Cuando todo vino a la normalidad, aparecieron grandes conchas y todos reconocieron el poderío de Ajé Chaluga en ellas, y adorándolo y respetando sus enseñanzas.

Orisha de la salud, de las primeras riquezas y de la suerte. Su emblema es una concha. Comerciantes y otras personas buscan dinero activamente, lo adoran como su patrón y sitúan dinero en conchas para propiciarlo. Se le considera venático, lleno de antojos y caprichos.

Aje Chaluga regala sus favores arbitrariamente y con frecuencia no es el primero sino el último a quien beneficie y mejora. En ocasiones importantes cuando grandes cantidades de dinero han sido gastadas, es usual oír el grito: !Age oh! (en África) lo que implica que tales gastos han sido posible gracias a la bendición del Orisha. Tales ocasiones dan una demostración concreta de su generosidad.

Encontrar una concha grande en el camino es considerado como un signo de muy buena suerte. Igual que todos los Orisha, aunque quizás en mayor medida exige completa confianza en sus poderes.

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ago 04

Hablemos de Olófi

El nombre se deriva de los vocablos OLO (expansión, extensión, espacio), y FI (punto, unidad). En el universo de Oloddumáre, Olófi representa una entidad personificada Dios; delegado responsable de todos los acontecimientos dentro de este universo.

Olófi es una deidad potestad de los Babalawos, es el atributo de poder más grande que puede recibir el Awó en vida. Este puede llegar al Awó heredado de un padrino o bien derivado del fundamento del padrino en vida. Olófi también se le conoce con el nombre de Odu, lo cual comentaré más adelante, y solo puede ser visto por Babalawos consagrados, siendo tabú para cualquier persona no iniciada y cualquier mujer.

Se dice que el motivo de esta restricción es porque precisamente Olófi es una entidad espiritual con alto contenido de energía femenina, cuando se recibe, se le dice al Babalawo que esta “recibiendo su mujer”, “su esposa” o su complemento, de hecho, la mujer representa el complemento de cualquier sociedad para lograr estabilidad y armonía.

El Babalawo que lo posee, es responsable de su cuidado y, debe salvaguardar su secreto de consagración, también mantenerlo fuera de la vista de todos. En tal sentido, Olófi representa la más alta jerarquía en la religión y teología Yoruba.

No se deben confundir pensando que Olófi es Dios, porque no lo es, Dios, para los Yorubas y todos los demás practicantes de su religión, es Oloddumáre.  Como ya lo comenté, Olófi es una representación del Orisha Odu, que es esposa de Òrúnmìlà, por esto es que se le dice al Babalawo que esta “recibiendo su mujer”. Odu es la representación de la formación del mundo; por lo que es el lucimiento de Oloddumáre en su naturaleza femenina, también llamada Yeyé Mowó.

La naturaleza masculina de Oloddumáre en la formación del mundo es Obbatalá en su más alta representación, es decir, Oduduwa. En la teología Yoruba,  Oloddumáre les confió la creación del mundo a ellos, para posteriormente poblarlo con la creación del hombre. No obstante, la representación femenina es muy importante, y se ve reflejada en las deidades como Yemayá, Oyá, Yewá, Oshún, Oba, etc. y las Ìyáàmis como Ìyáàmi Oshoronga…..

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jul 19

África: El Legendario Reino de Benín

Por: Iyanifa IFaseyin Aworeni

Desde tiempos antiguos, África fue territorio de importantes estados poco conocidos, y en el siglo XII, cuando aún estaban por formarse algunas monarquías europeas, en la parte occidental del continente surgió el Reino de Benín.

El príncipe Eweka, cuyo nombre quiere decir gran guerrero, fue su fundador y estaba situado en el suroeste de la actual Nigeria, a orillas del Golfo de Guinea (Océano Atlántico), en una región ocupada por densos bosques, dentro de la Cuenca del Níger.

Eweka terminó el proceso de unificar a pueblos de lengua edo y es considerado el primer rey, el oba, de Benín.

El reino, conocido además como Edo, se expandió durante decenios y en su apogeo en el siglo XVII, la autoridad de sus soberanos se imponía desde el delta del río Níger (este), hasta el territorio yoruba de Ibadán al oeste.

Al norte limitaba con las sabanas sahelianas y al sur se desplegaba en las costas del Océano Atlántico. El Reino de Benin llegó a alcanzar una extensión aproximada de 500 mil kilómetros cuadrados.

La ciudad de Benin, situada a orillas del río del mismo nombre, se convirtió en capital de estado, y dio nombre al reino.

Esta urbe, estructurada rectangularmente, era protegida por una muralla de barro cocido de mucha dureza, de 18 metros de altura y un ancho y profundo foso la antecedía.

La muralla defensiva, concluida alrededor de 1460, fue impulsada por el duodécimo soberano, Ewuare el Grande, y se extendió más tarde alrededor de las fronteras del estado con unos mil 200 kilómetros de longitud.

En su tiempo se consideraba una de las mayores obras de su tipo en el planeta.

En la ciudad se apreciaban amplias calles de 20 metros o más de ancho, dispuestas en ángulos de 90 grados, y en las que había templos y altares con figuras y alto relieves de metal para rendir culto a los antepasados.

Hileras de casas de adobe, de una o varias plantas, y áreas sembradas de árboles flanqueaban estas verdaderas avenidas.

El gran palacio del Oba, una imponente ciudadela rodeada por un recinto amurallado contaba con varios edificios, establos para los caballos y patios con arboledas, galerías sostenidas por columnas de maderas preciosas, incrustadas con piezas de bronce.

En las paredes se veían armas y relieves con escenas de la vida del reino, de cacería y, sobre todo, de las victorias militares de los monarcas.

Las capillas y otras cámaras de palacio estaban decoradas con magníficas estatuas de bronce y marfil.

Un reino próspero y estable

El Gobierno era ejercido por el Oba, auxiliado por una especie de consejo legislativo de los edo llamado Uzama, grupo de jefes que aprobaban la elección del monarca y lo asesoraban.

Ewuare el Grande creó una forma de equipo ejecutivo: los “jefes de palacio” y “jefes del pueblo”, quienes eran nombrados por él y actuaban en su nombre, tanto en la capital como en las diferentes regiones del país.

A partir de este reinado, que duró de 1440 a 1473, los reyes de Benín fueron adorados como dioses y honrados con solemnes enterramientos.

Las ceremonias anuales dedicadas al culto a los obas difuntos, implicaban sacrificios masivos de prisioneros de guerra, práctica que se abandonó por la influencia del contacto con los misioneros cristianos e islámicos.

Las principales actividades económicas de la monarquía eran la artesanía, la caza, la pesca fluvial, la agricultura y la ganadería, además de producir pimienta, café, algodón, mijo, sorgo, legumbres y hortalizas.

Benín fue el reino africano que desarrolló el arte escultórico de forma más completa y perfecta, en materiales tan diversos como bronce, hierro, marfil, cerámica y madera.

Los artistas edos eran célebres por las tallas de madera y marfil, por la joyería ceremonial, cabezas de bronce y mobiliario sacro.

Se destacaron en la creación de laboriosas placas vaciadas en bronce con el sistema de la cera perdida y también de latón, ricamente decoradas con relieves que muestran un panorama notable del pasado del reino, representando a personajes y acontecimientos.

Se crearon estatuas, mascaras, representaciones divinas de antepasados, modestos utensilios domésticos e instrumentos musicales,

Entre los objetos mencionados hay que destacar las magnificas piezas fundidas de esculturas de reyes y reinas, en especial las cabezas de reinas madre, figuras humanas y de animales, mascaras de felinos y planchas con escenas de caza y de la corte.

Los marfiles constituyen obras muy notables: brazaletes, máscaras, ornamentos y colmillos de elefante tallados con motivos tradicionales y leyendas, para conmemorar hechos históricos o gestas militares de los edos.

Los productos para comerciar eran la sal, la pimienta, semillas y aceite de palma, piezas de marfil, telas, alfarería, artículos de bronce, pieles, máscaras rituales y alimentos.

Además, existía un moderado tráfico de esclavos, con los prisioneros de guerra, y luego solo de mujeres hasta ser abolido a principios del siglo XIX.

El aceite de palma se convirtió en un artículo de tanta importancia para el comercio que la región del delta del Níger llegó a ser conocida como “Ríos de Aceite”.

La llegada del colonialismo

En 1485, llegó a Benín la expedición portuguesa de Joao Alfonso d’Aveiro y Ozolua el Conquistador, decimoquinto oba, estableció relaciones comerciales y diplomáticas con Portugal.

El siguiente mandatario, Esigie, que gobernó entre 1504 y 1547, las intensificó, e incluso aprendió a hablar y leer en portugués.

Desde el siglo XVI hasta el XVIII mercaderes europeos de Holanda, España, Francia, y Gran Bretaña acudieron con regularidad a las costas del reino.

La prosperidad de Benín duró hasta el siglo XIX, debido a revueltas internas generadas por conflictos entre nobles hereditarios, que ostentaban títulos dentro de grupos de partidarios palaciegos, representantes rituales de la gente común y miembros de las asociaciones comerciales que controlaban rutas entre la costa y los mercados del interior,

Esto debilitó al poder real, lo que agudizó el asedio de los ataques de los estados musulmanes del norte, como el reino Nupe, que le arrebataron parte de los territorios periféricos septentrionales.

Al oeste, el estado yoruba de Ibadán fue socavando el control sobre algunas zonas fronterizas.

Esta situación de inestabilidad fue aprovechada por los intereses del colonialismo europeo, que se lanzaron a la conquista del rico estado. Sin embargo, el reino manifestó una extraordinaria capacidad de resistencia.

En 1897 los británicos enviaron una expedición integrada por dos mil 500 hombres y comandada por el almirante Harry Rawson.

Los edos hicieron frente a la invasión con un bravo ejército armado de lanzas, escudos y anticuados mosquetes, pero fueron derrotados por la superioridad técnica inglesa y la capital, saqueada y quemada.

Esta guerra significó el fin de la independencia del reino, incorporado al imperio de Londres, en el Protectorado del Sur de Nigeria, con la deposición del oba Ovonramwen, exiliado en Calabar.

Aunque la monarquía beniana se reinstauró en 1914, los obas no ejercieron más un poder efectivo.

El Reino de Benín o Edo, nos dejó en herencia el ejemplo de un estado organizado en plena selva africana, que funcionó de manera eficiente por siete siglos, y mantuvo relaciones pacíficas y beneficiosas con países y culturas diferentes.

 Texto original de: Rafael de la Morena Santana
Especialista de la Delegación de La Habana del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Colaborador de Prensa Latina.

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mar 17

Africanía en Cuba

Por: Heriberto Feraudy Espino 

Cuentan que poco después del inicio de nuestra era, en el año 96, Apolonio de Tiana, en Asia Menor, se encontraba disertando en los jardines de Efeso cuando de pronto enmudeció repentinamente y, asombrado por lo que veía, dijo:

— ¡Hoy ha sido asesinado el tirano! ¡Qué digo hoy! Ahora mismo, en Roma acaba de suceder…

¿Era posible estar en suelo asiático y “ver” y compartir algo que ocurría en el corazón de Italia?

El día 16 de septiembre de aquel mismo año, en el mismo momento en que Apolonio tenía esta extraña visión, en el lejano este del Mediterráneo, el emperador romano Tito Flavio Domiciano moría en el Tíber, víctima de una conspiración.

Michael de Nostredame, más conocido por Nostradamus, fue un médico del siglo XVI que se hizo famoso por sus memorables Centurias, de cuyas interpretaciones existen bibliotecas completas.
Mucho antes de que naciera Napoleón, Nostradamus profetizó:

— Un emperador nacerá cerca de Italia. Después de empezar como simple soldado llegará a gobernar un imperio. Y llegó a profetizar hasta cómo vestiría Napoleón.

Profetizó también cómo sería la muerte del rey Enrique II, cómo se produciría la Revolución francesa, la llegada de Hitler al poder, el asesinato de Kennedy y otros hechos bien conocidos internacionalmente.

Catalina de Médicis, esposa del rey Enrique II, quedó tan impresionada por las profecías de Nostradamus que solicitó su presencia en París para consultarse con él y convertirlo en Consejero de la Corte. Ha sido tanta su fama que durante los sucesos de las torres gemelas de Nueva York los ínter nautas de todo el mundo, entre los primeros 20 temas que buscaron en Internet, el primero fue Nostradamus.

Se cuenta también que el 23 de marzo de 1865 Abraham Lincoln invitó a dos amigos a cenar con él en la Casa Blanca y les contó que había tenido un sueño espantoso. Dos días antes, después de arduas tareas se acostó muy fatigado; se durmió de inmediato y soñó algo terrible.

Él se encontraba en una tumba, y en torno suyo se escuchaban sollozos reprimidos, como si llorasen muchos hombres. Se levantó con gran inquietud, abandonó su dormitorio y bajó las escaleras para dirigirse a un salón de la Casa Blanca, donde siguió oyendo voces plañideras, pero sin ver a nadie. Sobrecogido por el pánico, en su sueño recorrió varios salones más y llegó por fin a una habitación cuyas ventanas miraba hacia el Este.

Unos soldados hacían guardia junto a un sarcófago, al que rodeaban muchas personas llorosas, y que como pudo observar al acercase, se encontraba abierta. A su pregunta:
— ¿Quién ha muerto en la Casa Blanca?
Alguien respondió:
— El Presidente ha sido asesinado.

Entonces despertó bañado en sudor.
El 15 de abril Lincoln fue asesinado y se reprodujo la misma escena soñada por él.

El santo Francisco de Paolo causó gran sensación en el año 1507 por su misteriosa insensibilidad corporal; él podía introducir sus brazos en una cazuela de aceite hirviente y no recibir quemaduras.

Se dice que Goethe, cuando un día le hablaron de un sueño profético, replicó:
— Eso se haya dentro de los límites de la naturaleza, aunque no tengamos todavía la clave para comprenderlo.

A Sócrates le impresionaban mucho los fenómenos ocultos. De acuerdo con su lema Conócete a ti mismo, estudiaba su yo y trataba de penetrar en sus misterios.

A Platón, su discípulo más importante, le preocupaba el éxtasis como fenómeno psíquico “una cualidad divina que nos prestan los dioses; de theia mania”, como él le llamaba. Mediante ella el hombre podía conocer el presente, el pasado y también el futuro.

Una mirada retrospectiva a la historia demuestra, sin lugar a dudas; que tanto en la antigüedad, como en las edades Moderna y Contemporánea, el hombre ha vivido siempre en un gran misterio.

Con la llegada del siglo XIX parecía aproximarse la época en que desaparecerían todos los antiguos conceptos mágicos, porque entonces se inició, saludada con grandes expresiones de júbilo, la ansiada era de la Ilustración o el Siglo de las Luces.

Y llegó el siglo XX, en cuyos finales se anunciaba el fin de la historia, cuando en realidad lo que se ponía en juego era la posibilidad de crear un mundo mejor. Se creó entonces un siglo con dos rostros: uno prometedor y otro tétrico y lúgubre. En el primero tuvieron lugar los mayores descubrimientos y avances científicos; fueron descubiertas las oscilaciones electromagnéticas, la radioactividad, se produjo la declaración de Einstein de que la materia contiene inmensas energías, lo cual condujo al estudio profundo de la Física nuclear.

Fue la etapa del nacimiento de la telegrafía, el teléfono, la radio y la televisión; los autos y los aviones, la computadora y el fenómeno de Internet. Aparecieron los cerebros electrónicos, y por primera vez, se “paseó” por el cosmos, por la Luna, y el hombre se aproximó a Marte. Las ciencias se desarrollaron como nunca antes.
El otro rostro, el feo, ha estado marcado por el hecho más sangriento de la historia: cien millones de muertos.

¿Y qué decir del siglo XXI?
Hoy un fantasma recorre el mundo, el fantasma de la incertidumbre. Parecería que lo único cierto en este tercer milenio es la inseguridad colectiva e individual con respecto al porvenir y que según una sentencia africana: Lo único que el hombre tiene por seguro es que nace y muere.
Sin lugar a dudas, estamos ante una crisis sin precedentes; no sólo en el orden material, sino también en el espiritual. Hasta el mismo Dios de los cristianos se ha puesto en crisis, una vez más. Hoy nombrarlo no es fácil. ¿Seremos los olvidados de Dios?

El 13 de marzo del 2003 la CNN en español, con el título SAN PEDRO PIERDE SUS LLAVES EN EL VATICANO, daba la siguiente noticia:
“Las autoridades vaticanas buscaban el jueves la mano izquierda — la que llevaba las llaves —, de una estatua de mármol del siglo XIII del Apóstol, que desapareció misteriosamente en la Basílica de San Pedro”.
Nada, que ya ni en el cielo nos quieren.

Hay una crisis globalizada: crisis de valores, de ideas, de sentimientos; una verdadera crisis general de la convivencia humana. El pragmatismo, el individualismo, el egoísmo, el oportunismo, la lucha por la subsistencia o la existencia a costa de todos y de todo; el conformismo, la violencia, la drogadicción, el sexismo, flagelos como el VIH/SIDA, el racismo y la discriminación en sus distintas manifestaciones, el sentimiento de impotencia ante la inefabilidad de las leyes mercantiles; el consumismo inusitado, incitado por la publicidad, la nueva realidad tecnológica y los problemas ecológicos y sociales acumulados, se convierten en rasgos consustanciales de una cultura que se impone y conduce a la desesperanza.

En los últimos tiempos, a partir de la existencia de un mundo unipolar donde prima la arrogancia del imperio, una nueva amenaza deja sin dormir al mundo: la amenaza del terrorismo imperial.

Hasta el clima es insoportable. Los registros indican que el pasado siglo XX ha sido el más caluroso desde los últimos mil años. Se pronosticó que el 2003 sería el más caliente de los 143 años que existen registrados científicamente.

Por primera vez en la historia del planeta, la raza humana ha alcanzado la capacidad para exterminarse a sí misma por medio del suicidio ambiental y persiste la amenaza terrible del fin de la civilización.

Lo más seguro hoy en día es la seguridad de la inseguridad.

Las personas se cansan de la lógica y la ética del pasado; la religión occidental no da respuestas a la crisis existencial de nuestra época. Se ha afirmado que el cristianismo está nuevamente en crisis (como también lo ha estado el islamismo), precisamente porque la modernidad ha puesto en cuestión desde sus más hondos fundamentos, todo el marco en que la experiencia cristiana se había moldeado y configurado. A esta realidad se añade que la crisis nace justamente porque los moldes culturales se han roto.

Hasta hace bien poco desconocíamos la otra historia del cristianismo, la que durante siglos nos ha sido oculta por la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Ahora resulta que María Magdalena no era tan puta como decían y hasta se afirma todo lo contrario, que fue de Jesús su compañera, su consorte, su mujer y hasta su esposa, a quien le parió un hijo o hija.

Para llegar a estas y otras consideraciones sobre la verdadera historia del cristianismo ha sido necesario que un día del mes de Diciembre de 1945 mientras caminaba por las montañas del Alto Egipto, cerca de un lugar conocido como Nag Hammadi, un campesino árabe descubriera unos documentos que permanecieron enterrados casi 1600 años y que fueran escrito durante los siglos I y II. Estos documentos han sido conocidos como los Evangelios Perdidos o Evangelios Gnósticos. Fueron justamente estos textos los que sirvieron de trasfondo para el surgimiento de uno de los libros más importante y polémico de los últimos tiempos, El Código Da Vinci y otra obra que no se queda atrás, Los Secretos del Código. La guía no autorizada a los misterios detrás del Código Da Vinci”.

En uno de los Evangelios Gnósticos, en el Evangelio de Felipe, a María Magdalena se le describe como una de las tres que siempre acompañaban al Señor: María su madre, su hermana y Magdalena, aquella a quien llamaba su compañera. Su hermana y su madre eran, ambas María. Y la compañera del Salvador es María Magdalena. La palabra griega koinonos empleada para describir a María Magdalena, aunque a menudo es traducida como “compañera”, se traduce más correctamente como “pareja” o “consorte”, una mujer con la que el varón tiene relaciones sexuales. Dos páginas más adelante hay otro pasaje que amplía con imaginería sexual la relación ya descrita:
“Pero Cristo la amaba más que a todos los discípulos y acostumbraba besarla en la boca frecuentemente.”

Los otros discípulos se escandalizaban y expresaban su desaprobación. Le dijeron:
“¿Por qué la amas más que a todos nosotros?”
El Salvador les respondió diciendo,
“¿Por qué no os amo como la amo?” (Los Secretos del Código… p. 63).

Precisamente en un análisis crítico sobre El Código Da Vinci se afirma que “… el gran secreto herético, tan odiado y temido por la Iglesia, es efectivamente la sexualidad como sacramento, la divinidad femenina. Eso sí era un secreto que involucraba a Jesús y a María Magdalena y que tenía que ser protegido por la Iglesia. El verdadero papel de ella como sacerdotisa es la clave que, si fuera conocida, habría abierto el camino para que la gente desarticulara la enseñanza de la Iglesia, en particular sobre el lugar de la mujer — y finalmente concluyen los autores — hasta podría llegar a sostenerse que Magdalena es la mujer más importante que jamás haya vivido, sencillamente porque, debido al odio y miedo a su verdadero poder, como se muestra en los Evangelios Gnósticos perdidos, la Iglesia reprimió a generaciones y generaciones de mujeres y degradó toda la sexualidad femenina en su nombre” (Los Secretos del Código… p. 353).

Vale señalar que a esta conclusión se llega sin tener en cuenta los relatos de los propios Evangelios Cristianos donde se señala como María Magdalena fue una de las principales seguidora de Jesús. Fue ella quien le sirvió, se dice que financió, sus peregrinaciones contribuyendo a los gastos de sus seguidores, fue de las mujeres que permanecieron con él durante la crusificación, mientras los hombres salían huyendo del lugar, fue de las pocas que se mantuvieron hasta el final al pie de la cruz. Fue testigo de cómo su cuerpo fue puesto en el sepulcro de José Arimatea. Fue a ella a quien Jesús se le apareció en la resurrección y fue en María Magdalena en quien Jesús confió para que trasmitiera al mundo su mensaje, sus ideas.

La clave en toda esta historia de ocultaciones, tergiversaciones y mentiras que ha durado más de dos mil años esta en el célebre Concilio de Nicea uno de los eventos más importante en la historia del Cristianismo.

La historia nos demuestra que al principio no existía un cristianismo sino varios. Uno de estos era representado por los Gnósticos que tenían una concepción distinta a la de los ortodoxos y que hoy podría considerarse cono un cristianismo de izquierda. Para lograr la primacía los primitivos Padres de la Iglesia creían que debían convertir el cristianismo ortodoxo en una fuerza que uniera y fortaleciera al Imperio y que fuera coherente con los valores, la política y las infraestructuras política y militar de este. Esto mismo pensaba el emperador Constantino un hombre lleno de ambiciones y sin escrúpulos No sería una exageración si llegáramos a calificar a Constantino como uno de los primeros grandes oportunistas de la historia, sino el primero. Es bien conocido que este Emperador se convirtió tardíamente al cristianismo para, en una gran e histórica maniobra política, ganarse el apoyo de la Iglesia católica.

Constantino necesitaba una ideología y esta se la podía facilitar la Iglesia, un texto sagrado para su conveniencia y esto lo lograba con la conformación de una Biblia que a su vez determinaba que forma debía tener el cristianismo. Teniendo estos elementos como parte de su estrategia y además en consideración de que la Iglesia Romana se encontraba en una encrucijada teológica es que el emperador Constantino convoca en el 325 a todos los obispos del mundo a una reunión en Nicea una ciudad de la que hoy es Turquia. Es lo que se conoce como el Concilio de Nicea, allí fue donde se impuso el cristianismo que conocemos al mundo, donde fueron aprobadas las escrituras que valdrían para todos los tiempos. Se dice que Constantino intervino y presidió personalmente en el Concilio y que llegó incluso a acuñar parte del lenguaje que se empleo para emitir las opiniones que fueron presentadas como la ultima palabra en estas discusiones.

En el Concilio de Nicea se dijo lo que debía decirse en adelante sobre el cristianismo que conocemos hoy en día, todo cuanto se había dicho y hecho por los otros era pura herejía y como tales había que perseguirlos. Fue así como a partir del siglo IV toda la historia del cristianismo ha estado llena de ocultamientos y falsedades.

Para que se tenga una idea de la clase de cristiano y oportunista que era este Constantino baste conocer que según aparece en Los Secretos del Código
“… el Emperador cristiano regresó a casa desde Nicea e hizo que su mujer fuese sofocada y su hijo asesinado. Se mantuvo sin bautizar en forma deliberada hasta su lecho de muerte de modo de poder continuar con sus atrocidades y aún así recibir el perdón de los pecados y un lugar en el cielo al recibir el bautismo a último momento” (Secretos del Código… p. 180).

Así se inició la historia del Cristianismo. No en vano se ha afirmado que la historia la escriben los que vencen.

Se habla del surgimiento de una nueva religiosidad como un fenómeno masivo que responde a una insatisfacción generalizada, pero lo cierto es que estamos ante la expresión del deseo de la inscripción en una nueva identidad, frente al vacío al que conduce una modernidad mal dominada, estratificadora y devastadora. Es el resultado de una crisis que sobrepasa la religión y llega más allá de la búsqueda de una nueva religiosidad.

¿Qué hacer? Ya no se trata, como dijera Nicolás Guillén, de “¡Qué enigma entre las aguas!”, sino de ¡Que enigma sobre el ser!

Ha sido justamente esta interrogante ante el incesante incremento de ansiedades e incertidumbres lo que, entre otras cosas, ha motivado ese surgimiento del interés por determinadas manifestaciones religiosas en el hemisferio occidental, entre ellas, las de raíces africanas y particularmente el ifaismo, la conocida en Cuba como Regla de Osha o Santería, y la Regla de Palo Monte o Mayombe.

El surgimiento de esta explosión en el ifaismo, la Regla de Osha u otras; no se debe a un retorno a la religión debido sólo a los males señalados anteriormente; tampoco es la expresión de una religiosidad desbordante. Más bien se trata de una ruptura de estos tiempos modernos, no del resurgimiento de un repentino deseo de lo sagrado. Es, como hemos dicho, señales de manifestación de una crisis — que por cierto, no es una crisis cualquiera —, tal vez se trate de los peores momentos de la humanidad. Y en época de crisis, el hombre siempre acude a una tabla de salvación espiritual que le ofrezca soluciones positivas o vías para llegar a ellas.

Uno de los principios básicos del ifaismo es justamente el de enfrentar los momentos de crisis; uno de sus basamentos es el pragmatismo y la búsqueda de soluciones a partir de fórmulas concretas.

Cuba y el boom
A este boom que se ha producido a nivel mundial en las creencias relacionadas con las religiones de origen africano ha contribuido, indudablemente, la existencia y el desarrollo en Cuba de estas manifestaciones, con un grado de autenticidad sin precedentes en otras regiones del mundo. Un fenómeno que ha impreso un carácter singular a este boom ha sido el de la emigración cubana.

A partir de l959, después del triunfo de la Revolución, muchos cubanos emigraron a Estados Unidos por diferentes razones, pero la mayoría de ellos pertenecía a la clase de mayores recursos económicos, que se vio afectada por las medidas adoptadas por el Gobierno revolucionario a favor de la mayoría del pueblo. Una buena parte de estos emigrados — que fueron a residir fundamentalmente a Miami — eran creyentes en la fe cristiana, y particularmente la católica. Deseosos de no perder su cubanía y de mantener las costumbres y tradiciones de la Isla, unido a la nostalgia y al afán de un día retornar a la tierra que los vio nacer, una buena parte de esos emigrados cubanos incrementaron sus creencias religiosas, que como hemos expresado eran fundamentalmente católicas, y muchos de ellos, que en Cuba ni siquiera asistían a las iglesias, en Miami comenzaron a acudir a estos lugares, legitimizando además el papel de la Iglesia católica como institución contraria a la Revolución cubana.

A partir de la década de los 80, del pasado siglo, este predominio de la imagen católica entre los emigrados cubanos radicados en los Estados Unidos y particularmente en el sur de la Florida, cambió totalmente.

Desde antes de la citada década, en los Estados Unidos se habían asentado algunos seguidores de Ifá y de la Regla de Osha, quienes se vieron limitados en las prácticas de estos cultos. Pero es a partir de 1980 con la llamada invasión de los “marielitos” y en 1994 con la invasión de los “balseros”, que cambia radicalmente la composición étnica, económica, social y religiosa de esta emigración. Según datos publicados, durante la primera oleada emigraron más de 120 000 cubanos y en la segunda lo hicieron más de 30 000. Todos ellos sin contar los que salieron a través de lo que se ha dado en llamar el “bombo” (una especie de sorteo de visado establecido por las autoridades norteamericanas). Ahora la masa de emigrantes no era de la alta o mediana burguesía, sino de gente de pueblo que pertenecía a los más diversos estratos sociales.

Es preciso aclarar que muchos de estos nuevos emigrados, antes de partir, fueron y se consultaron con el sacerdote de Ifá, con el babalosha o iyalosha, con el palero o palera, o el espiritista; hicieron sus “trabajos” o se convirtieron a estas religiones de origen africano en busca de seguridad para el viaje y estabilidad en la nueva vida que iban a emprender; algunos incluso se llevaron sus “prendas”.

Pronto en las ciudades del sur de la Florida, Nueva York y otros estados de la Unión, empezaron a aparecer templos, casas, lugares donde se expendían hierbas y otros símbolos relacionados con estas manifestaciones religiosas, las llamadas “botánicas”. Pero todo esto no quedó ahí.
Movidos por razones económicas más que por otras razones, el flujo migratorio de los cubanos fue aumentando y se extendió a otras regiones del mundo.

Nos hemos referido a la crisis que ha azotado al mundo en los últimos años y que han motivado preocupación, desesperanza e incertidumbre. Ocurrió, entonces que en México, España, Holanda, Suecia, Noruega, Puerto Rico, Venezuela, Suiza, Italia y otros rincones del planeta donde se conocía la existencia de un babalawo o un santero cubano, allí iban personas agobiadas por diferentes males — que en ocasiones no eran necesariamente económicos — en busca de ayuda o procurando respuestas a determinada situación. No tardaron en aparecer por las calles de La Habana personas de diversas nacionalidades vestidas de blanco o exhibiendo collares y, en su mano izquierda, un idé de Orula u otra deidad del panteón yoruba. Muchos de ellos venían buscando nuevas esperanzas para sus incertidumbres, buscando respuesta a todo el largo inventario de calamidades al que nos hemos referido, o para iniciarse, complementar o fortalecer su pertenencia a estas comunidades religiosas.

Finalmente, es necesario destacar, en relación con la emigración cubana, fundamentalmente con aquella radicada en Estados Unidos, país donde nada es seguro, que se han dado múltiples casos donde personas que antes de salir de Cuba no estaban integradas a estas culturas y que al establecerse definitivamente en aquel u otro país, comenzaron a buscar protección en estos cultos. Les era necesario garantizar el empleo, la vivienda, la salud, el matrimonio, en fin, el desenvolvimiento material, la estabilidad y la prosperidad. Había que tener bien claro cuáles eran los caminos y cada cual buscó a su Orula o a su Eleguá para hallar su camino.

Para la consecución de estos y de otros objetivos, algunos volvieron de visita a Cuba para iniciarse o cumplir con alguna fase o requerimiento fijado por el oráculo de Ifá o la Regla de Osha.

Fue así que los seguidores de esta cultura proliferaron en el mundo, elevando esta religión a niveles sin precedentes. La emigración cubana, que comenzó en la década de los 60s y se desarrolló en los 80s y los 90s fue, sin lugar a dudas, el motor impulsor para la expansión en el mundo de las llamadas tradiciones yoruba, ya sea el ifaismo o la Regla de Osha.

“Nuestra religión hoy es una religión mundial abrazada por más de 100 millones de personas en 28 países” (Wande Abímbola en el VIII Congreso Mundial de Tradición y Cultura Orisha, efectuado del 7 al 13 de julio del 2003).

Por supuesto, el territorio cubano no escapó a esta explosión religiosa. La Revolución cubana, a partir del llamamiento al IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, ya había creado las condiciones para que estas expresiones religiosas recibieran un tratamiento más objetivo, tanto por los medios oficiales como por la sociedad en general. Hay que añadir, además, que ya desde mucho antes, en la década de los 80s, se observaba un resurgimiento del sentimiento religioso en la población.

El autor recuerda que entre finales del año 1983 y principios de 1984, y ante la observación de una creciente avalancha de creyentes con destino a El Rincón, lugar donde se encuentra el santuario de San Lázaro en la capital habanera, hube de preguntarle a José Felipe Carneado — entonces jefe del Departamento de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y a quien admiraba por sus virtudes —, a qué se debía el incremento de los asistentes a aquel lugar. Y Carneado, rápido y preciso, expresó:

— Embajador, ¿cuántos internacionalistas tenemos en África combatiendo por la defensa de esos pueblos? ¿Cuántos hombres y mujeres tenemos colaborando, no sólo en la defensa, sino también en la salud, la educación y otros sectores en el continente africano y en otros países?
En aquel momento calculé unos 40 000 ó 50 000.
— Pues bien — me aclaró —, los familiares de cada uno de estos hombres y mujeres desean que ellos regresen a la patria sanos y salvos.

En ocasión de trasmitir este comentario a una compañera dirigente de un organismo del Estado, la que se caracterizaba por sus posiciones de ultra izquierda, al extremo de ponerle como nombre a su primer hijo Petrogrado, sin asomo de complejo alguno ella me dijo:
— ¿Tú sabes que Petrogrado está en Angola?
— Sí — le respondí.
— Pues bien, el otro día vino aquí la mamá de su esposa pidiéndome un uniforme de él.
— Y tú, ¿que hiciste? — pregunté.
— Yo, nada, que se lo entregué ¡Es mi hijo! ¡Es mi hijo! — Esa fue su respuesta.

Tal conducta deja claro que no sólo el llamado “período especial” contribuyó al boom, que ya éste venía caminando desde antes de los años noventa… es que cuando el zapato aprieta…

Y toda esta “explosión” se ha producido sin que la anteceda labor de proselitismo alguna; la necesidad y la práctica lo han hecho todo. La práctica legitimada por la experiencia de babalawos, babaloshas e iyaloshas cubanos, que ha logrado enriquecer y desarrollar estos cultos de manera tal que si hoy se considera a Nigeria como cuna de estas tradiciones, Cuba bien puede ser considerada como la Meca.

Consecuencias positivas y negativas.
Como consecuencia de los cambios surgidos en nuestro país a partir de la década de los noventa y con la aparición de nuevas formas económico-sociales, el turismo, la dolarización y el amplio flujo a Cuba de extranjeros y de cubanos residentes en el exterior, la esencia y la imagen de estos llamados cultos afrocubanos se han visto perjudicadas, sobre todo por la actuación mercantilista y egoísta de algunos practicantes y líderes especuladores que, medrando por el dinero, son capaces de violar algunos principios propios de los ritos y ceremonias de estas expresiones religiosas.

Está ocurriendo que por el afán de lucro se dejen de realizar, se reduzcan, o se deformen, algunos ritos y ceremonias que tradicionalmente se han observado en estas manifestaciones religiosas. En los últimos tiempos también han surgido personajes dados a inventar nuevas formas en un afán de especulación, de protagonismo y de aparentar pleno dominio de los cultos. Hay que señalar que algunas de estas deformaciones en el ifaismo y otras manifestaciones, no son nuevas; ya en otros tiempos existieron otros “innovadores”. Los que sí son nuevos son el comercialismo y la ostentación. En algunos de los practicantes de estos cultos se ha producido una mercantilización de la conciencia.
Cada vez son más exagerados los precios, tanto en divisa como en moneda nacional, alegándose las más diversas justificaciones.

Llama la atención que todos estos nuevos fenómenos que se observan en el ifaismo en Cuba vienen a ocurrir justamente en los momentos de mayor auge de estas prácticas, tanto nacional como internacionalmente. Todo este mal de cosas es aún más dañino si se tiene en cuenta que a los babalawos casi siempre fueron considerados como símbolos de ignorancia y de marginalidad, como gente de poca monta. No ocurría así con otros sacerdocios pertenecientes a la cultura oficial. Los sacerdotes católicos y de otras iglesias siempre presentaban otra imagen, aun cuando esta se hubiera visto afectada por grandes escándalos de inmoralidad como los que últimamente han surgido en el seno del clero católico.

No ha faltado la cuota de discriminación racial. El prejuicio contra los sacerdotes de Ifá, como institución, no nace solamente por el hecho de esta religión, sino también por sus raíces africanas. A muchas personas se les olvida que “… tres de los papas de los inicios de la Iglesia Católica fueron negros: los santos Gelasio, Miltíades y Victor I, que ocuparon la silla de Roma entre los siglos II y V e hicieron contribuciones significativas al desarrollo de la cristianidad y de la fe católica” (Moya Palencia, 2003).

Se les olvida que hoy en día la María Magdalena, ya reconsiderada oficialmente por la Iglesia Católica, no prostituta, se le ha estimado como una sacerdotisa que bien pudo haber sido negra, africana.

“Que tuviera un origen etíope sin duda la habría hecho muy exótica y tal vez perturbadora para los integrantes aislacionistas — como Simón Pedro — de la misión de Jesús… sí la magadalena era negra, franca, rica sacerdotisa pagana, la más allegada de Jesús — los Doce bien pueden haberse sentido a la deriva en un mar de emociones primarias, originadas en el miedo a lo otro, a lo desconocido” (Los Secretos del Código…, p. 49).

Pero en toda sociedad, en toda cultura, existen depredadores, deformadores y especuladores, como también abundan, y afortunadamente aún en mayoría, aquellos cuya existencia está signada por virtudes y valores dirigidos a conformar mejores formas de convivencia.

Entre los aspectos positivos provenientes del boom antes mencionado, puede citarse el hecho de que se haya logrado romper, en cierta medida, con todo el misticismo y oscurantismo que existía alrededor de estas culturas. Hoy día hasta los niños más pequeños pueden leer, ver y escuchar acerca de los orishas, sin ninguna reminiscencia, mientras que en el lenguaje académico las expresiones relacionadas con ellos ya no constituyen prácticas inusuales e incomprendidas.

Actualmente los más variados y diversos sectores de la sociedad asumen estas prácticas con la mayor naturalidad y vemos cómo profesores universitarios, autoridades públicas, médicos, profesionales, destacados concertistas y reconocidas figuras de las artes, la cultura y la intelectualidad en general no ocultan sus vínculos y compromisos con este mundo de símbolos e imágenes y su pertenencia al mismo.

En la actualidad son múltiples las producciones artísticas y culturales que están relacionadas con estas manifestaciones: músicos, poetas, pintores, escritores, cineastas, teatristas, creadores en general, incursionan por este universo produciendo obras de reconocido valor cultural. No resulta extraño ver una orquesta sinfónica de Cuba interpretando bellas obras musicales dedicadas a Yemayá o a Oduduwa, o asistir a una exposición donde puedan observarse las más reconocidas deidades del panteón yoruba, o ver en la pantalla de la televisión una muestra de dibujos animados con representaciones orishas.

Es preciso destacar que el interés por el ifaismo en Cuba ha sido de tal magnitud que un hecho propio de esta cultura como el de la Letra del Año o Predicciones de Ifá, ha llegado a transmitirse por la radio cubana y ha acaparado la atención de los medios internacionales de prensa y distribuida al mundo a través de Internet.

 

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oct 26

Las historias de Santos de la Regla de Ocha

Por: Lic. Andrés Rodríguez Reyes
Museo de la Ruta del Esclavo
Matanzas

Con el propósito de utilizarlos como mano de obra fuerte y barata, fueron traídos a Cuba esclavos africanos, hombres, mujeres y niños, de los más variados grupos étnicos. Los mayores asentamientos se localizaron en la provincia de Matanzas, debido a su mayor desarrollo en la economía de plantación azucarera de la época. Dicha provincia llegó a producir el 55.56% de todo el azúcar del país en la segunda mitad del siglo XIX.[1] Un gran porciento de los esclavos, introducidos en esta etapa, pertenecía al grupo étnico yoruba. Ellos fueron conocidos por la denominación étnica de lucumí, la cual agrupaba no sólo a los representantes del grupo étnico yoruba, sino también a los llamados takua (grupo étnico nupe).

Con el propósito de utilizarlos como mano de obra fuerte y barata, fueron traídos a Cuba esclavos africanos, hombres, mujeres y niños, de los más variados grupos étnicos. Los mayores asentamientos se localizaron en la provincia de Matanzas, debido a su mayor desarrollo en la economía de plantación azucarera de la época. Dicha provincia llegó a producir el 55.56% de todo el azúcar del país en la segunda mitad del siglo XIX.[1] Un gran porciento de los esclavos, introducidos en esta etapa, pertenecía al grupo étnico yoruba. Ellos fueron conocidos por la denominación étnica de lucumí, la cual agrupaba no sólo a los representantes del grupo étnico yoruba, sino también a los llamados takua (grupo étnico nupe).

Sus prácticas mágico religiosas, luego de un largo y complejo proceso de transculturación y de sincretismo religioso con el catolicismo español dieron como resultado al complejo mágico religioso de la Regla de Ocha-Ifá o Santería Cubana. La primera, la Regla de Ocha agrupa a los iniciados en el culto a los diferentes orichas o deidades de esta religión de base africana, mientras que la Regla de Ifá, lo hace con los iniciados en el culto especializado a Orula, oricha de la adivinación. Ambos sistemas mágico religiosos están estrechamente relacionados, pero mantienen entre ambos una independencia relativa. El presente trabajo se dirige, precisamente, al tema de las llamadas historias de santos en la Regla de Ocha. Estas conforman un complejo sistema mitológico que asciende a los antiguos mitos yoruba, y que se han ido transmitiendo de generación en generación de practicantes.

Por medio de rituales de carácter mágico religioso, los iniciados tratan de comunicarse con orichas y antepasados, con el fin de propiciar la intervención de sus protectores sobrenaturales, en la solución de problemas y conflictos que los afectan. Estos hallan una interpretación simbólicamente codificada en los marcos de ciertas ideas y representaciones mágico religiosas de alto contenido simbólico, que se expresan en las llamadas historias de santos. En ellas se narra la vida de los orichas yoruba, los cuales resultan entidades sobrenaturales de carácter antropomórfico que representan y simbolizan las fuerzas y fenómenos naturales, las características, emociones, virtudes, defectos y actividades humanas.

Estas historias son un serio material etnográfico para profundizar en los procesos de transculturación y de sincretismo religioso, con elementos del catolicismo español en Cuba, que sufrieron las prácticas mágico religiosas del culto yoruba a los orichas. Ejemplo de ello, es la siguiente historia sobre Oyá, oricha dueña de la centella, el viento y la puerta del cementerio, que según el santero matancero, Julio Enrique Rodríguez, de la localidad de Colón, relataban las llamadas lucumisas en la zona de Banagüises de este municipio matancero:

Hubo un tiempo en que Changó vivía con Oba, Ochún y Oyá. El no se presentaba cuando lo llamaban con tambores, pero Oyá estaba con él cuando quería.
Olofin llamó a Changó, y le dijo que tenía que decidirse por una de las tres. Changó le contestó que sería con la que mejor le preparara una harina con quimbombó.

Ochún le preparó una cena suculenta y con lujo, y le dijo a Oba que cuando le cocinara la suya a Changó, que se cortara y le echara sus dos orejas a la harina, que así le gustaría mucho a Changó. Oyá le dijo que ella no cocinaría nada, sólo recogió bledo, lo sazonó, lo puso en los platos, los dejó en la mesa, y se fue.

Oyá fue al monte del Calvario, y comenzó a gritar por Cristo, pero no la dejaban pasar. Cristo salió, y le preguntó que ella deseaba. Ella le pidió iguales poderes que Changó, y que este se casara con ella. Cristo lo tocó en la frente, y le dijo: ¡Serás Santa Teresa del Jesús! En ese momento, ella escupió, y en el banquete de los santos se oyó. Entonces Changó comprendió el poder alcanzado por Oyá.

Aquí encontramos el sincretismo de Oyá, oricha dueña de la centella, el viento y la puerta del cementerio, con Santa Teresa del Jesús, representante del Santoral Católico. En esta historia, Jesús Cristo, hijo del Dios cristiano, por analogía con Olofin, una de las manifestaciones de la deidad suprema de la Regla de Ocha, posee también la facultad de otorgar poder o gracia divina a una deidad de origen africano. Este es un claro ejemplo de una de las características funcionales más importantes de los mitos de origen yoruba: su gran capacidad de adaptación a las nuevas condiciones socio históricas y etnoculturales concretas con las cuales se enfrentaron al ser traídos los africanos, y sus descendientes, a Cuba como esclavos,

Otra historias de santos muestra el proceso de sincretismo entre una deidad de la Regla de Ocha y el llamado San fan Kon, una divinidad introducida por los culíes chinos en la Cuba del siglo XIX. Estos culíes fueron traídos como mano de obra barata, a partir de 1847, por contratos de ocho años. Esto se debió a que la trata negrera era ilegal desde 1820. Fueron engañados, y tratados en las mismas condiciones que los esclavos negros, con los que compartieron barracones y cimarronaje.

Esta historia de santo dice así:

Changó, oricha que representa la alegría y virilidad masculina, un día le pidió prestado un caballo blanco a Oggún, su hermano, dueño de los metales, oricha que representa la guerra. Y Changó sobre su caballo cabalgó tan lejos que llegó a la tierra de los filani, los chinos. Allí encontró una pagoda muy grande, y delante de ella estaban parados dos chinos con grandes espadas. El valiente Changó, con su espada, les cortó las cabezas, se apoderó de sus trenzas, y gritó: ¡Yo no lo maté, lo mató Oggún! Y se fue.
Las historias demuestran como el proceso de sincretismo religioso sirvió como mecanismo de asimilación de elementos que resultaban ajenos a la cultura yoruba. Estos representantes del imperio asiático, y sus prácticas mágicas religiosas, conocidas entre los esclavos como brujería china, resultaban demasiado enigmáticos e incomprensibles a los negros. Por dicha razón, los asimilaron por medio de la creencia mágico religiosa. De esta manera, el general deificado San Fan Kon, se convirtió para ellos en un camino de Changó, el Changó chino. Otro aspecto interesante de esta historia, es que este oricha declara al final que no mató a los guerreros chinos, sino Oggún, oricha que representa la guerra entre los yoruba. El motivo de dicha declaración consiste en que, aunque el mismo Changó, deidad del fuego, el rayo y los tambores, es un guerrero poderoso, el “autorizado” para hacer correr la sangre (eyé bale) es el propio Oggún.

Las llamadas historias de santos contienen las representaciones mágico religiosas de la Regla de Ocha que se actualizan en los diferentes rituales de la Regla de Ocha, en los actos de posesión. Toda acción del culto, en esta religión de origen africano, está respaldada por un trasfondo mítico cuyos secretos guardan celosamente sus iniciados. Esas historias poseen un profundo y variado contenido simbólico, cuya clara comprensión, y posibilidad de aplicación en la práctica ritual, dependen de los conocimientos poseídos por el iniciado, de la experiencia ritual acumulada, y funciones rituales ejercidas.

En el sistema ritual de la Regla de Ocha, el proceso de adivinación es fundamental, pues a través de sus signos, los orichas “hablan” con los creyentes. Y en la interpretación de los mensajes divinos transmitidos, el oficiante se vale de las historias de santos. Ellas confieren sentido a sus signos, los cuales consisten en las diferentes configuraciones numéricas que forman los 16 caracoles, del llamado diloggún, al caer boca arriba o boca abajo.

Una de esas mismas historias condiciona el uso de los obi, o cocos, el sistema adivinatorio más sencillo y difundido entre los santeros, mediante el cual “se pregunta” a los orichas acerca de cualquier aspecto del rito que se realiza: desde la efectividad de una “rogación de cabeza”, hasta el destino de un ebó, o trabajo mágico con sus diferentes implicaciones.

Mario Ayllón, santero de más de 70 años de la localidad de Perico, Matanzas, relataba esta historia de la siguiente manera:

Antiguamente el coco era todo blanco, por dentro y por fuera. Entonces era rey Olofin, Dios Todopoderoso, y lo hizo grande. Era muy orgulloso porque era blanco, y menospreciaba a toda la gente, los trataba muy mal, con mucho despotismo.
Un día vino un mendigo a pedirle limosna, y mientras lo hacia le puso la mano encima. Obi lo empujo con indignación y asco, diciéndole que no lo tocara porque estaba muy sucio.

Olofin que lo vio todo, empujó, y le dijo a Obi: — ¡Por zoquete y orgulloso a partir de este momento vivirás arrastrado por el piso, y tendrás una parte negra y otra blanca! Por eso cuando el coco se usa para adivinar, se tira al suelo.

Si en el proceso de adivinación por caracoles, o diloggún, al consultado “le sale”, por ejemplo, el signo Obbara (seis caracoles que han caído bocarriba), por el cual “hablan”, entre otros, Changó y Ochún, el consultante, entre otras cosas, puede vaticinarle lo siguiente:

— Ud. es una persona que tiene muchos problemas, y la vida se le hace difícil;
— Está pasando muchas necesidades. El dinero se le pierde. Se hace sal y agua;

— A Ud. no lo consideran las personas que le rodean;

— No ayude a nadie, porque el que Ud. ayude, sube, y Ud. baja… [2]

El sentido de estas frases está determinado por el hecho, de que el signo Obbara agrupa las historias de Changó, cuando, este junto a Ochún, se encontraba sin reino, pobre y despreciado por todos. En este signo se relata la historia de Obbara (Changó), Ochún y las calabazas. Esta también relatada por el santero Mario Ayllón, dice así:

Olofin invitó a una fiesta a todos los santos. Después que estos comieron y se divirtieron le regaló una calabaza a cada uno. Cuando los santos salieron se dijeron: — ¿Para queremos esto? Y las botaron. Pero Obbara (Changó) recogió en su alforja todas las calabazas y se las llevó. Cuando llegó a su casa, su mujer, Ochún, le preguntó: — ¿Qué traes ahí. ? El le contestó: — Calabazas que nos regaló Olofin a cada uno de nosotros, pero ellos las botaron, y como estamos pasando necesidades, las recogí. Así que cocínalas poco a poco para ir comiendo algo.
Al otro día Obbara se fue al campo para trabajar y cuando estaba en su chapea, su mujer, Ochún, llegó corriendo porque encontró oro al abrir una de las calabazas para cocinarla. Ella gritaba: — Obbara, Obbara, mira lo que encontré. Mira lo que tiene la calabaza, oro. Somos ricos.

El le respondió que había que ir donde estaba Olofin para devolverle las calabazas y el oro. Cuando llegó donde estaba Olofin le dijo: — Mira lo que mi mujer encontró dentro de tus calabazas, oro, y te lo vengo a devolver.

Entonces Olofin respondió: — No, eso es tuyo. Los demás despreciaron el regalo porque eran calabazas, pero tú fuiste agradecido y honrado, así que te las regalo. A partir de este día la calabaza pasó a ser alcancía suya y de Ochún.

En la historia se enfatiza, ante todo, la honradez y agradecimiento de Changó, así como se critica la actitud de arrogancia de los demás orichas. También muestra la razón del porqué la calabaza resulta ser uno de los tabúes alimenticios de los “hijos de Changó y Ochún”, y además, porqué algunos de los trabajos mágico-religiosos que se realizan con el objetivo de propiciar la prosperidad material del consultado, la tenga como uno de sus componentes fundamentales.

Otro ejemplo interesante es la historia de Abó (carnero), perteneciente al signo Osá (nueve caracoles bocarriba) del sistema de adivinación por caracoles o diloggún, por el cual “hablan” Oyá, Argayú, Obatalá, Ochún y Oba. Según Osvaldo Villamil Cárdenas, destacado santero de la ciudad de Matanzas ‚ ésta dice así:

Changó había prometido a Olofin instaurar la paz y la rectitud en las tierras que gobernaba, y estaba buscando a alguien que lo ayudara, porque su reino era muy grande. Abó, el carnero, se presentó a Changó y alardeando, le dijo que le traería a una persona noble, inteligente y que valía por 100 cabezas. Changó extrañado, y molesto, por el alarde de Abó, le contestó que si antes de terminar la noche no se lo traía, sería castigado.
Este personaje era Filoro, hijo de Oggún y de Oyá, y el mejor amigo de Abó. A Filoro, su madre, Oyá, le mandó a hacerse una rogación de cabeza, advirtiéndole que después de hacérsela no podía abrirle la puerta a nadie, porque le pasaría algo malo.

Abó fue a su casa, y por más que tocó, y llamó, Filoro no le abrió. Y le dijo que no podía, porque cogería un daño. Por más que Abó trató de convencerlo, Filoro no abrió la puerta. Hasta que al fin, Abó, pensando en el castigo de Changó, se molestó, y se fue. En la esquina se encontró con Igüí, el palo, y con Ogá, la soga, y les contó lo que había pasado con Filoro. Entonces Abó se acordó que a Filoro le gustaba el dulce de coco, y les propuso entonces a Igüí y a Ogá ir a su casa, ponerse al lado de la puerta, y cuando Filoro abriera para coger el dulce, uno le daba un palo, y el otro lo amarraba.

Abó tocó otra vez a la puerta de Filoro. Este preguntó: — ¿Quién es? Abó contestó: — Soy yo, tu amigo Abó. Se que estás aburrido, y te traigo el dulce de coco que te gusta tanto. Abre un poquito nada más para que cojas el plato. Eso fue lo que por glotón hizo Filoro. Y cuando abrió la puerta, Abó lo haló por el brazo, Igüí le dio un palo, y Ogá lo amarró. Lo metieron en un saco, y Abó se lo echó al hombro para llevárselo a Changó.

Oyá que había oído los ruidos, y sabía lo que pasaba, estaba esperando en los cuatro caminos. Cuando llegó Abó, ella formó un remolino, lo tumbó junto con el saco, y los puso a rodar. Entonces zafó el saco, y liberó a Filoro, dejando dentro del saco 9 de sus manillas para que supieran que había sido ella.

Oyá regañó a Filoro, y otra vez le dijo, que cuando se hace rogación de cabeza, no se sale de la casa. Y si de contra, le advierten a uno, que puede pasar una cosa mala, no se puede desobedecer.

Abó le dijo a Changó que no había podido traer al que le había prometido. Changó entonces contestó que él mismo, con todo lo que había andado y desandado por su reino, no había encontrado nunca a alguien que valiera 100 cabezas. Pero que si sabía, que él, Abó, había traicionado Filoro. Y con voz de trueno gritó: — Si le hiciste eso a tu mejor amigo, qué‚ me harías a mi.? Por ello pagarás con tu cabeza. Y esa fue la primera vez que Changó comió carnero.

Esta historia determina dos importantes aspectos de las prácticas mágico religiosas de la Regla de Ocha: no salir por la noche de casa después de una “rogación de cabeza”, so pena de “recoger lo malo” (ser objeto de una desgracia). Y además, explica porqué Abó, el carnero, se convierte en comida de Changó, y al decir de los santeros, la más grande. Ella también muestra el nacimiento de la traición, y su correspondiente castigo. Así se enfatiza otro aspecto fundamental de las historias de santos, el aspecto moral.

Al respecto escribe la estudiosa Luisa M. Martínez O’Farril:

En la Regla de Ocha la valoración moral, como aprobación o reprobación del desenvolvimiento de los actos de los hombres en la realidad social, adquiere suma importancia. Por ello en las historias y refranes aparece reflejada de una manera singular, a partir de las experiencias representadas en las actuaciones de los orichas, en el cumplimiento de sus tareas y funciones, los errores cometidos por estos en tales momentos…[3]

Se debe enfatizar el hecho, de que entre los yoruba, en la época de la trata de esclavos, la moral no se presentaba como un sistema de principios éticos, sino como un conjunto de normas elementales que regulaban la conducta social, y que aseguraban la cohesión del grupo humano, la armonía en las interrelaciones personales. Podemos también observar que sus conductas estaban reglamentadas por esas normas, las que expresaban las exigencias más esenciales de la convivencia social, las que prohibían o censuraban determinadas cualidades, tales como la crueldad, la mentira, la arrogancia o la envidia. Estas normas elementales podían incitar a la honradez, bondad, obediencia, y al respeto de la propiedad ajena. Esto denota rasgos aun gentilicio-tribales. Y al analizar a los orichas, esas entidades sobrenaturales, desde el punto de vista moral, se les puede considerar como un reflejo generalizador de la sociedad yoruba en dicha etapa histórica de su desarrollo.

Ya específicamente con relación a la Regla de Ocha, ese producto cultural y sincrético de los cultos tribales a los orichas en la Cuba colonial y esclavista, debemos tener en cuenta lo siguiente:

… en el caso especifico de los llamados cultos sincréticos en Cuba, el análisis del aspecto moral debe considerar su génesis en cultos tribales y su desarrollo entre clases, capas y sectores marginados en los regímenes clasistas prerrevolucionarios,… Esto permite explicar la ausencia de principios éticos y la relativa importancia de normas morales, en lo que incide la no existencia de una estructura institucional.[4]
Otra historia interesante es la del loro, la cual relataba a sus descendientes, a principios de siglo, el babalawo matancero Blas Cárdenas:

Una vez entre los pájaros se corrió la voz de que Olofin haría una fiesta en la loma más alta para darle un regalo al más hermoso.
Los pájaros que sabían que el loro tenía las plumas muy lindas, se pusieron de acuerdo, y le dijeron a éste que la fiesta iba a ser detrás del monte que se veía a lo lejos. Cuando llegó el día señalado, el loro echó a volar.

Y vuela que te vuela, vuela que te vuela, pero el monte no se acababa. Tenía sed, el sol lo quemaba, y cuando no pudo más, se dejó caer y empezó a caminar. Se caía, se ensuciaba con la tierra, se daba golpes con los palos, pero seguía adelante. En eso estaba, cuando de detrás de una mata de siguaraya apareció Elegguá, que está en todas partes, incluso, donde nadie lo espera. Y le dijo: — ¡Eh, loro! ¿Qué haces por aquí? ¿No vas a la fiesta?

El loro le respondió que le habían dicho que la fiesta era detrás del monte, pero parece que se había perdido. Elegguá dio tres vueltas y se rió; le dijo al loro que lo habían engañado porque la fiesta de los pájaros era en la punta de la loma más alta. El loro se tiró al suelo y se puso a llorar, pero Elegguá entonces le dijo que no fuera llorón, ya que el río que pasaba al pie de la loma de la fiesta estaba cerca, y si le pedía ayuda a ayapa, la jicotea, ella lo llevaría con mucho gusto.

Así hizo el loro, y cuando viajaba en el lomo de la jicotea, el agua lo refrescó, y limpió sus plumas. Al llegar al pie de la loma echó a volar, y cuando llegó a la fiesta esta acababa de empezar. Los pájaros le estaban diciendo a Olofin que el loro estaba borracho, y que como se había echado a dormir no vendría. Pero cuando Olofin vio llegar al loro volando, con sus plumas de muchos colores brillando al sol, dijo: — ¡Qué pájaro más hermoso. Te llevarás el premio, y serás rey entre los pájaros!

En este caso, por un lado se censura la envidia y la maledicencia de los semejantes, y por otro, se hace evidente que la belleza y la bondad triunfarán, a pesar de todas las trampas y dificultades. Así ocurrió con el loro, cuyas plumas son imprescindibles en la coronación ritual que tiene lugar en las ceremonias de iniciación de la Regla de Ocha. Se debe señalar, que en las historias de santos no sólo se manifiestan orichas, sino también hombres, mujeres y niños, así como animales o plantas, con carácter antropomórfico, que constituyen arquetipos de conducta humana.

Aunque en muchas de las historias de santos se manifiesta la reprobación divina a las actitudes y conductas negativas de hombres, orichas y otros seres sobrenaturales, también es posible escuchar historias como la relatada por el santero matancero, Osvaldo Villamil Cárdenas:

Una vez estaban dos amigos parados en una esquina y se juraban que no se separarían jamás; Elegguá que pasaba en ese momento por allí, los escuchó, fue a su casa, y se vistió con una ropa que por un lado era roja, y por el otro, era negra.
Fue otra vez por la esquina donde estaban los dos amigos, y como una flecha pasó entre ellos. Entonces los dos amigos empezaron a discutir acerca de que si el que pasó estaba vestido de rojo, o de negro. Como no se ponían de acuerdo, se entraron a golpes, y no se hablaron nunca más.

Otro ejemplo es la siguiente versión de la historia, acerca de las orejas de Oba, relatada por la ya fallecida santera, también de la ciudad de Matanzas, Francisca Villamil García:

Oba tenía celos de todas las mujeres, y esto estaba bien fundado, pues Changó, que era muy mujeriego, tenía siempre dos y tres amantes. Pero siempre Changó respetaba y amaba a Oba por encima de todas.
Oba siempre buscaba consejos de cómo mantener a Changó junto a ella, y acudió una vez a Ochún, sin saber que esta era una de las amantes de su marido. Ochún le dijo que se cortara una oreja, hiciera un caldo y que se lo diera a tomar a Changó, ya que esa era una manera muy efectiva de tenerlo siempre a su lado.

Así ella lo hizo, pero cuando Changó estaba más entusiasmado se encontró la oreja, y al ver que era de Oba la regañó muy fuerte. Desde entonces siguió respetándola, pero nunca más volvió a acostarse con ella. Y Oba, de tristeza, se fue a vivir al cementerio, donde está desde entonces.

En las historias de santos, el bien no siempre sale victorioso, pues Elegguá enreda por capricho los caminos; Oyá y Ochún envidian la lealtad de Oba hacia Changó, además de la existencia de otros actos de la conducta que no son dignos de imitar. Las mismas categorías del bien y el mal, que constituyen las formas más generales de la valoración moral están aquí relacionados con hechos y acciones concretas de la vida real, sin una elaboración teórica profunda. Ello es posible ilustrarlo con la siguiente historia que relataba, a principios de siglo, el babalawo matancero Blas Cárdenas:

En una ocasión Olofin, el Santísimo, viejo, cansado y alejado del mundo del mundo de los hombres, le pidió a Obatalá , representante de la paz y la pureza, que le trajera a probar el mejor plato que hubiera sobre la Tierra.
Obatalá fue y le trajo, en un plato, lengua cocinada. Olofin se asombró, y le preguntó por qué traía precisamente eso. Obatalá contestó que con la lengua se elogiaba, se decían las cosas más dulces y más tiernas, se hacia la caridad y mucho bien.

Al otro día Olofin le pidió a Obatalá, que entonces le trajera el peor plato que hubiera sobre la Tierra; Obatalá fue, y regresó con un plato, donde otra vez traía lengua cocinada. En esta ocasión Olofin extrañado, casi molesto, le dice a Obatalá: — ¿No te dije que quería ver el peor plato que existiera sobre la Tierra?

Entonces, Obatalá contestó que con la lengua se decían las cosas más lindas, más buenas. Con la lengua se dicen también las cosas más feas, las malas palabras, los chismes, las humillaciones, los enredos. Con la lengua se puede salvar a una persona, pero también causar su perdición. Y Olofin quedó convencido.

De los acontecimientos relatados en las historias de santos emanan también los correspondientes juicios, prohibiciones, valoraciones y moralejas, que pueden influir y regular, positiva o negativamente, en la conducta social de los practicantes de la Regla de Ocha. Ello se debe a que los valores relacionados con las ideas y representaciones mágico religiosas de la creencia en cuestión, pueden determinar el surgimiento de un sistema especifico de orientaciones valorativas que se pueden reflejar negativamente en la proyección social del iniciado y el practicante de esta religión de origen africano en Cuba.

Para concluir, es posible afirmar que en el proceso de transmisión, a través de las generaciones, de las ideas y representaciones mágico religiosas y morales de la Regla de Ocha, un lugar importante lo ocupan las historias de santos, pues a falta de un sistema teológico sistematizado en libros o escrituras sagradas, son un factor determinante en la interpretación ritual. Ellas resultan ser una fuente que nutre y precisa las sutilezas del contenido y las formas de expresión de las prácticas mágico religiosas en cuestión.

Estas historias poseen una gran importancia desde el punto de vista antropológico, pues reflejan las características de un grupo humano, el yoruba, en una determinada etapa de su desarrollo. Además, por medio de su estudio se puede conocer de la cultura, las creencias religiosas, alimentos, hábitos de trabajo, relaciones interpersonales y de poder, jerarquías sociales, roles de género, relación hacia la naturaleza, y muchos otros aspectos de la vida socioeconómica, cultural y comunitaria de este pueblo. Además, por medio de las mismas se pueden comprender muchos de los procesos de transculturación y de sincretismo religioso que sufrieron las religiones africanas en la Cuba esclavista, colonial y española.

Los rituales de la Regla de Ocha representan una hipotética comunicación con las fuerzas y seres sobrenaturales a los que se rinde culto, los orichas y antepasados. Son precisamente, las historias de santos las que les otorgan el sentido. Su rica variedad está determinada no sólo por lo colectivo y espontáneo de su reproducción y transmisión en el proceso de transmisión oral, sino también por la gran cantidad de representaciones mítico-mágico-religiosas contenidas en las mismas. El estudio histórico-comparativo con los mitos yoruba originales revelaría en todo su esplendor la gran capacidad de adaptación, de síntesis, y de transmisión espontánea, de las numerosas generaciones de practicantes, para los que todavía sigue vivo el aliento de las deidades, que con los esclavos africanos llegaron en los barcos de la Trata a nuestro país.

Referencias
Moreno Fraginal, Manuel. El Ingenio. T.1. Ed. Ciencias Sociales. La Habana. p. 141.
Libreta de santo anónima.
Ms. C. Luisa M. Martínez O’Farrill. “Acercamiento a la concepción filosófica del mundo de los yoruba”. Actas de la VIII Conferencia Internacional de Cultura Africana y Afroamericana. Centro Cultural Africano “Fernando Ortiz” . Santiago de Cuba. 2003.
Argüelles Mederos, Anibal e Ileana Hodge Limonta. Los llamados cultos sincréticos y el Espiritismo. Edit. Academia. La Habana. 1991. p. 114.

Bibliografía
Barnet, Miguel: La fuente viva. Edit. Academia, La Habana, 1983.
Barreal, Isaac: Retorno a las raíces. La Fuente Viva. Fundación Fernando Ortiz, Ciudad de la Habana, 2001.
Bolivar Arostegui, Natalia: Los orishas en Cuba. Edic. Unión, Ciudad de la Habana, 1990.
Cabrera, Lidia: El Monte. Colección del Chichirikú, Miami, 1986.
Guanche, Jesús: Procesos etnoculturales de Cuba. Edit Letras Cubanas, Ciudad de la Habana, 1983.
James Figarola, Joel: Sistemas mágico-religiosos cubanos: principios rectores. Edic. Unión, Ciudad de la Habana, 2001.
Leon, Argelier: Tras las huellas de las civilizaciones negras en América. La Fuente Viva. Fundación Fernando Ortiz, Ciudad de la Habana, 2001.
López Valdés, Rafael: Componentes africanos en el etnos cubano. Edit. Ciencias Sociales, La Habana, 1985.
Ramírez Calzadilla, Jorge: Religión y relaciones sociales. Edit. Academia, La Habana, 2000.
Religión, Cultura y Espiritualidad a las puertas del tercer milenio. Edit. Caminos, La Habana, 2000.
Ética. Ed. Prodgreso. Moscú. 1989.

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sep 29

Mitos y leyendas sobre Oduduwa

Por: Heriberto Feraudy Espino

Narra una tradición de Benin, que Oduduwa fue un príncipe de ese pueblo cuyo nombre era Ekaladerhan y que fue confinado por su padre Owodo, el último Ogiso, título con el que se designaba a los gobernantes de Benin, nombre de un reinado enclavado en tierra nigeriana y que actualmente se denomina estado de Bendel.

Ekaladerhan era hijo único de Owodo. Cuentan que, como resultado de una intriga familiar, las esposas de Owodo se reunieron con él y después de mucho discutir, lo convencieron de que según el oráculo, tenía que matar a su hijo o de lo contrario, ellas no tendrían más hijos. Se dice que el Ogiso meditó por largo tiempo; pero finalmente decidió no matar a su primogénito sino desterrarlo lejos.

Afirman los habitantes de Benin, llamados por aquel entonces igodomigodos, que el día en que Ekaladerhan abandonó la ciudad con sus seguidores, fue un día doloroso, afligido, angustioso, un día frío, sin lluvia ni sol y que el pueblo todo se conmovió y consternó al conocer la desdicha ocurrida. Ellos, que habían albergado la esperanza de que el príncipe Ekaladerhan sucediese a su padre cuando este falleciera, sobre todo teniendo en cuenta que en aquella época ya 30 ogisos habían renunciado al poder como consecuencia de pugnas y conflictos internos, ahora veían sus planes frustrados y sufrían la mácula de un rey renegando de su hijo. Como castigo al imperdonable proceder del ogiso Owodo, el pueblo decidió destronarle.

Los que han oído esta leyenda dicen que este acontecimiento fue seguido por un largo y tormentoso período de gran inestabilidad política en el antiguo Benin.

Asimismo, afirman que cuando Ekaladerhan fue expulsado por su padre arribó a Ilé-Ifé con sus acompañantes y la gente de aquel lugar los miraban con ojos extrañados y asombrados, sin poder entender la lengua que hablaban. Dicen que Ekaladerhan después de haber andado un largo tramo, seguido por un grupo de curiosos, buscó un espacio apropiado y se sentó; escudriñado aún por las miradas atónitas de quienes en aquel instante lo rodeaban y contó su triste historia en lengua bini, desconocida por los moradores de Ilé-Ifé.

Los que después entendieron dijeron que durante su narración, Ekaladerhan explicó cómo él había sido fiel a su padre, a quien respetaba y admiraba; sin embargo, este, guiado por la intriga y la ignorancia, en un acto de injusticia y de crueldad, lo había expulsado de su reino. Añadió cómo en estas circunstancias, de príncipe había pasado a mísero vagabundo, sin gloria ni fortuna.

Cuentan que de todas las palabras pronunciadas por el antiguo príncipe, la que más fijación tuvo en la mente de los pobladores de Ilé-Ifé fue Iduduwa. Siempre que se conversaba con él se le escuchaba decir esta palabra. Con el tiempo se supo que esta pertenecía a la lengua bini, cuyo significado era pesar, aflicción, remordimiento, literalmente significaba tropecé con la fortuna. Los habitantes de Ilé-Ifé interpretaron el vocablo Iduduwa como el nombre de Ekaladerhan y tergiversando su pronunciación comenzaron a llamarle Oduduwa.

Recuerda la tradición que un día llegaron a Ilé-Ifé varios mensajeros de los igodomigodos para informarle al príncipe la muerte de su padre y suplicarle que retornara a su pueblo natal con el fin de asumir el trono. En esa época Oduduwa había establecido su propio gobierno, tenía su familia y había perdido todo interés en regresar al lugar de donde lo habían expulsado, por lo que se negó rotundamente a la súplica de los enviados, quienes insistieron hablándole de la necesidad de frenar la subida y caída de ogisos unos tras otros, hablaron de los tiempos de la mala muerte y sin cosechas, de la desconfianza hecha persona apareciendo por todas partes; le prometieron que con él serían el uno para el otro y el otro para el uno, que cuidarían la unidad de Igodomigodo como a la niña de los ojos de Dios que todo lo ve.

Oduduwa parecía no escucharlos. Mientras los mensajeros hablaban él se mantuvo todo el tiempo con los ojos cerrados como inmerso en reposado sueño. De súbito y como si despertara de una larga reflexión, exclamó: !De acuerdo¡ Les prometo enviar a mi hijo Oranyán y garantías doy de que él sabrá gobernar tanto o mejor que yo. Entonces los mensajeros, con rostro alegre y solemne, inclinando la cabeza murmuraron: ¡Que así sea! ¡que así sea! Y continuó hablando el viejo:

Ante todo tienen que darme una prueba de que ustedes y los que están antes y después de ustedes allá en Igodomigodo han alcanzado la cumbre de la seriedad y responsabilidad. Los mensajeros se comprometieron en nombre de ellos y de los demás. Oduduwa hizo una propuesta y cumplió, envió 7 piojos a los jefes de aquella ciudad para que los cuidaran y retornaran a los 3 años, si es que eran capaces de conservarlos. Transcurrió el tiempo y los piojos fueron devueltos sanos, salvos, crecidos y engordados y hasta tenían mejor color.

Oduduwa conmovido e impresionado por tal actitud terminó por concluir que un pueblo capaz de cuidar con tanta tenacidad y esmero a 7 insectos insignificantes, bien podía ser merecedor de recibir a su hijo y lo envió.

Para los habitantes de Benin esta es la historia que explica que se le atribuya a Oranyán ser el fundador de aquel reinado y el considerar al rey de Ilé-Ifé como su propio y auténtico monarca. De acuerdo con esta leyenda, Oranyán llegó a Benin donde gobernó y se casó, tuvo un hijo llamado Eweka y después de habitar durante varios años el palacio de Usuma, regresó a Ilé-Ifé. Se dice que entonces Eweka ascendió al trono de Benin como Eweka 1. Esto ocurrió alrededor del 1200 d.n.e..

Entre los relatos conocidos sobre Oduduwa no falta el que lo define como una mujer. En el libro “Religión of the Yorubas”, de Olumide Lucas se plantea que esta fue una deidad mujer, esposa de Obatalá. Este autor llega a afirmar que es una diosa superviviente de una deidad del antiguo Egipto y que el nombre Oduduwa puede ser dividido en dos: Odu y Dua. La palabra Odu significa “un jefe”, un gran personaje, mientras que la palabra dua viene de la antigua palabra egipcia dua-t, que significa “el otro mundo”. Por tanto, Odu-Dua significa “el caballero del otro mundo” o la “amante del otro mundo”. El autor explica que el título de caballero del otro mundo se le aplicó primeramente a Ra y a Osiris y después a los otros dioses y diosas del otro mundo. Lo cierto es que esta versión de Oduduwa mujer es la menos creíble e inconsistente de cuantas se han dado acerca de esta figura.

Una versión de carácter histórico nos muestra a Oduduwa también llamado Oodua u Olofin como un guerrero que se enfrenta a Obatalá, líder del pueblo Igbo, asentado en Ilé-Ifé. Se especula que Oduduwa ordenó la redacción de una Constitución para el pueblo de Ilé-Ifé y el establecimiento de un gobierno que debía estar encabezado por él. Al enterarse Obatalá de esta decisión se opuso tajantemente, alegando que él tenía tantos o más méritos que Oduduwa. Como consecuencia de las contradicciones entre ambos líderes Obatalá no tardó en alzarse en las colinas de Ifé siendo seguido por su gente. Después de larga y encarnizada contienda Obatalá fue derrotado por Oduduwa y sus hombres.

Un historiador nigeriano relata que antes de Oduduwa existían 13 grupos de aldeas en Ilé-Ifé y este pertenecía a uno de ellos. Cada aldea tenía un jefe o rey (oba) y entre estos se rotaba el gobierno.

Durante el régimen de Obatalá, Oduduwa pertenecía a un grupo que habitaba en las colinas de Oke Ora y desde ese lugar se enfrentó a él. Esta lucha duró una generación y al final se impuso el grupo de Oduduwa quien logró la victoria gracias al decisivo apoyo de una bella y hermosa mujer llamada Moremi.

Refiere una tradición que cuando el conflicto estalló entre los dos bandos, Moremi, que pertenecía a las huestes de Oduduwa y de quien se dice que fue su esposa, se preguntaba una y mil veces cuál era el secreto de los fáciles triunfos obtenidos por el enemigo. Obsesionada por esta idea cuéntase que moremi fue al río y prometió a los dioses que si ella lograba desentrañar el seceto de Obatalá, en recompensa sacrificaría a su único hijo nombrado Oluorogbo. Según esta leyenda la bella Moremi dejóse capturar por los igbo, que eran gente de Obatalá y una vez en el campamento de esto pudo conocer en qué consistía su táctica de combate. El misterio radicaba en que los soldados obatalenses cubrían su cuerpo con hojas para hacerse pasar por espíritus,por consiguiente, siempre que los seguidores de Oduduwa veían aquellas matas vivientes caminando huían sin que nadie los pudiera detener. Hay quien cuenta que Moremi pudo conocer el secreto cuando el rey de los igbo la hizo su mujer y entonces ella se ganó la confianza del mismo. Moremi logró huir y se lo contó todo a Oduduwa. A partir del descubrimiento hecho por la heroína no hubo más desbandada y Oduduwa resultó vencedor. Moremi cumplió su promesa sacrificando a su hijo en el río Ezimirin.

Después de la victoria de Oduduwa éste se dedicó a establecer una monarquía bien organizada y unió a las 13 aldeas. Algunos investigadores afirman que después de la muerte de Oduduwa ambos grupos se unieron mediante un acuerdo en el cual la autoridad política la ejercían los seguidores de Oduduwa a través de un símbolo, la corona de Are, mientras que los fieles a Obatalá adquirieron la autoridad religiosa. A Obatalá también se le da una gran significación como artista jefe, planteándose que durante su predominio entre los igbo el título Obatalá tenía carácter supremo y fue cuando se produjo el nacimiento de las grandes obras maestras de la artesanía

Para Abimbola, prestigioso profesor e investigador yoruba, Rector de la Universidad de Ilé-Ifé y autor de varias obras sobre las tradiciones y creencias ce este pueblo, así como también para otros autores, Oduduwa fue quien creó el gobierno moderno y las instituciones y organizaciones que hicieron famosa a la nación yoruba. Según Abimbola, Oduduwa fue el primer Ooni u Olofi. Tuvo varias esposas entre las que se encontraban Olokun Seniade, Osara y Ojummo-Yanda. Algunos plantean que tuvo siete hijos y otros que 16

El prestigioso historiador Basil Davidson en su obra A History of West Africa 1000-1800, menciona que uno de los hijos de Oduduwa se convirtió en el primer alafín de Oyó, así como en el padre del primer oba de Benin. Otro de sus hijos fue el primer onisabe de Sabe; se habla de una hija mayor de quien se dice fue madre del primer alaketu de Ketu en Dahomey, mientras otra hija dio a luz al primer olowu de Owu. Dicen que murió ciego a los 150 años.

Mientras más hurgamos en la historia Yoruba mayores son las coincidencias en situarle una existencia real a la figura de Oduduwa. El Dr. A. Atanda en un interesante estudio sobre este tema escribió lo siguiente: “Fuera Oduduwa un emigrante o un aventurero político, su advenimiento fue un pilar en la historia del pueblo yoruba. Ilé-Ifé alcanzó preeminencia debido a este hombre. Cualquiera que fuese su origen la tradición tiene claro que luchó por la dirigencia política en la tierra yoruba y también tuvo que guiar al pueblo de Ifé a soportar y derrotar la agresión de algunos poderosos vecinos decididos a destruir el naciente reino.

Finalmente se considera que la revolución de Oduduwa tuvo lugar a finales del siglo IX y principios del X. A partir de él se crearon los demás reinos e imperios yorubas.

 

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